¿Hay vida después de Guantánamo?

Un grupo de reos durante el rezo de la mañana en el Centro de detención de Guantánamo. Fuente: Reuters.

Desde que en 2001 abriese de nuevo sus puertas, el centro de detención de Guantánamo ha acaparado la atención internacional por sus continuas violaciones de derechos humanos. Son múltiples los prisioneros que, tras años de tortura y sin saber el motivo de su detención, ansían la libertad. Sin embargo, una vez fuera, también son muchos los que ven cómo esa ansia de libertad se frustra después de afrontar la realidad de que la libertad no está tras las verjas de la prisión.

Era un 11 de septiembre de 2001 cuando nos percatamos de que el mundo tal y como lo conocíamos pasaría a formar parte del pasado. A partir de ese día, no solo las víctimas del mayor ataque terrorista de la Historia verían sus vidas cambiar, sino que toda la comunidad internacional nos convertíamos en testigos de la transformación que la amenaza del nuevo siglo XXI traía consigo. Desde entonces, las relaciones entre Estados, el respeto por el Estado de Derecho y el cumplimiento de las leyes internacionales se ha visto marcado por una nueva retórica: la lucha contra el terrorismo yihadista.

Estados Unidos no ha dudado ni un minuto en hacer todo lo que esté a su alcance para acabar con el desafío y garantizar la seguridad de sus ciudadanos. Tras el 11S, el por aquel entonces presidente de EE. UU., George W. Bush, declaraba la “guerra contra el terror”, autorizaba la invasión en 2001 de Afganistán y en 2003 de Irak y daba luz verde para que la base naval de Guantánamo se convirtiese en un centro de detención para los enemigos de los Estados Unidos de América, es decir, miembros de Al Qaeda, talibanes y otras organizaciones terroristas.

Sin embargo, Guantánamo no tardaría mucho en transformarse en un arma de doble filo. Mientras que para unos Guantánamo es un símbolo de seguridad y lucha contra el terrorismo, para otros ha pasado a ser un símbolo de injusticia y regresión en la aplicación de los derechos internacionales.

La bahía de Guantánamo

Guantánamo ha sido motivo de polémicas desde antes que el presidente Bush destinase el centro para la detención terroristas. Su historia se remonta a cuando Cuba aún pertenecía a España, más específicamente al año 1898, cuando en la guerra de Cuba Estados Unidos decidía intervenir para ayudar a su vecino a lograr su independencia. El resultado fue exitoso: España acababa entregando Cuba a Estados Unidos y así se inauguraba la extensa e intensa relación entre los dos países americanos.

EE.UU. no pensaba salir con las manos vacías después de la ayuda prestada. Consciente de la importancia que tenía el enclave de la bahía de Guantánamo, no dudó en utilizar la independencia de Cuba como moneda de cambio. En 1901 ambos países firmaban la enmienda Platt, por la que Cuba pasaría finalmente a ser independiente, pero solo a cambio de vender o alquilar parte del territorio cubano a Estados Unidos. Los dos países entraban así en un acuerdo perpetuo de alquiler por el que EE. UU. se comprometía a pagar 4.085 dólares anuales —Fidel Castro solo los aceptó una vez por confusión— por su centro naval en la bahía de Guantánamo.

La ubicación de Guantánamo a tan solo 2.093 km de Washington DC posibilita un rápido traslado para las autoridades. Fuente: Gobierno de EE. UU.

Guantánamo —también conocido por su abreviatura, Gitmo— pronto dejaría de ser simplemente un centro naval. En los años 90 aparecía en las noticias por su labor como centro de refugiados. En 1991, tras el golpe de Estado en Haití, se convirtió en un lugar de controversia y de referencia para sus refugiados y también para refugiados cubanos que decidían probar suerte huyendo hacia el “país de las oportunidades”. En 1999 se abrían las puertas del campo para aceptar a refugiados nacionales de los Balcanes que escapaban de la guerra. No obstante, el plan no fue tan efectivo como anteriormente: la lejanía entre el continente europeo y EE. UU. supuso un obstáculo difícil de afrontar.

