Islandia: guía del buen turista

Fuente: Carmela Vaquero.

Islandia se enfrenta a un reto al que no se había enfrentado antes: la llegada masiva de turistas. En una isla que recibe ahora mismo cuatro turistas por habitante, el debate principal es cómo hacer frente a este crecimiento y cuál es la mejor manera de gestionar el turismo de cara al futuro. 

Lilja tiene un nombre islandés imposible de pronunciar, así que, cuando se presenta desde el porche, me comunica que prefiere que la llamen de otra manera con una sonrisa risueña. Vive en Reikiavik y, excepto cuando el invierno golpea con toda su fuerza en la isla, regenta una casa de huéspedes al sur de Islandia, aproximadamente a dos horas de la capital. El lugar, escondido en una población pequeña y alejado del ruido, fue en otros tiempos una granja, que ha sido completamente reformada para ofrecer a los que se alojan allí una experiencia única de tranquilidad y descanso.

Al tiempo que hace el desayuno en una cocina rodeada de ventanas que dejan ver el impresionante paisaje, a Lilja le gusta contar la historia de su vida: la compra de la granja. Mientras unto de mermelada un gofre casero recién hecho, Lilja me explica cómo era la vida antes de la crisis financiera de 2008. “A la gente le daban hipotecas todo el rato, por cualquier cosa”. Cuando vio la granja, supo que tenía que ser suya; lo sintió con el corazón, afirma. Sin embargo, comenta entre risas que fue prácticamente la única persona del país a la que un banco no le concedió una hipoteca.

Pudo ahorrar y realizar la transacción en efectivo. Cuando los bancos cayeron en bancarrota en la isla al norte del continente europeo, ella se sintió afortunada por aquello que años antes la había hecho sentirse desgraciada: la falta de ayuda del sector financiero. A partir de la crisis que asoló Islandia, mucha gente perdió propiedades e inversiones, así como ahorros. La vida de los islandeses se puede contar con un claro punto de inflexión: 2008.

Algunos hablaban del “modelo islandés” antes de 2008: en una serie de artículos publicados en 2006, John Carlin comenta las maravillas de la isla. Lo que más llama la atención, desde luego, es la manera en que se ha construido la sociedad en un lugar tan aislado: a caballo entre Europa y Estados Unidos, los islandeses se enorgullecen de afirmar que tienen lo mejor de cada continente, esa mezcla entre la fuerza del Estado de bienestar y una mente empresarial y de sana competencia profundamente marcada.

Para ampliar: Crónicas de Islandia: el mejor país del mundo, John Carlin, 2016

Tan lejos de todo, los islandeses se ríen cuando dicen que la sociedad de la isla está casi toda emparentada y que bien podrían ser primos lejanos. De hecho, cuentan con un archivo digital donde cada habitante de la isla puede consultar sus antepasados hasta mucho tiempo atrás: el Íslendigabók. La red que constituye la familia en Islandia es profunda y crucial, pero entendida de otra manera: los divorcios no la empequeñecen, la agrandan al incorporar miembros de nuevos matrimonios e hijos.

Tras 2008 y el cambio de dirección al que se vio obligado el país  para poder seguir adelante, la sociedad islandesa sigue siendo risueña, amable en el trato directo y servicial; más curtida, no obstante, y más preparada para los imprevistos del futuro. Mucho se ha hablado del “milagro islandés” tras la crisis: la rápida recuperación de su economía tras la caída de los bancos y su negativa a pagar las deudas de estos aún sirve de ejemplo y se intenta imitar. El proceso constituyente para volver a escribir la Constitución y el aumento de la importancia de las mujeres en diversos puestos de responsabilidad se vivió en todo el mundo con una mezcla de esperanza y envidia.

Luces y sombras del turismo en Islandia

Desde que la brutal crisis primero y la erupción del volcán Eyjafjallajökull después pusieran a Islandia en el foco de prácticamente todos los medios de comunicación y fuera objeto de estudio en muchos documentales e investigaciones, la isla ha vivido un crecimiento exponencial de un sector de su economía que, hasta hace poco, se encontraba más bien dormido: el turismo. Con una población de casi 335.000 habitantes,Islandia recibió en 2016 casi dos millones de turistas, lo que supuso un incremento del 40% con respecto a 2015.

