Larga vida al “Pura vida”

Los costarricenses, familiarmente apodados ticos, llaman calzonuda a la rana verde de ojos rojos. Es uno de los símbolos de su país. Fuente: Taringa

Costa Rica ha encontrado en el turismo —y más concretamente en el ecoturismo— una senda alternativa al desarrollo industrial y a la postración de exportar materias primas al mundo desarrollado, ambos condenados a fracasar. Abordamos las especificidades del sector turístico, factores como la democracia, la biodiversidad y la alfabetización que han permitido la gestación del modelo y los riesgos que entraña su proyección hacia el futuro.

Antes del siglo XVIII, el turismo apenas existía más allá de fenómenos muy concretos como el hach a La Meca o las peregrinaciones a Santiago de Compostela, Roma o Jerusalén. El precedente del turismo moderno es el Grand Tour inglés: se trataba de un viaje por la Europa continental —especialmente Francia e Italia— en el que se embarcaban los acaudalados egresados de Oxbridge como una parte complementaria de su formación. La meta era entrar en contacto con la cultura clásica y sus raíces, así como con la alta sociedad del continente.

Tras la Revolución Industrial y el desarrollo del transporte ferroviario, la oligarquía económica inglesa empezó a viajar. Fruto del carácter de pioneros en los viajes de placer, encontramos un rosario toponímico por toda la geografía meridional del Viejo Continente. El famoso paseo de los Ingleses en la Costa Azul nizarda o el Grand Hotel Des Anglais en la localidad de San Remo son buenos ejemplos.

Ingleses en la campiña, de Carl Spitzweg (c. 1845). Los primeros turistas modernos son el antecedente directo de los actuales guiris, como se conoce en España a los visitantes de latitudes continentales más norteñas. Fuente: Zeleb

Con la progresiva ampliación de las clases medias y la sociedad de masas, el turismo se generalizó. A pesar de periodos contractivos como las guerras mundiales o las crisis de 1929 o 2008, la curva descrita por el turismo se ha mantenido creciente. En 2011 las facturas agregadas relacionadas con el turismo internacional llegaron al billón de dólares por primera vez. Las llegadas internacionales superaron la barrera histórica de los mil millones también por vez primera en 2012. Hoy el turismo es la actividad más relevante del sector servicios: genera uno de cada diez dólares producidos en el mundo, así como uno de cada diez empleos. 

Gigante con pies de barro

La Organización Mundial del Turismo lo define como las “actividades que realizan las personas durante sus viajes a lugares distintos de su contexto habitual por un período inferior a un año, con propósitos de ocio, negocios y otros motivos”. Ciertamente, el turismo relanza la economía de la región que lo experimenta: crea empleo directo e indirecto gracias al llamado efecto multiplicador al incorporar una fuente externa de ingresos. Además, aumenta las oportunidades para los pequeños negocios, lo que es especialmente importante en zonas rurales, y genera ingresos fiscales gracias a los hoteles, aeropuertos… Supone la mejora de la infraestructura, desde las carreteras hasta el trasporte, pasando por el alumbrado público y la limpieza de las calles. Desde el punto de vista social, mejora la comprensión entre las culturas que entran en contacto e incluso repercute en el manejo de lenguas y la formación profesional de la población anfitriona.

Sin embargo, desde su conceptualización más típica, conlleva una serie de externalidades negativas que tienden a ser obviadas. La población local no ve que los beneficios de la actividad repercutan proporcionalmente en su mejora económica, especialmente en las economías en desarrollo, donde los capitales se fugan, acaparados por multinacionales extrañas al país. El turismo es frecuentemente estacional, hace a la población dependiente e impide que otras actividades se desarrollen. El coste de la propiedad y la vida en las regiones turísticas aumenta, puesto que los bienes y servicios se piensan para un colectivo lo suficientemente acaudalado para viajar. Esta espiral desplaza a las personas y comercios de sus entornos habituales. En situaciones extremas, las instituciones —conscientes de los ingresos que generan los turistas— se vuelcan con la población flotante y negligen a los ciudadanos que deberían servir. Las carreteras se congestionan, los recursos hídricos se ven presionados, la prostitución se multiplica y la cultura se espectaculariza, lo que termina por erosionarla y volverla artificial. Finalmente, el turismo es un sector impredecible y muy susceptible de ser afectado por sucesos adversos como desastres naturales, terrorismo o crisis económicas.

