“El poder blando es papel mojado”, por Alexandre Vautravers

El concepto de poder blando no es nada nuevo, pero fue Joseph Nye quien lo llevó a la teoría académica en un libro homónimo publicado en 2004, convertido al instante en best seller. La idea de que se puede reducir el gasto en defensa destinado a la fuerza militar y optar por convencer en lugar de coartar —proveer de manera generosa para comprar paz, estabilidad y prosperidad— casaba bien con la Administración de Bill Clinton. De hecho, este libro puede ser considerado como la doctrina extraoficial de la administración demócrata.

Esto influyó en muchos líderes europeos y en la postura de la Comisión Europea. Con el final de la Guerra Fría y ningún enemigo en el horizonte y con muchos miembros de la Unión Europea limitados por sus Constituciones y su estatus neutral, el poder blando supuso un nicho útil para el desarrollo de políticas en materia de seguridad y política exterior a nivel individual y comunitario.

La abolición o suspensión del servicio militar obligatorio en muchos países de Occidente, junto con la profesionalización de la mayoría de Fuerzas Armadas, llevó a una reducción lógica de su tamaño. Aunque oficialmente las Fuerzas Armadas tienen las mismas competencias —la defensa nacional y territorial—, estas han sido en gran medida reemplazadas por una combinación de alianzas militares, como la OTAN y su inherente paraguas nuclear. Muchas Fuerzas Armadas europeas se especializaron en proyección, asistencia humanitaria, antiterrorismo, protección de infraestructuras críticas, inteligencia y fuerzas especiales, todas definidas en las doce misiones de Petersberg, todas ellas bajo el umbral de la guerra.

Poder inteligente significa… poder duro

Nuestro autor, Joseph Nye, escribió otro libro diez años después de Poder blando. Este nuevo libro, publicado en 2011, se tituló El futuro de la fuerzaThe Future of Power— y recogía un nuevo concepto: el poder inteligente. A la vez que defendía una combinación de poder blando y duro, podría haber llevado un subtítulo: “El poder blando no funciona sin el poder duro”. Aunque parte de una visión idealista, es una vuelta a una visión pragmática y realista de las relaciones internacionales. Nos recuerda a las palabras del presidente Teddy Roosevelt: “Speak softly and carry a big stick” —“Habla suave y lleva un garrote”—.

Para ampliar: “Get smart: Combining Hard and Soft Power”, J. Nye en Foreign Affairs, 88 (4), 2009

Durante la década del poder blando, tuvieron lugar dos genocidios: uno en Bosnia Herzegovina y otro en Ruanda. El número de conflictos armados a mediados de los 90 se elevó hasta 18, el doble que en las décadas precedentes. Esta cifra llega a doblar la media de conflictos durante la Guerra Fría. Así, aunque no puede decirse que el poder duro signifique paz, sí puede estipularse que su ausencia es una causa de la multiplicación y la prolongación de conflictos armados.

 ¿Proliferación blanda o dura?

Durante esta última década, la República Democrática de Corea —del Norte—, invocando el capítulo 10 del Tratado de No Proliferación Nuclear, se retiró del mismo el 10 de enero de 2003, dentro del periodo legal estipulado de seis meses. Fue entonces cuando organizó una prueba nuclear subterránea al disparar un dispositivo atómico el 9 de octubre de 2006. En esos momentos, el Grupo Internacional de Contacto estaba ocupado presionando a la República Islámica de Irán para que desmantelara su programa nuclear militar y renunciara al desarrollo de armas atómicas y misiles balísticos.

Este ejemplo muestra los límites del poder blando. En el primer caso, la comunidad internacional implementó considerables medidas de desarrollo y ayuda. La vecina (Corea) del Sur inició una serie de medidas de acercamiento denominadas, de manera bastante acertada, “política del sol”. Nada de esto funcionó a la hora de influir sobre el régimen norcoreano.

Podría sugerirse que si bien las recompensas no funcionaron en Corea del Norte, el castigo —el uso de duras sanciones económicas y políticas y el despliegue de fuerzas convencionales en Oriente Próximo— fue más efectivo para lidiar con la proliferación iraní, ya que se llegó a la firma de un Plan de Acción Conjunto y Completo el 14 de julio de 2015.

Intervencionismo liberal

Mientras que muchos liberales estadounidenses abogaban por la limitación del uso de la fuerza y el desarrollo de una política exterior basada en el poder blando, muchas de esas voces piden hoy una actitud más firme y una capacidad de intervención más rápida. La responsabilidad de proteger, adoptada como una ley blanda en la cumbre mundial de Naciones Unidas de 2005, se interpreta hoy por algunos como una responsabilidad de intervenir.

La teoría del poder blando se ha ido convirtiendo en la práctica en una postura cada vez más propensa a la intervención y más favorable a un poder duro intensivo. Si los fantasmas de Vietnam sirvieron para disuadir de una intervención con fuerzas armadas en conflictos extranjeros, los fantasmas de Ruanda y Bosnia llevan a que los órganos decisorios en Estados Unidos intervengan.

