¡Lanzamos nuestro crowdfunding! Apóyanos en Goteo ¡Apóyanos! Crowdfunding en Goteo

Asia en la geopolítica global

Se atribuye erróneamente a Mao Zedong la autoría de la fábula popular de que “si todos los chinos se pusieran de acuerdo para dar un salto a la vez, conseguirían hacer temblar todo el planeta”. Este jocoso comentario es, naturalmente, imposible, pero sin embargo es un claro ejemplo de la visión que el ciudadano occidental medio tiene del país asiático. La visión occidental no es del todo errónea, pues se centra en el extraordinario potencial del peso demográfico chino.

Un breve repaso histórico

A lo largo de la historia hemos asistido a la configuración de diversos escenarios espaciales donde se han ido forjando diversos imperios y culturas que han conformado el desarrollo de las comunidades humanas. Desde el comienzo de la historia, podemos ver como esos escenarios se fueron desplazando desde grandes cuencas fluviales (iniciándose en Mesopotamia y el Nilo) a las primeras culturas marítimas (griegos y fenicios). Esta evolución supuso el nacimiento de lo que hoy conocemos como civilización occidental, surgida del auge del Imperio Romano, instaurador de la cultura judeocristiana en Europa, de donde se extenderá posteriormente a través de la época mercantilista y colonialista hacia gran parte del mundo, especialmente hacia América. El avance de toda esta evolución, que hoy analizamos en Occidente simplemente como “La Historia” y que se ha centrado fundamentalmente en la evolución de la civilización occidental, ha ignorado que, paralelamente, ha habido otras culturas e imperios que han evolucionado en otros escenarios. Dichas culturas se han relacionado con el mundo occidental durante breves períodos intermitentes y no es hasta época moderna cuando las comenzamos a percibir como parte del mundo.

La lejanía espacial entre Oriente y Occidente provocó que ambas culturas convivieran en el mismo mundo prácticamente sin saber la una de la existencia de la otra. La sociedad occidental, aún hoy, no es plenamente consciente de la riqueza cultural e histórica de Oriente. Cuando en Europa nos encontrábamos en plena Edad del Hierro, China ya era un imperio consolidado bajo la dinastía Han e India llevaba varios siglos acogiendo a la cultura védica. Tal sigue siendo nuestro desconocimiento hacia Oriente que seguimos obviando que dos de los pilares fundamentales del desarrollo occidental de la Edad Moderna, como son la pólvora y la imprenta, ya eran dominados en Oriente desde varios siglos antes.

En plena época colonial, en la que se percibía a Oriente desde Europa como un gran territorio por explotar, asistimos a las primeras muestras de despertar oriental (Guerras del Opio, Rebelión de los Cipayos o Rebelión Bóxer), en un intento por consolidarse como territorios independientes (aunque principalmente en lo económico) de Occidente.

No es hasta después de la II Guerra Mundial cuando comenzamos a percibir Oriente como algo más que un escenario de colonización. La independencia de India en 1947, así como la creación de la República Popular China en 1949 o el resurgimiento japonés como potencia industrial y económica, suponen el lento despertar de este hemisferio para su conformación como eje fundamental de la Geopolítica actual. Será uno de los principales teatros de operaciones de la Guerra Fría, viviéndose algunos de sus episodios fundamentales, como las Guerras de Corea y Vietnam.

Mientras asistimos a la creación de este segundo “Telón de Acero” en Oriente, la percepción occidental no sería plenamente consciente de la evolución paralela que experimenta la zona. El gran peso demográfico de la región no es percibido en Occidente como una potencialidad hasta época reciente. A causa del grave atraso socioeconómico generalizado en la región, esta potencialidad no ha jugado una baza importante hasta que no se han superado los primeros obstáculos que permitieran alcanzar sus actuales niveles de desarrollo.

