La Causa Perdida de la Confederación: lo que el viento no se llevó

Dicen que la historia la escriben los vencedores. Que la retórica romántica y heroica de una guerra sólo encuentra reconocimiento en el bando vencedor, cuyas hazañas y gestas resuenan en la memoria popular por los siglos de los siglos. Los perdedores a menudo quedan olvidados, cuando no demonizados, y en ocasiones condenados a resignarse ante un relato histórico que les es hostil. La historia nacional de Estados Unidos no es que sea íntegramente una excepción de esta norma, pero sí que es un caso extraordinario. En concreto, la narrativa que envuelve al que probablemente ha sido el conflicto más determinante de su existencia, la Guerra Civil que enfrentó al escindido sur, los once estados que formaron los Estados Confederados de América, y el resto del país, que permaneció fiel a la Unión. El final del conflicto dio lugar a dos relatos diferentes. A uno se le atribuye el carácter oficial y está ampliamente consensuado por historiadores contemporáneos. El otro es la versión sureña, mucho más minoritaria pero que también encontró cierto apoyo en la literatura regional y sobre todo en la cultura y tradición popular. A esta última se le acabo acuñando el nombre de “la Causa Perdida de la Confederación”.

A pesar de que  han pasado más de ciento cincuenta años desde la batalla definitiva en Appomattox, el recuerdo de los Estados Confederados sigue significando para muchos ciudadanos del sur el reconocimiento de una cultura distintiva y un modo de vida honorable, lo que a veces se traduce en manifestaciones más drásticas que continúan generando polémica en nuestros días ante el rechazo de sus detractores.

Los territorios de los Estados Confederados de América en 1861, al comenzar la Guerra de Secesión
Los territorios de los Estados Confederados de América en 1861, al comenzar la Guerra de Secesión

El mito de la causa perdida

La versión más aceptada, la considerada por la inmensa mayoría del mundo académico como la verdadera historia del conflicto, nos dice que la principal razón de la secesión de los once estados del sur que formaron la Confederación fue la cuestión de la esclavitud, o mejor dicho, el decidido abolicionismo pretendido desde Washington por el entonces recién elegido gobierno republicano de Abraham Lincoln. Todos los estados que conformaron la Confederación mantenían sistemas económicos basados en la esclavitud de afroamericanos, el auténtico motor de una economía eminentemente agraria que resultaba ser tremendamente productiva, entre otras cosas, por la ingente cantidad de mano de obra prácticamente gratuita de la que se disponía. Cierto es que había hasta cuatro estados esclavistas más en el norte: Kentucky, Misuri, Delaware y Maryland, a lo que habría que sumarle el Distrito de Columbia. Todos ellos, sin embargo, permanecieron fieles a la Unión. Como se preveía, los Estados Unidos de América no aceptaron la secesión unilateral y de esta manera comenzaría en 1861 una guerra que se prolongaría hasta abril de 1865, y que acabaría con la disolución de los Estados Confederados de América un mes más tarde. Al conflicto le seguiría un periodo no exento de polémica, la Reconstrucción (1865 – 1877), en el que el bando vencedor centró sus esfuerzos en reunificar una nación que había quedado muy resquebrajada, lo que incluyó una serie de enmiendas que resultaron en la  abolición de la esclavitud en 1865 y la posterior ocupación militar del sur por el ejército unionista.

Inauguración de la estatua ecuestre de Robert E. Lee en Richmond, Virginia, año 1890
Inauguración de la estatua ecuestre de Robert E. Lee en Richmond, Virginia, año 1890

Sin embargo, en poco coincidirán los seguidores de la Causa Perdida con lo escrito en este último párrafo. Durante y sobre todo tras la guerra, los partidarios de la secesión comenzaron a interpretar el conflicto de una manera muy distinta. De este modo, para los defensores de la Confederación la guerra significó la invasión del norte opresor y la injerencia de éste en el modelo productivo del sur del que se beneficiaban tanto amos como esclavos. El motivo principal de la secesión no fue de ningún modo la esclavitud, sino una serie de desavenencias respecto a los derechos de los estados federados, a la que se les sumaban disputas económicas relativas a impuestos, las diferencias culturales y la progresiva disociación entre una sociedad industrial y otra agraria. Además, según la versión sureña, la esclavitud tenía los días contados en la Confederación, por tanto no tenía ningún sentido luchar por su mantenimiento cuando se sabía con certeza que iba a acabar por extinguirse de manera natural,  y en cualquier caso, no era considerada una institución denunciable a tenor del trato paternal que los esclavos recibían por parte de sus amos. También se hacía hincapié en que la secesión no significó traición ni fue inconstitucional, dado que la Constitución guardaba silencio respecto a este asunto, y por tanto, no lo prohibía explícitamente. Junto a ello, la derrota en el campo de batalla, según esta narración, era sencillamente inevitable, por lo que el sur se encontraba desde el inicio predestinado a perder –he aquí la razón de la acuñación de Causa Perdida–. La disparidad de recursos humanos y materiales entre ambos contendientes abrumó a las fuerzas del sur y constituyó la base de un combate injusto y desleal. El simple hecho de presentar batalla fue un acto heroico y memorable, y si el sur pudo obtener algunos avances militares fue por la superioridad natural del soldado confederado, defensor de una cultura superior y al que se le atribuía un carácter épico e infatigable. De entre todos ellos, destacó uno por encima del resto: el general Robert E. Lee, que comandó las fuerzas de Virginia del Norte.

