Huellas contra la corrupción en India

Tarjetas Aadhaar. Fuente: DNA India

La puesta en marcha del sistema de identificación biométrico Aadhaar en India ha logrado poner coto a la corrupción en el reparto de ayudas sociales, así como proporcionar una identidad a millones de personas. Sin embargo, el éxito del programa, que ha llevado a que otros países se planteen poner en marcha proyectos similares, se ve eclipsado por la controversia de los problemas de privacidad y seguridad que plantea.

India se ha posicionado como uno de los grandes nuevos actores mundiales. Sus avances de las últimas décadas en el plano económico y social han sido muy significativos: ha logrado sacar de la pobreza a millones de personas y recientemente ha desbancado a China como la economía con mayor crecimiento del mundo. No obstante, a pesar de la expectación que ha creado su creciente clase media, uno de sus problemas más urgentes dista de estar solucionado: India aún es el hogar de un tercio de los pobres del planeta.

Para luchar contra el acuciante problema de pobreza y desigualdad que sufre el país, el Gobierno indio dispone de una red de asistencia social que no solo pesa demasiado en las finanzas nacionales, sino que además es ineficiente. El combo formado por una burocracia lenta y complicada y una corrupción profundamente enraizada desde los niveles más bajos de la Administración hace que las ayudas sociales que finalmente llegan a las familias sean solo un porcentaje de lo que les correspondería o que ni siquiera lleguen a percibirlas.

Evolución de la India desde su independencia. Fuente: Statista

En un país con 1.300 millones de habitantes en el que más un 60% de la población continúa viviendo en zonas rurales, gestionar las ayudas sociales y hacerlas llegar hasta sus destinatarios puede ser una misión difícil. A esto se solía añadir un problema adicional: millones de indios que carecían de una manera de probar su identidad, lo que los dejaba fuera no solo de servicios y ayudas sociales, sino que también los excluía de la posibilidad de votar o abrir una cuenta bancaria.

En este contexto, el emprendedor y millonario Nandan Nilekani presentaba en 2006 al primer ministro Narenda Modi un proyecto destinado a poner fin a este problema: el sistema Aadhaar de identificación única, que permitiría que cada ciudadano indio contara con un número ligado a su información biométrica que permitiría probar su identidad a efectos administrativos. El objetivo principal era que esta identidad única potenciara la inclusión social facilitando y controlando el acceso a la red de asistencia social india. Tres años después, Nilekani abandonaba la empresa de software que había cofundado al inicio de su carrera para asumir la posición de director de la Autoridad de Identidad Única de India (UIDAI por sus siglas en inglés), una agencia estatal construida a medida de su propia idea, con la extraordinaria misión de poner en marcha lo que se ha denominado “el proyecto de inclusión social más grande del mundo”: dar una identidad única a los indios, especialmente a aquellos que carecían de ningún documento para probarla.

Hoy, con más de mil millones de indios en el sistema, Aadhaar ha evolucionado hasta hacerse omnipresente en India. No obstante, su aparente éxito se ha visto ensombrecido por los problemas de privacidad que acarrea.

Para ampliar: “The I.D. Man”, Ian Parker en The New York Times, 2011

El funcionamiento de Aadhaar

Tal y como anuncia la denominación alternativa de sistema de identificación única, Aadhaar aspiraba a poder disminuir la multitud de documentos de identificación necesarios para diferentes propósitos —tarjetas de identificación para votantes, para solicitar subsidios, carnet de conducir, pasaporte…— y dotar de una identificación única a cada uno de los residentes en India. Aadhaar identificaría a los ciudadanos indios a través de una foto, un número de doce dígitos y dos parámetros biométricos: huellas dactilares e iris. El uso de información biométrica para la identificación garantizaría una identidad única e intransferible, difícil de robar, falsificar o usar de otras formas fraudulentas.

Además, la autentificación a partir de parámetros biométricos permitiría que las ayudas sociales se transfirieran directamente del Gobierno a la cuenta bancaria del receptor, lo que pondría coto a la frecuente desaparición de un porcentaje sustancial del importe a manos de los intermediarios. De esta manera, se esperaba poder aumentar la eficiencia del sistema e incluir en el sistema de ayudas sociales a todas las familias elegibles para ello, que muchas veces se veían excluidas por desinformación, por vivir en áreas rurales con difícil acceso a oficinas o simplemente por carecer de identidad.

