Wossis, el delicado matrimonio alemán

Molecule Man, escultura de Jonathan Borofsky situada en el río Spree, en Berlín. Su lucha depende de la perspectiva desde donde se vea. Fuente: LocaBerlin.de

En 2019 hará ya treinta años de la reunificación del Estado alemán. Con unas elecciones generales más cerca en el calendario —septiembre de 2017—, los análisis del panorama político y social del país dejan entrever que la brecha este-oeste sigue aún muy presente y deja un espacio que muchos actores políticos buscan ocupar.   

Un día, cenando con unos amigos alemanes, se puso la atención sobre un apaño que había hecho una amiga española de una cremallera en la que había sustituido el tirador por un clip. Ante la mirada todos, dijo: “A esto en español se le llama cutre”. Entre risas de todos los presentes, un alemán replicó: “Aquí se le llama Ostdeutsch” —es decir, de Alemania del Este—.  Este chiste puede acuñarlo sin complejos un Ossi, como se llama a los alemanes del este, pero difícilmente podrá hacerlo sin la confianza suficiente un Wessi o alemán occidental. La construcción del otro y los estereotipos siguen golpeando hoy las relaciones de una Alemania unida, pero con brechas.

Un informe del Berlin Institut publicado en 2015 demostraba que, si bien la brecha este-oeste no era el único eje para comprender la Alemania de hoy, la antigua frontera seguía siendo un elemento crucial a la hora de analizar la evolución social, económica y política del país. No cabe duda de que la reunificación alemana fue en términos generales un éxito: emprendida con entusiasmo, pero con miedo ante la falta de precedentes históricos, supo amoldar en poco tiempo dos sistemas económicos y sociales distintos a los que acompañaban cuatro décadas de trayectoria diferente.

Reconstruyendo un muro: “Los Ossis son vagos, crédulos y quejicas”, “Los Wessis son arrogantes, egoístas y desconsiderados”. Fuente: Lebendiges Museum

Con todo, muchos analistas se muestran críticos ante la denominada reunificación y hablan en cambio de una “asimilación” de Alemania del Este por el sistema capitalista occidental. La República Democrática Alemana (RDA por sus siglas en alemán), como se denominaba a la Alemania comunista, gozaba de un buen crecimiento económico hasta ser casi el paradigma industrial para el bloque soviético durante las décadas posteriores a la II Guerra Mundial, pero para finales de los 80 la baja productividad, el absentismo laboral y el agotamiento del sistema se hacían sentir.

A esta pérdida de calidad de vida se unía un irrespirable sistema de represión que campaba a sus anchas en el país, ya que era una de las regiones con más colaboradores informales del bloque soviético. Los Inoffizieller Mitarbeiter, como se denominaban en alemán, daban voluntariamente información a la Stasi sobre sus conciudadanos; se calcula que en 1989 unos 189.000 ciudadanos ejercían este papel. Las referencias cinematográficas son múltiples; entre las más destacadas, el afamado largometraje La vida de los otros.

Producción a lo Wessi, consumo a lo Ossi

Fuente: Washington Post

La anterior fotografía fue tomada desde una estación espacial internacional en 2012. Constituye un retrato de la capital del país, en la que es posible diferenciar el Berlín del este del Berlín occidental: la luz del primero sigue manteniendo el color amarillo de la época soviética; la otra, más cercana al verde, responde a una demanda del movimiento ecologista por optar por una energía eléctrica más limpia. La lucha de los verdes en Alemania occidental durante los 70 y los 80 tuvo una fuerza importante; entre otras cosas, se logró poner en cuestión el modelo energético y la apuesta nuclear. Sin embargo, en el contraste con los hábitos de consumo, la Alemania del Este tenía algo que enseñar.

Si bien en los meses e incluso años que siguieron a la caída del muro el frenesí del consumismo cegaba a los hasta entonces ciudadanos comunistas, pronto estos empezaron a poner en valor los provechos de un estilo de vida más sobrio y contenido. Los países de la esfera soviética seguían la senda de la industria pesada y el aprovisionamiento de carbón y la conciencia ecológica brillaba más bien por su ausencia, pero los Ossis descubrieron que su estilo de vida casaba mejor con las aspiraciones de los verdes que las de sus bienintencionados conciudadanos.

