Indonesia, una potencia islámica dormida en el Sudeste Asiático

Miembros de una exclusiva secta musulmana que se hacen llamar An-Nadsir acuden al rezo para celebrar el Eid al-Adha en una remota área del distrito de Gowa (Indonesia). Imagen de Yusuf Ahmad en dalje.com.

¿Cómo se gobiernan 17.000 islas con un sentimiento nacional poscolonial muy reciente y una diversidad étnica, cultural y religiosa sin parangón en la región? Analizamos cómo estos delicados (des)equilibrios internos han forjado un país frágil, pero con gran potencial para influir en Asia-Pacífico. Bienvenidos a la construcción de la Indonesia moderna.

Indonesia es un actor fundamental en el área de Asia-Pacífico. Su relevancia estratégica en términos energéticos y económicos, en combinación con su peso demográfico y geopolítico, ha consolidado a este país como uno de los principales mercados y tigres asiáticos. Con una población de más de 250 millones de habitantes, Indonesia es hoy la mayor democracia islámica del mundo y la economía más grande del Sudeste Asiático. Sin embargo, su influencia en la región ha estado limitada por una estructura política, territorial y étnico-religiosa atravesada por profundos clivajes y matices.

Sukarno, el viejo orden de un nuevo país

El origen de la nación indonesia se retrotrae a la década de 1920 y es inseparable de la figura de Sukarno y de los movimientos de resistencia anticolonial nacionalistas, marxistas e islamistas que combatieron la ocupación holandesa, establecida desde 1602. Sukarno no solo encabezó el Partido Nacionalista Indonesio desde 1927 bajo el lema “Una nación, Indonesia; un pueblo, indonesio, y un idioma, el bahasa indonesio”, sino que también se convirtió en la cabeza visible de esta corriente antiimperialista. Su papel activo en la resistencia le llevó a ser exiliado a Sumatra, donde permaneció tres años hasta que fue liberado por los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial.

Tras el exilio, Sukarno regresó a Yakarta junto a Muhammad Hatta y proclamó la independencia indonesia en agosto de 1945. Pero esta declaración nominal no equivalió a una independencia de facto, puesto que los holandeses trataron de restablecer su poder administrativo y político sobre el territorio tras el fin de la ocupación nipona. Se inició de esta manera una sangrienta confrontación que dio lugar a la Revolución nacional (1945-1949), una guerra de independencia al cabo de la cual Indonesia pasó a ser formalmente reconocida como un Estado soberano e independiente por la Corona de los Países Bajos.

Cerca de 100.000 indonesios fallecieron luchando contra la Corona holandesa entre 1945 y 1949. Fuente: El País

Poco antes de lograr la independencia, Sukarno difundió en un discurso histórico una nueva doctrina para un Estado muy joven, diverso y heterogéneo. Nacía así la ideología de la pancasila con el objetivo de conciliar las diferencias entre indonesios y redirigirlas hacia un relato de armonía nacional apoyado en enseñanzas de notable inspiración religiosa. Articulada en torno a cinco principios bastante genéricos, la pancasila difundió la creencia en un único y verdadero Dios, la defensa de una humanidad justa y civilizada, la unidad de Indonesia, la promoción de la democracia deliberativa basada en la sabiduría interior de los representantes del pueblo y la justicia social para las gentes de Indonesia.

Estos principios, por encima incluso del islam, se mantuvieron como ideología oficial del Estado durante todo el siglo XX y ha llegado con sus más y sus menos hasta nuestros días. Su relevancia fue especialmente importante como pegamento nacional del fracturado archipiélago y como plataforma para proyectar internacionalmente una voz disidente con el sistema bipolar de la Guerra Fría. Al fin y al cabo, Indonesia fue huésped e impulsora del espíritu de la conferencia de Bandung de 1955, que entre otras cosas permitió el establecimiento del Movimiento de Países No Alineados.

El líder nacionalista Sukarno durante un discurso. Fuente: Britannica

Sin embargo, la Indonesia poscolonial se caracterizó por una elevada inestabilidad política, a la que Sukarno trató de responder instaurando una frágil “democracia guiada” en 1959. En un ejercicio de malabarismo político, el padre de la patria buscó articular un delicado equilibrio de fuerzas entre Ejército, islam y el potente Partido Comunista Indonesio (PKI en indonesio). Esta nueva arquitectura de gobierno fue el origen de la coalición Nasakom y el principio de un sistema de gobierno que rechazó frontalmente el modelo democrático liberal para Indonesia.

