Los Bolkiah: poder, religión y geopolítica en Brunei

Mientras las poderosas dinastías de los Borgia, los Tudor, los Romanov e incluso los Habsburgo sucumbían ante el inexorable paso del tiempo, una familia continuaba sentada en su trono dorado, ajena a los vaivenes de la Historia. Ellos son los Bolkiah, la familia que ha mantenido bajo su tutela el Sultanato de Brunéi casi ininterrumpidamente desde el siglo XIV, aunque ello no haya sido tarea fácil. Religión, dinero y un constante equilibrio geopolítico han beneficiado a esta dinastía que mantiene al pequeño país asiático a merced de sus caprichos y excentricidades.

El origen del Sultanato

Las arenas del tiempo se han encargado de ocultar las crónicas más lejanas de Brunéi, por lo que hemos de utilizar fuentes chinas para descubrir que el Sultanato era antes de la llegada de los europeos un creciente imperio comercial que abarcaba gran parte de la isla de Borneo. En el siglo XV la familia real se convirtió al islam y, por ende, todo su pueblo.

Al igual que Atenas o Venecia habían hecho en el pasado, el Reino de Brunéi se basó preminentemente en el comercio y el dominio marítimo para convertirse en una auténtica talasocracia asiática con el epicentro en el norte de Borneo –aprovechando la desaparición de la anterior potencia regional: el Imperio Majapahit–. Pese a ello, su expansión fue contemporánea a la llegada de los europeos a las “Indias Orientales”, siendo primero los portugueses y luego los españoles. Con los primeros hubo una relativa coexistencia pacífica mientras que con los segundos sí hubo hostilidades.

Siglos más tarde el Sultán de Brunéi cedió gran parte de sus dominios a los británicos –Sarawak y el Norte de Borneo–, concretamente al famoso “rajá blanco” James Brooke, para después convertirse en protectorado, una situación que se prolongó hasta el día de su independencia, el 4 de octubre de 1967.

Hajji Hassanal Bolkiah, Yang di-Pertuan del país desde esa fecha, mantiene un control férreo desde el gargantuesco palacio de Istana, una mole de 1700 habitaciones y 20 hectáreas. Además del título de Sultán también es Primer Ministro, Ministro de Defensa, de Exteriores y de Economía, una cantidad de cargos que sumados a su condición de “infalible”, le otorgan un poder absoluto sobre los poco más de cuatrocientos mil habitantes de la nación asiática.

Religión y poder

En diciembre de 2015 saltaba la noticia que el Sultán “prohibía” la Navidad. Si bien es cierto que  la Constitución del Sultanato marca que la religión suní es el credo oficial de Brunéi, siguiendo las enseñanzas del madhab Shafi’iuna de las cuatro escuelas de jurisprudencia suníes, también garantiza la libertad de credo puesto que hay más de un diez por ciento de la población budista y otra cifra similar que se considera cristiana–. ¿Entonces es verdad lo que se dijo en esta noticia? El Ministerio de Asuntos Religiosos ha prohibido las festividades navideñas en público tales como la ornamentación de las fachadas o los villancicos por, según palabras textuales, “poder dañar el aqidah (fe) de la comunidad musulmana”. Así pues, la libertad religiosa que garantiza la Carta Magna es una realidad en Brunéi, siempre y cuando se haga en la intimidad.

Otra importante reforma que ha hecho el Sultán en los últimos años es la adopción de la Sharia, la ley islámica, para castigar los delitos cometidos en el país. Desde 2015, los borrachos pueden enfrentarse a cuarenta latigazos, los ladrones pueden perder una mano y el adulterio puede ser castigado con la lapidación. Esta reforma, que se aplicará en tres fases, contempla la ejecución para aquellos que practiquen el aborto, la homosexualidad o la blasfemia. Famosos como el multimillonario Richard Branson o el cómico Jay Leno ya mostraron su rechazo públicamente a tal reforma e incluso llamaron al boicot al Beverly Hills Hotel, propiedad de los Bolkiah. Además, Gran Bretaña, antigua metrópoli y actual aliado del Sultanato, también ha protestado diplomáticamente por la decisión. Si bien es cierto que la Sharia solo se aplicaría a los ciudadanos musulmanes, la ley ordinaria, que se aplica a todos los bruneanos, también contempla castigos como la fustigación con vara de ratán para delitos menores, imitando así a sus países vecinos.

