La primavera rifeña

En el norte de Marruecos, la región del Rif está siendo testigo en los últimos meses de una serie de movilizaciones ciudadanas que han ido aumentando en violencia y extendiéndose por el resto del país. Las primeras protestas escondían la indignación contra la corrupción, pero pronto salieron a la luz problemas enquistados como la exclusión política que sufren las poblaciones de la zona por parte de Rabat. A pesar de la represión policial y las tímidas promesas de cambio del gobierno central, las calles de Alhucemas o Nador siguen cobijando unas revueltas con un horizonte inesperado.

En los años veinte del siglo pasado, Muhammad ibn el Abd el Krim lideró la rebelión rifeña contra las tropas coloniales españolas; en 2017, Nawal ben Aissa es detenida por la policía marroquí por encabezar las protestas en Alhucemas. Han pasado casi cien años, pero la lucha sigue siendo la misma. A pesar de los esfuerzos gubernamentales por intentar acallar las protestas y que no transciendan a la opinión internacional —con el silencio complaciente de España y Francia—, cada vez resuenan con mayor fuerza unas movilizaciones que están haciendo temblar los resortes mismos de la monarquía. Los ecos de la primavera árabe de 2011 han pasado a ser un despertar rifeño que lleva sacudiendo las ciudades del norte de Marruecos desde octubre de 2016.

La región del Rif, entendida como la franja que va desde Tánger hasta el río Muluya, cerca de la frontera con Argelia, ha conocido un desarrollo dispar y un tratamiento diferente por parte del poder central de Rabat o Mazjen. La parte oriental y más montañosa, cuyo epicentro ha sido Alhucemas, cuna del activismo rifeño, ha sido la que más ha padecido los golpes de una dura Historia. En las manifestaciones que han tenido lugar durante semanas se repiten las mismas quejas: falta de infraestructuras y vías de comunicación, ausencia de hospitales, colegios y universidades, el alto desempleo y la precariedad de la economía local, la represión policial y las detenciones sumarias, junto a otras aspiraciones de tinte independentista.

Por su pasado bereber y sus luchas contra el colonialismo, los rifeños no se sienten plenamente representados con la imagen de unidad que presenta la Corona marroquí. Entre gritos y proclamas, los manifestantes levantan tres dedos de su mano, que representan los tres pilares que los unen: tierra, lengua e identidad. Al igual que ocurre con el Sáhara Occidental, desde Rabat ha habido un intento constante por arabizar esta parte del país excluyendo a comunidades autóctonas y potenciando un tipo de costumbres, ideologías y elites locales acordes con sus intereses. A lo largo de las últimas décadas, muchos rifeños se han visto obligados por razones políticas o económicas a marcharse a Europa, pero tanto los que están fuera como los que se han quedado persisten en una lucha que no tiene visos de alcanzar un final cercano.

Para ampliar: La guerra en Marruecos (1907-1927), Salvador Fontela Ballesta, 2017

Oprimidos por España y Marruecos

En el Rif se acumulan las fechas que hablan de luchas pasadas contra un poder al que siempre acusan de opresor. En la década de los veinte, bajo un protectorado franco-español, los rifeños se levantaron en armas e incluso fueron capaces de proclamar una república independiente (1921-1926), pero su osadía fue duramente castigada: el ejército español utilizó armas químicas que han dejado secuelas en las generaciones posteriores. En el Rif existe un alto índice de diagnósticos de cáncer relacionados con los ataques químicos realizados por españoles y, posteriormente, por el ejército marroquí en los cincuenta. De hecho, una de las reivindicaciones más comunes entre los habitantes de la zona es la de contar con un hospital con departamento de oncología, ya que los enfermos deben trasladarse hasta la capital para lograr ser tratados por especialistas.

La República del Rif existió entre 1921 y 1926, si bien las reivindicaciones identitarias existían anteriormente y se extienden hasta la actualidad. Fuente: Radical.

En 1956 Marruecos consigue su independencia. El monarca Mohamed V comenzó a construir una política de centralización, intentando acabar con los rasgos comunitarios o tribales de las áreas periféricas, hasta que en 1958 se produce una rebelión armada en el Rif contra las medidas del nuevo monarca. El entonces príncipe Hasán —posteriormente reinaría durante casi 40 años— y su mano derecha, el militar Mohamed Oufkir, encabezan la operación de pacificación del Rif, que se valió del uso de bombas de napalm y fósforo blanco para sofocar las revueltas. Desde entonces, las decisiones del Gobierno socavaron la escasa industria y desarrollo de la región, heredadas del pasado colonial español, y las convirtieron en las provincias más pobres del Estado.