En los años de la democracia guiada, Indonesia sufrió también considerables rebeliones internas. A sus problemas nacionales se tuvo que añadir el nacimiento a nivel regional de la Konfrontasi, el conflicto no declarado que entre 1962 y 1966 enfrentó a Indonesia con la nueva federación malaya. Sukarno buscó evitar la formación del nuevo Estado malayo temiendo que Londres lo utilizase como enclave estratégico para contener sus aspiraciones regionales, pero fracasó en su intento y, paradójicamente, el fin de las hostilidades derivó en 1967 en la creación de lo que hoy es la principal organización internacional de Asia: la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN por sus siglas en inglés).

El nuevo orden: la dictadura de Suharto (1966-1998)

En los años siguientes a Bandung, la división ideológica entre el PKI y las Fuerzas Armadas indonesias dio lugar a un clima enrarecido. Por un lado, la democracia guiada de Sukarno había generado malestar entre las potencias occidentales y algunos sectores del Ejército. Por el otro, el golpe de Estado fallido realizado por el Movimiento 30 de Septiembre en 1965 para derrocar a Sukarno desencadenó una serie de acontecimientos cuyas circunstancias siguen sin estar del todo esclarecidas.

El argumento más consensuado es que la intentona golpista fue aprovechada por el general Suharto para acusar a los comunistas del PKI de estar detrás del golpe. Autoras como Naomi Klein consideran que Suharto se sirvió de esta narrativa —así como del apoyo de la CIA— para evitar el ascenso de un régimen de signo marxista y reforzar su propio poder ordenando una purga masiva contra los comunistas que se saldó con cientos de miles de víctimas mortales. Naturalmente, el desenlace final fue que Suharto logró obtener por la vía de la fuerza toda la autoridad. Esto le permitió por un lado poner fin al régimen de Sukarno, a quien mantuvo hasta su muerte bajo arresto domiciliario, y por otro redirigir la tradicional política de no alineamiento indonesia hacia una relación más privilegiada con los EE. UU. y las potencias europeas. Suharto buscó así terminar con la política de acercamiento a la China maoísta, ilegalizar el PKI y emprender medidas de liberalización de la economía con el respaldo de la mafia de Berkeley.

La composición etnocultural de Indonesia, un factor de conflicto en la historia del país. Fuente: Cartografía EOM.

Con el inicio de este nuevo orden, Indonesia comenzó un despegue económico que duró décadas, aunque a costa de convertirse en un régimen de partido único dominado por el partido Golkar. Desde una perspectiva política, la represión de Suharto contra la disidencia fue muy dura y se ejerció mediante los aparatos de inteligencia del Estado, como el Comando Operacional para la Restauración de la Seguridad y la Agencia de Coordinación de Inteligencia del Estado. Además, su mandato estuvo enturbiado por una corrupción escandalosa, un ejercicio abusivo de la violencia y una política territorial de integración y centralización nacional que trajo consigo una prolongación de diversos choques con movimientos secesionistas en Nueva Guinea y, por supuesto, Timor Oriental, donde las matanzas de Santa Cruz de 1991 y las violaciones sistemáticas de derechos humanos fueron la tónica habitual desde su invasión en 1976.

Para ampliar: “Indonesia, construcción nacional y gobernanza democrática”, Manuel Montobbio en CIDOB, 2009

La caída de Suharto y el inicio de la reformasi

La crisis del Sudeste Asiático, iniciada con la devaluación de la moneda tailandesa en 1997 y exacerbada por la aplicación de las recetas de austeridad del FMI, causó enormes destrozos en la economía indonesia. El PIB se contrajo en un 14%, la pobreza aumentó de 20 a 80 millones en un año y el ciclo de crecimientos cercanos al 7% del PIB alcanzados en los años precedentes experimentó una caída drástica. En 1998, atosigado por las protestas y la edad, Suharto se vio obligado a abandonar el poder y fue sustituido por su vicepresidente Habibie, quien trató de emprender una serie de reformas de urgencia, como la liberación de presos políticos.

La estabilidad —o inmovilismo— político que había caracterizado al archipiélago durante tres décadas dio paso a la reformasi, una etapa de renovación, cambio y volatilidad con los Gobiernos de Abdurrahman Wahid (1999-2001) y, en menor medida, de Megawati Surkanoputri (2001-2005), hija del histórico dirigente Sukarno. Indonesia iniciaba así su andadura en el nuevo milenio con el objetivo de emprender un proceso democratizador y descentralizador.

