El terror climático en el Cuerno de África

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El cambio climático es una cuestión que está cobrando gran importancia con el paso de los años. Se le considera el culpable de la magnitud de los últimos grandes fenómenos meteorológicos que han afectado intensamente al Cuerno de África. Este artículo muestra la relación entre las migraciones que tienen lugar en esta zona y el fenómeno también conocido como terror climático. 

El Cuerno de África, territorio de obstáculos

África es conocida por ser la región más pobre del planeta y por ser cuna histórica de decenas de enfermedades y epidemias. También por acoger, aún en la actualidad, cruentas guerras civiles, inimaginables ahora dentro de los países considerados más desarrollados. A este infausto listado se le suma una cuestión que en los últimos lustros está cobrando protagonismo: el cambio climático.

La creciente preocupación de las sociedades occidentales en lo que se refiere a este fenómeno entra en conflicto, sin embargo, con otras voces que no dudan en mostrar su escepticismo. Pero el cambio climático resulta ser una realidad que se significa, por ejemplo, en las fuertes sequías e inundaciones que se suceden año tras año y que afectan con especial crudeza al África subsahariana y el Cuerno de África. Esta denominación corresponde al conjunto de países del África oriental, lo que incluye a Somalia, Yibuti, Eritrea y Etiopía.

Algunos de los rasgos que caracterizan a estos Estados son el aumento constante de la población, la existencia de amplias zonas rurales de difícil cultivo, la deficiencia o inexistencia de infraestructuras apropiadas o los conflictos políticos que generan inseguridad para la vida de sus habitantes. Estos son elementos que dificultan la resolución de los problemas que traen consigo los desastres naturales. Ante tal escenario, cabe plantearse si el cambio climático influye en la forma de vida de los habitantes de las zonas rurales de la región.

Especial atención merece, por su gravedad, el estudio de los movimientos migratorios derivados del cambio climático. Las migraciones circulares o estacionales han formado parte de la historia del continente incluso antes de la época colonizadora, lo que ha permitido a las comunidades pastorales adaptarse al medio según las necesidades. Entonces, ¿hasta qué punto el cambio climático es hoy el causante, acelerador o impulsor de tal realidad?

Llegado el punto, cabe reseñar que en la actualidad existen dos términos asumidos internacionalmente que tratan de definir y aludir a los protagonistas de la cuestión. Por una parte, el Programa de la Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha popularizado el concepto de refugiados medioambientales, definidos como “aquellas personas que se ven forzadas a abandonar temporal o permanentemente su entorno a consecuencia de un fuerte deterioro de ese entorno (por causas naturales o humanas), por lo que su existencia y/o su calidad de vida se ven seriamente perturbadas”.

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en cambio, alude a personas internamente desplazadas (IDP por sus siglas en inglés), sin entrar a valorar elementos de carácter subjetivo como la calidad de vida. La institución se centra en criterios objetivos, basados en hechos perceptibles, diferenciando entre migraciones temporales y permanentes, entre sudden —‘repentinos’— y slow onset —surgidos lentamente, a largo plazo— y entre migración a escala internacional y nacional.

El Niño, La Niña y Etiopía

El Niño es un fenómeno natural que, según la NASA, ocurre con una periodicidad de entre dos y siete años. Afecta a buena parte del mundo, desde Argentina hasta las islas de Indonesia pasando por el Cuerno de África. Los patrones de El Niño, que comenzaron a aflorar en mayo de 2015, se han asemejado a aquellos que se vivieron entre 1997 y 1998, cuando se lo calificó de “fenómeno monstruoso”. A pesar de las sorprendentes similitudes, los efectos de este último se han considerado los más potentes jamás registrados, con una gran repercusión sobre las plantas marinas y su consecuente impacto en especies animales en empresas relacionadas con la pesca.

El caso de Etiopía, coincidiendo con el fenómeno de El Niño, ha sido considerado como un código rojo. La situación, de máxima emergencia, ha sumido al país en su sequía más importante de los últimos 30 años. A los efectos residuales derivados de importantes sequías anteriores, como la que tuvo lugar a lo largo de 2011, se le ha sumado la inexistencia de lluvias durante dos años seguidos. De acuerdo con el Centro de Seguimiento para los Desplazados Internos (IDMC por sus siglas en inglés), son más de 400.000 los IDP en Etiopía, de los cuales alrededor de un cuarto se movilizaron a partir del 2015 debido a estos desastres naturales.

El círculo vicioso comienza con el incremento de la aridez de las tierras. En ellas apenas pueden crecer plantas, escasas cosechas pueden dar fruto y poco ganado puede pastar. Sin reses bien alimentadas ni cosechas, no hay leche, carne ni cereales para proporcionar a las familias. En un país en el que el autoabastecimiento es la principal forma de vida y con un 80% de la población trabajando en el sector primario —sobre todo en la agricultura—, el resultado es una importante escasez de recursos que condena a miles de familias a abandonar su hogar huyendo de la hambruna y las enfermedades.

