De patrias, patrones y protestas: la Francia heredera de la crisis

BORIS HORVAT/AFP/Getty Images

Un seísmo sacude la política en Francia, un país que había permanecido intacto durante décadas y en donde los partidos tradicionales de izquierda y derecha se han estado turnando en el poder desde la fundación de la V República en 1958… hasta ahora.

Los resultados de la primera vuelta de las presidenciales han dejado a republicanos y socialistas fuera del Gobierno durante los próximos cinco años. En su lugar, un partido nuevo y uno renovado concurren en la segunda vuelta electoral el día 7 de mayo. Dos líderes con diagnósticos y tratamientos muy distintos; el ganador —o la ganadora— deberá intentar recomponer una sociedad completamente fragmentada y marcará el rumbo del país durante los próximos años.

Para entender cómo se ha llegado a este punto debemos remontarnos al inicio de la crisis internacional de 2008, causa principal —que no única— del revuelo en la política francesa. Por supuesto, existen factores internos y externos que han contribuido a esta situación. Pero es durante la crisis cuando se ha manifestado en Francia una tendencia que es también global: el surgimiento de nuevos actores —movimientos sociales, partidos políticos— con discursos y demandas de cambio frente a los partidos tradicionales.

Estos nuevos actores no solo se expresan en terrenos distintos, sino que, concretamente en el terreno político, provienen de lugares tanto ajenos como propios al sistema dominante. Este es el caso del Frente Nacional de Marine Le Pen o la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélénchon —partidos denominados outsiders— frente al En Marche! de Emmanuel Macron. De esta forma, lo que está en juego tras esta convocatoria es la continuación de —o ruptura con— las políticas y el régimen tradicional, que se muestran hoy por hoy agotados.

Les Misérables

Un estudio reciente reveló que la sociedad francesa está entre las más pesimistas del mundo, con un 67% de personas que piensan que este el país yendo a peor y un 86% que piensa que los jóvenes tendrán un nivel de vida inferior al de sus padres. Esto se explica en gran parte —pero no solo— por la situación económica que atraviesa hoy el país: la economía francesa ha perdido su vitalidad junto a ese 10% del PIB que ha caído en la última década, mientras que la tasa de desempleo ha alcanzado el 10,3% en 2016 y la de desempleo juvenil ha ascendido a más del doble —un cuarto de la población joven—. Además, la mayoría de los que encuentran trabajo lo hacen en condiciones precarias y los costes del emprendimiento han hecho que muchos hayan tenido que emigrar fuera de las fronteras nacionales. Muy pocos se han beneficiado de una mejoría en su poder adquisitivo, dato que, junto al de la geografía del desempleo, será clave para explicar el voto en las presidenciales de 2017.

Para ampliar: “El nuevo mapa electoral francés: economía y voto en Francia”, Abel Gil Lobo en El Español, 2017

Fuente: Cartografía EOM
Fuente: Cartografía EOM

Muchos de los problemas que arrastra la economía gala tienen su origen décadas atrás, y ni la derecha —Les Républicains— ni la izquierda —Parti Socialiste— han sido capaces de darles solución. El último intento de reforma de gran calado fue el reajuste de las pensiones y la seguridad social con Jacques Chirac, allá por los 90, pero el intento fracasó debido a las huelgas masivas. Desde entonces, muy pocos lo han intentado: la agenda de reformas de Nicolas Sarkozy fue interrumpida por la crisis de 2007-2008 y el desastroso mandato de François Hollande provocó una caída en sus niveles de aprobación tal que se vio obligado a renunciar a su candidatura para la reelección —convirtiéndose en el primer presidente en la V República que lo hace— .

La reforma laboral de 2016, adoptada por el Gobierno de Valls, fue una de las medidas más impopulares —si no la que más— del pasado mandato, apoyada por la derecha pero denunciada y combatida por el ala izquierda del Partido Socialista y el resto de la izquierda, tanto en la calle como en las instituciones. ¿La respuesta del Gobierno? Responder a las protestas con violencia policial y recurrir al artículo 49.3 de la Constitución francesa para adoptar la reforma sin pasar por el Parlamento. Esto creó el caldo de cultivo para el nacimiento del llamado Nuit Débout, conocido por muchos como “el 15M francés”, aunque lo cierto es que es un movimiento organizado en torno a y en contra de la reforma laboral y los métodos para aprobarla. Poco a poco, fue llamando a una convergencia de luchas y constituyó un actor fundamental de cara a las elecciones de 2017.

“La temperatura sube 49.3 ºC”. Fuente: Libération

Sin embargo, las causas del malestar van más allá de la pérdida de oportunidades y el empeoramiento de las condiciones de vida. Desde enero de 2015, fecha del atentado en la oficina de la revista Charlie Hebdo, se han sucedido 23 ataques terroristas en toda Francia, la mayoría de origen islamista, con un saldo de unas 242 víctimas mortales y 858 heridos, más que en los últimos cien años. Esto ha llevado a los ciudadanos franceses a vivir bajo un estado de emergencia y expuestos a una fractura cultural en un país que tiene la mayor comunidad musulmana de Europa.

