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Los valores asiáticos en las relaciones internacionales: Latinoamérica y Asia

templo-jing-escondido-rascacielos-ciudad-shanghai_1_1522856Templo Jing escondido entre los rascacielos de la zona financiera de Shanghai, muestra de la convivencia entre el desarrollo económico y el mantenimiento de valores tradicionales

Los valores asiáticos en un mundo occidentalizado

Todo politólogo, o todo especialista en relaciones internacionales, ha oído hablar alguna vez de Francis Fukuyama y de su teoría del “fin de la Historia”. Hoy en día, esa idea nos parecería poco menos que ridícula y utópica pero, tras la caída del muro de Berlín en 1989, hubo un momento en que realmente pareció que la era de la globalización y del dominio de los valores occidentales como sustentadores de un código ético universal había llegado para quedarse y no marcharse jamás.

Sin embargo, durante la década de 1990 quedaría patente lo erróneo de dicha afirmación: por un lado, el mundo islámico asistiría a un despertar de los sentimientos nacionalistas y religiosos en respuesta a lo que se percibió como injerencia cultural occidental en el modo de vida islámico tradicional; y por otro, el mundo asiático asistiría a un proceso de reivindicación cultural semejante, con la formulación de los conocidos como ‘valores asiáticos’ por parte de Lee Kuan Yew al calor del ascenso de la región Asia-Pacífico en las cuestiones internacionales, y que supuso la aparición de un espejo distinto a los del occidentalismo en que hasta entonces la Humanidad (asiáticos incluidos) se contemplaba a sí misma.

Parafraseando a Sean Golden, los  ‘valores asiáticos’ pueden ser conceptualizados como un sistema de valores compartidos por diferentes nacionalidades y etnias de Asia oriental en los que la comunidad prevalece sobre el individuo y, por lo tanto, el orden y la armonía social están por encima de la libertad particular. Se rechaza la separación de la religión (teniendo en cuenta que en las religiones asiáticas imperan los códigos de conducta sobre las construcciones teológicas) de otros aspectos de la vida. Se concibe la lealtad hacia la familia y el respeto hacia el gobernante como dos de los pilares de conducta básicos. Y, finalmente, se hace especial hincapié en los valores del trabajo, la disciplina y la contención en los gastos.

La formulación de estos valores implicaría la negación de la universalidad de los valores occidentales, al afirmar la existencia efectiva de unos valores alternativos para Asia y el Pacífico, en consonancia con la emergencia de la región en el sistema económico y político global, que le otorgaba una capacidad potencial para reestructurar este sistema tal y como había sido concebido hasta entonces bajo dominio occidental; y daría lugar a la insistencia en interpretar el éxito económico de estos países (Singapur, Corea del Sur o China) en relación con estos valores, y no por la adopción de valores y modelos occidentales.

Desde esta perspectiva, el desarrollo de sistemas políticos en sociedades asiáticas debería hacerse de acuerdo con estos valores específicos de las culturas asiáticas, no susceptibles de reforma o crítica basada en los principios liberal-demócratas de unas sociedades occidentales consideradas en declive como consecuencia del individualismo, la falta de disciplina social o la ausencia de capacidad de trabajo y sacrificio; llegándose incluso a afirmar que quizá Occidente debería aprender de los valores asiáticos.

INTERESANTE: Derechos Humanos y valores asiáticos (Amartya Sen)

La nueva centralidad de Asia-Pacífico en el espacio mundial va a conllevar inevitablemente la emergencia, durante la década de los noventa, de nuevos foros de relación entre esta region y los otros dos grandes centros de gravedad, Estados Unidos y la Unión Europea: fundamentalmente, la Conferencia Económica Asia-Pacífico (APEC) con Estados Unidos y el Proceso Asia Europa (ASEM) con la UE.