Protesta ante el Hotel Beverly Hills. Fuente: Lawyer Herald
Protesta ante el Hotel Beverly Hills. Fuente: Lawyer Herald

Pero, ¿y el petróleo? La mayor fuente de ingresos del país fue descubierta por dos británicos a mediados de la década de los 20, cerca del río Seria. Años más tarde la costa del protectorado de Brunéi se vería salpicada por decenas de prospecciones petrolíferas más, todas ellas controladas por la British Malayan Petroleum Company –hoy en día convertida en la Brunéi Shell Petroleum Company–, aunque ninguna tan rentable como aquella. Fue en los años 60 cuando el negocio del crudo –y muy especialmente del gas– empezó a ser extremadamente rentable. Media docena de plataformas comenzaron a construirse en sus aguas territoriales, especializándose en el gas licuado. Por poner un ejemplo, actualmente el yacimiento Champion produce 100.000 barriles al día, siendo el 40% de la producción nacional. La compañía mencionada más arriba, a la que nos referiremos a partir de ahora como BSP, una subsidiaria de la supermajor Royal Dutch Shell, tiene como presidente del consejo de administración al Sultán, algo que no debería sorprender a nadie puesto que el cabeza de familia de la realeza también es presidente de las aerolíneas nacionales (Royal Brunei Airlines), de la compañía estatal de gas, de los petroleros, etc. La mayor parte de la economía nacional está en manos de la familia real, dotándola de un estatus hegemónico dentro del país.

Pero este control y esta dependencia absoluta de los combustibles fósiles hacen del Sultanato una de las piezas más débiles del dominó geopolítico. Tal y como se apunta en The Diplomat, la reciente caída del precio del petróleo ha provocado que Brunéi –cuarto estado más rico del mundo en renta per cápita según el FMI– tenga que afrontar un enorme déficit fiscal. Teniendo en cuenta que el petróleo y el gas suponen más del noventa por ciento del Producto Interior Bruto, el Sultán se ha visto obligado a planificar proyectos a largo plazo como el “2035 Plan”, una hoja de ruta para conseguir que Brunéi sea una nación con una economía “dinámica y sostenible” en veinte años, cosa que, a priori, es muy difícil de conseguir. ¿Por qué 2035 y no 2050? Muy sencillo: British Petroleum ha publicado recientemente en su “World Energy Outlook” que la vida útil de los actuales yacimientos bruneanos es de 22 años, lo que dejaría al país sin un 95% de sus ingresos entre 2034 y 2036.

Así pues, se han de buscar alternativas para suplir este funesto futuro, pero no será fácil. El Sultanato está a la cola de los países del sudeste asiático en materia de negocios y su economía subsidiada, donde la gran mayoría de los 400.000 ciudadanos trabajan en empresas estatales, limitan la posibilidad de un gran crecimiento económico. Sin la posibilidad de establecerse como un potente centro financiero islámico como lo es Malasia y sin desarrollar una industria turística, el futuro de este pequeño país es muy incierto.

Economía subsidiada y fidelidad a la antigua metrópoli

El poder absoluto del Sultán es mantenido gracias a su política de subsidios y su buena relación con Gran Bretaña. Sin impuestos, educación gratuita y la sanidad a un precio más que accesible, los ciudadanos bruneanos pueden vivir mucho mejor que sus vecinos indonesios o malayos.

Si bien no hay –ni se la espera– ninguna “Primavera” en Brunéi es debido a las ingentes ayudas que las familias reciben en casi cualquier aspecto de su vida cotidiana. Subsidios en el combustible y el gas, en otros productos básicos como la electricidad y agua; la comida también está sujeta a ayuda gubernamental –el arroz importado y el que se vende en las tiendas tiene un precio muy similar mientras que los agricultores locales reciben ayudas en el fertilizante o en el cuidado de las tierras–. Más de 400 millones de dólares anuales permiten a los bruneanos gozar de una educación gratuita hasta la universidad y 500 más mantienen un sistema sanitario público que cubre incluso desplazamientos al exterior por motivos médicos. Incluso la vivienda está subsidiada –hay que tener en cuenta que gran parte de la población trabaja para el gobierno o para las empresas estatales, lo cual les garantiza un acceso a la vivienda con un coste irrisorio–.