Desde que Hasán II llega al trono en 1961 hasta la década de los noventa se producen los llamados años de plomo, en los que se persigue cualquier punto de oposición. Los movimientos estudiantiles, socialistas, islamistas, disidencias dentro del ejército y tensiones territoriales en el Rif y el Sáhara quedaron marcados por la mano de hierro del rey alauita. A mediados de los ochenta se extendieron por todo el país las conocidas como revueltas del hambre, una época de importante reajuste económico tutelado por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial que condujo a una importante carestía de los precios. La falta de servicios sociales, el deterioro de la calidad de vida y la represión convirtieron de nuevo al Rif en uno de los focos de mayor fricción de Marruecos. Como ocurrió en el pasado, el Gobierno utilizó la fuerza para acabar con todas las voces críticas. Es el momento en el que comienza el éxodo incesante de rifeños a Europa ante la falta de oportunidades y el hostigamiento de Rabat.

Para ampliar: Historia de Marruecos, María Rosa de Madariaga, 2017

En febrero de 2011, con el eco de las revueltas en el Magreb y Oriente Próximo y los sucesos en noviembre de 2010 en el Sáhara Occidental, surge el Movimiento 20 de Febrero. Fueron protestas por todo el país, inicialmente protagonizadas por los más jóvenes, que reclamaban una mayor democratización del país. En el Rif se produjo uno de los sucesos más dramáticos cuando el 21 de febrero de 2011 aparecieron los cuerpos de cinco jóvenes rifeños calcinados en una sucursal bancaria en el centro de Alhucemas. Este hecho acrecentó las protestas en la zona, en la que comenzó a florecer el germen que más tarde estallaría a partir de 2016. Suyas han sido las exigencias de mayores libertades, derechos y, sobre todo, acabar con una política centralista que solamente ha traído la exclusión y el empobrecimiento a esta parte del país.

La localidad rifeña de Alhucemas, el 29 de mayo de 2017. Fuente: El País

Una nueva primavera árabe en el Rif

Mohamed Bouazizi era un joven tunecino de 26 años que se ganaba la vida como vendedor ambulante en la pequeña localidad de Sidi Bouzid. Cansado de tratar diariamente con la corrupción policial y administrativa para poder realizar su trabajo, la mañana del 17 de diciembre de 2010 se prendía fuego ante el palacio de gobierno de la ciudad. A las pocas horas se produjeron protestas por todo el país, que se alargaron durante semanas. El 14 de enero huía del país el dictador Ben Alí. La revolución pronto se extendió por todo el Magreb y Oriente Próximo y afectó a la mayoría de Gobiernos de la región. Lo que sucedió después todavía lo estamos viviendo hoy.

Mouhcine Fikri tenía 31 años cuando la noche del 28 de octubre de 2016 volvía del puerto de Alhucemas, una ciudad portuaria situada a poco más de cien kilómetros de Melilla. La policía le confiscó a sus acompañantes y a él unos 500 kg de pez espada, cuya pesca aquellos meses estaba prohibida. Los agentes arrojaron la mercancía directamente al camión de la basura. Mouhcine y sus compañeros se lanzaron a intentar rescatar el producto dentro del camión, ya que era su único sustento. Accidente o no, el camión activó el proceso de trituración; los amigos de Mouhcine consiguieron salir, pero él no. El vídeo con las duras imágenes de su fallecimiento circuló rápidamente por las redes. Al día siguiente ya hubo concentraciones en algunas ciudades del norte; a las pocas semanas se extendieron por todo el reino.

La represión policial y la inestabilidad política del país, que pasó más de cuatro meses sin Gobierno, hicieron que las movilizaciones se redujeran al área del antiguo Rif y tuvieran mucha menos atención mediática. Sin embargo, al contrario de lo que ocurriera en 2011, las protestas ciudadanas en Alhucemas, Nador o Uchda no han disminuido con el paso del tiempo. Cuantos más detenidos y enfrentamientos con la policía se producen, más aumenta el malestar ciudadano, que cada semana abarrotan las plazas de sus pueblos y ciudades y miran de frente a los gendarmes y soldados desplegados. Sus consignas se entremezclan con cánticos tradicionales, en los que siguen vigentes las reclamaciones históricas y las exigencias más recientes. Están protagonizando lo que ellos mismos han bautizado como Hirak el Shaabi, un movimiento popular.

