“Terrorismo internacional: a un año de los atentados de París”, por David Garriga

Foto: Marcos Bartolomé

Después de un año de los atentados en la sala Bataclán de París de la mano de una célula terrorista vinculada al grupo Dáesh, la amenaza hacia Europa, lejos de haber mejorado, sigue atemorizando día tras día con sus vídeos propagandísticos en las redes. De hecho, desde la muerte de Al Shishani y Adnani, dos líderes importantes en la estructura del Dáesh, sus videos y mensajes han ganado en violencia y crueldad e intensificado la propaganda en sus redes de forma notoria.

A medida que pasa el tiempo, este grupo terrorista, a pesar de sus bajas en el terreno del combate en Siria y sus pérdidas de territorio, sigue manteniendo un mensaje más intensivo hacia sus partidarios y seguidores e intensifica las amenazas hacia aquellos que se han posicionado en su contra, ya sean musulmanes o no.

Uno de los cambios más notorios en las amenazas, que difiere de las que habíamos tenido hasta ahora, es la creación de su unidad tecnológica, llamada Cibercalifato. En ella se ha desarrollado toda una estructura y se han tomado posiciones específicas en la lucha contra el mundo, contra los EE. UU., así como contra los países apostatas —según ellos— y países de la coalición europea. El autodenominado Cibercalifato no solo ha tenido el cometido de hackear bases de datos de militares de los Estados Unidos, de empresas y asociaciones, ONG relacionadas con los Gobiernos, tránsito marítimo y un largo etcétera, sino que también ha tomado partido en las redes sociales intensificando sus mensajes religiosos de lucha y creando una red de dawa muy importante. Por otro lado, han actualizado y mejorado su seguridad, sobre todo en lo referente a las vías de distribución de manuales para sus lobos solitarios, su formación para no ser localizados y en dotarlos de herramientas tecnológicas para evitar que los servicios secretos puedan detectarlos y neutralizarlos.

Añadido a esta nueva estructura virtual, el flujo de reclutamiento de jóvenes, lejos de detenerse, sigue incrementándose con el paso de los años en Occidente. Cada vez son más los adolescentes atraídos por la narrativa de estos grupos radicales, jóvenes que, en la mayoría de los casos, buscan un reconocimiento social fácil y rápido. Desde Occidente somos incapaces de elaborar herramientas de contranarrativa eficaces para evitar esta hégira de adolescentes hacia este discurso de los reclutadores del califato.

Esta seducción hacia su ideología y sus filas comienza por unas primeras etapas de identificación de la persona vulnerable y su captación —fases de prerradicalización—, la mayoría de ellas a través de las redes sociales, mientras que en la etapa de adoctrinamiento, en donde aparece la manipulación psicológica del seleccionado -individual o grupal-, el contacto virtual se traslada al personal.

Es fundamental para impedir que los jóvenes caigan en las redes terroristas entender el discurso de estos y dejar de pensar que herramientas, como por ejemplo las tecnológicas, empleadas por Dáesh y sus medios online los dominamos mejor que ellos porque los hemos inventado nosotros; grave error. Por otro lado, se debe aportar a estos jóvenes unos recursos más atractivos, unas alternativas más atrayentes que las que les ofrecen estos asesinos y, sobre todo, tener en cuenta que, sin formación, información ni medidas de prevención focalizadas a estos grupos más sensibles de ser radicalizados, perderemos toda una generación y los terroristas seguirán ganándo la batalla.

Pero ¿cómo parar esta radicalización tan rápida? ¿Cómo evitar que siga aumentando esta influencia de estos terroristas sobre nuestros jóvenes? Aunque los cuerpos y fuerzas de seguridad en algunos países europeos, incluyendo España, realizan una función excelente en seguimiento y detección de posibles radicalizados, cada año que pasa tenemos más ilusionados por la narrativa de Dáesh. Es imprescindible invertir en programas de prevención para hacer descender este porcentaje de jóvenes y permitir a los agentes de seguridad trabajar mejor y focalizar su trabajo de manera más concreta y efectiva.

En mi opinión, son necesarias tres herramientas básicas para poder neutralizar esta captación de jóvenes. Primero, facilitar una formación generalizada a toda la población sobre signos de radicalización para una eficaz detección a tiempo y así evitar la caza de brujas. Segundo, una contranarrativa seductora, con instrumentos creíbles, prácticos y persuasivos que contrarreste el discurso atrayente de los terroristas ya no solo desde las instituciones estatales y policiales, sino también desde espacios más próximos y seguros para los jóvenes. Finalmente, unos programas de desradicalización eficaces y aplicables desde cualquier etapa del proceso de radicalización, desde los simpatizantes hasta los comprometidos.

Estamos frente un grupo terrorista que evoluciona y cambia continuamente frente a los impedimentos que pueda encontrarse para frenar su objetivo de proclamar el califato a nivel mundial. Eso hace muy difícil poder aplicar medidas proactivas a corto plazo. Quizás uno de los indicadores que más sorprende es el interés por generaciones cada vez más jóvenes. No solo la edad de los nuevos radicalizados es cada vez menor, sino que el adoctrinamiento de mujeres occidentales en un islam radical y violento prevé que, como futuras madres. aleccionen a una generación que aún esta por venir y pasen de ser una mera herramienta de procreación dentro del califato a formar parte de manera activa en los atentados en Occidente.

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Acerca de David Garriga 2 Articles
Criminólogo. Analista en terrorismo de etiología yihadista, insurgencias y movimientos radicales. Másteres en Mundo Árabe e Islámico y en Prevención y Análisis del Delito. Miembro y analista del Observatorio Español de Delitos Informáticos y analista de Escolta Digital.

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