Al hablar sobre el comienzo de la operación Amanecer de la Odisea en Libia el 19 de marzo de 2011, el entonces presidente Barack Obama resumió en Brasil su motivación política: “Estás condenado tanto si intervienes como si no”. Por todo ello puede decirse que hoy hay más presión para intervenir que para mantenerse al margen. La cuestión ya no es si se debe poseer poder duro, sino cuándo debe utilizarse y por qué razón.


Versión original (en inglés)

Soft Power is Dead in the Water

The concept of ‘soft power’ is not recent. But it was academically theorised in a namesake book by Joseph Nye, published in 2004, which became an instant best seller. The idea that one could reduce defense spending, refrain from the use of military force, convince rather than coerce, give generously and « buy » peace, stability and prosperity, coincided well with the administration of President Bill Clinton. The thesis of this book can be considered an the unofficial policy or doctrine of the Democratic administration.

This influenced many European leaders and the European Union (EU) commission. With the end of the Cold War and no enemy in sight, with many EU members limited by their Constitutions or neutral status, soft power provided a useful niche for their individual as well as their common foreign and security policies.

The abolition or freeze of conscription in many Western countries, the professionalisation of most armed forces, led to a logical reduction in their size. While officially still tasked with the same missions, national and territorial defense was all but abandonned, replaced through the combination of military alliances –such as NATO– and its inherent nuclear umbrella. Many European armed forces became specialized in projection, humanitairan assistance, anti-terrorism, critical infrastructure protection, intelligence and special forces – all tasks defined as the 12 Petersberg tasks, all taking place below the threshold of war.

Smart Power means… Hard Power

Our author, Joseph Nye, wrote another book ten years after Soft Power.  The new book, published in 20011, was now called The Future of Power. It involved a new notion: Smart power. While advocating a combination of soft and hard power, it could bear the subtitle : Soft power does not work without hard power. While a departure from the idealist views, this reminds us of the words of President Teddy Roosevelt : « Speak softly and carry a big stick ». It is a return to a very pragmatic and realist approach to international relations.

Expand: “Get smart: Combining Hard and Soft Power”, J. Nye in Foreign Affairs, 88 (4), 2009

During the Soft Power decade, two genocides took place: in Bosnia Herzegovina and in Rwanda. The number of armed conflicts in the mid 1990s soared to 18, twice the figure of the preceding decades. This figure is even twice higher than the average number of conflicts during the Cold war. So although one cannot say hard power means peace, one can certainly say that the absence of hard power is a cause for the multiplication and the prolongation of armed conflicts.

Soft versus Hard Proliferation?

During this decade, the Democratic Republic of (North) Korea, invoquing chapter 10 of the Nuclear Non Proliferation Treaty, withdrew from the NPT on 10 January 2003 within the legal period of 6 months. It then organized the subterranean test firing of an atomic device, on 9 October 2006. At the same time, the « Contact Group » was busy pressuring the Islamic Republic of Iran to dismantle its military nuclear programme and renounce the development of atomic weapons and ballistic missiles.

This example shows the limits of soft power. In the first case, the International Community applied considerable measures of development and aid. The Southern (Korean) neighbour initiated a voluntary series of rapprochement measures acurately coined the « Sunshine Policy ». None of this worked to influence the North Korean regime.

It can also be argued that if the carrots did not work well in North Korea, the stick –using strong economic and political sanctions, and the deployment of strong conventional forces in the Middle East– was more effective to deal with Iran’s proliferation, leading to the signature of a Joint comprehensive plan of action on 14 July 2015.

Liberal Interventionism

While many American liberals strongly advocated for the limitation of the use of force and the development of a soft power-based foreign policy, some of the same voices now call for a tougher stance and more rapid intervention. The « Responsibility to Protect » (R2P), adopted as Soft Law by the United Nations at the World Summit in 2005, is now interpreted by some, as a « Responsibility to Intervene ».

The soft power theory has therefore developed into an increasingly intervention-prone and hard power intensive practice. While the ghosts of the Vietnam war have restrained the decision to engage armed forces in conflicts overseas, it is the ghosts of Rwanda and Bosnia that lead US decision-makers and policy to intervene.

While speaking about the start of operation « Odyssey Dawn » over Libya, on 19 March 2011, President Barack Obama then in Brazil summarized his political motivation : « You are dammed if you do, and dammed if you don’t ». There is therefore, today, more opinion and political pressure to intervene than to stay away. The question therefore is no longer whether or not to own hard power, but when to use it. And for what reason.


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Acerca de Alexandre Vautravers 1 Article
Doctor y experto en seguridad en el Instituto de Estudios Globales de la Universidad de Ginebra. Editor jefe de Revue Militaire Suisse (RMS). Director del Centro de Historia y Prospectiva Militares (CHPM).

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