La bandera negra de los hijos de octubre

Se cumplen cien años de la Revolución rusa y de uno de los episodios más oscurecidos por la historia: la revolución majnovista en Ucrania. Las mismas tierras que hoy sufren los estragos de la guerra experimentaron, durante un breve e intenso periodo, el desarrollo de un verdadero orden social libertario, conquistado por la insurrección de los campesinos.

El sinsentido de una guerra suele mostrarse con toda su crudeza en las zonas grises, la tierra de los nadies, en los territorios que se encuentran atrapados entre dos bandos beligerantes. Desde comienzos de 2017, la ciudad de Avdiivka, situada en la autoproclamada República Popular de Donetsk, se ha convertido en el escenario de constantes descargas de artillería y armamento pesado —prohibido por los acuerdos de Minsk II— entre el Gobierno de Kiev y las fuerzas separatistas, en cuyas trincheras se intercambian tantos proyectiles como responsabilidades inconclusas.

En medio de estos intermitentes enfrentamientos —desde que estalló la guerra ya se han incumplido once altos el fuego— se encuentra la parte más castigada de todos los conflictos: la población civil, que, lejos de preocuparse por las elevadas cuestiones geopolíticas, se esfuerza por sobrevivir ante la ruina económica y la falta de oportunidades laborales. Mientras tanto, el Gobierno de Petró Poroshenko los asfixia militar y financieramente desde un extremo y, desde el otro, la Federación de Rusia aparece esporádicamente tanto como actor hostigador como edén prometido mientras la Unión Europea y Washington adoptan posiciones más o menos distanciadas según convenga a los intereses internacionales del momento.

Esta “marca geopolítica de Caín” ha venido determinando el devenir político e histórico de Ucrania desde la Primera Guerra Mundial debido a su situación geográfica y el interés por explotar sus recursos por parte de todos los bandos enfrentados. Pero a veces la Historia es un espejo incómodo de encarar por todo aquello que pudo ser y no fue. Hace cien años, Guliaipolé, una localidad que se encuentra a menos de 200 kilómetros de Avdiivka, se erigía como el centro nuclear del proyecto social libertario más extenso de la Historia reciente y pasó a formar parte de la simbología más rompedora de la tan cuestionada y confusa identidad nacional ucraniana.

Retrato de Néstor Majnó. Fuente: Wikimedia

La insurrección de los explotados

“Vencer o morir: he aquí lo que importa para los campesinos y obreros de Ucrania en el presente momento histórico. Pero no podemos morir todos; somos muchos, nosotros somos la humanidad. Por consiguiente, venceremos”. Cuando Néstor Majnó dirigía estas palabras a la masa de campesinos sublevados, Ucrania había quedado bajo control del Imperio alemán tras la firma del tratado de Brest-Litovsk entre la Rada ucraniana y las Potencias Centrales —y suscrito, poco después, por Lenin—.

Un mes después, los alemanes ocupantes daban un golpe de Estado y colocaron al frente del nuevo Gobierno al hetman zarista y conservador Pavló Skoropadski, que instauró una dictadura y abolió los derechos y libertades hasta entonces promulgados. Era 1918 y los campesinos y trabajadores ucranianos sufrían uno de los periodos más trágicos de su Historia: las tropas alemanas y austríacas, con la connivencia del hetmanato, saqueaban los víveres de los campesinos para mantener a sus milicias en el ocaso de la Primera Guerra Mundial. La experiencia de la Revolución de Octubre de 1917 y el anhelo de llevar la revolución social a un estadio integral alimentó el espíritu subversivo de la población más castigada.

Vídeo: “Néstor Makhno, campesino de Ucrania”, Hélène Chatelain, 1996

La insurrección se extendió rápidamente. Desde distintas aldeas, los campesinos se alzaron contra los terratenientes, los austríacos y los alemanes, que fueron expulsados, y se adueñaron de las tierras que una vez les habían pertenecido. En respuesta, el hetman ordenó fusilar y ahorcar a todos los trabajadores sublevados. Pero las represalias no hicieron sino extender aún más el movimiento. Hasta este momento, los campesinos insurrectos no se habían organizado como un solo grupo bajo una misma dirección, pero, ante la continuidad de las represalias del Gobierno, cada vez más severas, la unión de los sublevados se materializó en Guliaipolé, hogar de Néstor Majnó. En aquel momento, Majnó —que desde los 17 años había estado comprometido con la causa revolucionaria— fue elegido por el Comité Revolucionario como encargado de organizar los batallones de guerrilleros obreros y campesinos. El hetman y la burguesía local pusieron precio a su cabeza y las fuerzas militares ucranianas y alemanas quemaron la casa de su madre y fusilaron a su hermano Emelian.

