Una emergencia silenciada

Un nuevo servicio para niñas en la India. Fuente: WaterAid

En el mundo hay 748 millones de personas sin acceso a agua potable. Una de las causas es la ausencia de infraestructuras de saneamiento adecuadas, entre las cuales destaca la falta de un baño en cada hogar. La situación es más grave de lo que parece: en el mundo hay más personas con teléfono móvil que con un baño. ¿Qué consecuencias tiene semejante carencia?

Una buena salud es fundamental para el desarrollo humano. Además de tener acceso a infraestructuras sanitarias como hospitales, esta también está condicionada por elementos cotidianos que pueden garantizarla, como la existencia de inodoros y otras infraestructuras de saneamiento. El saneamiento mejorado o básico incluye todas aquellas instalaciones que aseguran una higiénica separación entre los excrementos y las personas: letrinas o inodoros que vierten en un sistema de alcantarillado, a una fosa séptica o a un pozo simple, un pozo negro con ventilación o losa o un sistema de inodoros secos.

Teniendo en cuenta que cada persona emite cien gramos de excrementos y litro y medio de orina al día, se debería priorizar la manera como se depositan estos desechos, que contienen virus, bacterias y parásitos, para evitar la propagación de enfermedades. A menudo se piensa en grandes estrategias para combatir la pobreza, pero dar acceso a un baño adecuado a los dos tercios de la población que no lo tienen sería una inversión con efectos positivos inimaginables. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuando todo el mundo tenga acceso a un saneamiento adecuado, la calidad del agua será más óptima y el número de personas muertas debido a su contaminación se reducirá.

Ante este objetivo, la urbanización de la población plantea un gran reto, ya que la acumulación de excrementos es uno de los principales problemas urbanos. ¿Somos conscientes de ello? Todas las personas que abandonan las áreas rurales de los países en vías de desarrollo y emigran a las grandes ciudades acaban viviendo, por lo general, en las zonas hiperdegradadas de metrópolis como Karachi, Lagos o Daca, donde la acumulación de personas y desechos es muy elevada, mientras que el acceso al saneamiento es un auténtico privilegio.

El área hiperdegradada de Kibera, en Nairobi, donde en 1998 había diez letrinas para una población de 40.000 personas. Fuente: GCSE Geography

A principios del milenio, según datos del Banco Mundial, el 76% de las personas sin acceso al saneamiento mejorado residían en zonas rurales. En 2015, el porcentaje había descendido seis puntos debido a la emigración de la población hacia las ciudades. A pesar de estas migraciones, la carencia de baños sigue siendo un problema claramente rural: en 2015 el 49% de la población rural no tenía acceso a un baño frente al 19% de la población urbana. Aunque la proporción sea claramente mayor, a menudo el problema es más grave en las metrópolis ya que no hay ningún tipo de drenaje y la acumulación es mucho mayor. Según la académica Susan E. Chaplin, la falta de instalaciones sanitarias en estas áreas ha obligado a sus habitantes a utilizar cualquier espacio abierto, incluidos los parques públicos, lo que ha creado tensiones con las clases medias del lugar sobre el derecho a defecar. La gestión de los excrementos fue un problema en las ciudades líderes de la Revolución industrial y en la actualidad sigue siendo uno de los mayores retos para la salud pública.

No es un campamento, es una emergencia sanitaria

A menudo, cuando vamos de excursión, no nos queda otro remedio que hacer nuestras necesidades en medio del bosque. Esta situación es la que viven más de mil millones de personas en el mundo sin alternativa a defecar al aire libre, lo que lo convierte en una emergencia sanitaria silenciada de enorme magnitud. La defecación al aire libre, junto a otras carencias en el saneamiento, es uno de los mayores contaminantes del suelo y del agua a escala mundial. En los países en vías de desarrollo, esta agua contaminada es utilizada para beber, limpiar y cocinar, lo cual provoca múltiples enfermedades. Para acabar con esta práctica, hay que romper tabús y hablar de ello, del mismo modo que hace unos años se empezó a discutir sobre los baños. El asunto es muy grave: casi 520.000 niños menores de cinco años mueren cada año debido a enfermedades diarreicas debidas a la falta de acceso al agua potable, al saneamiento y a la higiene básica. Un gran número de estas muertes podrían evitarse con el acceso a baños adecuados, que acabarían con la defecación al aire libre.