Mujer ondeando la bandera amazigh. Fuente: Moroccoworldnews.

En todas estas manifestaciones no se ven distintivos de Marruecos. Lo que abundan son banderas amazigh, seña de identidad de los pueblos bereberes del norte de África, y las banderas de la extinta República del Rif. Estos dos símbolos han estado terminantemente prohibidos en Marruecos, ya que la monarquía los ha considerado siempre un estandarte de las aspiraciones separatistas. No obstante, cada vez son más las personas que salen a la calle con estos emblemas, a riesgo de que puedan ser detenidos por la policía. Pese a la opresión de las fuerzas de seguridad, los rifeños han dejado de tener miedo y su indignación y ganas de cambio político se mantienen intactas. Son asiduas las asambleas y reuniones en plena calle, ante la esquiva mirada de los vecinos que no se atreven a participar, mientras los efectivos de seguridad esperan la orden para disolverlas.

La participación en estos encuentros cuenta con una asistencia heterogénea: hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, desempleados, comerciantes y funcionarios. El patio de un instituto, una casa familiar, una cafetería o la plaza de la ciudad son los puntos elegidos para organizarse y planear los siguientes movimientos. En mayo de 2017 la policía marroquí detuvo a Nasser Zafzafi, un desempleado soltero de 38 años, que desde octubre de 2016 había encabezado las principales concentraciones, en las que destacó por su elocuencia y por sus ataques directos al Gobierno y a la monarquía. Pronto se convirtió en un icono. Le arrestaron tras irrumpir en una mezquita local para quejarse del papel de los imanes, quienes, controlados directamente por el Gobierno, han intentado adoctrinar a las poblaciones y cercenar las soflamas revolucionarias.

Pero, si desde Rabat creían que cortando la cabeza de la serpiente iban a frenar el levantamiento, se equivocaron en sus cálculos. Pronto el protagonismo dejado por Zafzafi, quien se cree que está en una cárcel de máxima seguridad en Casablanca, fue tomado por Nawal ben Aisa. Esta empleada del hogar de 38 años, con cuatro hijos pequeños y casada con un taxista, decidió coger el megáfono en una manifestación y desde entonces se ha convertido en una de las voces más reconocidas del movimiento. Ha pasado ya varias veces por comisaría y sus pasos son vigilados por la policía, pero, pese al peligro de acabar como Zafzafi y otro centenar de activistas, ella y el resto de cabezas visibles del Hirak el Shaabi siguen decididos a persistir en sus acciones. Por el momento, reclaman ser escuchados directamente por el rey, que exista una verdadera política de desarrollo para la zona, que se respete la cultura amazigh y haya una democratización de las instituciones. No obstante, algunos de ellos no dejan de tener aspiraciones independentistas y el deseo de reconstruir la república rifeña.

Para ampliar: La mujer en el Magreb ante el reto de la democratización, Paloma González del Miño, 2008

Nawal ben Aisa con una camiseta de Zafzafi. Fuente Moroccoworldnews.

Mohamed VI y la disgregación territorial

En una de sus primeras visitas oficiales al extranjero, Emmanuel Macron fue bienvenido en el majestuoso palacio rabatí por Mohamed VI y su hijo Moulay Hasán, de 14 años. Francia, España y Estados Unidos han sido tradicionalmente los grandes valedores internacionales del país magrebí. Recientemente, Arabia Saudí y las monarquías del Golfo también han estrechado lazos con este Gobierno esperando atraerlo a su eje sunita. Son enormes los intereses geoestratégicos que hay en torno al Estado marroquí, cuyos principales socios lo único que esperan del rey es que garantice la estabilidad y seguridad internas. Como ocurrió en 2011 con el atisbo de primavera árabe del movimiento 20F, los aliados de Mohamed VI le aconsejaban en privado afrontar todas las reformas sociales necesarias para resolver el problema. Mientras tanto, miran hacia otra parte cuando la policía actúa sobre los opositores.