Ilena Ros-Lethinen, representante de Florida, visitó Guantánamo y entregó cartas de familiares a algunos de los miles de cubanos que esperaban ser enviados a EE. UU. Fuente: Miami Herald
Finalmente, en 2001 Gitmo pasaría a desarrollar el papel por el que ha sido conocido en estos últimos 15 años y que le ha proporcionado su carácter polémico: un centro de detención para “combatientes enemigos”. Para el Gobierno estadounidense, Guantánamo se presentaba como el emplazamiento perfecto. En primer lugar, al estar bajo soberanía cubana, hizo creer al Gobierno que podría crear un centro de detención al margen de la ley: los detenidos no podrían gozar de las leyes aplicadas en territorio nacional. En segundo lugar, la remota localización del centro, por un lado, aseguraría que ninguno de los prisioneros pusiese en peligro la seguridad de trabajadores y ciudadanos estadounidenses, y, por otro lado, sus limitadas vías de acceso garantizarían a las autoridades estadounidenses controlar fácilmente el paso de personas, mercancías y medios de comunicación.

“Combatientes enemigos”

El estatuto de los detenidos en Guantánamo ha sido un foco de constante polémica. Estados Unidos tenía como objetivo evitar que los detenidos fuesen clasificados como prisioneros de guerra para negar los derechos y garantías internacionales que este estatuto otorga. Así, creía concederse la licencia para crear un limbo legal en el que EE. UU. podría adaptar las leyes internacionales a su conveniencia.

La comunidad internacional pronto llamaba al correcto uso de las leyes internacionales y a la aplicación de las convenciones de Ginebra. EE. UU. respondió con una nueva clasificación por la que los detenidos pasaban a ser “combatientes enemigos”. Esta decisión, aparte de ilegal, permitía al Gobierno estadounidense incluir en la lista de detenidos no solo a miembros de Al Qaeda o talibanes, sino también a todos aquellos que colaborasen de una manera u otra en hostilidades contra Estados Unidos, así como mantener a los detenidos fuera del ordenamiento jurídico y evitar su devolución a Afganistán una vez terminada la guerra, pues los detenidos eran ahora combatientes de esa “guerra contra el terror”.

Para ampliar: “Derecho Internacional Humanitario y lucha contra el terrorismo: El caso Guantánamo”, Lucas Rodríguez de las Heras en Eunomía, 2014

La violación de los derechos, intrínsecos a todo ser humano, a un juicio justo, a ser tratado con dignidad y a no ser sometido a tratos inhumanos y degradantes han sido también motivo del debate.

En un principio, Bush firmaba una orden militar por la que se autorizaba al Pentágono a detener a los combatientes enemigos sin cargos, de manera indefinida y sin posibilidad de apelar su detención. Sin embargo, en 2004 la situación pegaba un giro inesperado cuando la Corte Suprema estadounidense informaba de que los detenidos efectivamente tenían derecho a apelar la legalidad de su detención.

Guantánamo sobrevive a Fidel Castro y a Obama. Imagen por satélite de la base estadounidense. Fuente: Cartografía EOM.

Con la intención de que los prisioneros de Guantánamo no tuvieran la oportunidad de recurrir al habeas corpus, se creó un sistema de doble comisión militar para tratar los casos. La primera comisión, el Tribunal de Revisión del Estatuto de Combatiente, determina si el detenido realmente es un “combatiente enemigo”, y la segunda, la Junta Administrativa de Revisión, lleva a cabo revisiones anuales del progreso de cada uno de los detenidos para decretar si sigue siendo o no una amenaza para el país.

Estas comisiones, más que un procedimiento legal, son procesos administrativos, que niegan a los detenidos el derecho al consejo legal, a un abogado y a conocer los motivos de su detención.

La política de reasentamiento

En 2009 la comunidad internacional aplaudía esperanzada la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca, pues si por algo se hizo valer durante su carrera presidencial fue por su determinación por cerrar Gitmo. Tan solo dos días después de subir al poder, el cuadragésimo cuarto presidente de EE. UU. firmaba un decreto ley para cerrar las instalaciones de Guantánamo en un año. Sin embargo, pronto comprendió la realidad de que cerrar Gitmo era una tarea sumamente complicada y debió prorrogar el decreto ley.