S.XXI, el siglo de Asia

Actualmente, el escenario oriental, o como ha pasado a ser conocido, el escenario Asia-Pacífico, comienza a perfilarse como el teatro principal donde se desarrollarán los principales acontecimientos económicos, sociales y políticos de las próximas décadas. La vieja Europa, inmersa en un estancamiento demográfico y en proceso de paulatino envejecimiento, pierde peso demográfico a pasos agigantados. La actual crisis económica y financiera mundial, cuyos efectos más negativos sacuden con especial virulencia a Europa (dejando entrever la debilidad económica de facto de nuestras economías nacionales), y la pérdida de peso político en la escena internacional, son las otras razones por la que podemos vislumbrar el comienzo de nuestra decadencia como polos de influencia y decisión.

ARTÍCULO RELACIONADO: Cambio en el orden económico mundial (Juan Pérez Ventura, Diciembre 2012)

Asia se ha visto beneficiada en las últimas décadas por el desarrollo de los acontecimientos. En un mundo cada vez más globalizado, donde podemos comunicarnos y comerciar en tiempo real con cualquier lugar del planeta, la competitividad ha aumentado de manera exponencial. Las economías nacionales ya no compiten con las de sus vecinos más cercanos o con las de sus socios comerciales más próximos. La globalización nos ha obligado (o favorecido, según los distintos puntos de vista) a competir a todos en un único y gran mercado mundial.

¿Quiénes pueden salir beneficiados en este nuevo sistema mundial? La respuesta es sencilla, aquéllos que mejor se encuentren preparados para el cambio. Los modelos de mercado occidentales, sobre todo los europeos, siguen rigiéndose por una estructura tradicional que apenas ha evolucionado en el último siglo. Cuando Europa conformaba grandes imperios coloniales era ella quien mantenía bajo control la demanda, las condiciones de producción y la evolución de la mayor parte de los mercados mundiales. Ese anquilosamiento económico ha provocado que actualmente no estemos tan preparados como los mercados emergentes, con economías mucho más dinámicas, para los cambios que experimentamos hoy en día.

ARTÍCULO RELACIONADO: Un sistema-mundo dividido en Centro y Periferia (Adrián Vidales, Diciembre 2013)

Como vemos, la conformación del mundo actual es campo abonado para aquellas naciones que cumplen sobradamente todos los requisitos que dictan las nuevas reglas económicas. El rápido desarrollo de estas naciones no se limita al campo del comercio y la economía. El aumento de su influencia también quiere verse reflejado en el ámbito político, no sólo para extender y consolidar sus mercados sino también para protegerlos de sus más directos competidores y rivales.

Los países asiáticos demandan más poder internacional

La comprensión de la evolución de este nuevo ranking de poderes mundiales fácticos es sencilla, basta con ver el peso que desempeñan (o que demandan) en los grandes organismos internacionales. La composición del grupo de miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no es acorde a los tiempos actuales y sigue anclada en cómo era el mundo en 1945. La guerra fría y el mundo bipolar son parte del pasado, y la influencia de las naciones con capacidad nuclear se ha reducido notablemente. De los cinco miembros permanentes, a tres de ellos (Francia, Reino Unido y Rusia) se les sigue asignando un papel de importancia que ya no merecen por su pérdida de peso internacional (aunque siguen conservando una relativa influencia dentro del grupo de las potencias de primer orden). Sólo los otros dos (Estados Unidos y China) siguen manteniendo un gran peso específico en la escena internacional que les permitirá conservar su status de superpotencias a medio plazo (sobre todo el último de ellos).

Aún así existen un gran grupo de países aspirantes que se postulan, con mayores o menores posibilidades, como serios candidatos a conseguir un puesto permanente dentro del Consejo. Dentro de este grupo encontramos a grandes economías emergentes como India o Brasil, o a economías fuertemente consolidadas que aspiran a tener una influencia proporcional en el Consejo, como Japón o Alemania. Cada uno de ellos ha creado sus propios grupos de presión dentro de los países miembros de la ONU para conseguir sus objetivos.