Para ampliar: Línea cronológica de los atentados ocurridos hasta julio de 2016, BBC

Fuente: Cartografía EOM

Así, las cuestiones en torno a la seguridad y la inmigración han saltado al primer plano de la política y la campaña electoral francesas. Lo que está claro es que estos son temas que requieren un consenso nacional, una política de Estado, cosa difícil en un escenario en el que el miedo, la percepción de inseguridad y la falta de soluciones han provocado el aumento de las posiciones nacionalistas y la islamofobia.

No son pocos los ingredientes para determinar por qué el terrorismo es un tema tan sensible en Francia, y hasta qué punto está haciendo mella en su sociedad. En el otro lado de la balanza, encontramos a una población inmigrante mayoritariamente musulmana desprotegida frente al impacto de la crisis, apartada de la política, del acceso a los servicios públicos y estigmatizada como consecuencia de la acción terrorista. Algo que, por un lado, constituye un nido de abstención favorable al avance de la extrema-derecha, y por otro, es tierra fértil de cultivo para la radicalización.

Fuente: Cartografía EOM

La transformación del Frente Nacional

Es en este contexto donde debemos entender el auge del Frente Nacional desde que Marine Le Pen, hija de Jean-Marie, arrebató a este las riendas del partido en las primarias de 2011. ¿A qué se debe su auge? Parece cierto que las fracturas sociales y la conflictividad son un terreno en el que “el primer partido de Francia” se desenvuelve bien, sobre todo en aquella que incide en la división entre lo nacional y lo extranjero. Pero no es solo eso: que el Frente Nacional haya sido el partido favorito en las encuestas desde 2015 se debe principalmente a la reconducción de la estrategia y la renovación de la imagen de la organización.

Marine Le Pen comprendió que las palabras son fundamentales en política y que si quería transformar al Frente Nacional de una fuerza de protesta a una fuerza gobernante debía normalizarse, mimetizarse, pasar de ser la imagen de los exmilitantes contra la independencia de Argelia, la estética skinhead y el ultracatolicismo a ser la imagen del pueblo, de la clase media y trabajadora, de “la Francia de los olvidados”.

Para ampliar: “Les mille et une voies du vote Front national”, Libération, 2017

Le Pen se propuso luchar contra todo aquello de lo que su partido podía ser tachado fácilmente —antidemócrata, xenófobo, racista— y le dio la vuelta a las palabras; se postuló como la defensora de la democracia frente al autoritarismo del mercado y de la prevalencia de “lo nacional” frente a la “inmigración descontrolada” y los poderes europeos.

Su capacidad para poner a la defensiva a sus contrincantes durante los debates hizo el resto. El Frente Nacional se convirtió en la tercera fuerza más votada en las regionales de 2015 con seis millones de votos y un tejido local que lo prepararía para la convocatoria de 2017. Hoy por hoy, el partido de Le Pen tiene once alcaldes y cerca de 1.500 consejeros municipales, un récord en la historia de la formación.

Fuente: Cartografía EOM

Desde entonces la popularidad del Frente Nacional no ha dejado de subir hasta figurar como favorito en las encuestas sobre la intención de voto. Y, pese a lo ajustado de la carrera presidencial, todo apuntaba a que la formación pasaría a la segunda ronda de las presidenciales, aunque no como “el primer partido de Francia”. Aun así, el Frente Nacional es hoy la fuerza preferida de casi 7,7 millones de votantes —el 21,30 % del voto—.

Fuente: Cartografía EOM

El resto de los actores para el Elíseo

Lo que es evidente es que esta ha sido una campaña extraordinaria en la política francesa, la antesala de un escenario completamente nuevo. Por primera vez desde el establecimiento de la V República, había cuatro fuerzas disputándose la presidencia, con escasas posibilidades de que François Fillon, el candidato republicano —que permanece aún bajo investigación judicial por cargos de corrupción—, pasara a la segunda vuelta y nulas posibilidades de que lo hiciera Benoît Hamon, perteneciente al ala izquierda del Partido Socialista.

Para ampliar: “French elections: all you need to know”, The Guardian, 2017

¿De dónde surgen los demás partidos? No todo el voto de la ira y el descontento lo capta Le Pen. Frente a su electorado, encontramos toda una sociedad indignada o desencantada con la política. Por un lado, está Francia Insumisa, una fuerza situada a la izquierda del Partido Socialista y nutrida de jóvenes, trabajadores y exsocialistas. El partido de Mélénchon carga contra el sistema y los privilegios de la clase dominante en favor de las clases populares afectadas por la crisis y la soberanía frente a una Europa que mira con escepticismo. Días antes de la primera vuelta, Mélénchon accedió al tercer puesto en las encuestas en un giro inesperado de la carrera, pero se revelaría incapaz de superar a la primera fuerza de la clase obrera —la abstención— y quedaría en un cuarto puesto, por detrás del republicano.