Para ampliar: Mohamed VI: política y cambio social en Marruecos, Miguel Hernando de Larramendi, 2011

En las escuelas de Marruecos, todas las aulas tienen un retrato de Mohamed VI y un mapa del país donde se incluye el Sáhara, las ciudades españolas de Melilla y Ceuta y las islas Canarias. Durante décadas, el abuelo y el padre del actual rey centraron todos sus esfuerzos en conseguir la construcción de una gran nación bajo una sola bandera: el Gran Marruecos. Siempre han temido dos posibilidades: que surgiera un movimiento revolucionario capaz de hacer caer la Corona y que el país se resquebrajara territorialmente. La mano dura siempre ha acompañado a los gobernantes a la hora de solventar las tensiones territoriales. Así lo han hecho en repetidas ocasiones en el Rif y el Sáhara. Cuando Mohamed VI le enseña el mapa a su heredero Moulay Hasán, siempre le repite la misma advertencia: “Cuida el flanco rifeño, el Sáhara y la frontera con Argelia”. Su peor pesadilla es perder la gran construcción alauita por la independencia del Sáhara Occidental, la separación de las provincias del norte y el ataque por el este de los argelinos.

Las protestas en Marruecos han sido un foco de inestabilidad en el país durante todo 2017. Este malestar es igualmente extensible a la región norteafricana. Fuente: Cartografía EOM.

Otro viernes más en Alhucemas. La gente que sale de las mezquitas acaba su labor en los comercios y los jóvenes que se disponen a salir de fiesta se congregan por unos instantes en el centro de la ciudad. Ya como un ritual de casi de todas las semanas, comienzan a ondear banderas regionales; algunos espontáneos toman micrófonos y megáfonos para dirigir las proclamas. La excusa para la movilización pueden ser las últimas detenciones, los rumores de que la noche anterior la policía estuvo registrando casas o que el Gobierno central sigue sin ofrecer ninguna respuesta. A los pocos minutos, los gendarmes y soldados ya tienen cercadas las principales arterias de la ciudad. Los manifestantes se les encaran y en rifeño o árabe les gritan: “¡No tenemos miedo! ¡Queremos libertad!”.

Acerca de David Hernández 10 Articles
Madrid, 1991. Doctorando en Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Máster en Economía Internacional y Desarrollo (UCM). Especialista en geopolítica, comunicación y estrategia política y gobernanza.

5 comentarios en La primavera rifeña

  1. Nuestra pregunta es:porque cuando se trata del sahara españa mueve todos Los medios de telecomunicacion y cuando se trata del pueblo rifeños silencio total? Es decir apoyo total y mas el PP conocido por du politica franquista contra Los imazighen; porque se sienten verguenza de la guerra de anual es por eso tienen acuerdo secreto con el regimen arabe y han puesto lo que se llama (republica arabe sahraoui)!;desde cuando Los arabes estaban en el Sahara? La arrestacion de periodistas y gente anti-corrupcion apoyado por colonos franceses y españoles del PP porque este partido tambien tiene muchas tramas y Gűrteles y y y.

  2. El artículo además de basarse en una historia falseada, muestra una realidad ficticia. Los rifeños están más ocupados en buscarse la vida, que en montar revoluciones sin objetivos, otra cosa sería darles armas, fondos y prometerles privilegios. Pero el único interesado en esos manejos es Francia e Israel.

  3. Los rifeños no son marroquies.y el reino marroqui sera derrotado por amazigh inchaalah. Al final venceremos a la buena o a la mala.que se acuerdan de la guerra de annual, 18000 español caido. NO TENEMOS MIEDO A LOS SOLDADITOS DE MARRUECOS,NI DE REY GAY ALAUITA Hasta la victoria siempre.

  4. Está claro que las provincias del Rif llegará un momento en que luchen por la Independencia y volver a ser un estado como lo eran antes.
    Todo dependerá de como el monarca marroquí gestione el juicio a los líderes del Hirak, ya sabeis allí no hay separación de poderes, el Rey puede descolgar el teléfono y ordenar 50 años de cárcel.
    Yo soy de los que piensa que Franco cometió un terrible error al cederle el Rif al reino alauí porque los rifeños no tienen nada que ver con los marroquíes son dos mundos muy diferentes, lo mejor hubiera sido restaurar la República del Rif.

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