La prueba piloto, realizada en las zonas rurales del estado de Andhra Pradesh, se reveló, según las evaluaciones, con capacidad para reducir sustancialmente las pérdidas de las ayudas sociales. A partir de ahí, su uso se extendió al resto de India, donde se llevaron a cabo campañas promocionales que animaban a la población a registrarse voluntariamente. En 270 días, diez millones de personas tenían su número Aadhaar; en los siguientes 59 días, este número se había triplicado.

Uno de los primeros éxitos de Aadhaar fue el control en el acceso a las tiendas de precio justo, tiendas subvencionadas de comida, queroseno y otros artículos de necesidad básica para familias por debajo de la línea de pobreza. La comprobación de la identidad mediante Aadhaar para el acceso a estas tiendas redujo en un 35% el gasto, todo un golpe para el mercado negro de cartillas falsas a través del cual muchas familias de clase media accedían a precios subvencionados, lo que lastraba la capacidad de asistencia a las familias pobres.

Imagen promocional de Aadhaar. Fuente: Aadhaar

Para ampliar: “Aadhaar, Digital Inclusion and Public Services in India”, Shweta Banerje para el Banco Mundial, 2016

No obstante, probablemente la victoria más obvia de Aadhaar ha sido el simple hecho de haber proporcionado una identidad a gran parte de los millones de indios que carecían de una, una diferencia clave para aquellos grupos más marginados de la sociedad, como los musulmanes o las castas más bajas. Otro colectivo para el que la concesión de la identidad ha sido especialmente efectiva es el de las mujeres: con una identidad tradicionalmente relacional, por asociación a la familia o al marido, ha permitido probar su identidad y ha facilitado reclamar sus derechos a ayudas por maternidad a través de sus cuentas bancarias personales.

Pero Aadhaar ha desarrollado usos que van mucho más allá de lo social. En el sector público, se utiliza para solicitar el pasaporte, la tarjeta de votante y otros trámites burocráticos, además de para controlar el absentismo laboral entre los funcionarios, especialmente extendido entre profesores en áreas rurales. En el ámbito privado, uno de los nuevos usos más extendidos ha sido acelerar los trámites burocráticos a la hora de abrir cuentas bancarias, lo que facilita e incluso abarata sustancialmente el proceso y promueve la inclusión financiera. Además, la reducción en costes y tiempo que supone la digitalización de estos trámites bancarios hace más accesibles otros productos financieros, como los préstamos para comprar una vivienda. Una de las soluciones basadas en Aadhaar más novedosas ha sido el lanzamiento del método de pago Aadhaar Pay, que a través de una aplicación del móvil permite abonar pagos mediante la autentificación de la huella dactilar del propietario de la cuenta.

Para ampliar: “‘Aadhaar’ and India’s Brave, New, ID-Armed Market”, Wharton, 2010

Transparencia y privacidad en entredicho

La implementación de Aadhaar ha sido un éxito rotundo en participación, pero también ha asestado un duro golpe a la corrupción, que mermaba la capacidad del sistema de asistencia social de India. Según un estudio oficial acerca de la efectividad del proyecto, el programa permitía ahorrar al Gobierno un 52,85% en pérdidas de ayudas, algo que corroboró posteriormente el Banco Mundial, que estimaba el ahorro del Gobierno indio en pérdidas debidas a la corrupción en mil millones de dólares anuales. No obstante, no son pocos los que señalan los numerosos fallos del sistema y los problemas que plantea, desde fallos de identificación hasta retos logísticos y de coordinación estatal. Uno de los fallos más llamativos del programa es que precisamente los ancianos y parte de los trabajadores rurales tienen las huellas dactilares borradas tras una vida de trabajo manual.

Sin embargo, la principal preocupación que sin duda ha suscitado Aadhaar es su interferencia con el derecho a la privacidad. La cantidad de información acerca de los ciudadanos indios que se encuentra disponible en el almacén biométrico lo convierte en un arma de doble filo, puesto que la protección de la privacidad de India es débil y deja mucho margen de maniobra al Estado. El miedo a que Aadhaar acabe potenciando la misma corrupción que nació para luchar mueve las protestas de muchos opositores, que temen el uso de la plataforma para realizar sobornos en masa a cambio de votos, controlar las actividades hostiles contra el Gobierno, el acceso a inteligencia masiva acerca de la población para campañas electorales o por entes privados para propósitos comerciales —ya que, aunque la agencia pública UIDAI supervisa su funcionamiento, el repositorio biométrico es controlado por tres empresas privadas—.

