La Confederación Iroquesa: democracia nativa en Norteamérica

Bandera de la Confederación Iroquesa. Fuente: runthehistory.com

La Confederación Iroquesa fue uno de los pueblos nativos más importantes de Norteamérica. Su estructura social, su forma de gobierno y el rol de las mujeres la hace un modelo único que ha sido objeto de estudio de numerosas investigaciones. Más aún, se cree que su ideal de democracia pudo haber influido en la Constitución estadounidense. Sea como fuere, resulta un ejemplo histórico único y de gran relevancia.

La Liga de las Seis Naciones

El debate sobre la fundación de la Confederación Iroquesa sigue abierto. Todo parece indicar que tiene sus orígenes en el siglo XVI, aunque algunos autores la remontan 300 años atrás, antes de la llegada de los colonos europeos. Sea como sea, la confederación original estaba formada por cinco tribus de la región de los lagos Finger, en el centro del estado de Nueva York: los mohicanos, los onondagas, los oneidas, los cayugas y los senecas. El objetivo de la alianza era mantener la paz entre las tribus e incrementar los lazos comerciales y su poder frente a otras tribus o colonos. Los tuscaroras, pueblo originario de Carolina del Norte, emigraron a principios del siglo XVIII a Nueva York y, una vez allí, fueron aceptados por el resto de las tribus iroquesas, que adoptaron el nombre de Liga de las Seis Naciones.

Los iroqueses se daban a sí mismos el nombre de Haudenosaunee, que se puede traducir por ‘pueblo de la casa grande’, en referencia a las construcciones donde vivían, que albergaban cinco familias. La confederación abarcó un extenso territorio que cubría la mayor parte del estado de Nueva York, aunque también llegaron a extenderse por Canadá y Pensilvania, y tenía su capital en Onondaga, lo que hoy es la ciudad de Siracusa. Estos seis pueblos compartían una lengua común, el iroqués, y se cree que su extensión total de población se produjo en torno al año 1600 con unos 5.500 habitantes entre todas las tribus.

Extensión de la Confederación Iroquesa en torno a 1720 en el estado de Nueva York Fuente: New World Encyclopedia

La economía iroquesa era propia de cazadores recolectores de tala y quema. No obstante, fueron un pueblo con una extensa actividad comercial desde antes de la llegada de los colonos europeos. Con estos últimos establecieron relaciones económicas intensas, a los que proporcionaban tabaco y pieles a cambio de armas, pólvora y alcohol, aunque su relación no siempre fue buena. Precisamente por la hegemonía comercial de las pieles y sus deseos de expansión territorial, los iroqueses se enfrentaron a los colonos franceses a finales del siglo XVII. Esto, entre otras razones, los hizo más cercanos a los ingleses, hasta el punto de aliarse con ellos en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos pese a sus intentos de mantenerse neutrales, lo cual obligó a gran parte de ellos a emigrar a Canadá tras la victoria de las Trece Colonias.

Democracia directa y propiedad comunal: la organización social iroquesa

En 2015, el periódico The Guardian publicaba un artículo en el que explicaba por qué las sociedades primitivas no vivían como en Los Picapiedra o, siendo más concisos, siguiendo el modelo unifamiliar actual. El artículo se refería a los iroqueses como un ejemplo de sociedad organizada en grandes unidades familiares y basada en relaciones poliamorosas, con una elevada igualdad entre mujer y hombre. Lo cierto es que muchos han investigado a los iroqueses como ejemplo de sociedad democrática y destacado el papel activo de la mujer en la toma de decisiones.

La primera investigación de relevancia sobre los iroqueses la realizó el antropólogo Lewis Morgan en su obra La sociedad primitiva. Morgan analiza la división social tripartita de los iroqueses en gens, fratría y tribu, que resulta similar a la de los griegos y romanos en tiempos primitivos. La gens o clan agrupa a un mismo linaje familiar —que puede estar presente en más de una tribu distinta—, donde la propiedad de los difuntos se repartía entre sus miembros, cuyo principal deber era el auxilio mutuo en caso de confrontación. Cada clan escoge un sachem, representante en tiempos de paz y caudillo para los tiempos de guerra. Un conjunto de clanes formaba una fratría o pueblo, que se configuraba también con elementos territoriales. Una o varias fratrías formaban una tribu, que poseía un territorio propio, un nombre particular (onondaga, oneida, tuscarora, etc.) y un dialecto distintivo. Las seis tribus formaban por último la confederación, el escalón más alto de la organización social iroquesa, cuyo pilar fundamental era la igualdad de todas las tribus entre sí y la independencia en sus asuntos internos.