Número de visitantes en Islandia entre 2015 y 2016. Fuente: Icelandic Tourist Board

Según la tendencia, todo indica que a finales de 2017 volverá a alcanzarse una cifra récord de visitantes, deseosos por descubrir las maravillas que el país tiene para ofrecer. Debido a sus conexiones con Estados Unidos —que tuvo una base militar abierta y operativa hasta 2006 cerca de Reikiavik—, la mayor parte del turismo que llegaba provenía del otro lado del océano y de Reino Unido, país que los protegía antes de la llegada de los estadounidense y con el cual tienen muchos acuerdos comerciales y financieros —todavía se recuerda la visita de Winston Churchill durante la Segunda Guerra Mundial—.

Aumento porcentual de huéspedes en alojamientos turísticos islandeses en el período 2009-2016. Fuente: Financial Times

Sin embargo, la puesta en el mapa por los medios de comunicación de esta pequeña isla con la capital más al norte del mundo, así como el uso de sus paisajes en escenas de Juego de Tronos o la nueva versión de La vida secreta de Walter Mitty, han hecho de este destino uno de los más deseados en los últimos años. A esto ha ayudado, entre otras cosas, la aparición de compañías aéreas de bajo coste, como la islandesa WOW Air, que ha acabado con el monopolio del que antes disfrutaba Icelandair al obligarla a bajar los precios y hacerlos más competitivos y apetecibles para aquellos que desean aterrizar en la isla.

Los efectos del incremento de los turistas ya se notan, a pesar de ser un fenómeno relativamente nuevo. El turismo ya se ha convertido en la industria que más dinero mueve y atrae, y ha llegado a superar ingresos históricamente cruciales para la isla, como la exportación de aluminio. La aparición de empresas de alojamiento privado, como AirBnB, también está comenzando a tener consecuencias, especialmente en la pequeña capital. “A tiempos desesperados, medidas desesperadas”, y eso es exactamente lo que está ocurriendo en Islandia: incapaces de albergar la cantidad de turistas que llegan cada año,el número de alojamientos que se registran en AirBnB crece a un ritmo más rápido del que pueden construirse hoteles. El margen de beneficios de los anfitriones es cada vez mayor, conscientes de que cuentan con un mercado por explotar.

Este hecho tiene varios efectos en el mundo inmobiliario de un lugar tan pequeño. Por un lado, el valor de la vivienda se está incrementando a pasos agigantados y comienza a crear una burbuja cuyos efectos todavía no se pueden calcular. Por el otro, cada alojamiento que se registra para abastecer el sector turístico deja de estar disponible para alquiler normal, lo que empieza a producir una escasez de oferta inmobiliaria que debe ser gestionada para paliar sus efectos. A principios de 2017, el número de alojamientos de AirBnB solo en la capital ascendía a 3000. La ocupación hotelera aumentó en diciembre de 2016 un 56% con respecto al mismo mes en 2015, un crecimiento que ha sido exponencial desde 2013. Asimismo, la ocupación anual ha sufrido un crecimiento del 33% en 2016 con respecto a 2015.

 

Aumento de la ocupación hotelera en Islandia el mes de diciembre (2013-2016). Fuente: Statistics Iceland

La construcción de nuevos hoteles ha aumentado, y no solamente en Reikiavik, donde se esperan un 50% más de habitaciones de hotel para 2020. Aprovechando el deseo del turista de una experiencia única rodeado de naturaleza, cada vez en más lugares se puede ver la aparición de carteles con el nombre del nuevo hotel que se está cimentando. La pregunta que cabe hacerse es si morirá Islandia a causa del turismo. La respuesta parece ser que no. El Gobierno está decidido a proteger a toda costa las maravillas del país, ahora en grave riesgo de deterioro. Los islandeses son conscientes de que viven en un entorno frágil y delicado y, con el paso del tiempo, han aprendido a vivir en una especie de simbiosis con aquello que los rodea. Quienes viven en la isla basan su día a día en el respeto al medio ambiente y las leyes de la naturaleza, y ahora quieren transmitir ese cuidado a los que llegan de visita.