Asimismo, otros estudios han señalado que almacenar la información en tarjetas inteligentes en manos de cada ciudadano en lugar de en un repositorio controlado por el Gobierno —como se hiciera en la prueba piloto en Andhra Pradesh— no solo reduciría el riesgo de usos fraudulentos de la información, sino que además abarataría significativamente los costes del programa. Si bien la información biométrica también puede ser susceptible de robos o pérdidas de información, los defensores de Aadhaar argumentan que el uso de tarjetas implicaría una mayor incidencia de los mismos.

En gran medida, este rechazo al programa encuentra su origen en la falta de transparencia, legitimidad y claridad legal con el que desde un principio se inició el proyecto. Su uso se puso en marcha con una orden ejecutiva y no se aprobaría una ley para regular su uso hasta 2016, aunque el Tribunal Supremo determinó que no se podría ceder los datos personales a ninguna otra agencia gubernamental sin el consentimiento del individuo. La Ley Aadhaar, que finalmente regulaba de manera oficial el uso y los problemas de privacidad, se aprobó con ya mil millones de personas inscritas y fue objeto de polémica por ser instrumentada como un tipo de ley que no requería la aprobación de la cámara alta del Parlamento, donde no contaba con los votos suficientes. Además, aunque protege la confidencialidad de los datos, al contar con una provisión que la puede suspender en caso de necesidad por seguridad nacional, ha sido considerada insuficiente por sus detractores.

El temor a que las bases de datos que utilizan números Aadhaar puedan sufrir un ataque informático también ha sido un foco de oposición. Las implicaciones para la seguridad nacional del acceso a semejante base de datos podrían ser considerables, ya que podrían, como mínimo, paralizar el funcionamiento de la estructura de la seguridad social de India e impedir el acceso de los ciudadanos a servicios básicos.

Para ampliar: “The National Security Case Against Aadhaar”, Arun Mohar Sukuman en The Wire, 2017

¿Un Aadhaar mundial?

Con un 86% de la población india registrada en Aadhaar, una de las grandes preguntas ha sido hacia dónde se dirige el programa. Aunque sin duda aún tiene problemas que solventar, la respuesta es que el futuro de Aadhaar probablemente se extienda más allá de las fronteras de India.

Para ampliar: “A new Aadhaar for Indian diplomacy”, Ashok Mali en Observer Research Foundation, 2016

Si bien muchos otros países han experimentado con la identidad digital a diferentes escalas, existen pocas iniciativas comparables a la implementación de un sistema tan ambicioso. Brasil, Gana, Malasia e Indonesia también han implementado programas de identidad ligada a información biométrica con cierto éxito, pero la tecnología india ha llamado la atención de varios países por la masiva cantidad de registros que ha conseguido y por el bajo coste de la implementación —menos de un dólar por número— en comparación con otros similares.

Países con más desigualdad en 2016. Cuatro de ellos —India, Rusia, Brasil e Indonesia— han experimentado o mostrado interés en sistemas de identidad con información biométrica. Fuente: Statista

Efectivamente, países con problemas similares a los de India ven una posible solución en la identificación biométrica. India ya ha comenzado a promocionar activamente la tecnología Aadhaar en el exterior: Tanzania, Afganistán y Bangladés han visitado el país para informarse sobre el programa y otros países han expresado interés en implementar una plataforma similar, como Rusia, Túnez, Argelia o Marruecos.

Asimismo, Aadhaar ha llamado poderosamente la atención de organismos multilaterales, que ven en este programa una posible solución para alcanzar el objetivo de que todo el mundo tenga una identidad legal en 2030, una de las metas establecidas en el marco de los objetivos de desarrollo sostenible. El Banco Mundial, firme defensor de las ventajas de Aadhaar, ha calificado el programa como “una tecnología con una enorme potencial para impactar en el desarrollo económico” y está actuando como facilitador en las reuniones con otros países para discutir la implementación de modelos similares. Por su parte, el economista Paul Romer ha planteado las posibles ventajas de un sistema estandarizado funcional a nivel mundial. Mientras tanto, el debate acerca de cómo conjugar los riesgos de Aadhaar con su potencial para luchar contra la corrupción y promover la inclusión social continúa vivo.

Acerca de Sandra Ramos 5 Articles
Alicante, 1993. Graduada en Traducción e Interpretación por la Universidad de Granada. Máster en Gestión Internacional de la Empresa de ICEX-CECO. Con vocación por todo tipo de cuestiones internacionales y especialmente interesada en las zonas de Asia y Oriente Medio.

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