Friedrich Engels analizó también en su obra El origen de la familia, la propiedad privada y el estado la Confederación Iroquesa como modelo de sociedad comunitaria y precomunista, así como ejemplo de sociedad sin Estado. La estructura confederal implicaba que no hubiera ninguna cabeza visible de la confederación; el órgano supremo era un consejo federal compuesto por cincuenta sachems de sus respectivas tribus, que tenían voz y voto en el consejo. Asimismo, las decisiones debían tomarse por unanimidad, por lo que se requería el consenso entre todas las tribus, y todo iroqués podía tomar la palabra en las reuniones del consejo. Engels destaca también que el hecho de que la propiedad de las cosas recayera sobre estructuras sociales colectivas y que fuera la colectividad —ya fueran los clanes, las tribus o la confederación— la que tomara decisiones permitía a los iroqueses vivir una sociedad de iguales.

Lo cierto es que numerosos estudios y voces académicas han analizado la sociedad iroquesa como un ejemplo de democracia directa. Si volvemos a Atenas, encontramos varios puntos en común en lo relativo a su sistema democrático: además de la división tripartita, las decisiones eran tomadas por un órgano asambleario, los cargos públicos no eran remunerados y eran sociedades con isonomía, es decir, donde la ley era igual para todos. Sin embargo, en la Atenas clásica no todo el mundo ostentaba la condición de ciudadano: las mujeres, los esclavos y los extranjeros no eran considerados como tales y, por lo tanto, no podían participar en la actividad política de la polis. En cambio, en la Confederación Iroquesa no encontramos ninguna forma de esclavitud, las mujeres participaban en la toma de decisiones y la gens podía adoptar a extraños en su seno e incorporarlos así en su respectiva tribu.

El sistema político de la Confederación Iroquesa se basaba en el consentimiento de los gobernados. Los sachems, a la hora de tomar una decisión sobre un tema importante, abrían el debate a los miembros de su gens y luego la decisión se tomaba por unanimidad entre los demás sachems en los consejos de tribu o en el de la confederación. No encontramos, por tanto, concentración del poder ni propiedad privada, ya que la tierra pertenecía y era explotada por la comunidad. La titularidad la ostentaba la tribu, pero se dividía entre las gens para su labranza; cada dos años, aproximadamente, se volvía a realizar una distribución atendiendo a las peticiones de cada gens. Las decisiones acerca de la división de la tierra eran competencia exclusiva de las mujeres de la tribu. Este y otros rasgos hacían de la sociedad iroquesa una de las sociedades más inclusivas.

Las primeras sufragistas: el papel de las mujeres iroquesas

Convención de Seneca Falls. Fuente: Fine Art America

Las mujeres eran las encargadas de realizar las divisiones de la tierra. En general, todos los temas concernientes a la tierra eran exclusivamente administrados por ellas, puesto que eran las encargadas de trabajarla. Pero el rol de la mujer en la sociedad iroquesa era mucho mayor. Para empezar, estas divisiones las hacía un órgano, el consejo de las mujeres, que reunía a las líderes de cada gens para tomar la decisión adecuada. Sin embargo, las mujeres lideraban la gens, la tribu y la confederación en sí misma.

La sociedad iroquesa era muy igualitaria, pero no porque los hombres y las mujeres realizasen el mismo tipo de trabajo en plena igualdad. Tenían funciones sociales bien diferenciadas, funciones del todo inconciliables, pero igual de valiosas para el conjunto de la sociedad: mientras que el hombre era el jefe de la guerra, la mujer lideraba el clan. La mujer, a la que se le atribuían labores económicas —labranza de la tierra, distribución de los bienes materiales, etc.— ostentaba el poder de decisión acerca de los asuntos más delicados de su clan, como por ejemplo la guerra. Los sachems, todos hombres, eran elegidos por la mujer que lideraba su gens.