Turistas, pero con condiciones

Los islandeses están encantados y sorprendidos con la llegada de tantos turistas. Algunos, humildemente, no entienden qué llama tanto la atención para la llegada diaria de personas, tanto en invierno como en verano. La alta ocupación ya no es algo exclusivo de Reikiavik: lugares de más difícil acceso, como la zona de los Fiordos Occidentales, también comienza a recibir visitantes. Dadas las circunstancias, se ha hecho necesario gestionar asuntos que antes no suponían un problema en el país.

En cuanto a alojamientos como los de AirBnB, el Gobierno pretende que sus dueños paguen unos impuestos especiales cuando sobrepasen 90 días al año en alquiler. Con este tipo de medidas se busca evitar que el centro de la capital, el que está sufriendo más las consecuencias, se vacíe de islandeses para pasar a estar habitado solamente por turistas. También se planea una subida de impuestos a operadores turísticos que ofrezcan excursiones a ciertos destinos del país, así como a las empresas de autobuses y hoteles, que ahora disfrutan de unos impuestos reducidos del 11%  —el general es del 24%—.

Valor de la corona islandesa frente al euro en los últimos diez años. Fuente: XE

Estas medidas no han generado menos polémica que la llegada masiva de turistas: al ser un sector que emplea cada vez a más personas en la isla, muchos temen que la subida de impuestos y el incremento de precios tengan un efecto negativo sobre el turismo. Todo ello, sumado a la primera verdad sobre el país: Islandia no es, de entrada, lugar para el turismo barato. Con una moneda nacional, la corona islandesa, que comienza a repuntar lentamente, pero no sin cierta dificultad, la vida en la isla para el turista no constituye una actividad económica recomendable para aquellos que van con un presupuesto ajustado.

El precio de ciertos víveres en el supermercado supera lo que uno consideraría normal —al cambio, una bandeja de 200 gramos de queso en lonchas cuesta alrededor de 17 euros; una barra de pan, 6 euros en una tienda de gasolinera—, pero comer en un restaurante no es mejor. Una pizza en un restaurante de precio medio cuesta 20 euros sin bebida; un perrito caliente en un puesto callejero asciende a 10 euros, mientras que un fish & chips puede costar perfectamente 30 euros fuera de la capital.

Recorrer la isla sin ningún operador turístico obliga a alquilar un coche, sector que ya tiene aplicado el impuesto máximo del país. Además, no puede ser cualquier coche: si se quiere tener la mejor experiencia, lo recomendable es reservar un todoterreno, dado que algunas carreteras tienen el acceso limitado solo a este tipo de vehículos por sus características o peligrosidad. Las excursiones y actividades de la isla se sitúan entre los 150-350 euros por persona, con la recomendación expresa de llevar siempre un guía cuando obliguen a internarse en la naturaleza, siempre sujeta al carácter tan cambiante del clima. A propósito de esto, conscientes de que siempre habrá quien decida experimentar por su cuenta a pesar del peligro, el Gobierno islandés ha puesto a disposición de los usuarios una página web donde dejar registrado tu viaje si vas a realizar actividades en la naturaleza, así como consultar alertas sobre el clima o el estado de las carreteras.

Aun con todo, los gobernantes están decididos: lo primero es Islandia. El ministro de Turismo, Thordis Kolbrun Reykfjord Gylfadottir, ha insinuado incluso limitar la entrada de turistas para poder garantizar una mejor experiencia, dado que muchas de las atracciones naturales más importantes del país son incapaces de soportar un millón de turistas anuales o más sin verse deterioradas. Los islandeses no odian a los visitantes, pero están convencidos de que es necesario encontrar un equilibrio entre mostrar a los que vienen de fuera sus joyas más preciadas y proteger esas joyas, y ese equilibrio pasa por colocar como prioridad el cuidado y preservación del frágil ecosistema en el que se hallan. Quienes aterrizan en Islandia pueden incluso firmar un compromiso digital de responsabilidad con la naturaleza y el medio ambiente y compartirlo en las redes sociales.