Aun así, no todo son ventajas para el que desee vivir en Brunéi. Si uno es amante del alcohol, del tabaco o de la vida nocturna ha de saber que en el país no hay ninguna de las tres cosas puesto que están penadas por la ley.

Por su parte, Gran Bretaña continúa manteniendo su apoyo incondicional al Sultán, además de una academia –la British Army Jungle Warfare Training School– para formar a sus soldados en el combate en la selva y los 1.000 gurkhas acuartelados en Seria –que suponen la única presencia militar británica en el lejano Oriente desde que sus tropas abandonaran Hong Kong en 1997–. Esta base está cerca del complejo petrolífero que mantiene Shell en el Sultanato y de las refinerías que salpican la costa. Si anteriormente habíamos explicado el caso de la “prohibición” de la Navidad, esta no es extensible dentro de los hoteles en manos de Dorchester Collection, compañía controlada por el propio Sultán y que posee varios de los hoteles más emblemáticos del mundo, como el ya mencionado Beverly Hills o el Dorchester.

Brunéi y las Spratly

El diminuto país se ha visto envuelto recientemente en el mayor conflicto geopolítico del continente: la soberanía de las Islas Spratly. Desde 1993 el Sultanato tiene unas líneas marítimas que incluyen Rifleman Bank y el Louisa Reef (Nantong Jiao en chino), aunque tan solo el segundo ha sido reclamado formalmente. Este diminuto arrecife fue parte de Malasia –de hecho, tenía un pequeño faro construido en la pequeña porción de tierra que sobresale de las aguas– hasta 2009, fecha en la que pasó a formar parte del Sultanato.

Para ampliar:Las Spratly, el problemático capricho de Asia-Pacífico”, Fernando Arancón en El Orden Mundial

Brunei también está inserta en las dinámicas de las Spratly, aunque su papel es mucho más discreto
Brunéi también está inserta en las dinámicas de las Spratly, aunque su papel es mucho más discreto

Por lo que respecta al Rifleman Bank, los expertos concuerdan que éste se encuentra más allá de la plataforma continental de Brunéi y que, además, está más cerca del islote de Hon Hai –de soberanía vietnamita– que de territorio bruneano, con lo cual no podría tener posibilidad de reclamarlo.

Así pues, el Sultanato es el país que reclama menos territorios de los países envueltos en el conflicto de las Spratly, además de mantener un bajo perfil en éste para evitar problemas diplomáticos con sus vecinos, especialmente con la República Popular China, uno de sus mayores socios comerciales.

Brunéi también ha firmado el acuerdo Trans-Pacífico con los Estados Unidos, aunque como el estado con menor densidad demográfica de los firmantes poco o nada ha podido beneficiarse. Por poner un ejemplo, el embajador de los Estados Unidos en Bandar Seri Begawan, Craig Allen, dice que el tratado conseguirá diversificar la economía nacional y atraer trabajadores extranjeros, cosa que para los expertos parece realmente difícil teniendo en cuenta que Brunéi es uno de los países más caros de la región –además de la moneda local también usan el dólar de Singapur–. Si bien las exportaciones a los demás países del TTP representan más del 60% del total, está por ver si la apertura del libre comercio beneficiará o no a la economía del Sultanato, puesto que potencias regionales como Indonesia también gozarán de tales ventajas y serán una clara amenaza a la pequeñas y medianas empresas locales.

Y es que su pequeño peso en el panorama internacional –y rodeado por potencias emergentes–, hacen de Brunéi una pieza pequeña pero no por ello menos importante –su alianza con el Reino Unido le da inmunidad ante cualquier hipotética agresión– en el tablero geopolítico del Pacífico. Está por ver qué le depara el futuro a esta menuda nación asiática, aunque a nivel político el dominio de los Bolkiah está asegurado durante las próximas décadas.

 

Acerca de David González 10 Articles
David González Caballero (Garcia, 1992) es maestro de Educación Física por la Universidad de Barcelona y actualmente cursa un Posgrado en Guión Televisivo en la Universidad Pompeu Fabra. Es además escritor, con más de setenta premios de narrativa corta y con un libro publicado en 2011. Desde 2010 es colaborador habitual de la web miradasdeinternacional.com. Apasionado de la geopolítica y los deportes.

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