Para ampliar: “Historia del movimiento Makhnovista (1918 -1921)”, Piotr Archinov, 1926

Bandera negra del Ejército Revolucionario Insurreccional de Ucrania. En ella puede leerse “Muerte a todos los que se interpongan en el camino de la libertad del pueblo trabajador”. Fuente: Timeline

Majnó y Lenin en el Kremlin. De vuelta a Guliaipolé

En junio de 1918 Majnó viajó hasta Moscú para entrevistarse con los militantes anarquistas y aprender sobre sus métodos de organización. Allí se reunió con Piotr Archinov, antiguo compañero anarquista que había conocido en la prisión de Butyrki, en Moscú, antes de ser liberados por la amnistía concedida por el Gobierno provisional tras la Revolución de Febrero. También se entrevistó con el teórico Piotr Kropotkin, que un año después expresó: “Digan de mi parte al camarada Majnó que tenga cuidado consigo mismo, porque no hay muchos hombres como él en Rusia”.

Vídeo: “Crónica de la ciudad de Ekaterinoslav en 1917 – 1918” (imágenes de archivo)

El encuentro más intenso tuvo lugar en el Kremlin, donde Yákov Sverdlov organizó una conversación entre el líder del sector bolchevique, Lenin, y Majnó. En sus escritos, el batko —‘padre’— Majnó rememora cómo se plasmaron en aquella entrevista dos visiones enfrentadas de la realidad cuando el líder soviético le dijo: “La mayoría de los anarquistas piensan y escriben sobre el porvenir sin entender el presente. Esto es lo que nos separa a nosotros, los comunistas, de los anarquistas”.

En julio, desencantado tras su breve estancia en Moscú, “donde moría la revolución en el torbellino de la política del poder”, Majnó volvió a Guliaipolé con la decisión de llevar la insurrección campesina hasta las últimas consecuencias. Fue entonces cuando organizó una compañía revolucionaria militar que, en ciudades y aldeas, debía cumplir dos objetivos: por un lado, desarrollar operaciones de guerrillas contra los terratenientes y el hetman y, por otro, llevar a cabo un trabajo directo de propaganda y agitación entre los campesinos. Los trabajadores insurrectos aplicaron estos principios sometiendo a sus enemigos y arrasando las viviendas de los propietarios ricos.

Para ampliar: “Néstor Majnó: el hombre y el mito” (en inglés)

Fuente: Cartografía EOM
Población afectada por el conflicto actual en el este de Ucrania. Fuente: Reliefweb

La petliurovschina

11 de noviembre de 1918. Mientras los campesinos alzaban la bandera negra libertaria en el sur del país, Alemania caía derrotada en el Frente Occidental y solicitaba el armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial al tener que replegarse de Kiev. Dos días después, los opositores del hetman Skoropadski, con Simón Petliura al frente de las fuerzas armadas, proclamaron la restauración de la República Popular Ucraniana. En aquel momento, los partidarios de Petliura consideraban a la majnovischina como un movimiento poco importante en la revolución del país y esperaban atraerlos y ponerlos bajo su control. Preguntado por los dirigentes petliuristas acerca de la nueva situación del país, Majnó respondió que, en su opinión, la petliurovschina era un movimiento de la burguesía nacionalista ucraniana y que “Ucrania debía ser organizada sobre la base del trabajo libre y de la independencia de obreros y campesinos de todo poder político”.

Para ampliar: “Néstor Majnó: el fracaso del anarquismo” (en inglés), Mick Armstrong en Marxist Left Review, 2016

En aquel periodo, la revolución de los campesinos de Guliaipolé se encontraba en su momento de mayor desarrollo. Hasta junio de 1919, los trabajadores insurrectos vivieron sin ningún poder político y crearon nuevas fórmulas de orden social: las comunas del trabajo libre y los sóviets libres de los trabajadores. La primera de aquellas comunas, cerca de la aldea Pokróvskoye, recibió el nombre de Rosa Luxemburgo.