ARTÍCULO RELACIONADO: Los países emergentes (Juan Pérez Ventura, Septiembre 2012)

El otro organismo internacional que puede ser utilizado para comprender los cambios de status y de rango dentro de las potencias económicas mundiales (aunque realmente carece de cualquier status oficial, es más bien un grupo de debate) es el conocido como G-20. El G-20 engloba a las economías más fuertes e industrializadas del mundo, además de aquellas que presentan grandes perspectivas de desarrollo en un futuro próximo. Dicho grupo es una evolución del hasta ahora conocido como G-8 (Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Canadá y Rusia), que no era más que un reflejo del viejo orden económico mundial, donde seguían primando el eje de poder atlántico (Estados Unidos-Canadá + Europa Occidental)  más Japón, y con la incorporación a última hora de la ex Unión Soviética, con su gran herencia industrial.

En la primera década del siglo XXI esa estructuración del poder mundial estaba, a todas luces, desfasada. El G-8 englobaba entre sus miembros un gran número de economías estancadas o en recesión y obviaba a todas las grandes economías emergentes que llevaban ya bastante tiempo experimentando un rápido crecimiento.

Esta es la causa de que se propusiera una modificación del G-8 con la incorporación de estas nuevas economías, incluyendo entre sus condiciones la representación de todas las zonas continentales. Así pasamos del G-8 al G-20, que no sólo incorpora a las veinte economías más fuertes sino que se incluye una serie de países observadores-invitados que, pese a no contar con economías de influencia mundial, siguen manteniéndose como fuertes potencias regionales, por lo que su discurso sigue siendo influyente. Pese a contar con representación de todos los continentes, echando un rápido vistazo a la lista de miembros (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido, Rusia, Arabia Saudí, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia,  México, Sudáfrica, Turquía y la Unión Europea) vemos que, aunque Europa sigue contando con numerosos miembros, el peso de América Latina y Asia va adquiriendo una mayor relevancia, sobre todo esta última.

Economías muy competitivas

El potencial de Asia no reside en su influencia política o su capacidad militar (aunque son dos factores actualmente en crecimiento) sino en sus modelos de economía competitiva. China e India, los dos países que mejor ejemplarizan el desarrollo asiático a principios del siglo XXI, basan su poder en su increíble peso demográfico. Entre las dos naciones suman casi el 40% de la población mundial, lo que supone un colosal volumen de mano de obra, pieza indispensable para comenzar un proceso de desarrollo industrial como el que vienen experimentando en las últimas décadas. A ello debemos sumar la alta cualificación relativa de dicha mano de obra (India es el mayor productor de licenciados universitarios e ingenieros del mundo), que permite diversificar este desarrollo industrial a todos los ámbitos productivos (China es primer productor mundial de calzado, electrodomésticos, placas solares… y otros muchos productos de diversos campos industriales).

Si a ello sumamos que dicha mano de obra resulta muy barata, convierten a estas dos economías en muy competitivas con respecto a los países que hasta ahora considerábamos potencias económicas e industriales a nivel mundial. La transición china e india de naciones, con economías eminentemente agrarias a mediados del siglo XX, mediante un colosal éxodo rural en las últimas décadas ha permitido este fenómeno industrializador.

La política china de desarrollismo, conocida como “Gran Salto Adelante”, experimentada a lo largo de los 60-70,  unida a la instauración a nivel nacional del lema personal de Deng Xiaoping (Un país, Dos Sistemas) fue la base ideológica del cambio de modelo productivo. Esta transición paulatina del sistema económico productivo, ha permitido la coexistencia durante las últimas décadas de grandes empresas estatales con las primeras iniciativas privadas a gran escala en el país asiático. Dicha evolución ha sido distinta a la de la ex URSS o los países comunistas de la Europa Centro Oriental, donde el cambio drástico del modelo comunista al occidental provocó un gran colapso socioeconómico, que ha tenido sumidos a estos Estados en una grave crisis económica hasta la actualidad.