Solo queda hablar de Emmanuel Macron y su En Marche!, el candidato que ha acabado por enfrentarse a Le Pen en mayo y que, con mayor probabilidad, se convertirá en el nuevo presidente de la Vièmè République. Así lo reflejan las encuestas y la extensión de los apoyos procedentes de otras formaciones y organismos internacionales. Macron —exbanquero y exministro de Economía con Hollande— es el líder de un partido independiente situado en el centro ideológico del tablero francés. Renunció a su puesto en el Gobierno para liderar un movimiento primero social y luego político que se presentaría con propuestas económicas de corte liberal y posiciones sociales progresistas. Una de sus frases más repetidas en los mítines es “Je vous aime!” —“¡Os quiero!”—, un cierto desafío a lo que para él representa el Frente Nacional.

No se equivoca Le Pen cuando dice que Macron es un candidato afín al sistema, un aliado de los mercados y de Europa. Su discurso crítico con las élites tradicionales es solo un papel para una nueva cara. Macron representa a un electorado que, si bien atraviesa las generaciones, representa a las personas de mayores rentas y los habitantes de las regiones más prósperas. Con todo, los marcheurs han logrado configurarse como un fuerte contrapeso a los votantes del Frente Nacional y como la fuerza necesaria para la contención de la extrema derecha en Francia.

Para ampliar: “Emmanuel Macron, el banquero “antisistema” que llama a las puertas del Elíseo”, Enric Bonet en ctxt, 2017

Fuente: The Guardian

La tercera vuelta y el futuro de Francia

Con Le Pen aspirando a conservar su electorado de la primera ronda y a ganar algunos votos de abstencionistas, republicanos y votantes de Mélénchon que vean en ella una candidata insumisa, Macron no las tiene todas consigo a pesar de que a priori tiene más apoyos.

Sin embargo, aunque la candidata lograra sorprender en mayo y convertirse en presidenta, lo más probable es que no consiguiera los apoyos necesarios en la Asamblea Nacional. La llamada tercera vuelta, las legislativas de junio, también se realiza en dos rondas, un sistema implantado en Francia precisamente para contener el ascenso al poder de la extrema derecha; por ello Jean-Marie Le Pen no ganó la presidencia en 2002 y el Frente Nacional quedó tercera fuerza en las regionales de 2015. De ganar en mayo, ¿cuánta capacidad de arrastre le quedaría a Le Pen en junio?

Si el Frente Nacional no obtuviera mayoría en la Asamblea, el poder ya no recaería en Le Pen. El sistema político francés está diseñado de forma que, cuando el presidente y el primer ministro son de distinto color político, se generan dinámicas de cohabitación y situaciones en las que hay una clara división de poderes entre ambas instituciones ejecutivas. Así, el poder que de facto posee el presidente en la política interior cuando tiene mayoría en la Asamblea se desvanece. La reforma de la presidencia francesa —de los siete a los cinco años— del año 2000 se adoptó precisamente para evitar esta situación.

Con todo, si los pronósticos se cumplen y Macron se convierte en el nuevo presidente de la república, deberá enfrentar el reto de recomponer la fragmentada sociedad francesa y crear nuevos consensos en torno a cuestiones tan importantes como el empleo y las ayudas sociales, la inmigración, la seguridad o la posición de Francia frente a Europa. Lo cierto es que, aunque Le Pen no gane la segunda vuelta, los problemas que expone y explota en sus discursos no van a desaparecer. De no lograr ciertos acuerdos en torno a estos temas, lo más probable es que la agitación y la polarización aumenten en la medida en que la extrema derecha consolide su avance, así como lo hagan las fuerzas que la contestan.

 

Acerca de Esther Miranda 10 Articles
Madrid, 1992. Grado en Relaciones Internacionales y Máster en Gobernanza y Derechos Humanos. Me interesan especialmente las cuestiones de género, identidades y fronteras. Twitter: @EstherMirandaZ

3 comentarios en De patrias, patrones y protestas: la Francia heredera de la crisis

  1. Buen artículo, pero encuentro a faltar algunas explicaciones más de fondo. La crisis económica y el terrorismo islamista no han hecho sino hacer emerger los problemas que Francia arrastra desde hace años: la fallida integración de la población inmigrante, y especialmente de los hijos y nietos nacidos en Francia – lo que merecería un artículo en sí mismo-; la crisis de un modelo económico con elevado intervencionismo estatal, protección social y clase obrera movilizada, que no va con el signo de estos tiempos dominados por el neoliberalismo, y también el pesimismo derivado de la pérdida de influencia de Francia en el mundo a nivel político, económico, cultueal y también militar. La autoestima francesa está baja, y los candidatos representan distintas respuestas a esta triple crisis: el repliegue nacional (FN) la asunción de la agenda neoliberal (EM) o la ruptura populista (Mélenchon). Fillon y Hamon, simplemente representan el continuismo y de ahí su fracaso.

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