¿Quién sucederá a los Castro?

Foto: James Brunker - Fine Art America

Raúl Castro dejará el cargo de presidente de Cuba en 2018 después de casi sesenta años en los que su hermano Fidel y él han ocupado los principales órganos de poder de la isla. Es una incógnita por ahora quién será su sucesor, pero las principales facciones del régimen ya están intentando influir en la composición del futuro Gobierno. 

En 2006, después de 47 años dirigiendo el destino de Cuba, Fidel Castro dejaba el poder del Gobierno en manos de su leal hermano Raúl, quien a lo largo de esta década ha emprendido una serie de grandes reformas políticas y económicas con el objetivo de modernizar el país, acabar con su aislamiento internacional y asegurar la pervivencia del régimen tras la marcha de los Castro. Las esperanzas de los opositores y parte de la comunidad política mundial por ver llegar la democracia a la isla se diluyen ante una agenda sucesoria indefinida en nombres, pero bien limitada en contenidos.

Raúl Castro confirmó que en 2018 dejará el cargo de presidente del Consejo de Estado y de Ministros de Cuba, lo que significa que ninguno de los principales líderes de aquella revolución de Sierra Maestra tendrá ya máximas responsabilidades en el país. Este anuncio, inevitablemente, ha provocado que en los últimos años crezcan las dudas, rumores y movimientos, tanto dentro como fuera de los cuadros del partido y el Ejército, para programar e influir en la sucesión al cargo.

Sin duda alguna, el pueblo cubano está siendo testigo de enormes cambios y profundas transformaciones, principalmente en materia económica y en política exterior, que han tenido su máxima en el histórico reencuentro con Estados Unidos. Pero todas estas maniobras responden al interés último de los principales gobernantes por preservar el sistema actual e introducir las renovaciones necesarias para que este sobreviva a medio plazo. Las discusiones dentro de los grupos de poder en La Habana no tienen como tema central cómo llevar al país hacia la democracia, sino quiénes deben ser los que tomen las decisiones en los siguientes años y, sobre todo, quién debe suceder a los Castro en el Palacio de la Revolución.

Plaza de la Revolución (La Habana, 2015). Fuente. Efe
Plaza de la Revolución (La Habana, 2015). Fuente. Efe

A lo largo de su presidencia, Raúl Castro se ha empeñado en dejar marcado cuáles tienen que ser los pasos que seguir cuando ni su hermano ni él estén. No obstante, no ha podido evitar que la confrontación y tensión entre las distintas familias del sistema cubano florezcan y la dinámica política nacional se imbuya en una especie de lucha soterrada por preservar los privilegios de cada uno y posicionar a sus candidatos. Aunque Raúl y Fidel aún pueden condicionar el nombre de su sucesor, este vendrá más determinado por la correlación de fuerzas que existe dentro del régimen.

Para saber más: Fidel Castro, la biografía definitiva del líder cubano. Volker Skierka, Ed. Martínez Roca, 2007

Movimientos entre bambalinas

Como en cualquier modelo político, el construido en torno a la figura de Fidel Castro no ha estado exento de numerosas discrepancias y disensiones, protagonizadas por distintos grupos de poder que siempre han buscado influir en las decisiones del presidente, más ahora intentando situar a sus afines en el Gobierno que llegará en 2018.

A lo largo de casi sesenta años bajo la sombra de Raúl y Fidel, han ido surgiendo una serie de familias y grupos de peso que, manteniendo su fidelidad a los principios de la revolución y al liderazgo de los guerrilleros de 1959, han buscado preservar o ampliar sus parcelas de influencia e imponer sus intereses en la agenda política nacional. En muchas ocasiones, más de las que podrá imaginar la opinión pública, estas facciones han colisionado y generado numerosas complicaciones en el orden interno que han tenido que ser sofocadas directamente por los Castro.

Su máxima preocupación en estos años que les quedan al frente no solo será gestionar su marcha del poder, sino mediar para que el futuro líder que tome las riendas del país cuente con el respaldo de las principales autoridades y personalidades del país. Sin ellos en la jefatura del Estado, lo único que unirá a militares, altos funcionarios, sindicalistas y miembros del partido comunista serán sus deseos de salvaguardar la estabilidad y continuar con el proceso iniciado desde 2008.