A pesar de tener poco impacto mediático, este es un asunto reivindicado desde las Naciones Unidas. Aunque entre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) —aprobados el año 2000— no hubo ninguno directamente dirigido a la calidad del agua y el saneamiento, la tercera meta del objetivo 7 pretendía reducir a la mitad el número de personas sin acceso a agua potable y servicios de saneamiento. En 2000 el número de personas sin acceso a infraestructuras de saneamiento era de más de 2.500 millones, el 41,2% de la población mundial; en 2015 esta cifra se había reducido tan solo a 2.400 millones —32,5%—. A pesar de que la proporción haya tenido una progresión claramente positiva, el aumento exponencial de la población ha hecho que fuera imposible el objetivo de reducir a la mitad el número de personas sin acceso a estos servicios. Desde otra perspectiva, en 2015 el 67,5% de la población mundial disponía de acceso a saneamiento mejorado, 1.356 millones de personas más que a principios del milenio. La proporción de personas que practicaban la defecación al aire libre descendió, durante este mismo período, de un 21,3% a un 13,35%, pero en cifras absolutas hay casi 323 millones de personas menos que llevan a cabo esta práctica. Las tendencias muestran que en el África subsahariana y en el sur de Asia hay las coberturas más bajas; en esta última región, el 39% de la población seguía defecando al aire libre en 2011.

Defecación al aire libre por países. Fuente: Conversable Economist

En la agenda pos-2015, el objetivo era reducir las desigualdades. En referencia a la higiene, la OMS y Unicef subrayaban la necesidad de priorizar el acceso al agua potable y al saneamiento, con especial énfasis en la educación para la limpieza de las manos y en la gestión de la higiene durante la menstruación entre las mujeres. La visión que compartían los 200 individuos y 100 organizaciones del sector para definir esta agenda era que nadie practicara la defecación al aire libre en 2025, todo el mundo tuviera acceso a agua potable, saneamiento e higiene en sus hogares, escuelas y centros sanitarios para 2030 y la sostenibilidad y reducción de las disparidades en el acceso para 2040. Partiendo de este contexto, en 2015 se estableció como 6.º Objetivo de Desarrollo Sostenible garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos. Para 2030 supuestamente debe lograrse el acceso equitativo a servicios de saneamiento e higiene adecuados para todos y poner fin a la defecación al aire libre, con especial atención a las necesidades de las mujeres y niñas y las personas en situaciones vulnerables.

Si nos fijamos en casos particulares, India es el país con la peor situación a nivel mundial. Sin ir más lejos, en 2010 era donde vivían el 60% de las personas sin acceso al saneamiento básico. Mientras que la mitad de sus 1.200 millones de habitantes poseían una línea de teléfono móvil, solo 366 millones de personas —alrededor de un tercio de la población— tenían acceso a los baños, según la ONU. En el país asiático, más de 640 millones de personas defecan al aire libre, y no necesariamente por la falta de infraestructuras adecuadas; muchos hombres que han instalado baños en sus casas prefieren hacerlo en el exterior. El primer ministro indio, Narendra Modi, declaró que era más importante construir baños que templos e inició una campaña para acabar con la defecación al aire libre para 2019 —coincidiendo con el 150.º aniversario del nacimiento de Mahatma Gandhi—, lo que ha significado la construcción acelerada de baños y otras estructuras de saneamiento por todo el país y en cada escuela. Mientras tanto, la educación para la higiene ha sido casi inexistente, lo que explica que, a pesar de disponer de servicios públicos o privados, no se utilicen. Así pues, la construcción de infraestructuras debe ir acompañada de campañas para la concienciación y el cambio de cultura en la higiene.

A pesar de estas iniciativas, los Gobiernos de los países en vías de desarrollo en general llevaban a cabo pocas medidas para dar respuesta a esta emergencia hasta hace unos años. El silencio frente a un problema de esta trascendencia se debe a dos factores. En primer lugar, es una práctica inimaginable para el 85% de la población mundial. Los baños están garantizados en el mundo occidental y por este motivo somos poco conscientes de que son un lujo en los países en vías de desarrollo. Por otro lado, siendo las personas empobrecidas y marginadas las más afectadas, es un problema de escaso rédito político, lo que dificulta su entrada en la agenda de los países afectados.

¿Qué significa no tener unas buenas condiciones de saneamiento?

El saneamiento y la higiene son motores para el desarrollo sanitario, social y económico y contribuyen a conservar el medio ambiente. Asimismo, son determinantes para la supervivencia infantil, la salud pública y la dignidad. Para las personas que vivimos rodeadas de todas las infraestructuras necesarias para protegernos de virus, bacterias y olores, son inconcebibles los efectos que pueden llegar a tener, pero hay que tener presente que en el mundo las personas destinan el equivalente a dos días y medio al año para encontrar un lugar seguro donde hacer sus necesidades y que en 27 países más de un cuarto de su población defeca al aire libre. O, lo que es más llamativo, en 47 países menos de la mitad de la población tiene un baño en condiciones adecuadas. Se trata de cifras poco alentadoras, contrarias a la progresión positiva en los sistemas de saneamiento.

