El Premio Nobel ¿de la Paz?

Busto de Alfred Nobel. Fotografía de Pi Frisk, Nobel Media AB 2016.

Los Premios Nobel de la Paz se han convertido en uno de esos elementos naturalizados dentro de la normalidad occidental, una fanfarria de poder blando nórdico que a los ojos de la gran mayoría tan solo representa una medalla y una jugosa cuantía. Sin embargo, ¿alguna vez se han preguntado por la finalidad originaria de estos premios? ¿Acaso les ha chirriado el nombre de algún ganador? ¿Han considerado la posibilidad de que nada sea lo que parece e incluso el hecho de que alguno de ellos haya sido un premio ilegal? En este artículo intentaremos poner todas estas preguntas en perspectiva y encontrar algunas respuestas.

Le marchant de la mort est mort

“El mercader de la muerte ha muerto —comenzaba el obituario—. El doctor Alfred Nobel, quien se enriqueció tras encontrar una forma de matar gente más rápido que nunca, falleció ayer”. Es presumible que las manos del propio Nobel temblaran al leer él mismo aquella esquela, publicada en un periódico francés, que anunciaba su propia muerte al mundo.

Sin embargo, no fue la errónea noticia la que lo desconcertó —en realidad sí que había fallecido un miembro de la familia Nobel el día anterior, su hermano Ludvig—. La turbación más bien provenía por la despreciable forma en la que se le daba un último adiós en unas breves líneas. Fue entonces cuando Nobel descubrió cuál era la percepción mayoritaria que la sociedad tenía de él.

El invento en particular al que hacía referencia la necrológica era una mezcla de nitroglicerina y diatomita que había elaborado y patentado en 1867: la dinamita. Nobel, preocupado entonces por el legado que dejaría tras de sí cuando verdaderamente llegase su hora, ideó un modo de destinar la fortuna que había amasado con el invento de la dinamita y con las otras 355 patentes que registró a lo largo de su vida.

De esta manera, en su última voluntad indicaba que su fortuna debería ser dedicada a recompensar anualmente a aquellas personas que hubieran prestado un mayor servicio a la humanidad el año anterior. Estableció cinco categorías, la última de ellas destinada a reconocer a aquella persona “que hubiera trabajado más y mejor en la fraternidad de las naciones y la abolición o reducción de los ejércitos existentes, así como en pro de la celebración y propagación de congresos por la paz”.

Se crearía así el Premio Nobel de la Paz, un reconocimiento a todos aquellos que hubieran dedicado su vida a hacer del mundo un lugar mejor. Sin embargo, desde que se otorgase el primer premio en 1901, el perfil de los ganadores ha ido adquiriendo con las décadas tintes cada vez más politizados, lo que se aleja, según afirman muchos, de la voluntad del propio Nobel. ¿Sigue siendo el Nobel de la Paz un reconocimiento a los logros por el desarme y el fin de las guerras o se ha convertido en un medio para lograr otros fines?

Más de cien años después de su muerte y tras una controvertida vida, Alfred Nobel y su última voluntad continúan en el punto de mira. Fuente: El Universo

Si bien es cierto que los premios Nobel en general cuentan con una gran dosis de controversia, se trate de la categoría que se trate, los Nobel de la Paz cuentan con unas características propias y diferenciadas del resto que merecen ser analizadas. Una de ellas tiene su origen en el propio testamento de Nobel y la otra se ha instaurado a través de la actuación del Comité hasta convertirse en algo cuya legitimidad pocos cuestionan.

Un Nobel diferente

Comencemos por el testamento y por aquellos en quienes recae la responsabilidad de determinar a los ganadores. Tras establecer las cinco categorías —Física, Química, Medicina, Literatura y Paz—, Alfred Nobel también determinó qué instituciones estarían a cargo de concederlo. Se trataría de la Real Academia Sueca de las Ciencias para los premios de Física y Química, el Instituto Carolino de Estocolmo para el de Medicina y la Academia Sueca para el de Literatura. En cuanto al premio “para los campeones de la paz”, Nobel dispuso la creación de un comité de cinco personas escogidas por el Parlamento noruego —Storting—.