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Fuente: AFP (2011)

Entre las principales cúpulas de las instituciones cubanas se ha impuesto una agenda de transformación que ha tomado como modelo las políticas de modernización y aperturismo realizadas en China durante la década de los ochenta, teniendo muy presente el temor de que el sistema cubano pudiera llegar a sufrir una descomposición tan traumática como la que padeció el antiguo bloque soviético y, especialmente, Rusia durante los noventa.

La cautela y una astuta prudencia se han apoderado de las élites de La Habana, lo que ha frenado en seco las aspiraciones de la disidencia y parte de la comunidad internacional, que imaginaban la llegada de la democracia y el libre mercado en la próxima década. Incluso los pasos dados por la administración Obama de acercamiento al Gobierno cubano sin cuestionar seriamente el modelo político, así como un cambio en la estrategia de la Unión Europea hacia la isla, confirma que gran parte de los actores implicados en el lugar comienzan a aceptar que en Cuba lo que se dará es una prolongación del régimen actual sin los Castro.

En todos los ámbitos de peso existió tras la retirada de Fidel Castro un hondo debate velado y una confrontación de posturas sobre el camino que seguir. Tanto dentro del Ejército como en el Partido Comunista perdura una línea dura que no reconoce otra vía que no sea la de seguir manteniendo las enseñas de la revolución, lo que les ha llevado a cuestionar de puertas para dentro la viabilidad y legitimidad de las reformas emprendidas por Raúl.

Un grupo más minoritario entre el establishment cubano son los que defendían que la isla debía emprender transformaciones verdaderamente profundas y hasta plantearon seriamente la necesidad de virar, tras la retirada de los dos hermanos, hacia una transición que condujera inevitablemente a la democratización y apertura del país. Sin embargo, la opción que se ha impuesto ha sido la defendida por el propio Raúl Castro, situada entre los dos polos y que ha contado con el respaldo de la mayoría de los cuadros del partido, administraciones y Ejército.

Cortado de raíz cualquier atisbo de cambio de modelo, la única cuestión fundamental que queda por resolver es el nombre del futuro presidente o presidenta que tome las riendas del país en 2018. Ciertamente, hay que desechar aquellos posibles candidatos que forman parte de las líneas más conservadoras y centrar las miradas en aquellas figuras que entran dentro de la vertiente moderada marcada por Raúl Castro en los últimos años.

No obstante, cada grupo y familia cercanos al poder se están moviendo entre bambalinas para ir colocando los nombres de los candidatos preferidos. Será extremadamente complicado consensuar una figura presidenciable que cuente con el respaldo tanto de los militares como de las plataformas civiles afines al régimen, de los cuadros del partido comunista y de los principales estamentos del funcionariado.

Para saber más: “Reformulando la revolución cubana. La presidencia de Raúl Castro (2008-2013)”, David Hernández en Papeles de Europa, vol. 28, n.º 2, 2015

Un solo puesto y varios candidatos

Tanto Fidel como su hermano menor tuvieron la capacidad de hacer respetar su liderazgo entre todas las facciones presentes en el régimen. Dicha autoridad la consiguieron principalmente gracias a la legitimidad que les dio liderar la revolución cubana y convertirse en un símbolo de la resistencia frente al imperialismo norteamericano en todo el mundo.

Posteriormente, los logros sociales que trajo consigo el sistema aplicado les proporcionó en las primeras décadas un considerable respaldo social. Asimismo, una de las características más significativas de los mandatos de los hermanos Castro fue su inquebrantable resolución de acabar siempre con cualquier atisbo de oposición y disidencia dentro del país e incluso entre sus filas.

Una de sus mayores cualidades maquiavélicas —no necesariamente en un sentido peyorativo— consistió en ser capaces de equilibrar constantemente los poderes entre los distintos clanes para evitar que las tensiones internas erosionaran la gobernabilidad. En todo momento se preocuparon por que los militares, los miembros del Partido Comunista y sus organizaciones afines contaran con parcelas determinadas de influencia que sirvieran para apaciguar los recelos de algunos y ganarse la constante fidelidad de todos.