Cancún ejemplifica los fallos del turismo de masas como motor de desarrollo y creador de riqueza en la población local debido a la evasión del beneficio y la perpetuación de la desigualdad. En el camino, se ha reducido la biodiversidad y contaminado los recursos hídricos.

Masificación hotelera en Cancún. Otros lugares conocidos por la impronta del cemento son Hawái, Florida, el litoral mediterráneo español o República Dominicana. Fuente: Edgard Garrido (Reuters)

Ecoturismo al rescate

“No dejes nada salvo huellas, no tomes nada salvo fotografías y no mates nada salvo el tiempo”. Lema del ecoturismo. Fuente: Jotter-Journal (Tumblr)

Mientras muchas naciones en desarrollo han basado su crecimiento en la contaminante producción de manufacturas o en la exportación de materias primas a economías de mayor ingreso, Costa Rica ha escogido un camino menos transitado. Como muchos países de su región, tiene un mercado nacional pequeño y desventajas como la falta de materias primas o su orografía: un hipotético proceso industrializador hubiera estado condenado a fracasar.

Su principal fuente de divisas es el turismo y, dentro de este, el ecoturismo. ¿Por qué el fenómeno ha ocurrido en Costa Rica y no en otra nación centroamericana, si toda la región alberga decenas de volcanes en erupción, selvas vírgenes, playas paradisíacas en el Caribe y el Pacífico y una inmensa variedad faunística?

1948 es el año en el que se encuentra la respuesta, pues marcó un antes y un después en este país de algo menos de cinco millones de habitantes. La que fuera una oligárquica república basada en la exportación del binomio café-banano, muy influenciada por la United Fruit Company, salía de una guerra civil. Se abolió para siempre el Ejército y se dio la bienvenida a la democracia. Hoy el país se enorgullece de ser el 26.º más democrático del mundo, por delante de Bélgica o Portugal. Además, ha conseguido escapar en gran medida de la criminalidad que lacera las naciones vecinas.

No obstante, aunque el turismo ascienda al 20% del PIB—por delante de la suma de los antiguos cultivos insignia del país—, la economía ha conseguido diversificarse. Otro sector importante es el cafetero, que ha conseguido afrontar el descenso de precios en el mercado internacional con el consumo interno, que los turistas espolean.

El café es una fuente de ingreso mucho más conveniente para los locales que el banano. A diferencia de las explotaciones de banano, las plantaciones de café son pequeñas y están controladas por locales. Fuente: Villa San Ignacio

Destaca también la exportación de equipamiento médico y de componentes electrónicos. Especialmente relevante es la empresa Intel, convertida en la mayor empleadora del país. En 1998 instaló una enorme planta de software y desarrollo, movimiento que se encuadra dentro del marco de la localización o subcontratación cercana —nearsourcing—, que aboga por que las compañías estadounidenses se establezcan en centros más cercanos cultural y geográficamente de su sede social en lugar de en el sudeste asiático. Las dos lenguas más habladas de Costa Rica —español e inglés— son también las más habladas en EE. UU. —el orden, eso sí, varía— y el huso horario del país del istmo coincide con la hora central norteamericana.

Los altos estándares de vida de los costarricenses refuerzan esta imagen de economía moderna. Apodada “la Suiza de Centroamérica”, su renta per cápita dobla sobradamente la del vecino El Salvador y tiene una tasa de alfabetización de más del 95%, 24 puntos porcentuales por encima. El turista conoce una realidad en la que la vida discurre a un ritmo diferente que en las naciones occidentales, sin toparse de bruces con las realidades más miserables del mundo en desarrollo.