De este modo, no se trata simplemente del único Nobel que se entrega fuera de Suecia, sino del único premio que se otorga por una institución política no especializada en la materia del premio. El temor a su más que posible politización es razonable si consideramos que se encuentra al arbitrio de la composición del propio Parlamento, que decidirá quiénes serán las cinco personas que elegirán a un ganador anualmente.

El segundo elemento discordante en relación a los otros cuatro premios es el tiempo —presente, pasado o futuro— que se premia. La última voluntad de Nobel es clara en este aspecto: el premio deberá concederse “anualmente como recompensa a los que, durante el año anterior, hubieran prestado a la humanidad los mayores servicios”. Es decir, el tiempo en el que debe haberse ejecutado el logro en beneficio de la humanidad es pasado, anterior a la recepción del premio.

Barack Obama recibe el Premio Nobel de la Paz de 2009 de la mano de Thorbjørn Jagland, presidente del Comité Noruego del Nobel y anteriormente presidente del Parlamento y ex primer ministro noruego. Fuente: RTVE

Este criterio se mantiene estrictamente en las cuatro primeras categorías: nadie imaginaría que se entregase un premio a quien estuviera meramente intentando sin éxito encontrar la cura del sida o a quien tuviera en mente, pero no hubiera escrito, la novela más revolucionaria de la literatura moderna. Sin embargo, esto sí ocurre en el caso del Nobel de la Paz, que ha sido entregado en muchas ocasiones a los esfuerzos presentes o a las buenas intenciones futuras. Un buen ejemplo de ello podría ser Barack Obama en 2009.

Aunque es cierto que los ocho millones de coronas suecas del premio —el equivalente a unos 821 mil euros o 926 mil dólares estadounidenses aproximadamente al cambio actual— ayudarían a que se alcanzaran grandes metas futuras en todos los ámbitos premiados, este planteamiento sería absolutamente contrario a la voluntad del testamento de recompensar los logros ya alcanzados y, por tanto, plantea un grave problema de legalidad.

Para ampliar: “The False Promise of the Nobel Peace Prize”, Ronald K. Krebs, 2011

El cambiante concepto de paz

El hecho de que los Nobel de la Paz se hayan instaurado tácitamente como un reconocimiento a las buenas intenciones de sus receptores no es lo único problemático del asunto. El cambiante y cada vez más amplio concepto de paz que parece premiarse no hace sino alejarse aparentemente de las intenciones recogidas en el testamento de Nobel.

El primer Premio Nobel de la Paz fue entregado en 1901, cinco años después de la muerte de Alfred Nobel. Entre este año y 1938 —entre 1939 y 1944 no se entregó ningún Nobel de la Paz debido a la Segunda Guerra Mundial—, 34 de 43 premios fueron concedidos a instituciones o personas en reconocimiento de su labor de fomento de la paz entre Estados y el desarme. Esta dinámica cambió considerablemente tras la Segunda Guerra Mundial.

Se calcula que desde 1946 hasta 2008 el Comité Noruego del Nobel tan solo ha concedido 17 de 69 premios al reconocimiento de las labores de paz interestatal y el desarme. En su lugar, entre 1971 y 2008 se empezaron a premiar nuevos conceptos: 16 a procesos de paz en curso, 10 a disidentes políticos procedentes de regímenes autoritarios y 27 a los denominados aspiracionales puros, cuyo ejemplo más claro son Yasir Arafat, Shimon Peres e Isaac Rabin en 1994 en relación al conflicto palestino-israelí.

Arafat, Peres y Rabin reciben el Nobel de la Paz en 1994 por su participación en los acuerdos de Oslo, que pretendían ofrecer una solución permanente al conflicto árabe-israelí. El premio no solo fue controvertido en su momento, sino que el conflicto aún continúa desgarrando Oriente Próximo en la actualidad. Fuente: ABC

Otros premios, como el recibido en 2007 por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático junto con Al Gore por “sus esfuerzos para expandir el conocimiento sobre el cambio climático causado por el hombre y sentar las bases de las medidas para contrarrestar dicho cambio”, pueden ser un ejemplo más claro de esa divergencia temática respecto a la voluntad testamentaria. Estos premios plantean ciertos problemas legales al incluir conceptos no incluidos en la voluntad del testamento. Es el caso por ejemplo de Aung San Suu Kyi en 1991 o Shirin Ebadi en 2003, ambas premiadas por “su lucha no violenta por la democracia y los derechos humanos” en Birmania e Irán, respectivamente. No solo se trata de conceptos no contemplados por Nobel, sino explícitamente nacionales y no interestatales, que es a los que se dirige el premio.