Durante su presidencia, Obama tampoco consiguió terminar con las comisiones militares, persuadir a Cámara de Representantes para trasladar a los detenidos a instalaciones penitenciarias en territorio nacional ni terminar con las detenciones indefinidas sin cargos. Pero no todo fueron batallas perdidas. Obama logró eliminar la clasificación de “combatientes enemigos” para referirse a los detenidos y actualmente solo 41 detenidos permanecen en Gitmo. Pero ¿qué ha pasado con todos los detenidos? ¿Dónde han acabado?

Los detenidos, al proporcionar información, reducen sus probabilidades de ser recomendados para su puesta en libertad; las declaraciones implican a otros detenidos y han de ser contrastadas. Así, un detenido que da una información de calidad media reduce sus probabilidades de ser recomendado de un 80% a menos de un 20%. Fuente: LSE

Aunque la gran mayoría de los antiguos detenidos han tenido la oportunidad de volver a rehacer sus vidas en sus países de origen —la mayoría árabes—, donde pueden asistir a programas de rehabilitación, otros no han tenido la misma fortuna. La política de reasentamiento utilizada por el Gobierno estadounidense para liberar a los detenidos dejaba claro que su reubicación no pondría en peligro la seguridad estadounidense. Así, se establecía que ningún detenido puede ser enviado a su país de origen si existe inestabilidad política, apoya a grupo terroristas o el Gobierno no es capaz de garantizar la no participación de los individuos en hostilidades contra EE. UU. Por lo tanto, son múltiples los detenidos que hoy se encuentran en países forasteros en Sudamérica, Asia central y Europa. Al llegar a estas naciones, los antiguos prisioneros se dan cuenta de que la libertad de la que disfrutaron antes de Gitmo probablemente nunca vuelva.

Maanso al Dayfi, tras años en Gitmo sin saber el motivo de su detención y finalmente puesto en libertad por no estar asociado a ningún tipo de grupo terrorista, era enviado a Serbia. Al desembarcar en su nueva casa quería ir a la universidad, graduarse y trabajar para poder integrarse en la sociedad y ser independiente. Pero la verdad fue muy distinta. Llegaba a un país marcado por una historia turbulenta con la comunidad musulmana, con una cultura distinta a la suya y sin programas de reinserción que le apoyaran en su aclimatación a su nueva vida y país.

Otros cuentan cómo la imposibilidad de conseguir los papeles necesarios que les permitan moverse y reunirse con sus familiares, el nivel de control al que están sometidos y las dificultades que tienen con el idioma son otras grandes barreras que deben afrontar. Además, la etiqueta que Guantánamo da de terrorista a la entrada no es algo que se pueda devolver a la salida. Ni a la salida de Gitmo ni a la entrada del país de acogida se les informa de sus condiciones de reasentamiento, y pronto se convierten en víctimas de continuas redadas y vigilancias por parte de las autoridades del país de acogida. Por otro lado, solo un número muy pequeño de la población están dispuestos a relacionarse con estos antiguos detenidos de Guantánamo.

De tal modo, el aislamiento que sufren al no tener contacto con sus familiares, el desconocimiento de la lengua y no poder disfrutar de los programas de rehabilitación tras más de diez años de encarcelamiento hace que muchos se sientan perdidos y sin proyecto de futuro y, por tanto, que la amenaza de la que EE. UU. tanto se intenta proteger aumente.

Para ampliar: “La vida después de Guantánamo: exiliado en Kazajistán”, Vice, 2016

No obstante, también hay quienes han suplicado a las autoridades estadounidenses no ser devueltos a sus países de origen por miedo a ser torturados a su llegada, perseguidos o encarcelados. Pero, indudablemente, los que más llaman la atención son aquellos que han decidido voluntariamente quedarse en Gitmo antes que afrontar una nueva vida en Europa o que, tras su puesta en libertad, han deseado volver a Guantánamo.