La fórmula de “Un país, dos sistemas” ha permitido que China se mantenga como única gran potencia comunista en la actualidad, debido a que ha sabido adaptarse a la situación, manteniendo aquellos elementos que le eran favorables de la doctrina marxista y adoptando aquellos dogmas capitalistas que le pudieran resultar beneficiosos. Surge así un sistema regido por las leyes de la economía de mercado que se desarrolla dentro de los límites impuestos por la economía planificada del gobierno. No existe competencia entre holdings empresariales, pues todos persiguen el objetivo común del gobierno, aumentar la productividad. Este capitalismo de estado está regido con  puño de hierro por el Partido Comunista Chino, único rector político de este sistema totalitario, que utiliza su poder y la falta de oposición política para poner al servicio del modelo productivo todos los recursos humanos y sociales del país.

Con todos estos ingredientes obtenemos un modelo productivo con el que difícilmente podemos competir desde Occidente en su mismo terreno. El gigante asiático ha despertado y tiene muchos ases en la manga. Su modelo productivo le permitirá convertirse en primera potencia industrial a corto plazo. De hecho, ha conseguido alcanzar su principal objetivo con cierta facilidad, hacerse indispensable para la economía occidental, que deslocaliza gran parte de su sector industrial para trasladarlo a China y así poder beneficiarse de las ventajas de su sistema.

ARTÍCULO RELACIONADO: La deslocalización de las empresas (Juan Pérez Ventura, Abril 2013)

Un futuro próximo lleno de interrogantes

Aún así, el futuro chino a corto y medio plazo se plantea lleno de obstáculos e interrogantes. Con una economía en crecimiento constante, cada vez más orientada a satisfacer las necesidades de su enorme población, es lógico un aumento paulatino de las demandas de mejoras en derechos laborales y sociales por una cada vez mayor parte de su ciudadanía. Casos como el de los disidentes Liu Xiaobo o Xu Lai comienzan a multiplicarse en una sociedad cada vez más ávida, no sólo de mejora de calidad de vida, sino también de  las libertades que conllevan aparejadas estos modelos de desarrollo. Al Partido Comunista Chino no le queda más remedio que iniciar también la senda de la reforma política para adaptarse a los tiempos y no desaparecer. En el terreno económico lo han sabido hacer de forma magistral, ahora les toca afrontarlo en lo político.

El caso indio es totalmente diferente al chino. “La mayor democracia del planeta”, como les gusta ser llamados, ha experimentado una evolución histórica completamente distinta. Después de un dramático proceso de independencia, del que ya surge inicialmente la división religiosa y política de India y Pakistán, de cuya oposición frontal hoy seguimos siendo testigos, el modelo económico indio de sus primeros años de independencia va a ser el proteccionismo. El mismo Gandhi, durante sus años de resistencia a la ocupación británica, ya instaba a la población al consumo de productos textiles indios como medida de presión a la potencia colonial. Dicho proteccionismo provocó el estancamiento de una economía que lo tenía todo para experimentar un rápido crecimiento, recursos naturales y gran cantidad de mano de obra. No es hasta fecha reciente, a comienzos de la década de los noventa, cuando la India comienza su rápido despegue económico. Las políticas económicas tradicionales son sustituidas por otras más aperturistas, que suponen la afluencia de grandes capitales inversores al país asiático y que suponen el desencadenante que esperaba su gran potencial para ponerse en marcha.

Actualmente el modelo productivo indio mantiene unos niveles productivos similares a China y cada vez ejerce una mayor influencia en el mercado global. El potencial productivo indio se ve reforzado por una mano de obra cada vez más cualificada. Como dato significativo podemos citar que la India es actualmente el mayor productor mundial de titulados en Ingeniería y Ciencias Técnicas, cuyo objetivo final es participar del gran desarrollo de su país.