Los efectos de la crisis económica precipitaron la caída de Suharto. Fuente: Investopedia

La transición hacia la democracia de principios de los 2000 no fue sencilla, ya que con la caída de Suharto rebrotaron conflictos latentes en diferentes áreas de Indonesia. No se debe descuidar que mantener cohesionada la unión históricamente reciente de casi 17.000 islas no resulta tarea sencilla. El referéndum de independencia de 1999 en Timor Oriental, la reemergencia del islamismo radical o las aspiraciones independentistas de los papuanos supusieron algunos de los principales retos en esta nueva etapa. No obstante, las tensiones aparecieron en multitud de áreas de Indonesia. En Maluku se produjeron miles de desplazamientos internos y cerca de 5.000 personas fallecieron como consecuencia de las luchas étnicas entre cristianos y musulmanes. En Poso, en la región de Sulawesi Central, las tensiones interreligiosas instigadas por líderes comunales derivaron a comienzos del siglo en enfrentamientos de gran violencia. En el caso de los conflictos de Sampit, en el sur de Borneo, las luchas étnicas entre los dayaks y los madurenses también dejaron tras de sí un legado de mutilaciones, horror y muerte.

Mención aparte merece la sangrienta lucha independentista de la región de Aceh desde su integración forzada en la Indonesia de Sukarno al cabo de la dominación holandesa. Aceh es un territorio con un amplio predominio de población musulmana y que posee abundantes recursos naturales, como petróleo o gas natural. A pesar de que su estatus de autonomía especial es reconocido por Yakarta, el sentimiento independentista de Aceh se fue forjando como resultado de las violaciones sistemáticas de derechos humanos cometidas por las fuerzas militares indonesias durante décadas. Ello explicaba la persistencia de los rebeldes de GAM (siglas en indonesio de Movimiento para la Liberación de Aceh) en su lucha secesionista frente al Gobierno central. Aun así, ambas partes lograron llegar a un acuerdo pacífico en 2005 aprovechando el macabro momento creado por el devastador tsunami que golpeó Aceh en 2004. Irónicamente, la tragedia abrió una ventana de oportunidad para finalizar el conflicto al permitir que Indonesia retirase sus tropas de Aceh a cambio de que el GAM procediese a su desarme total bajo el monitoreo de la Unión Europea y ASEAN. A su vez, el proceso de paz supuso el primer éxito político del nuevo Gobierno de Yudhoyono.

Para ampliar: “Aceh, el triunfo sobre la guerra y la devastación”, Pilar Requena en IEEE, 2011

La demokrasi transforma Indonesia

En los últimos años, Indonesia ha atravesado cambios nacionales estructurales. El más importante fue sin duda la celebración de las primeras elecciones democráticas en 2004 y su consolidación en los siguientes comicios de 2009. Durante estos, el candidato del Partido Democrático, Susilo Bambang Yudhoyono (popularmente conocido como SBY), logró consolidarse con más del 60% de los votos como el primer presidente democráticamente elegido en la Historia de Indonesia.

Durante su mandato, SBY siguió el patrón liberal que marcaron sus predecesores para asegurar el crecimiento sostenido y continuado de la economía, aunque con resultados limitados en temas cruciales para la sostenibilidad fiscal como son los recortes a los subsidios al petróleo. La producción de carbón, aceite de palma y azúcares aumentó significativamente durante esta etapa, con un impacto notable en la economía indonesia. En clave de política nacional, SBY continuó con la política de descentralización territorial promovida durante la reformasi dotando de mayor autonomía a las regiones de Indonesia y prestando especial atención a evitar una balcanización insular. Sin embargo, este proceso no ha estado exento de problemas relacionados con las dificultades para homogeneizar los marcos legales a nivel nacional y la falta de supervisión de la corrupción endémica que sufre el país.

Este gráfico, donde +2,5 corresponde a la máxima efectividad gubernamental y -2,5 es el mínimo, muestra las carencias del Gobierno para ejercer su autoridad. Fuente: The Global Economy

En el plano internacional, SBY aprovechó la posición geopolítica de Indonesia como enclave colindante a las transitadas rutas comerciales marítimas del Indo-Pacífico para establecer asociaciones estratégicas con países como China, India y EE. UU. y fomentar una participación activa de Indonesia en el G20. Por su posición entre dos de los principales gigantes asiáticos, India y China, y como consecuencia del giro hacia Asia iniciado por Obama en 2012, Indonesia se ha consolidado en los últimos años como un socio de gran interés para los principales actores con influencia en la región. No obstante, con la multitud de problemas entre regiones que sufre Indonesia, su perspectiva internacional ha seguido estando limitada a la ambigüedad, el no alineamiento y el pragmatismo. La política exterior nacional se ha manteniendo en una línea bastante modesta a pesar de su peso geoeconómico cada vez mayor.