Los países con un número mayor de personas sin acceso a un baño adecuado en 2008. Fuente: New Internationalist

El 80% de las enfermedades en los países en vías de desarrollo están provocadas por un acceso poco seguro al agua y por un saneamiento inadecuado. Puede ser la causa de enfermedades como el cólera, la fiebre tifoidea, la hepatitis, la polio, diarreas, infecciones y malnutrición. Los niños son un grupo de alto riesgo, ya que en muchos países beben el agua mezclada con los desechos de sus vecinos; el saneamiento deficiente se relaciona con la muerte de un niño cada dos minutos y medio. Debido a esto, la diarrea es la tercera causa de muerte entre los menores de cinco años en el África subsahariana y en países como Uganda los niños pueden llegar a perder 200 días de colegio debido a enfermedades causadas por las deficiencias higiénicas. Al mismo tiempo, el 31% de los colegios no tienen acceso al agua potable y el 34% no disponen de baños adecuados. Por este motivo, muchas niñas, llegada la adolescencia y la primera menstruación, abandonan su formación.

Más allá de los problemas sanitarios que conlleva un saneamiento deficitario, hay elementos que pasan más desapercibidos, pero que resultan en mayores desequilibrios entre las personas más empobrecidas. La falta de inodoros o letrinas con cierta privacidad supone un agravante para las mujeres: la ausencia de privacidad obliga a las mujeres a no hacer sus necesidades hasta bien entrada la noche, lo que las expone a sufrir más abusos sexuales, sobre todo en zonas donde la población se amontona en pocos metros cuadrados, como pueden ser los comunes barrios de chabolas de las megaciudades de los países en vías de desarrollo, desde Bombay hasta Karachi pasando por Manila. Muchas adolescentes abandonan el colegio con la llegada de su primera menstruación debido a la inexistencia de espacios privados en los centros de enseñanza, con el consiguiente perjuicio en su desarrollo personal y sus expectativas de futuro. También hay una relación con el medio ambiente: el 90% de las aguas residuales de los países en vías de desarrollo acaban en los ríos cuya agua es utilizada para el uso doméstico. Para hacernos una idea, cada día 300 millones de litros de excrementos llegan al río Ganges, en el que millones de personas se bañan, lavan su ropa, cocinan y beben diariamente.

Las deficiencias en higiene y saneamiento limitan igualmente el desarrollo económico, ya que hacen que los trabajadores sean menos productivos, ahorren menos y mueran en edades poco avanzadas.

Para ampliar: Planeta de ciudades miseria, Mike Davis, 2014

La necesaria revolución de los baños

Acabar con la defecación al aire libre puede reducir las visitas a hospitales, la muerte infantil y la pérdida de días escolares. Fuentes como la OMS afirman que mejorar los sistemas de saneamiento tiene un retorno de seis dólares por cada dólar invertido. Asimismo, dar acceso al saneamiento básico en los hogares tendría un retorno de tres dólares por dólar invertido. Sin saneamiento e higiene, no se pueden lograr otras metas para el desarrollo, como el bienestar de madres e hijos, la educación equitativa, la eliminación de las desigualdades de género o la reducción de la pobreza extrema y el hambre. Es por eso que la higiene se convierte en una de las inversiones más seguras para el desarrollo y puede reducir de forma significativa la pobreza.

El BM calcula que una inversión de 114.000 millones de dólares anuales podría garantizar el acceso al saneamiento básico y a la higiene a todo el mundo. Aunque son cifras elevadas, a nivel mundial este dinero no es el problema. Lo que limita su progreso es la falta de interés político, el temor a definir responsabilidades y la falta de conciencia en la necesidad de un cambio de actitud. Hacer todo esto no es ni fácil ni rápido. Es fundamental un cambio estructural y tiempo para modificar los hábitos higiénicos de una gran parte de la población mundial. Toda inversión en esta línea será garantía de un mayor desarrollo humano en todas las comunidades y una mayor sostenibilidad de los recursos hídricos y de las zonas urbanas y rurales. ¿Empezamos con la revolución de los baños para todos?

Acerca de Gemma Roquet 4 Articles
Barcelona, 1992. Graduada en Ciencias Políticas por la UB y Máster en Relaciones internacionales, Seguridad y Desarrollo por la UAB. Interesada en conflictos internacionales, principalmente en la región de Asia.

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