Es indudable la conexión existente entre elementos como los derechos humanos, la democracia, el desarrollo o el cambio climático con la paz. Asimismo, son igual de innegables el valor para la humanidad de las acciones llevadas a cabo por todos estos premiados y la importancia del reconocimiento, concienciación y fondos para que continúen llevando a cabo estas importantes causas. Sin embargo, todas ellas plantean problemas de legitimidad.

En este contexto y ante una clara divergencia entre la voluntad de Nobel y el rumbo político cada vez más consolidado que iban tomando los premios, Francis Sejersted, presidente del Comité Noruego del Nobel durante los 90, afirmó —lo que avivó la polémica— que no se trataba de un premio para logros pasados y que el Comité tenía en consideración los posibles efectos positivos de sus elecciones porque “Nobel quería que el premio tuviera efectos políticos”, por lo que concluía que “otorgar el premio es, por decirlo claramente, un acto político”.

Ganadores del Premio Nobel de la Paz desde 1901 hasta 2012. Fuente: The Guardian

Pero ¿qué quería realmente Alfred Nobel?

Esta es la pregunta que durante años ha intentado responder Fredrik S. Heffermehl,  abogado noruego y presidente honorífico del Consejo Noruego para la Paz desde 2004. Heffermehl se ha erigido como uno de los principales críticos de la actuación del Comité desde 2007 y defiende que este ha fallado en su obligación de cumplir con la voluntad que le encomendó Alfred Nobel.  

Según el testimonio directo de Heffermehl, es necesario evitar la interpretación literal de sus palabras y “buscar la intención de Nobel”. Esto se debe, recalca, a que en el Derecho escandinavo —como en el de la mayoría de los países— el contenido de un testamento requiere siempre ser interpretado según la intención del testador.

Esto implica que, para conocer la intención de Nobel, es necesario estudiar con detenimiento las ideas políticas del periodo en el que vivió, los motivos que le llevaron a realizar el testamento y a Nobel como la persona de mundo que fue. Asimismo, señala que el lenguaje empleado en el testamento se corresponde con el utilizado por un incipiente movimiento por la paz que buscaba un cambio en las relaciones internacionales.

Tras analizar la correspondencia entre Nobel y la activista por la paz austriaca Bertha von Suttner, se considera que fue ella la que convenció a Alfred para que incluyera el premio de la Paz. Por el contenido de sus cartas, se desprende la intención de Nobel de apoyarla a ella y a otros “campeones de la paz” —expresión que aparecerá incluida en su testamento— en su trabajo para lograr “un cambio en las relaciones internacionales en el que todas las naciones cooperarán bajo el Derecho internacional, el desarme y arreglando sus diferencias en los tribunales en lugar de en el campo de batalla”.

Para ampliar: La voluntad de Alfred Nobel: ¿qué pretendía realmente el Premio Nobel de la Paz?, F. S. Heffermehl, 2013

De este modo, podemos afirmar que la idea que Alfred debía albergar sobre la paz estaba basada en el desmantelamiento de los ejércitos y de cualquier estructura de guerra, una paz alcanzable exclusivamente a través del Derecho internacional y de las organizaciones internacionales. De acuerdo con Heffermehl, Nobel describió un objetivo y “una receta para crear la paz centrada en la raíz del problema”, por lo que “existen muchas personas merecedoras de un premio por la paz, pero no del Nobel” al no seguir dicha receta.


¿Cómo funciona el Premio Nobel de la Paz? ¿Cuáles son los intereses políticos que se esconden tras la asignación de los galardonados? Sobre ello reflexionan en este programa varios expertos en el tema, incluido Heffermehl. Fuente: Al Jazeera

Si efectivamente la actuación del Comité Noruego del Nobel hubiera contradicho las indicaciones del testamento, no solo existirían consecuencias legales y políticas, sino también económicas. Bajo la ley sueca de fundaciones —la sede de la Fundación Nobel se estableció en Estocolmo bajo la ley sueca—, los miembros de la junta directiva de la fundación responderían personalmente del uso indebido de los fondos.