Aunque es cierto que tras las barbareis cometidas el 11S y el sufrimiento causado por ataques terroristas en los últimos años en Madrid, Bruselas o París, por nombrar algunos, la sociedad occidental se muestra reacia a aceptar a antiguos detenidos de Gitmo en sus comunidades, cabe recordar que estas personas han sido autorizadas a dejar el centro de detención después de que, tras años de encerramiento, se haya concluido que no son miembros de grupos terroristas ni partícipes en hostilidades contra EE. UU. De esta manera, aquellos que probablemente suponen algún tipo de peligro para la comunidad internacional siguen cumpliendo sentencia en prisiones de otros países o como detenidos en Guantánamo.

En 2005, cuando la capacidad del centro de detención llegaba a 650 detenidos, el Gobierno estadounidense afirmaba que menos de la mitad de los detenidos habían sido participes en hostilidades contra EE.UU. Fuente: CQ Researcher

También es oportuno mencionar que ciertamente existe un porcentaje de antiguos expresidiarios que tras su salida han cometido ataques terroristas, aunque se trata solamente de un 4,2% de antiguos detenidos.

Para ampliar: “National Security Deserves Better: “Odd” Recidivism Numbers Undermine the Guantanamo Policy Debate”, Seton Hall, 2012

 ¿Una lucha contra el terrorismo sin Guantánamo?

Tras más de una década de violaciones de derechos internacionales y denuncias, cabe preguntarse si Gitmo ha sido un elemento eficaz en la lucha contra el terrorismo. Teniendo en cuenta que las continuas torturas y violaciones de derechos humanos han servido como excusa perfecta a los grupos terroristas para atraer a más simpatizantes a sus filas y a exaltar su sentimiento antiestadounidense y que en 2014 el Senado afirmaba que la información obtenida en el centro de detención era inefectiva, ya que los detenidos, tras horas de tratos inhumanos, vocalizaban las palabras que las autoridades querían escuchar, se podría concluir que Guantánamo no ha sido tan eficaz como lo esperado en la lucha contra el terrorismo.

Aparte de eso, las trabas impuestas por el sistema que rige Guantánamo ha permitido que para el décimo quinto aniversario del 11S cinco terroristas del atentado aún no hubieran sido juzgados. De haber sido inicialmente procesados por cortes judiciales estadounidenses, estarían ya cumpliendo su sentencia. De nuevo, Guantánamo no aparece como el mecanismo más apropiado.

La politización de Guantánamo ha hecho que su eficacia haya quedado a un lado y haya sido utilizado como herramienta para ganar votos tanto por políticos republicanos como demócratas para llegar a la Casa Blanca. Mientras que Barack Obama lo utilizaba como un símbolo de injusticia y barbarie para granjearse votos nacionales y el apoyo de la comunidad internacional, el ahora presidente de EE. UU. ha sabido cómo utilizarlo como una figura de justicia y de poderío en un momento en el que el miedo impera en la sociedad y en el que parece que todo está permitido para garantizar la seguridad.

Más de la mitad de la población estadounidense está a favor del uso ocasional de la tortura para conseguir información. Esto ha permitido que políticos como Trump ganen el respaldo de la población cuando prometía volver a poner en practica métodos como el submarino. Fuente: Roper Center

Por su parte, la efectividad del centro en la lucha contra el terrorismo está ganando el pulso a la protección por los derechos humanos. Los 41 detenidos que debido a su peligrosidad y falta de pruebas no pueden salir de Gitmo, la aceptación por parte de la sociedad estadounidense de que Guantánamo permanezca abierto y el compromiso de Trump de llenarlo de “tipos malos” dejan vestigios de que la lucha por el cierre de Guantánamo seguirá siendo foco de polémicas en los años por venir.

Acerca de Andrea Moreno 5 Articles
Vitoria-Gasteiz, 1994. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Rey Juan Carlos. Fiel defensora de los derechos humanos y especialmente interesada en temas de seguridad internacional. "Courage is what it takes to stand up and speak. Courage is also what it takes to sit down and listen”.

1 comentario en ¿Hay vida después de Guantánamo?

  1. Interesante exposición acerca de unas instalaciones que nunca debieron existir. La excusa de la seguridad nacional no puede ser manejada al arbitrio de un Estado como herramienta para conculcar derechos internacionales universalmente reconocidos.

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