La problemática a la que se enfrenta el modelo productivo indio es similar al que tiene también el chino. A una gran democracia como es India no se le presentan graves problemas con los derechos humanos y laborales. Su principal desafío es conseguir un desarrollo social equitativo para la mayoría de su población. La sociedad india es muy desigual, con un sistema de castas extraoficialmente vigente aún hoy, la problemática social es especialmente sensible. Actualmente, el gobierno indio trabaja para atajar estas diferencias sociales y dotar a su población de unos niveles mínimos de calidad de vida. Entre ellos destaca la revolución de los transportes que se está llevando a cabo en el país, donde se pretende modernizar el transporte de pasajeros del subcontinente, que a día de hoy sigue siendo exclusivamente dependiente de una arcaica red de ferrocarriles de origen colonial. La revolución está liderada por el fabricante de automóviles Tata, que pretende motorizar a la ciudadanía india con algunos sencillos y económicos modelos utilitarios de automóviles, o el líder de las compañías aéreas nacionales low-cost, Kingfisher, que ofrece desplazamientos nacionales por avión a precios muy módicos para la población.

Hasta ahora, hemos podido observar que el desarrollo asiático sigue las mismas pautas que las llevadas a cabo, progresivamente, por las economías occidentales en el pasado: Rápido despegue económico, mejora de las condiciones vida, mejora en las libertades y derechos civiles, establecimiento de un sistema de bienestar,… La proyección exterior también es un hito fundamental en el desarrollo de una economía que aspira a convertirse en potencia. Actualmente, las conferencias Asia-Pacífico, a las que asisten los países ribereños del océano Pacífico, son eje fundamental de debate entre las mayores economías de una orilla y otra. Así mismo debemos hacer especial mención a la ASEAN, Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, que engloba de forma conjunta a todos los llamados “tigres asiáticos” y que se conforma como bloque para poder competir de forma más eficaz con las economías china e india. Dicha proyección internacional no sólo se limita al ámbito económico, cualquier nación que aspira a convertirse en gran potencia, debe desarrollar un gran poder militar. China e India, además de grandes potencias, son además vecinos y compiten por extender sus áreas de influencia en el mismo espacio. Esto supone que sean potenciales rivales, tanto en el campo económico como en el militar. Ambas son también miembros del club nuclear y disponen de un importante arsenal de disuasión. Mantienen a su vez, entre sí mismas, disputas fronterizas en el Himalaya desde hace décadas. Todo ello ha generado entre ellas, no un clima de hostilidad, pero si una cierta tensión que puede desencadenar, en un futuro próximo, un período de guerra fría.

Es conocido el acercamiento chino al gran enemigo de India, Pakistán. Este país se ha convertido en pieza indispensable de los planes chinos en las últimas décadas. El gigante chino es cada vez más dependiente de sus importaciones de crudo, que alimenta su insaciable maquinaria industrial. Debe asegurar su afluencia petrolífera, sobre todo la proveniente del Golfo Pérsico, donde también ejerce una política de acercamiento a Irán. Pakistán es la entrada trasera de este crudo, el cual se pretende bombear hacia China, cruzando el Himalaya, a través de Cachemira. Esta región también se encuentra disputada por India, por lo que es de vital importancia el apoyo chino a Pakistán, que ha visto cómo China se convierte en su principal proveedor de armamento en las últimas décadas. Para reforzar su posición en Pakistán, China es también la mayor promotora del puerto de aguas profundas de Gwadar, situado en la frontera Irán- Pakistán, y que pretende jugar el papel de acceso principal de China en el Golfo Pérsico, tanto para su flota de petroleros como para su armada.

El desarrollo de las fuerzas armadas chinas en las últimas décadas es inmenso, jugando un papel protagonista el desarrollo de su armada. Limitada hasta fecha reciente a labores costeras, en los últimos años se están desarrollando numerosas unidades de altura, que pretenden dotarla de una importante fuera en alta mar.

En las últimas décadas hay que hacer especial mención al desarrollo de submarinos nucleares clase Xia con capacidad de lanzar misiles balísticos, que están sustituyendo a la flota submarina principal, compuesta hasta ahora por submarinos costeros. Esto es un claro ejemplo de la intención china de desarrollar la capacidad de desplegar sus fuerzas nucleares en cualquier punto del globo.

La flota de superficie, compuesta por gran número de modernas fragatas y destructores de manufactura nacional, se ve completada por el Liaoning, primer portaaviones chino, y que supone la prueba principal de su intento por crear una fuerza naval de altura, aunque aún bastante alejada en potencia de la de Estados Unidos, por ejemplo.