Una de las brechas este-oeste en Alemania: producción de basura por ciudadano. Fuente: Washington Post

Un buen ejemplo de ello es la producción de basura per cápita, mucho menor en el territorio de la antigua RDA. Hoy las bicicletas o la ropa de la época comunista se demandan con furor y son emblema del orgullo de otro tipo de estilo de vida, con productos duraderos y que superan el principio de usar y tirar propio de la obsolescencia programada del capitalismo más feroz. Esta moderación en el consumo de los Ossis tiene una singular excepción: el consumo de cerveza es mucho mayor al este de la frontera, así como los niveles de alcoholismo.

En cuanto a la cara B del consumo, la producción, es Alemania Occidental la que marca los ritmos. Tras la reunificación se creó la Treuhandanstalt, una agencia encargada de velar por la privatización de las empresas públicas de la RDA y cuidar que estas hicieran la transición hacia un mercado competitivo y mundial. Inevitablemente, muchas de estas empresas —generalmente del sector industrial, clave en la economía alemana— desaparecieron o fueron absorbidas por otras del oeste.

Para ampliar: “Alemania, de país dividido a la hegemonía europea” (parte 1), Fernanco Arancón en El Orden Mundial, 2014

El músculo industrial, la productividad y el grueso de la inversión extranjera quedaron por tanto del lado de los Wessis. También los salarios más altos: dependiendo del sector, puede existir una diferencia de hasta el 30% en lo que cobra un trabajador en el mismo puesto a uno u otro lado del país. Asimismo, de entre las veinte ciudades más ricas del país, solo una queda en el este —Jena—, y solo 21 de los 500 alemanes más ricos habitan en el este, 14 de ellos en la capital.

En realidad, el matrimonio consumo Ossi y producción Wessi dio a luz el modelo económico alemán, orientado hacia la exportación, de hoy, con una alta producción y una tendencia a la reducción del consumo interno. Pero la relación de poder presente en esta pareja parece evidente. Una buena muestra de la conflictiva relación entre ambas Alemanias viene reflejado en el estudio citado del Berlin Institut, en el que se especifica que las parejas Wossis —es decir, entre Ossis y Wessis— de larga duración eran poco frecuentes —alrededor de un 11%, casi la misma frecuencia que las de alemanes con extranjeros— y se concentraban además en la capital.

La brecha demográfica

Alemania, desde hace algún tiempo, ha entrado en el bucle de la desigual distribución poblacional: unas regiones atraen más la inversión y su rápido crecimiento deriva en una mayor migración de jóvenes en busca de trabajo. Como el movimiento y la fuerza de trabajo se concentran en estas regiones, la inversión sigue direccionada hacia ellas, por lo que se perpetúa la dinámica anterior, que relega a muchas otras regiones al abandono de la inversión y de las instituciones.

Proporción de jóvenes con respecto a la población total. Fuente: Washington Post

Todos los estados tienen en cierta medida estas dificultades en la distribución demográfica por el territorio, pero en Alemania la brecha más clara en este sentido es precisamente la de este-oeste. El viejo cisma emerge en forma de movimientos poblacionales del campo a la ciudad y del este al oeste —o a Berlín—.

Variación de la población en los estados alemanes según la brecha este-oeste. Fuente: Cartografía EOM

Alemania occidental ofrece sociedades multiculturales, empresas extranjeras y trabajo; Alemania del este, unos alquileres y precios de los bienes de consumo más bajos, oportunidades para el pequeño negocio en ciertas ciudades y algunas prestaciones ventajosas. Aunque las cifras de paro más altas parecen concentrarse en la región de la antigua RDA, con frecuencia la brecha este-oeste opaca otras dimensiones del análisis y crea ciertas distorsiones. Por ejemplo, que la media de parados en el oeste sea bastante menor que en el este tiene que ver con la región de Baviera. Esta rica región del sur de Alemania, en la que el movimiento secesionista tiene un cierto músculo, goza de pleno empleo. Sus buenos indicadores macroeconómicos mejoran la media de Alemania occidental, lo que aumenta la diferencia con el este aun cuando las cifras de paro de ciudades como Hamburgo o Bremen se acercan a las de Leipzig o Berlín.