Los islandeses dicen a los turistas, pero también “Primero, mi tierra”. Dicen a los visitantes, pero dentro de una experiencia cuidada, única, mejorada, responsable y comprometida con la naturaleza, que respete las costumbres locales y a los habitantes de la isla. Esto es, quizá, lo que hace falta en algunas ciudades de Europa, que están viendo cómo sus centros urbanos están siendo desalojados de personas locales y sufriendo un deterioro creciente. Al contrario de lo que ocurre en Islandia, el turismo en ciertos destinos europeos es cada vez más barato y accesible, lo que despierta un creciente odio hacia el turista. Desde el punto de vista de quienes viven en ciudades que reciben una gran cantidad de visitas al año, estos son los responsables de que los inmuebles sean cada vez más caros, haya cada vez más tiendas de souvenirs y sus calles se deterioren a un ritmo vertiginoso. Es el caso de ciudades como Roma, Venecia, Barcelona o Ámsterdam, lugares ahogados por su propio éxito.

Sin embargo, este odio hacia el que viene se trata más bien de una falta de medidas por parte de los Gobiernos nacionales y, en última instancia, locales, incapaces de gestionar un turismo que se ha desbordado. Las regulaciones tan ambiguas sobre alojamientos privados para uso turístico y la explotación, en algunos países europeos, de sus zonas urbana y capitales como único destino de disfrute son causa directa de este creciente rechazo al visitante. La dependencia creciente del sector turístico en el continente europeo ha ocasionado que cada vez sea más necesario ofrecer precios atractivos para seguir recibiendo ingresos, con lo que quizá se sacrifica la esencia misma de lo que se está visitando. Islandia y sus medidas pueden ser lo que buscan muchos Gobiernos locales en Europa para solventar los problemas que está causando el turismo de masas.   Puede ser que, si miramos de nuevo hacia el norte y estudiamos modelos como el islandés en el sector turístico, el continente europeo pueda decir al turista con una sonrisa amplia, pero sin perder también su esencia.

·  ·  ·

Nota de la autora: El nombre real de Lilja ha sido sustituido en honor a su privacidad.

Acerca de Astrid Portero 3 Articles
Gran Canaria, 1988. Licenciada en Ciencias Políticas y de la Administración, especializada en Relaciones Internacionales y Análisis Político. Cursando el Máster de Política y Democracia de la UNED. Interesada en geopolítica, conflictos territoriales y Unión Europea. Twitter: @astridportero

1 comentario en Islandia: guía del buen turista

  1. Recorrimos parte del país justo tras la famosa erupción y 2 años después cuando la crisis ya era notable en sus efectos: caída de la moneda, paro, bajada de precios para los visitantes pero inflación para los locales, ejecuciones hipotecarias, sensación de stres social y aspecto triste y preocupado en las caras de los ciudadanos. Un país que por sus condiciones, extensión y población carece de infraestructuras, sin apenas servicios terciarios ni siquiera red vial asfaltada para llegar a muchas de sus pequeñas y lejanas localidades ( sin hablar del interior duro e inhóspito). Se comenta en el artículo el crecimiento exponencial de la oferta en Airbnb, y mi duda es quién es el propietario real de esos apartamentos o habitaciones ofrecidas. Con la crisis las ejecuciones hipotecarias fueron enormes, ¿ son de particulares o de fondos buitre especulativos? ¿ Airbnb es economía colaborativa y social o un vehículo para competir a bajo costo y beneficios sin impuestos destruyendo las condiciones de un sector económico formal como el turístico: hoteles, guías, transporte, etc normativizado y socialmente integrador?. Parece difícil creer que en tan pocos años todas aquellas viviendas enbargadas y perdidas por sus pequeños propietarios ( que jugaban a creerse inversores al estilo de wall street en zapatillas) vuelvan a haber sido adquiridas por gente de a pie con sus sueldos como trabajadores aunque sea en una sociedad tan admirable e integradora como la islandesa

Si tienes algo que aportar o comentar sobre este artículo no dudes en hacerlo!