El factor verde también ayuda a la positiva percepción exterior del país. Costa Rica se ha embarcado en una liza con algunas de las naciones más desarrolladas del mundo —Nueva Zelanda, Noruega e Islandia— por convertirse en el primer país “libre de emisiones”. Este objetivo, sobre el papel al menos, debería alcanzarse en 2021, cuando se cumplirá el bicentenario de la independencia. Actualmente el 90% de la electricidad proviene de fuentes renovables y solo en 2007 se plantaron cinco millones de árboles. Si en 1983 el 26% del país se encontraba cubierto por masa forestal, esa cifra aumentó en 2010 hasta el 52%.

El ecoturismo se desarrolla sobre la base de esta lógica ecologista. Este subsector, que tiene la mayor tasa de crecimiento del sector —entre un 20 y un 30% anual—, busca el viaje responsable a áreas naturales, que fomente la conservación del medio ambiente y promueva el bienestar de la población local, de acuerdo con la Sociedad Internacional de Ecoturismo.

En 1963 se puso la primera piedra con la creación de una reserva natural. El progresivo aumento de áreas protegidas hubiese sido imposible sin el viraje de la economía hacia el sector del turismo, en detrimento de la silvicultura, la producción agrícola y ganadera y la minería. Se trataba de algo innovador, pues hasta entonces se había seguido una política proteccionista, que impedía la visita a zonas de alto valor ecológico para su conservación.

La Reserva biológica Bosque Nuboso de Monteverde tiene una interesante historia que la hace uno de los primeros focos de ecoturismo del mundo. Fuente: Monteverde Tours

Los primeros ecoturistas eran biólogos atraídos por un país que, a pesar de comprender solamente un 0,03% de la superficie del planeta, alberga casi el 5% de su biodiversidad, con más especies por kilómetro cuadrado que cualquier otro lugar —existen 1.500 especies solo de orquídeas en el territorio—. Tras los científicos, el Instituto Costarricense de Turismo (ICT) realizó campañas promocionales que, unidas al boca a boca y las publicaciones divulgativas de estos pioneros, consiguieron que este fenómeno despegase.

La piedra de toque fue la Ley forestal de 1969, que ligaba la preservación del patrimonio natural a la investigación científica, la sensibilización y el recreo. Así nació el ecoturismo, bajo la esperanza de que los parques podrían llegar a ser una fuente de ingreso. La deforestación, no obstante, no se revirtió de inmediato, ya que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial imponían un modelo exportador de carne de vacuno —incompatible con la conservación del bosque— a cambio de la financiación de la deuda nacional.

El número de reservas fue aumentando hasta hoy: las áreas protegidas cubren el 26% del territorio, aunque mundialmente este porcentaje es solo del 15,4%. La cercanía de Estados Unidos ayudó mucho a conseguir rentabilidad: en 2016, de los casi tres millones de turistas registrados —cifra récord—, un millón viajaba con este pasaporte. Durante el proceso de consolidación del sector, las actitudes de los costarricenses evolucionaron y se empaparon de las ideas del desarrollo sostenible.

La receta de la poción verde

¿Cómo se consigue cristalizar el valor económico de los bosques costarricenses y distribuirlo adecuadamente entre la población? La estrategia tiene cuatro patas. Primero, en 1996 se publica una enmienda a la Ley forestal llamada pago por servicios ambientales. Buscaba retribuir a los propietarios de los bosques el bien colectivo que generaban, a saber: el agua para consumo humano y fines hidroeléctricos, la absorción de gases de efecto invernadero, la protección de la biodiversidad y la preservación de la belleza paisajística.

Este pago se financia de varias maneras, que van desde impuestos a los derivados del petróleo, compañías hidroeléctricas y turoperadoras de servicios de ecoturismo, pasando por los Certificados de Servicios Ambientales, que las empresas pueden comprar voluntariamente —gracias a lo cual pueden mejorar su imagen—, hasta las subvenciones del Banco Mundial y el Fondo Mundial para el Medio Ambiente. El mayor beneficio del pago es la transferencia de capital a las comunidades indígenas y las granjas operadas por colectivos de mujeres.