Sin perjuicio de lo anterior, el Gobierno de SBY ha tratado de reforzar la presencia internacional de Indonesia con una participación más activa en ASEAN, el Panel de Alto Nivel de las Naciones Unidas para el Cumplimiento de la Agenda de Desarrollo pos-2015 y diversos foros climáticos. En su discurso inaugural de 2009, SBY llegó a afirmar que el objetivo de su política exterior a partir de ese momento consistiría en tener “mil amigos y cero enemigos”. Para ello, Indonesia mantendría una línea de no injerencia en los asuntos de terceros países y una posición favorable a potenciar su comercio exterior y la atracción de inversiones, todo ello acompañado de un potenciamiento de su poder suave internacional con la promoción —aún tímida— de la democracia en Asia a través del Foro sobre Democracia de Bali.

El viraje de Joko Widodo

La llegada del outsider javanés Joko Widodo —apodado “el Obama indonesio”— al poder en 2014 prometió una transformación profunda del tablero político nacional. Su reñido triunfo electoral, apoyado en una activa campaña en las redes sociales y en el voto de las capas populares no urbanas, hastiadas por la corrupción, permitió que por primera vez un candidato ajeno a las élites militares y políticas del país lograse hacerse con el Gobierno de Indonesia.

La percepción ciudadana sobre la corrupción ha aumentado significativamente en los últimos años. Fuente: The Global Economy

Jokowi ha mantenido la prioridad de relanzar el crecimiento económico hasta un 7% del PIB con medidas orientadas a la facilitación de la inversión y el emprendimiento. Para ello ha tratado de reorientar el modelo productivo indonesio con objeto de atraer inversiones e industrias de alta carga tecnológica y superar la trampa de los ingresos medios. Sin embargo, las reformas introducidas, entre las que sobresale el recorte a los subsidios del petróleo, no le han permitido contener los problemas asociados a la ralentización de las tasas de crecimiento previstas en campaña. Lo mismo se puede decir ante la enorme brecha de infraestructuras que sufre Indonesia para garantizar la adecuada conexión entre sus 17.000 islas y fomentar así un mayor equilibrio económico nacional, ya que en la actualidad el 80% del crecimiento indonesio se genera en la parte occidental del país.

PIB per cápita en Indonesia. Fuente: Cartografía EOM

A estas disparidades económicas internas se suman desafíos políticos importantes. Uno de los más complejos será evitar la combinación de potenciales procesos de balcanización derivados de una escasa unidad nacional con dinámicas de arabización originadas como resultado de una difusión del islamismo radical suní. A pesar de los esfuerzos de Jokowi por defender la línea “moderada y tolerante” que en su opinión ha caracterizado siempre a la sociedad islámica indonesia, lo cierto es que las críticas por la ausencia de políticas de lucha contra la radicalización se han multiplicado en los últimos años. En este sentido, la expansión de células de Dáesh en territorio indonesio, la posibilidad de que se repitan atentados como el de 2016 en Yakarta, el incremento de la intolerancia contra las minorías étnico-religiosas, las duras campañas antidrogas o la persecución del colectivo LGTBI plantean algunos de los mayores factores de riesgo para la estabilidad e imagen exterior indonesias a corto y medio plazo.

En el ámbito internacional, la política exterior de Jokowi ha abandonado la línea de los “mil amigos y cero enemigos” de su predecesor para tomar un rumbo más realista, pragmático y orientado al cálculo de costes y beneficios en sus relaciones internacionales. De esta manera, Indonesia ha reforzado su interés en el dominio marítimo, donde la industria pesquera y la preservación medioambiental poseen una gran importancia para los intereses económicos del archipiélago. Su Gobierno ha emprendido un refuerzo de las capacidades de protección litoral de Indonesia con el objetivo de evitar intrusiones ilegales de barcos pesqueros extranjeros en sus costas.  A su vez, Jokowi ha mostrado una mayor asertividad en relación a las disputas territoriales que mantiene con Malasia, aunque es evidente que Indonesia sigue careciendo de una política exterior potente, tanto militar como diplomáticamente, y prefiere mantenerse en un “equilibrio dinámico” como potencia media.

A tenor de su Historia, su tradición aislacionista y sus dificultades para mantenerse cohesionada a causa de su compleja configuración territorial, es evidente que Indonesia sigue boxeando por debajo de su peso en la arena internacional. Pero, aunque sus desafíos nacionales la mantengan demasiado ocupada por el momento, la importancia económica, demográfica y previsiblemente estratégica de esta potencia dormida hace presagiar que su protagonismo en la región irá en aumento en los próximos años.

Acerca de Diego Mourelle 9 Articles
Vaduz (Liechtenstein), 1995. Estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid y beneficiario de la beca Erasmus+ en la Universidad de Manchester. Ha realizado prácticas en la embajada de España en Berlín. Interesado en temas de Diplomacia y Seguridad Internacional, especialmente en el área de Asia-Pacífico y Unión Europea.

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