Foros en los que los socios “no asiáticos” harían un esfuerzo de adaptación y aceptación de los planteamientos y modos de funcionamiento asiáticos y que provocaría que, a partir de aquel momento, en las relaciones internacionales comenzasen a operar ideas como la importancia del diálogo informal entre los líderes (lo vimos, recientemente, en la Cumbre de Copenhague sobre cambio climático) o en la deliberación por consenso y la concentración en los ámbitos de coincidencia; lo cual no ha hecho sino reforzar la visibilidad del continente asiático como una alternativa cultural y política a la preeminencia occidental en la sociedad mundial.

Estas formas, estas “ideas asiáticas”, se han extendido a otras regiones del mundo que, tradicionalmente apartadas o consideradas secundarias en los grandes procesos políticos internacionales, comienzan ahora a reclamar su espacio en el sistema internacional; entre ellas, y muy especialmente, Latinoamérica.

Influencia asiática en América Latina

Y es que, si hay un hecho que caracteriza la evolución reciente de la inserción internacional de América Latina, éste es la influencia de China y Asia en las relaciones internacionales de la región. En efecto, en los últimos años, los contactos a nivel político, económico y diplomático entre ambas regiones han experimentado un notable desarrollo cuantitativo y cualitativo. Así, junto al ya habitual intercambio de visitas políticas de alto nivel y al enorme crecimiento del comercio bilateral – que, entre algunos sectores, ha sido fuertemente criticado por la “primarización” (y el consiguiente freno a las posibilidades de desarrollo) de las economías latinoamericanas asociada a esta dinámica – China se ha consolidado como uno de los principales inversores y prestamistas en Latinoamérica, lo que ha mejorado enormemente la imagen y la influencia de Pekín en toda la región, forjando lazos profundos y estables con casi todos los países del continente latinoamericano.

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Este desplazamiento de la atención de Latinoamérica hacia Asia estaría en el origen de la reordenación de las relaciones diplomáticas entre los países de la región; una reordenación que se está llevando a cabo teniendo muy presentes las ideas asiáticas de cooperación, multilateralismo y búsqueda de acuerdos; de la inclusión de América Latina en organizaciones internacionales al margen de sus tradicionales relaciones exteriores con Europa y Estados Unidos – como la APEC, en la que participan México, Chile y Perú junto a otros 18 países de la región Pacífico, o la FOCALAE (Foro de Cooperación América Latina Asia del Este) – y, finalmente y de forma muy significativa, también estaría en el origen del desarrollo de iniciativas propias de integración regional en base a estas ideas. Iniciativas entre las cuales destaca la Alianza del Pacífico, constituida en 2011 y de la que forman parte Chile, México, Perú y Colombia (con Panamá y Costa Rica como observadores) con un claro espíritu de integración económica y que algunos empiezan a considerar como un experimento en línea con el proceso de integración europea que podría tener éxito, alterando así profundamente las relaciones regionales en América Latina.

El mundo está cambiando. Podría decirse que estamos asistiendo a un nuevo ‘despertar de los pueblos’ que, reivindicando su propia realidad cultural, tratan de sacudirse los moralismos procedentes de un occidentalismo que, pretendidamente universal, está siendo fuertemente cuestionado por unas sociedades que quieren dejar patente que, para ellas, el fin de la Historia no ha llegado todavía.

Acerca de Adrian Vidales 11 Articles

Nacido en 1990 en Zamora. Licenciado en Ciencias Políticas, especialidad de Estudios Internacionales, por la UCM. Estudiante de Derecho en la UNED. Miembro de ‘Con Copia a Europa’ (CC/Europa). Trabajando como becario en la consultora Atrevia.

2 comentarios en Los valores asiáticos en las relaciones internacionales: Latinoamérica y Asia

  1. Los valores asiáticos nunca han sido derrumbado, tan sólo ocultados por la negligencia en general a creer que todas las cuestiones debían regirse por lo que Occidente regía. Tan erróneo, por suerte, porque no debemos dejar de reconocer -y, por ende, luchar para mantenerlo- que vivimos en una sociedad mundial multipolar, no podemos ser una sociedad única mundial, hay pensamientos, costumbres, modos de vida, en fin, distintos aspectos adquiridos y mantenidos por siglos. Un abrazo Adrián, tus artículos son dignos de difundir a la sociedad, para que tengamos mayores y mejores conocimientos.

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