Situación de inseguridad alimentaria en Etiopía según zonas entre enero y marzo de 2016. Fuente: Fews Net

Casi diez millones de etíopes —prácticamente un 10% de la población— se encuentran en situación de inseguridad alimentaria; de ellos, unos 450.000 son niños en riesgo de malnutrición severa. La poca productividad de los cultivos junto con el encarecimiento de los productos básicos por falta de provisiones complica la adquisición de alimentos. Para más inri, la gran sequía derivada de la inexistencia de lluvias provoca la deforestación de los terrenos, así como brotes de enfermedades como el sarampión.

Pero el peligro no acaba aquí. Se estima que los coletazos de El Niño pueden durar hasta doce meses y manifestarse en forma de sequías y lluvias torrenciales. Además, hay alrededor de un 75% de posibilidades de que La Niña, el fenómeno más destructivo junto con El Niño, se presente a finales de 2016 con nuevas grandes sequías y débiles o incluso inexistentes lluvias a lo largo de 2017. El resultado, fácil de prever, sería un agravamiento de la situación actual de hambruna.

Una amalgama de iniciativas gubernamentales

Gran cantidad de convenciones, cumbres, iniciativas y acuerdos, tanto regionales como internacionales, han tratado de solucionar estos problemas. Su existencia refleja la importancia de la magnitud de los desastres naturales, así como la conciencia internacional ante ellos. Organizaciones supranacionales como Naciones Unidas, junto con los Estados soberanos, han creado un marco orientativo de políticas de actuación ante los desplazamientos derivados de estos fenómenos y ante el propio cambio climático.

En el plano internacional, la denominada iniciativa Nansen fue puesta en marcha en 2012 gracias a los esfuerzos iniciales de Noruega y Suiza. En ella, tanto la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) como los Estados soberanos se reúnen en consultas en diferentes partes del mundo con el objetivo de proteger a aquellos desplazados ante catástrofes naturales. Gracias a la aportación de expertos investigadores, la iniciativa fomenta crear una base más sólida de conocimiento que permita a los Estados afrontar las situaciones de emergencia con mayor eficacia.

Esquema global de los principales puntos de actuación de la iniciativa. Fuente: Iniciativa Nansen

En concreto, la consulta regional para el Cuerno de África tuvo lugar en Kenia en 2014. Aunque el mayor evento meteorológico que se tuvo en cuenta en aquel momento fue la sequía sufrida en Somalia en 2011, las propuestas de cambio e intercambio de ideas hacían referencia al conjunto del Cuerno y al movimiento de personas dentro y entre los países de la zona.

Desde una perspectiva más regional, la Convención de la Unión Africana para la Protección y Asistencia de los Desplazados Internos o Convención de Kampala fue adoptada en octubre de 2009. Su principal finalidad es la protección de los derechos de aquellas personas que se han visto forzadas a desplazarse por conflictos violentos, desastres naturales o violaciones de derechos humanos tanto en el plano nacional como internacional. Pretende establecer un marco legal común para la cooperación interestatal con obligaciones recíprocas de asistencia humanitaria y protección a los desplazados.

Aunque esta convención debe tenerse en cuenta incluso ante situaciones de emergencia nacional, el Derecho internacional obliga a su ratificación —y no únicamente a su firma— para tener así un carácter obligatorio hacia los Estados firmantes. Etiopía firmó el documento en 2009, pero nunca ha llegado a ratificarlo, por lo que sus preceptos no le suponen una obligación jurídica. Esto implica que, a la hora de la verdad, es difícil saber con exactitud la repercusión real de los acuerdos internacionales y regionales. Su alcance disminuye ante la inviolabilidad de la soberanía estatal, por la cual un Estado tiene derecho a que otros no se inmiscuyan en sus cuestiones internas. Un buen ejemplo de este hecho es la participación en la Convención de Kampala: de los 54 Estados que componen la Unión Africana, únicamente 40 han firmado el documento y 25 de ellos lo han ratificado. Puede que la inestabilidad de los Gobiernos y los regímenes autocráticos establecidos, así como la desconfianza y las luchas de poder en los Estados africanos, juegue un papel importante en esta historia.

Más allá del cambio climático

Todos los hechos mencionados acerca del cambio climático y sus efectos, así como las soluciones propuestas para combatirlo, deben ser considerados con detenimiento, ya que está en riesgo la vida de millones de personas tanto en Etiopía como en las zonas que lo rodean. Pero existen otros factores que tener en cuenta al evaluar la conexión entre los fenómenos meteorológicos como El Niño y la respuesta migratoria de la población.

Considerado el país independiente más antiguo de África, Etiopía dispone de una forma de Gobierno característica. Constituido como una república federal democrática, el país está dividido en nueve regiones administrativas por etnias y dos ciudades con regímenes autónomos. La amplia variedad de etnias junto con su cultura, religión y las más de cien lenguas habladas en el país han supuesto en ocasiones disputas entre los diversos grupos que han derivado en movimientos migratorios en aquellas regiones donde las diferencias eran más polémicas.