Por otro lado, el Certificado para la Sostenibilidad Turística valora a hoteles y turoperadores en una escala del cero al cinco según su nivel de sostenibilidad. Así, se pretende luchar contra el ecoblanqueamiento o greenwashing, la falsa promoción de un bien o servicio como sostenible, que puede tener base en meras medidas cosméticas. Por ejemplo, un hotel para cuya construcción se destruyó un ecosistema costero de manglares puede decirse verde porque no lava todos los días las toallas o incorpora alcachofas de ducha de tamaño reducido; sin embargo, estas medidas son antes que cualquier otra cosa de ahorro.

Algunos arquitectos han comenzado a especializarse en alojamientos especializados en ecoturismo. Por ejemplo, los 14 bungalós del Lapa Ríos Ecolodge —con la máxima calificación de sostenibilidad— solo necesitaron que se talara un árbol para ser construidos. Fuente: Scott Dunn

En tercer lugar, Costa Rica pertenece al programa de la ONU “Compensación por emisiones”, que busca que las naciones más ricas y contaminantes resarzan a las más pobres por sus esfuerzos en la conservación de la floresta. Finalmente, la estrategia costarricense promueve la investigación de la biodiversidad con instituciones como el Instituto Nacional de la Biodiversidad, que desde 1989 busca conocer la riqueza natural para ponerla al servicio de la sociedad, y firma acuerdos de investigación con universidades y multinacionales en los que el 50% de los futuros beneficios que una patente genere se reinvierten en conservación y proyectos de desarrollo.

Problemas en el paraíso

Cada vez que se habla de la cara B del turismo costarricense debe mencionarse el Polo Turístico Golfo de Papagayo. Se trata de un megaproyecto de lujo —el mayor de toda Centroamérica—, que se desarrolla en un terreno de unas 1.658 hectáreas, adquirido por el ICT en una zona de especial valor paisajístico del por otra parte remoto y empobrecido noroeste de la costa pacífica del país. En él se prevé que para 2026 haya construidas 26.450 habitaciones, nada menos que el doble de las que tenía todo el país en 2003. Incluye además campos de golf, centros comerciales, spas, dos marinas…, a los que la población local no dará apenas uso.

La península de Papagayo es la joya de la corona del proyecto. Hoy en día ya cuenta con varios desarrollos, como un gran hotel de la firma Four Seasons. Sin embargo, como muestra el masterplan, queda mucho por construir hasta 2016. Fuentes: El Alma, Península Papagayo

A diferencia de muchos otros desarrollos turísticos del país, no se encuentra consagrado al ecoturismo —aunque se presente de manera que parezca darlo a entender—, sino al turismo de sol y playa, como reconoce el ICT. La mayor parte de los hoteles de lujo pertenecen a cadenas internacionales —canadienses, estadounidenses, españolas…—, por lo que el beneficio se filtrará fuera del país, y el número de habitaciones será en la mayor parte de los casos superior a cien por hotel, algo insólito.

El distanciamiento del espíritu general del ecoturismo se evidencia en sendos escándalos relacionados con el tratamiento de aguas residuales. El Ministerio de Salud se vio obligado a cerrar el Hotel Occidental Allegro Papagayo, y posteriormente el Hotel Occidental Grand Papagayo fue investigado tras una denuncia del resort vecino, que aportó fotografías de los vertidos. Hubo otra polémica en la misma región de Guanacuaste, donde se sitúa el golfo de Papagayo: en Playa Grande, la iluminación de un megaproyecto hubiera supuesto una profunda alteración de los patrones de anidación de las tortugas marinas. A pesar de promocionarse como verde, en esta zona solo los billetes de dólar habrían tenido ese color. Las protestas ciudadanas dieron al traste con el proyecto.

Junto con la perversión de su modelo turístico, el otro gran reto de Costa Rica es afrontar el turismo sexual. Según Interpol, el país es la meca del turismo sexual, con el crecimiento más rápido de Latinoamérica. Se calcula que uno de cada diez turistas llega con este fin; entre ellos, el 80% son estadounidenses. A pesar de que la prostitución sea legal, el Departamento de Estado estadounidense denuncia que el fenómeno del tráfico humano continúa siendo un grave problema, por lo que las condiciones en las que se realiza la actividad vulneran frecuentemente la legalidad. Además, bastantes de los turistas que se embarcan en el turismo sexual realizan actividades relacionadas con la prostitución infantil, en la creencia de que es más improbable que estén infectados por el VIH cuando en realidad los menores tienen más probabilidades de presentar el virus.