El mayor reto del sucesor de Raúl Castro será poder mantener esos equilibrios, que tan astutamente supieron establecer y sopesar en el tiempo sus antecesores. Por ello, los distintos grupos en La Habana desean condicionar de alguna manera la elección del nuevo presidente, lo que ha provocado que recientemente no paren de sucederse nombres de posibles candidatos y que crezca una presión que ya nadie disimula.

En la remodelación de su Gobierno en 2013, Raúl decidió nombrar como primer vicepresidente al hasta entonces ministro de Educación, Miguel Díaz-Canel. Con 56 años, es considerado una de las personas de mayor confianza del actual presidente. Lleva prácticamente toda su vida haciendo carrera dentro del Partido Comunista Cubano y es definido, tanto dentro de los círculos del régimen como por analistas internacionales y disidencia, como el delfín de Raúl, por lo que sería el candidato idóneo para continuar con la agenda marcada por su antecesor.

Miguel Díaz-Canel, que ha sido miembro del buró político, ha ocupado distintos cargos en el partido y la Administración estatal, cuenta con el respaldo de los principales cuadros comunistas y representaría aquella nueva generación de líderes que han crecido a la sombra de las históricas figuras de la revolución, de modo que mantendría una línea totalmente continuista. Aunque es el hombre mejor situado en las quinielas para 2018, su bajo perfil y una personalidad más bien tecnócrata y que dista mucho del fuerte carácter de los hermanos Castro le hacen contar con el rechazo de los sectores más conservadores del régimen, sin llegar a convencer tampoco a gran parte de la cúpula militar.

Más aún, cuando parecía que el primer vicepresidente se iba afianzando como el verdadero sucesor a Raúl Castro, en los últimos meses han comenzado a sonar otros nombres que podrían convertir el proceso en una especie de primarias dentro de los organismos y aparatos del Gobierno. Durante la visita de Barack Obama a La Habana, un dirigente cubano estuvo muy presente en casi todos los actos oficiales, lo que hizo saltar las alarmas y emerger las especulaciones.

Alejandro Castro Espín, el único hijo varón de Raúl Castro y Vilma Espín, ha sido un personaje poco transcendental para la opinión pública hasta que en estos meses su nombre ha recobrado tanta atención que se cuestiona seriamente si puede ser él y no Díaz-Canel el sucesor de su padre. Ha realizado una prolífera carrera dentro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y en la diplomacia cubana. Es uno de los mayores especialistas en temas de seguridad, defensa y relaciones internacionales del régimen.

Alejandro Castro, coronel del Ministerio de Interior, de 51 años, cuenta con el respaldo casi unánime del Ejército —también de la línea más dura, que lo estima más cercano a preservar las esencias de la revolución—, así como con el apoyo de su propia familia, cuyo apellido se extiende por las principales instituciones del Estado. Sin embargo, los sectores más aperturistas y reformistas de la Administración estatal, al igual que el Partido Comunista, no ven con buenos ojos perpetuar el apellido Castro en el poder, además de especular con que Alejandro podría echar para atrás muchas de las vías abiertas por su padre recientemente.

Alejandro Castro (2015). Fuente: EFE
Alejandro Castro (2015). Fuente: EFE

Todos los indicios parecen indicar que el futuro presidente de Cuba en 2018 estará entre Díaz-Canel y Alejandro Castro, que a su vez representan las dos principales facciones que se han disputado siempre las cuotas de poder —Fuerzas Armadas y Partido Comunista—, dos talentos distintos: uno más técnico y moderado; otro más ideológico y enérgico. No obstante, también se han rumoreado otros dos nombres, con menos posibilidades.

Por un lado, Marino Murillo, hasta este año ministro de Economía y principal promotor de las reformas macroeconómicas introducidas en la isla. Desde 2009, fue la mano derecha de Raúl Castro para emprender la mayor parte de los cambios en el sistema económico; se le llegó a considerar la segunda persona con más poder en la isla tras los hermanos. Sin embargo, en los últimos meses ha caído en una extraña desgracia política: fue destituido como ministro, le rodean sospechas de corrupción y ha sido visto por muchos grupúsculos del régimen como una persona excesivamente aperturista y un peligro para los logros de la revolución.