Mapa de las divisiones administrativas dentro de Etiopía según la etnia. Fuente: ReliefWeb

Por las características que la definen, África ha sido considerada el continente de las movilidades y el nomadismo por antonomasia. Pero el tipo de migración medioambiental que tiene lugar en Etiopía, así como en los países de alrededor, es particular. Se trata de migraciones internas temporales según los fenómenos meteorológicos que acontecen cada año, movimientos circulares de retorno en los que sus participantes tratan de regresar al lugar de origen. Además, la opción de migrar se contempla tras haber intentado otras formas de adaptación y tras el intento de supervivencia con la ayuda humanitaria recibida.

En el plano trasfronterizo, Etiopía recibe una importante cifra de refugiados procedentes de países vecinos debido a los conflictos violentos que se han ido sucediendo en la región. De acuerdo con Acnur, a mediados de 2016 eran casi 750.000 las personas registradas como refugiadas procedentes de Sudán del Sur, Somalia, Eritrea o Sudán, entre otros. A pesar de que la población en Etiopía es de casi cien millones de personas, la cifra de refugiados no es ni mucho menos indiferente. De hecho, el constante crecimiento de la población etíope plantea un importante reto para la subsistencia de miles de familias en el país que compiten por alimentos, agua y trabajo.

Número de refugiados y solicitantes de asilo en Etiopía según zonas (julio 2016). Fuente: UNHCR

Aunque es harto complicado saber con certeza el porcentaje de población etíope que se dedica a la práctica del pastoreo, la cifra se calcula en 15 millones, es decir, en torno a un 14% de la población total. En el pastoreo nómada participan individuos de características diversas y pertenecientes a distintas comunidades. Son estas divergencias las que hacen cada vez más complejo el cultivo basado en los saberes indígenas y el intercambio verbal de conocimientos, habitualmente insuficientes.

Todas estas particularidades evidencian que los eventos meteorológicos no son la razón única y principal por la que los movimientos migratorios se han sucedido en Etiopía a lo largo de los años. Los factores sociales y económicos también obligan a la población a buscar un lugar más seguro y estable.

Para ampliar: “Etiopía y el despertar del león africano”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2016

Rutas globales para instar al cambio

El aumento de la intensidad de fenómenos como El Niño es una de las consecuencias del cambio climático, que responde a su vez al incremento de la temperatura media de la Tierra. En este sentido, parece que el cambio climático no se va a mostrar tanto mediante pequeños cambios durante periodos prolongados de tiempo, sino que se va a concentrar en episodios más extremos e impredecibles.

La realidad también muestra que hay otros elementos de gran importancia que deben tenerse en cuenta al evaluar la situación de crisis. La falta de recursos naturales obliga desde hace siglos a los agricultores a recorrer los vastos terrenos áridos en busca de buenos cultivos. Además, los conflictos violentos y la ineficacia de las instituciones son también causantes de los movimientos migratorios internos e internacionales en países como Etiopía.

El denominado terror climático tendría entonces un efecto multiplicador sobre estos factores económicos, políticos y sociales, pero no un impacto directo. Por ello, se puede considerar las migraciones medioambientales un hecho que forma parte de la historia del Cuerno de África. Las variadas formas de movilización son realmente una estrategia de diversificación como respuesta a situaciones de gran vulnerabilidad.

Los múltiples retos que hay que afrontar multiplican, si cabe, la necesidad de buscar nuevas formas de abordar la situación. Organizaciones no gubernamentales ya apuestan por nuevas formas de organización empresarial agrícola como la agricultura sostenible, implantada en Etiopía. Su sistema se basa en una mejor gestión del agua, así como una cuidada elección de las semillas cultivables según la época y el lugar. Además, los sistemas de cooperativas se fomentan entre las comunidades agrícolas, ya que fomentan aprender mejores técnicas de cultivo y venta de género.

La Conferencia de las Naciones Unidas para el Cambio Climático que tuvo lugar en París a finales de 2015 es la primera gran cumbre mundial organizada con este propósito. Con la imposición de medidas a corto, medio y largo plazo, los Estados se comprometen a reducir la temperatura de la Tierra mediante la disminución de emisiones, así como a incrementar sus aportaciones económicas a los países subdesarrollados más afectados.

Puntos clave en la XXI Conferencia sobre el Cambio Climático en París (2015). Fuente: La Razón

Es complicado determinar si todas las variaciones en las tendencias son consecuencia de la actuación del hombre o se derivan en cambio de movimientos cíclicos propios del planeta. Tampoco tenemos la certeza de que los intentos por mejorar la situación por parte de la población y de organizaciones estén surtiendo efecto. Lo que sí está claro es que, a pesar de los intentos de los Estados de imponer límites y sanciones, la conciencia ambiental no debería ser parte de la agenda política, sino también de la moral personal de individuos y sociedades mercantiles, que ha de quedar plasmada en lo cotidiano.

Acerca de Mónica Chinchilla 5 Articles
Castellón, 1992. Graduada en Derecho y ADE bilingüe por la Universidad de Navarra. Actualmente, Ciencias Políticas por la UNED y Máster en Relaciones Internacionales en Leiden (Países Bajos). Interesada en migraciones, conflicto armado y geopolítica de Oriente Próximo. Ha colaborado con el IEEE.

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