Un brindis al futuro

Es fácil criticar la industria del ecoturismo bajo el argumento de que los ecosistemas mundiales no pueden ser protegidos por un negocio, pero la realidad nos dice que fuera de las naciones ricas, donde las opciones de desarrollo no son tan limitadas, incluso un ecoturismo imperfecto es preferible a la exportación de recursos de bajo valor añadido provenientes de la minería, la agricultura o la silvicultura, que prácticamente condenan a la nación a una balanza comercial negativa e hipotecan la viabilidad de sus ecosistemas.

La pionera Costa Rica es ahora un modelo que seguir en toda Latinoamérica y su trayectoria ha conseguido desplazar el modelo turístico de toda la región, donde no hay un solo Ministerio de Turismo que no reclame que su país fomenta un modelo de turismo ecológico. En el país del istmo queda mucho por construir y muchos temporales que capear. Sin embargo, el mero hecho de que una nación que partía de la postración económica haya conseguido desbrozar para sí un nuevo camino inexplorado del desarrollo y que compita en sostenibilidad con naciones envidiadas en todo el mundo debe considerarse una victoria. ¡Larga vida al “Pura vida”!

Acerca de Marcos Bartolomé 6 Articles
Oviedo, 1995. Periodismo y Relaciones Internacionales. De Portugal a Irán con escala en los nórdicos. El mar, Mediterráneo si puede ser. Para conocer a un pueblo lo mejor es hacer lo que el camaleón: ponerse en su piel. Twitter: @Markhorchata

1 comentario en Larga vida al “Pura vida”

  1. Los padres fundadores de este pedazo de mundo fueron amantes del modelo europeo. Su máximo ideal era traer Europa a occidente -nuestra propia bandera está inspirada en su homóloga francesa-; como tal, movimientos de vanguardia no se hicieron esperar en la historia:

    Aquí no hay ejército desde hace casi sesenta años y cuando alguien grita ¡bomba! no hay motivo para correr, porque es la introducción a una retahíla gritada a los cuatro vientos; es signo de fiesta.

    Actualmente se afronta un problema serio -aparte de la bien narrada trata de personas-, que acarrea con consecuencias en tanto el corto, mediano y largo plazo; uno que afecta muchísimos indicadores económicos, pero más importante, la salud social-psicológica del no-foráneo: La infraestructura vial.

    Para el costarricense tener un lugar dónde estar es vital. Contar con casa propia ha sido y es el sueño de todos en su vida. Desde la década de 1950 -no siendo la excepción a la regla-, prevaleció durante décadas un ritmo acelerado del crecimiento poblacional, sin embargo, los edificios nunca crecieron en vertical. Hasta ahora, esto todavía se mantiene vigente, la capital y sus aledaños crecen a sus anchas.

    Este mal planificado crecimiento ha dado pie a ciudades deformes, por donde crear una red de calles efectiva se complica muchísimo; sumado a alguno que otro traspié en el camino, las calles hoy están a más de 100% de su capacidad instalada en la zona del valle central. La velocidad media en muchos puntos específicos, en hora pico, reduce a 2km/h. Un hecho que sin duda, afecta también de forma directa en la percepción del turista que visita la capital…

    Pese a esta y otras salvedades que se puedan citar, en el ecoturismo está representado que esa chispa vanguardista todavía está presente en lo profundo de los ideales costarricenses. El esfuerzo gubernamental por promocionar el crecimiento turístico, tanto interno como externo, en los últimos años, puedo dar fe que ha sido intenso y bien enfocado. Hoy podemos decir que no somos un híbrido occidental-europeo, hoy Costa Rica empieza a tener identidad propia para el mundo.

    Gracias sinceras a usted, señor, por su maravilloso aporte.

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