Es en esta asignación indebida de los fondos de la fundación —es decir, de su empleo fuera del ámbito designado por Nobel en su testamento, que constituye su propósito legal y que fundamenta su razón de ser— en la que se basa la demanda interpuesta por Heffermehl ante el Tribunal Europeo de Derecho Humanos tras agotar todos los recursos en los tribunales suecos.

En concreto, el caso que se presenta para fundamentar la demanda es el Nobel de la Paz a la Unión Europea en 2012, “un ejemplo claro e ilustrativo sobre la diferencia entre el concepto de ‘paz en general’ y el de ‘paz a través de medios no violentos, cooperación y desarme integral’ de Nobel”, en el cual no cree Heffermehl que la UE encaje.

En primer lugar, a nivel nacional sueco, la demanda debía provenir de parte de un destinatario potencial de los fondos del premio —en este caso son dos los demandantes, Jan Oberg y David Swanson— que se viera privado de ellos al ser asignados indebidamente a otro destinatario que no cumpliera los requisitos para ser receptor.

La demanda a nivel europeo se presenta argumentando una violación del artículo 6.1 y el 14 del Convenio Europeo de Derechos Humanos (CEDH). El primero protege el derecho a un juicio justo, el cual argumentan que fue vulnerado por los tribunales suecos al negarse a dar audiencia a los beneficiarios potenciales ni evaluar si cumplían dicha condición indicando que el testamento hacía referencia a un “círculo de beneficiarios indefinible”, lo que crea un vacío legal que imposibilita juzgar a la Fundación del Nobel bajo la ley de fundaciones sueca.

Bajo el artículo 14 de la CEDH —prohibición de discriminación—, defienden que existe una clara parcialidad por parte de los tribunales suecos debido a las ideas políticas de los solicitantes, que difieren de las concepciones políticas dominantes que han llevado a entregar los Premios Nobel de la Paz a candidatos alejados de la voluntad de Nobel en las últimas décadas.

Para ampliar: Solicitud oficial ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos del caso Oberg contra Suecia

Pro pace et fraternitate gentium, ‘Por la paz y el espíritu de fraternidad entre los hombres’. Así reza la inscripción de la medalla del Nobel de la Paz. Fuente: YouBioIt

Un legado convulso

Parece que la controversia fue una constante en la vida de Alfred Nobel, destinada a acompañarlo hasta en la muerte. Su legado, para unos tan claro y para otros tan ambiguo, parece haberse convertido en una herramienta para la consecución de fines más allá del mero hecho de premiar un logro palpable, y sus palabras ahora se moldean al gusto, como arcilla entre las manos del poder político.

Unos defienden que es necesario aplicar el filtro de la luz de los tiempos actuales para incluir bajo este las nuevas concepciones sobre la paz, que han ido evolucionando hasta nuestros días. Otros reivindican la legalidad de un testamento y su interpretación como documento legal representante de una última voluntad que debe ser respetada en su contexto único.

Ambas tienen sus beneficios y sus peligros. La amplia concepción actual de paz puede llevar a querer influir en los procesos internos de los Estados como una herramienta de poder blando o visibilizar a ciertos individuos que favorezcan una determinada ideología. Bajo la concepción tradicional, muchos logros que carecen en la actualidad de un premio de semejante prestigio —y fondos—, como podrían ser los logros por los derechos humanos o la democracia que van de la mano con la paz, quedarían excluidos.

Cabe preguntarse qué pensaría Nobel de cómo ha sido empleado su legado y si sus manos volverían a temblar si pudiese leer los nombres e historias de algunos de los galardonados con su premio para los “campeones de la paz”, al igual que aquella mañana temblaron ante la gran confusión y el desprecio que observó en la esquela de un periódico francés.

Acerca de Lorena Muñoz 7 Articles
Madrid, 1994. Graduada en Relaciones Internacionales y actual estudiante de Derecho. Interesada especialmente en temas de derechos humanos y asilo. Gente pequeña en lugares pequeños haciendo cosas pequeñas.

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