Tras el derrocamiento de Alemania, Lenin, por su parte, declaró nulo el tratado de Brest-Litovsk e invadió nuevamente Ucrania.  Poco tiempo después, a finales de enero de 1919, los bolcheviques lanzaron un ataque general en el este y el centro del país, y a principios de febrero Kiev cayó en manos del Ejército Rojo. Días más tarde, Majnó partió hacia Ekaterinoslav —actual Dnipropetrovsk— para luchar contra las fuerzas petliuristas y las del Ejército Blanco, comandadas por Antón Denikin, para lo cual contó con el apoyo de las tropas bolcheviques, que le habían ofrecido estar al mando de los destacamentos de guerrilleros. Tras una breve victoria, los ejércitos de Petliura volvieron a hacerse con el control de la ciudad y en dos ocasiones intentaron realizar atentados contra Majnó.

Para ampliar:Mi mayor desilusión con Rusia”, Emma Goldman, 2012

Para hacer frente a la amenaza de las fuerzas contrarrevolucionarias en las tierras libres de todo poder, los campesinos crearon los congresos regionales de los campesinos, obreros y guerrilleros. El primero de ellos se celebró el 23 de enero de 1919 para debatir el peligro que representaban Petliura y Denikin. El segundo se reunió el 12 de febrero en Guliaipolé cuando 20.000 combatientes voluntarios engrosaban las filas del ejército de los revolucionarios majnovistas. En aquel encuentro se creó el Consejo Militar Revolucionario Regional, el órgano ejecutor de las decisiones tomadas por el congreso en todo el Territorio Libre.

Néstor Majnó con algunos combatientes del Ejército Revolucionario Insurgente de Ucrania en 1919. Fuente: VK

Un mes después, los comandantes bolcheviques ofrecieron a Majnó la posibilidad de unir ambos ejércitos para hacer frente al enemigo común: Denikin y su Ejército Blanco. A pesar de las reconocidas diferencias ideológicas, el ejército majnovista accedió y, temporalmente, se convirtió en parte del Ejército Rojo, aunque con condiciones. La majnovischina estaba organizada de acuerdo a tres principios fundamentales: la voluntariedad, el principio electoral —de cuestionable veracidad práctica— y la autodisciplina. Además, se acordó, entre otras condiciones, que los combatientes majnovistas debían recibir el mismo número de municiones y de víveres que los bolcheviques.

Para ampliar: La revolución desconocida, M. Eichenbaum, Volin, 1977

Pero estos últimos apuntaban a otros fines. En realidad, el objetivo del Ejército Rojo —percibido con gran recelo por trabajadores y campesinos— era absorber a los batallones majnovistas. Por ello, desde el Gobierno central se empezó a desplegar todo un aparataje propagandístico y de agitación contra la majnovischina. Los territorios libres fueron bloqueados, todos los militantes que salían o se dirigían a Guliaipolé eran arrestados por el camino, las municiones y víveres pactados anteriormente dejaron de llegar a las filas majnovistas y desde los periódicos del partido se demonizaba y amenazaba al movimiento de Majnó.

La declaración oficial de la ofensiva bolchevique llegó tras la celebración del Tercer Congreso Regional, celebrado el 10 de abril de 1919, cuando el comandante de la división bolchevique, Pável Dybenko, declaró que el Consejo Militar Revolucionario era, en realidad, contrarrevolucionario y sus organizadores debían quedar fuera de la ley. En adelante, declaraba, las decisiones gubernamentales de la región pasarían a ser competencia del Sóviet Militar Revolucionario de los Obreros y Campesinos Insurgentes, con los comunistas al mando. En respuesta, el Consejo Militar de Guliaipolé envió a Dybenko un texto que concluía: “El Consejo no se desviará, a pesar de todas vuestras amenazas, de los deberes que le han encargado, porque no tiene derecho a ello y ustedes tampoco lo tienen para usurpar los derechos del pueblo”.

El cisma entre los libertarios majnovistas y el sector bolchevique era ya un hecho.