Fuente: Cartografía EOM

Aun con los bajos precios de los pisos, el problema migratorio en Alemania va en aumento: los jóvenes van en busca de oportunidades laborales a las ciudades occidentales y no quieren oír hablar de volver a sus localidades de origen. Sajonia-Anhalt o Mecklemburgo-Pomerania Occidental son regiones que conviven ya con los efectos del envejecimiento poblacional y la falta de oportunidades laborales. Esta situación contribuye a caldear el clima social, que busca alternativas para que sus intereses se vean representados y defendidos.

Numerosos informes avalan la buena calidad de la educación en Alemania del Este, incluso en comparación con regiones de la parte oeste. Sin embargo, la falta de perspectivas laborales se refleja en su mayor tasa de fracaso escolar. Fuente: Cartografía EOM

Los desheredados del sueño unitario  

En septiembre de 2017 los alemanes acudirán a las urnas para dibujar el Bundestag —Parlamento— que estará a su servicio los próximos cuatro años. Todo apunta a que los cristianodemócratas repetirán en el poder al servicio de Angela Merkel, candidata cuya valoración sigue siendo muy positiva, quizá la única política europea que ha mantenido una buena calificación durante la crisis. No obstante, el poder no es solo material —quién logra más escaños—, sino también ideológico y programático: la emergencia de partidos con agendas xenófobas y de extrema derecha en el Bundestag puede marcar los debates y las tendencias de aquellos en el poder. Un buen ejemplo de ello es el conservador Mark Rutte en Países Bajos, quien ha avanzado en su agenda antimigratoria en respuesta al auge del candidato Geert Wilders y su partido xenófobo.

El panorama político en Alemania comparte algunos de los esquemas de los que hemos sido testigos en otros países, a saber: emergencia de nuevas fuerzas alternativas al bipartidismo, auge de la extrema derecha y crisis de la opción socialista. Aunque Martin Schulz parecía la gran promesa del socialismo alemán, las últimas encuestas avanzan un mantenimiento del statu quo con los democristianos a la cabeza. Como en otros países, la agenda política de los socialistas en el pasado apostaba por medidas tradicionalmente asignadas a la derecha, como la Agenda 2010 de Schröder, con lo que se desdibuja el espacio programático de esta opción política. En cuanto al auge de la extrema derecha, de nuevo vemos emerger la frontera del Telón de Acero.

El que la xenofobia se presente con más fuerza allí donde la mezcla sociocultural es menos rica no es coincidencia: el discurso del otro es más fuerte como construcción abstracta que si es una realidad con la que se convive. Temer u odiar lo que se desconoce es más sencillo, porque se puede partir de la deshumanización. Así, los partidos con un fuerte contenido xenófobo, como el Partido de la Independencia británico, el Frente Nacional francés, el Partido de la Libertad de Wilders o la misma Alternativa para Alemania, gozan de más prestigio en regiones donde el porcentaje de población migrante es más bajo. En Alemania del Este, el porcentaje de población migrante está entre 4 y el 9%, frente al 25% imperante en el área occidental —Berlín sería la excepción dentro del este geográfico con un 17,2%—.

Asimismo, el fenómeno de la extrema derecha en Europa del Este tiene su origen en un vacío político por el que un porcentaje de la población rechaza a la izquierda, pero teme el avance de la globalización y que esta suponga un empeoramiento de sus condiciones de vida. Es decir, una cierta nostalgia por el protector sistema comunista, pero un abierto rechazo de la multiculturalidad y los partidos herederos de ese sistema comunista, como el caso de Die Linke —La Izquierda— en Alemania.

En las elecciones parlamentarias de 2013 puede verse un mayor apoyo en Alemania del Este a Die Linke, el partido comunista alemán. Fuente: Cartografía EOM

Esta búsqueda de protección frente al capitalismo —que no llega a las expectativas de libertad y felicidad que esperaban los sectores más críticos del bloque soviético— ha hecho resurgir una férrea extrema derecha crítica con la UE y Schengen y especialmente reacia a la acogida de refugiados. Alternativa para Alemania representa la cara más institucional de esta tendencia. Comparte rasgos con otros partidos del bloque occidental, pero también con otras opciones políticas de extrema derecha en Polonia, Bulgaria, Hungría o incluso República Checa.