En el caso indio la fuerza principal de sus FF.AA. es su ejército de tierra. El conflicto latente con Pakistán y sus enfrentamientos fronterizos en Jammu y Cachemira, obligan a la India a mantener un fuerte contingente terrestre, además de contar con una de las participaciones más activas en misiones de paz dentro de la ONU. India es así mismo, el mayor importador mundial de armas. Debido a su condición tradicional de país no alineado, presenta la condición singular de haber recibido equipos armamentísticos tanto del bloque soviético como del occidental. Esta tendencia se mantiene en la actualidad, siendo Estados Unidos y Rusia sus mayores proveedores de armamento.

La armada india es la hermana pobre de las tres armas, pero actualmente se encuentra en un proceso de modernización acelerado para dotarla de una gran fuerza de alta mar, que le permita desplegarse con rapidez en cualquier punto del Océano Índico (considerado como espacio vital por India). Pese a no contar con buques de propulsión nuclear, mantiene una pequeña flota de submarinos convencionales para desplegar armamento balístico nuclear y se encuentra en proceso de sustituir su viejo portaaviones Viraat por una unidad de nueva generación que la convierta definitivamente en una “armada de aguas azules”.

El potencial nuclear de ambas naciones es similar, pues se calcula un arsenal de alrededor de unas 200 cabezas nucleares para cada nación. Estas cifras distan mucho de arsenales tan potentes como el ruso o el norteamericano pero la capacidad balística de ambos países (China e India cuentan con lanzadores intercontinentales) convierte en factible un supuesto conflicto nuclear de escala regional.

Las relaciones internacionales de ambas naciones tienden a establecer alianzas, tanto a nivel regional como global, con el objetivo de conseguir cierto peso específico geopolítico en un futuro cercano. Ya hemos comentado anteriormente que China mantiene lazos estrechos con Pakistán e intenta acercarse a Irán. India tiende a establecer relaciones mucho más cercanas con uno de los rivales latentes de China, Japón, aún más después de los incidentes por las islas Senkaku. Las difíciles relaciones indias con el  mundo islámico le llevan a aproximarse a Occidente, estableciendo muy buenos contactos en los últimos tiempos con Estados Unidos y Australia.

Para finalizar, podemos establecer una serie de claras conclusiones. La influencia asiática en el escenario global está ganando peso a pasos agigantados. El rápido crecimiento económico de las potencias emergentes de Asia les permitirá desempeñar un papel principal en el ámbito geopolítico del siglo XXI. El aumento de poder económico y político de estas naciones conllevará asumir una serie de desafíos que pondrán a prueba su papel preponderante en el escenario global. La mejora de las condiciones socioeconómicas de su población, así como el desarrollo de los derechos humanos y unas políticas sociales más igualitarias deben ser tratadas en sus respectivas agendas de futuro si no quieren enfrentarse a una grave inestabilidad dentro de sus fronteras.

Sus relaciones exteriores conformarán el escenario geopolítico principal de la primera mitad del siglo XXI. Estamos asistiendo al nacimiento de dos de los grandes bloques de poder que regirán el escenario global en las próximas décadas.

Acerca de Eduardo Dávila 3 Articles
Madrid, 1982. Licenciado en Geografía por la Universidad de Extremadura. Docente y apasionado de la Geopolítica. Actualmente cursando Máster en Retos de la Paz, la Seguridad y la Defensa (Instituto Universitario Gutiérrez Mellado-UNED)

1 comentario en Asia en la geopolítica global

  1. No se si esto VALE para el articulos tenemos que salir del CASCARON de EUROPA y conocer la CESTA donde estan LOS HUEVOS del SIGLO XXI.
    El recrearnos con los HUEVOS pasados y viejos hara que se pudran los otros huevos mas jovenes.

1 Trackbacks y Pingbacks

  1. Asia en la geopolítica global - El orden...

Si tienes algo que aportar o comentar sobre este artículo no dudes en hacerlo!