Grupo de combatientes del Ejército Revolucionario Insurgente de Ucrania. Fuente: WorldHistoryWar1

Para ampliar: “Anarquismo en la patria de Néstor Majnó: aventuras de la bandera roja y negra” (en inglés), Denys Gorbach en openDemocracy, 2015

Agresión de las tropas bolcheviques

Hacia mayo de aquel año, León Trotski —entonces presidente del Consejo Militar Revolucionario de la República— visitó Ucrania y en el periódico V. Puti publicó: “Todos los discursos de los majnovistas y de los anarquistas sobre la comuna libre de los trabajadores no equivalían más que a un engaño de guerra, mientras que en realidad los majnovistas y los anarquistas aspiraban a introducir su propia autoridad anarquista, que, a fin de cuentas, iría a parar a los kulaks”.

Para ampliar: “El mito de Majnó” (en inglés), Jason Yanowitz en International Socialist Review, 2015

Simultáneamente, el envío de municiones y de materiales para las tropas de Majnó se detuvo completamente y quienes querían introducirse en la región, atraídos por la revolución, eran detenidos. En aquel momento, las tropas de Denikin recibían refuerzos por parte de los cosacos del Kuban y de los destacamentos de combatientes del Cáucaso. El territorio libre estaba, pues, amenazado desde dos frentes. Ante la urgencia del momento, el Consejo Revolucionario de Guliaipolé convocó un congreso extraordinario que debía determinar las acciones inmediatas para hacer frente a la situación.

El 14 de junio de ese mismo año Trotski, reaccionando a la celebración del consejo extraordinario, publicó la orden n.º 1824, en la que prohibía la reunión y advertía de que todos los majnovistas serían detenidos. Esta orden adquirió fuerza de ley por vía telegráfica, aunque no fue comunicada por parte de las autoridades soviéticas a los campesinos hasta tres días después. Además, dio orden secreta de apoderarse de Néstor Majnó y de los miembros del movimiento para llevarlos ante un consejo de guerra y condenarlos a muerte.

Para ampliar: “El proyecto revolucionario neo-majnovista en Ucrania” (en inglés), Michael Schmidt, 2014

Néstor Majnó (centro) con Simon Karetnik (detrás, con el mismo sombrero) y Fiodor Shuss (derecha) en 1919. Fuente: Wikimedia

En medio de estas tensiones con el frente bolchevique, los peores augurios de los campesinos revolucionarios se cumplieron. Denikin y sus tropas atacaron Guliaipolé y el batallón majnovista tuvo que hacerle frente con toda suerte de primitivos utensilios: hachas, picos y fusiles de caza. Murieron casi todos los combatientes revolucionarios. Guliaipolé fue ocupada por los cosacos el 6 de junio.

Al día siguiente, batko Majnó reunió a un grupo de soldados voluntarios y consiguió desalojar al enemigo, pero esta breve victoria duró hasta que una nueva ola de cosacos volvió a hacerse con el control de la ciudad. Sorprendentemente, el Ejército Rojo envió el mismo 7 de junio un tren blindado a las tropas majnovistas y algunos destacamentos para alentarlos a la resistencia. Sin embargo, al mismo tiempo, el mariscal Kliment Voroshílov había recibido órdenes de Trotski de apresar a Majnó y al resto de jefes de la majnovischina, desarmar a los insurrectos y fusilar a quienes se resistieran. Por todo ello, Majnó tomó la decisión de abandonar su puesto como comandante de la insurrección en vista de los prejuicios que podía suponer para la revolución. “Supongo que, hecho esto, las autoridades centrales cesarán de lanzar sobre mí y sobre los guerrilleros la sospecha de tramar conspiraciones antisoviéticas y acabarán por considerar la insurrección de Ucrania desde un serio punto de vista revolucionario”, escribiría Batko en una carta a Voroshílov.

Un mes más tarde, Ekaterinoslav y Járkov —capital de la República Socialista Soviética de Ucrania— cayeron en manos de Denikin y el Ejército Rojo se ocupó no de la defensa del país, sino de la evacuación de sus tropas.