Sin embargo, su papel no se limitaba a la elección de los sachems y la distribución de la tierra. En realidad, distribuían todos los bienes de la sociedad, incluidos los que obtenían los hombres, como los productos de la caza y pesca. La importancia de la mujer en la sociedad iroquesa era tal que se trataba de una sociedad matrilineal y matrilocal. El linaje de los clanes no se realiza por la raíz masculina, sino por la femenina, y el matrimonio reside en la vivienda de la mujer. Asimismo, las mujeres iroquesas disfrutaban de libertades como el derecho al divorcio a su instancia y el clima de una sociedad donde la violencia doméstica y las violaciones eran prácticamente nulas.

La Gran Ley de la Paz —la Constitución iroquesa— establecía expresamente que los miembros masculinos del consejo, es decir, los sachems, debían obedecer a las censuras de los consejos femeninos o de la líder de su gens o clan —generalmente, la mujer de más edad—. Este y otros aspectos de la sociedad iroquesa llevaron a que algunas de las primeras sufragistas, como Matilda Gage, Lucretia Mott o Elizabeth Staton, alabaran este modelo organización social y sirviera como inspiración de los ideales que defendieron. Precisamente estas tres mujeres habitaron en el territorio que ocupó la confederación y en él organizaron la primera convención sobre derechos de la mujer en Estados Unidos, la convención de Seneca Falls de 1848, en territorio antiguamente poblado por la tribu de los senecas.

Influencia política: ¿el octavo padre fundador?

Logo unionista de Benjamin Franklin. Fuente: National Constitution Center

En julio de 2005, el historiador Charles C. Mann desarrollaba en el New York Times la posibilidad de que la forma de gobierno iroquesa influyera en el sistema político que crearon los padres fundadores al terminar la Guerra de la Independencia. En efecto, los iroqueses vivían en un ambiente de libertad muy similar al de las colonias norteamericanas y tenían un sistema político basado en la descentralización del poder y un sistema de contrapesos. Son esos aspectos de la vida política norteamericana los que ensalzaría Alexis de Tocqueville casi un siglo después en su obra La democracia en América tras visitar el área en el que se situaba la Confederación Iroquesa.

Para analizar la influencia del sistema político iroqués en el estadounidense debemos fijar la vista nuevamente en la Gran Ley de la Paz. Aunque existen diferencias evidentes, la Gran Ley de la Paz amparaba, entre otras cosas, la libertad de expresión, fundamental para expresar las opiniones políticas en el seno del clan, y garantizaba la inviolabilidad del domicilio, algo que encontramos en la IV Enmienda de la Constitución estadounidense. Además, el sistema político estadounidense se basa en una división de poder y competencias entre los estados y el Gobierno federal, algo similar a lo que ocurría con las tribus y la confederación. El papel de resolución de las disputas lo ostentan, en ambos casos, dos órganos independientes: la Corte Suprema en el caso estadounidense y el consejo de las mujeres en el caso iroqués.

Con motivo del segundo centenario de la Constitución estadounidense, la Universidad de Cornell organizó un seminario sobre la relación entre ambas cartas magnas en el que el académico Bruce Barton llegó a afirmar que “la democracia estadounidense le debe su sello distintivo a los principios y la estructura de los Gobiernos civiles de los indios norteamericanos”. Esto parece corroborar el aparente paralelismo entre la idea de democracia que tenían los iroqueses y la que los padres fundadores estadounidenses intentaron promulgar tras la independencia. Pero ¿realmente fue así?