Una de las protestas contra las políticas migratorias de Merkel en 2015 encabezadas por Alternativa para Alemania y Pegida. En el cartel aparece la canciller con un hiyab y el mensaje: “Señora Merkel, aquí está el pueblo”. Fuente: De Morgen

El islam llega al este

Dilara Öçbe nació en Berlín. Sus padres, también alemanes, son de origen turco. Cuando Dilara se mudó a Dresde para estudiar Psicología no daba crédito: cada lunes unas 7.500 personas paseaban por las calles al grito de “Islam, raus!” —“¡Fuera islam!”—. Esta ciudad, capital del estado de Sajonia, tiene una población de unos 530.000 habitantes y fue en ella donde se fundó en 2014 el movimiento Pegida —siglas en alemán de Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente—, un movimiento con muchos vínculos con el partido de Alternativa para Alemania y que ha protagonizado ya numerosas y crecientes agresiones contra centros de refugiados. Dilara no era ajena al crecimiento de los crímenes islamófobos en Alemania —en Berlín vivió alguna vez momentos desagradables—, pero el nivel de movilización y el exaltado discurso del odio en Dresde la dejaron aterrorizada.

Para ampliar: “El fantasma de la media luna en Europa”, Fernanco Arancón en El Orden Mundial, 2017

La falta de convivencia con el otro es un factor relevante del auge de estos movimientos. Salvo una serie de ciudades elegidas, como Berlín o Leipzig, el resto de Alemania del este tiene ante sí un horizonte de desidia. Alemania Occidental los fagocitó para que sus jóvenes pudieran huir a tierras más prósperas, lo que dejó una sensación de abandono institucional que les hace temer que el otro, los recién llegados, obtengan más atención y beneficios del Estado que ellos.

Un ejemplo de este abandono institucional es el perjudicial sistema de pensiones que se acordó tras la unificación. Se armonizaron las prestaciones partiendo de una ratio de cambio de 1:1 con el marco alemán occidental, lo que supuso a la larga un cambio perjudicial para los trabajadores que se retirasen en la Alemania del este. No obstante, si bien los jubilados del este son los más vulnerables, un informe de la OCDE que evaluaba el sistema de pensiones alemán resaltaba el alto riesgo de pobreza en la tercera edad en el país y la falta de redistribución en el actual sistema de pensiones.

Incidencia de la pobreza entre la tercera edad. Fuente: DW

El candidato socialista Martin Schulz ha intentado convertir la cuestión de la reforma de las pensiones en un elemento clave de la campaña electoral. Entre sus propuestas está la de crear un fondo estatal que asegure un mínimo para jubilados de bajos recursos y la promesa de mantener en el 48% el presupuesto estatal destinado a sus pensiones. A pesar del crecimiento de la extrema derecha, Schulz será el principal contrincante de la actual canciller en las próximas elecciones. Curiosamente, esta batalla se librará entre un Wessi —Schulz, nacido en el estado de Aquisgrán— y una Ossi —Merkel—. La actual líder de Alternativa para Alemania, Frauke Petry, es también del lado este de la frontera. El hecho de que la élite política esté hoy protagonizada por alemanes del este es hasta cierto punto excepcional, pero muchos medios alemanes son críticos a la hora de ver esto como una mejoría y lo comparan con la victoria de Obama en Estados Unidos, tras la que difícilmente puede hablarse de una mejor situación para la población afroamericana en Estados Unidos.

Una mezcla de Ostalgie —juego de palabras entre nostalgia y este— y xenofobia alimentan a una extrema derecha sedienta de poder político. Los desheredados claman por su lugar al sol entre las destellantes promesas de partidos como Alternativa para Alemania mientras los socialistas tratan de escapar de la sombra del espectro político. Parece probable la victoria de los democristianos en septiembre de 2017; queda por determinar si conservarán la fuerza que hasta ahora los ha acompañado. El debate está servido.

Acerca de Inés Lucía 15 Articles
Inés Lucía Orea (Madrid, 1992). Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense. Máster en Gobernanza Global y Derechos Humanos por la Universidad Autónoma de Madrid. Ha realizado prácticas en el Institut de Drets Humans de Catalunya. Twitter: @inesorea

2 comentarios en Wossis, el delicado matrimonio alemán

  1. Me encanta ver cómo personas tan jóvenes (¡nacida en 1992!) son capaces de hacer estos análisis, tan alejados en racionalidad y rigor, no digamos de la tele, sino también de la prensa “sería”, como el país o el mundo. Esas momias que copan las tertulias televisivas, me cago en diez…Estos chavales se van a merendar con su cerebro a los intelectuales cuñados que ocupan el espacio todo. ¡Ojalá!!

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