Para ampliar: “Nabat, Plataforma de Archinov y Makhno. Síntesis de Volin y Faure”. Fundación Besnard, 2006

Los ejércitos de Majnó fueron seguidos por cientos de familias que veían cómo sus hogares eran arrasados por el Ejército Blanco, el cual, además, dado su marcado antisemitismo, violaba sistemáticamente a las mujeres hebreas. Pero los cambios se apresuraron en favor de los revolucionarios. Las tropas del Ejército Rojo que aún quedaban en Ucrania se sentían avergonzadas por la retirada de los bolcheviques, y por ello decidieron unirse a Majnó para enfrentar a Denikin. Aun así, las fuerzas denikianas fueron reforzadas con nuevas tropas que llegaban de los frentes de Odessa y de Voznesensk. El círculo de aniquilamiento se estrechaba cada vez sobre la Majnovischina, que huyó durante dos meses de aldea en aldea a través de caminos vecinales.

Del triunfo histórico al final de la revolución

La huida de las tropas revolucionarias se detuvo en la ciudad de Uman el 25 de septiembre. Las tropas majnovistas, distribuidas a lo largo de diversas aldeas, iniciaron un combate encarnizado y desigual contra las tropas de Denikin que duró desde las tres de la madrugada hasta las ocho de la tarde del día siguiente. Pero entre los combatientes nadie encontraba a Majnó.

Desde una perspectiva, cuando menos, romántica, las crónicas de Arshinov cuentan cómo en el momento más difícil de la batalla, cuando parecía que la causa estaba perdida, el sonido de las ametralladoras cesó ante la perplejidad de los guerrilleros. Desde el frente enemigo apareció la figura de Néstor Majnó seguido por un grupo de jinetes, que, armados con sables, consiguieron que las tropas de Denikin se retiraran hacia el río Dnieper, donde perecieron ahogados. La majnovischina había logrado una victoria histórica contra el enemigo contrarrevolucionario.

Anarquía, canción escrita por Majnó

El regocijo por la victoria no tardó en disiparse ante la continuidad de las afrentas bolcheviques, que una vez más intentaron asesinar a Majnó y continuaron difamando contra la majnovischina. Aun así, ambos frentes alcanzaron un nuevo acuerdo para derrocar la ofensiva del Ejército Blanco de Piotr Wrangel. Esto sucedió a mediados de noviembre de 1920. El 26 de noviembre, a las tres de la madrugada, los representantes majnovistas fueron detenidos en Járkov, y la misma suerte corrieron todos los anarquistas de Ucrania. Por la mañana, Guliaipolé fue ocupada y bombardeada por el Ejército Rojo. Esta fue la tercera alianza traicionada por los bolcheviques.

Para ampliar. “Acuerdo de los machnovistas con el gobierno de los soviets. Tercera agresión de los bolcheviques”, Piotr Archinov

A pesar de que Majnó consiguió reunir numerosos destacamentos de guerrilleros, contaba con apenas 3.000 hombres frente a un ejército cincuenta veces más grande. La derrota de la majnovischina había llegado.

No se sabe con absoluta certeza historiográfica cómo fueron los últimos días de Néstor Majnó en París, donde murió tuberculoso y sumido en la pobreza después de haberse exiliado en Rumanía, Polonia y Danzing. El historiador Alexander Berkman apunta a que, en sus últimos momentos, Majnó soñaba con volver a su tierra natal y escribir desde allí su última honra a los campesinos de la Ucrania insurgente: “Es nuestro deber revolucionario alzar nuestras voces una vez más para gritar sobre las fronteras de la URSS: ‘¡Dad a los hijos de octubre su libertad, devolvedles su derecho a organizarse y propagar sus ideas!’”.

Última fotografía de Majnó. Fuente: All-Biography
Acerca de Jimena García 4 Articles
Madrid, 1992. Graduada como juntaletras por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente estudiando Ciencias Políticas. Interesada en asuntos de derechos humanos y también en inteligencia y seguridad internacional. Con la vista puesta en Rusia y en la vasta región del Cáucaso. Twitter: @jim_flaneuse

2 comentarios en La bandera negra de los hijos de octubre

  1. Muy buen artículo, había leído algo sobre Majnó en la Wikipedia. Que lástima que la brecha existente entre socialismo y comunismo libertario no permitiera una Revolución de Octubre más auténtica.

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