Benjamin Franklin, uno de los siete padres fundadores, es quien más pudo haber influido en la inclusión de aspectos iroqueses en el sistema político estadounidense. Antes de participar en el 2.º Congreso Continental, que adoptó la Declaración de Independencia, y de ejercer de representante de las colonias ante Francia y España durante la guerra, Franklin ya había estudiado a los iroqueses e incluso había entrado en contacto con ellos. Desde 1736, 40 años antes de la Declaración de Independencia, Franklin publicó más de una docena de tratados sobre la relación entre colonos e iroqueses y la forma de vida y organización política de estos últimos. Su involucramiento no solo con los iroqueses, sino con los pueblos nativos en general, llevó al Congreso Continental a crear el Comité de Asuntos Indios a instancia y bajo el liderazgo de Franklin. La fascinación del padre fundador por el sistema político iroqués quedó reflejada en el Plan de Unión de Albany (1754), que supuso el primer esbozo de unión de las trece colonias, particularmente en el siguiente extracto de una carta que dirigía a un colega editor en 1751:

“Cosa muy extraña sería si seis naciones de salvajes ignorantes ideasen un sistema de unión tan eficaz y fuesen capaces de sacarlo adelante de tal manera que subsistiese durante siglos sin diluirse apenas, y que tal unión resultase impracticable para una docena de colonias inglesas”.

Legado y situación actual: las reservas nativas

Los pueblos nativos norteamericanos han aportado una enorme legado cultural e histórico a la sociedad estadounidense, desde topónimos como Oklahoma, Tennessee o Dakota hasta tradiciones como el Día de Acción de Gracias, pasando por deportes únicos en el mundo y cada día más conocidos, como el lacrosse. Sin embargo, la situación en la que se encuentran las reservas nativas denota una serie de problemas endémicos que vienen arrastrándose desde hace tiempo. El desempleo, el alcoholismo o las altas tasas de suicidio son problemas a los que tienen que hacer frente los nativos de hoy en día, pero también otros más sonados, como la apropiación de sus recursos naturales.

Todavía existen las tribus que en su día formaron la Confederación Iroquesa, si bien en una situación muy distinta que antaño y prácticamente limitados a sus reservas. La reserva de los onondagas ocupa una extensión total de 24,1 kilómetros cuadrados y cuenta con un Gobierno independiente y soberano respecto al estado de Nueva York y al Gobierno federal. Al igual que el resto de las reservas, este factor los exime de cualquier obligación tributaria, razón por la cual su economía depende fundamentalmente de la venta de tabaco y alcohol y de los casinos.

Bandera de los Iroquois Nationals. Fuente: Wikimedia

El mayor legado de la Confederación Iroquesa lo encontramos en su equipo nacional de lacrosse, el deporte tradicional de los nativos americanos. Los Iroquois Nationals, equipo formado por jugadores de distintas tribus iroquesas, están reconocidos por la Federación Internacional de Lacrosse y han participado en numerosos torneos internacionales. Fue sonada la polémica que surgió tras la negativa del Reino Unido de aceptar sus pasaportes cuando el equipo viajaba para disputar un partido oficial contra la selección de Inglaterra. Los pasaportes iroqueses no son reconocidos al no cumplir los estándares internacionales, a pesar de representar a nacionales de un territorio soberano.

La Confederación Iroquesa, junto con el resto del legado nativo, ha sido fundamental en la Historia de los Estados Unidos. Su forma de organización política, su sociedad y los valores democráticos e igualitarios que promulgó sirvieron de base y de ideal que alcanzar a la hora de formular la idea de la unión de las trece colonias. La admiración por parte de algunos padres fundadores y posteriores académicos no ha sido suficiente para poner en valor su importancia histórica. La confederación forma parte del legado menospreciado y olvidado de los pueblos nativos americanos y su situación actual denota la falta de acción sobre los asuntos nativos por parte del Gobierno federal y la sociedad estadounidense.

Acerca de Trajan Shipley 3 Articles
Madrid, 1997. Estudiante de Derecho y Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid. Con nacionalidad española y estadounidense, interesado en geopolítica e historia mundial.

1 comentario en La Confederación Iroquesa: democracia nativa en Norteamérica

  1. Muy buen y muy trabajado articulo!
    Estaría bueno una serie de artículos donde se tocaran mas estos temas en otros lugares, como los mapuches en Chile o el amplio caso Boliviano.
    Igual, sin dudas, exelente trabajo!

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