Mariela Castro (2015). Fuente: Getty Images
Mariela Castro (2015). Fuente: Getty Images

Por otra parte, María Castro Espín, de 54 años y la segunda hija de Raúl y Vilma, es una reputada pedagoga y psicóloga a nivel internacional especializada en temas de sexología. Ha alcanzado una alta popularidad en la isla por su cargo como directora del Centro Nacional de Educación Sexual, desde donde ha dirigido exitosas campañas para la prevención del VIH y otras enfermedades venéreas.

Además, ha sido uno de los principales emblemas de la política nacional en defensa de los derechos del colectivo LGTBI. Cuenta con la simpatía de gran parte de las generaciones más jóvenes y de los sectores más progresistas; sin embargo, como le ocurre a Marino Murillo, no tiene el visto bueno ni de las Fuerzas Armadas ni de amplios polos del Partido Comunista.

Para saber más: “Eppur si muove en Cuba”, Leonardo Padura Fuentes en Nueva Sociedad, n.º 242, 2012

Sin los padres de la revolución

La disputa por el cargo presidencial se está dando ya entre las dos grandes familias del régimen, el Partido Comunista Cubano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Los hermanos Castro han sido siempre una figura respetada por ambas instituciones y consiguieron mantener durante más de cincuenta años un complicado equilibrio de poderes e influencias. Sin embargo, ese statu quo interno está a punto de romperse, cuando ninguno de los dos siga en el cargo en 2018.

Ambos grupos han señalado ya aparentemente sus candidatos, los comunistas apostando por Miguel Díaz-Canel, los militares decantándose por Alejandro Castro. Los dos cumplen los requisitos exigidos por sus partidarios, pero su desafío estará en convencer o incluso forzar la abdicación de los otros para consolidarse en el poder.

Quien asuma las riendas del país deberá afrontar un triple reto. Primero, superar la sombra de los padres de la revolución, que seguirán icónicamente presentes en la conciencia del pueblo cubano durante mucho tiempo. Segundo, consensuar las discrepancias internas y ganarse el respeto de todos los grupos de interés del régimen, acción que Fidel y Raúl demostraron tener que hacer prácticamente cada día del mandato. Por último, seguir con el arduo camino de reformas emprendido por el menor de los Castro sin alterar en demasía el orden establecido tras la ya lejana victoria revolucionaria de 1959.

Para saber más: Cuba: ¿revolución o reforma?, Enrique Ubieta Gómez, Ed. Abril, 2012

Acerca de David Hernández 3 Articles
Madrid, 1991. Doctorando en Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Máster en Economía Internacional y Desarrollo (UCM). Especialista en geopolítica, comunicación y estrategia política y gobernanza.

6 comentarios en ¿Quién sucederá a los Castro?

  1. Poco factible parece que pueda producirse un proceso similar al de la Transición española en el que los sectores apecturistas del Régimen iniciasen una reforma hacia la democracia contando con la disidencia cubana y los cubanos de Miami al ver que una ruptura se antojase imposible.

  2. Me da la sensación de que sabéis como funciona realmente la democracia en Cuba. Sabéis que al presidente del Consejo de estado (ejecutivo) le elige el Consejo de estado y no el partido Comunista cubano. Es la Asamblea Nacional (poder registrar), elegida por sufragio universal secreto, la que elige al Consejo de estado. Sabiendo esto de sobra, porque omitis un dato tan importante como este dando a entender que el partido tenía alguna capacidad de imponer sus candidatos.

    Un saluda, y seguid trabajando que se valora lo que hacéis!

    • El problema es que se analiza el sistema cubano desde el prisma de las “democracias” representativas europeas, donde los grupos de presión a través de la diversificación de los medios de comunicación, ayudan a generar los candidatos idonios para reforzar el establishment. La democracia en Europa es una falacia a la altura de concepto “dictadura cubana”. La opinión pública del revés vamos…

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