Un legado inmortal

Con todo lo anterior el sur consiguió tras la guerra lo que buscaba, maquillar su maltrecha imagen a su antojo. Los veteranos y demás partidarios de la secesión lograron crear una historia paralela que sonase reconfortante y que honrase la valía y bondad de unos hombres que lucharon por la libertad frente al norte opresor. De este modo mitigaron una derrota apabullante y la presentaron a las generaciones venideras como un suceso irremediable provocado por el despotismo yanqui. Si la victoria sureña era absolutamente imposible, de alguna manera esto significaba que la Confederación jamás fue vencida. Y como jamás fue vencida, había que mantenerla viva, al menos en espíritu.

Las décadas posteriores al periodo de la Reconstrucción, que fue para muchos sureños una humillación peor que la propia guerra, fue el periodo más prolífico de la apología confederada gracias a la incansable labor divulgadora de veteranos, sus descendientes y sureños simpatizantes. Multitud de monumentos se erigieron a lo largo y ancho de los once estados secesionistas celebrándose ceremonias inaugurales que agrupaban a miles de allegados. Un buen ejemplo lo encontramos en la Avenida de los Monumentos de la capital del estado de Virginia y antigua capital de los Estados Confederados, Richmond. La vía principal del centro histórico es toda una oda a los héroes de la Confederación. En la inauguración del memorial al antiguo Presidente, Jefferson Davis, en 1907 –más de cuarenta años después de la guerra–, se congregaron hasta 200.000 personas. Claro que este furor por la simbología confederada sólo se explica por la condescendencia del bando ganador, el norte, pues desde Washington se prefirió no censurar este tipo de actos u otras formas de expresión que ensalzaran al bando confederado con el fin de facilitar la reunificación del país y la maltrecha convivencia entre el norte y el sur. Y es que los monumentos sólo eran una parte visible de lo que la cultura popular sureña estaba gestando. La literatura, los libros de Historia en las escuelas y determinados periódicos y revistas también ayudaron a difundir la nostalgia confederada, cuyos máximos exponentes eran tres asociaciones formadas a finales del siglo XIX: los Veteranos Confederados Unidos, extinguida a mediados de siglo XX, y las todavía existentes Hijas Unidas de la Confederación e Hijos de Veteranos Confederados, formadas ambas por descendientes de combatientes del ejército confederado. Estas asociaciones fueron las encargadas de organizar rituales periódicos en homenaje a los soldados confederados caídos en el combate, lo que acabó convirtiéndose en la celebración del Confederate Memorial Day o Día de los Caídos de la Confederación, que hoy día se sigue conmemorando –independientemente del Día de los Caídos celebrado a nivel nacional el último domingo de mayo– de manera distinta y en diferentes fechas entre los estados del sur, siendo en la mayoría de ellos un día no laborable.

Incluso Hollywood fue un aliado inesperado para la propagación de la Causa Perdida. Cuando el fervor pos-confederado amainaba allá por la segunda década del siglo XX, la película El nacimiento de una nación, estrenada en 1915, realzaba el carácter superior de la raza blanca sirviendo de inspiración a numerosos blancos sureños para reivindicar el modo de vida del sur. La misma película, dicho sea de paso, propició el renacimiento y posterior auge devastador del Ku-Klux Klan en los años veinte.  Otro ejemplo lo encontramos en la célebre película Lo que el viento se  llevó, de 1939, basada en la época de la Guerra Civil y en la que se idealizaba el trato afectuoso, familiar y entrañable que los amos blancos, dueños de una plantación en Georgia, otorgaban a sus esclavos afroamericanos. Después de unas décadas de relativa calma, la simbología confederada volvería a aparecer con más frecuencia en los años cincuenta y sesenta coincidiendo, en primer lugar, con la oposición al movimiento por los derechos civiles, exacerbándose la retórica de la supremacía blanca que a menudo era reforzada con referencias al pasado de la Confederación; y en segundo, con el centenario de la Guerra Civil, cuya conmemoración incluyó la construcción de nuevos monumentos en diferentes estados.

Para ampliar: Escena de “Lo que el viento se llevó” en la que se puede comprobar ese “romanticismo” de la causa sureña, Youtube

La polémica en torno a la simbología confederada en el siglo XXI

A partir de la década de los noventa la controversia se trasladó en torno a la idoneidad del despliegue de la bandera confederada en lugares y edificios públicos, acrecentándose un debate que en la actualidad sigue levantando pasiones y que concierne a toda la variada simbología y propaganda confederada actual, que va desde imponentes monumentos hasta pequeños estampados en prendas de vestir. En primer lugar, es preciso señalar que la bandera que más se ha extendido con el tiempo como representativa de los Estados Confederados de América nunca fue oficialmente la bandera nacional de este efímero estado. Hasta tres banderas tuvo la Confederación durante la Guerra Civil y ninguna de ellas fue la de la “Confederate Navy Jack”, que a su vez estaba inspirada en la bandera de batalla del ejército de Virginia del Norte.

La guerra civil obligó también a modificar las banderas nacionales, y esta simbología ha permeado en algunos aspectos hasta hoy
La guerra civil obligó también a modificar las banderas nacionales, y esta simbología ha permeado en algunos aspectos hasta hoy

No pocos han sido los enfrentamientos entre partidarios y detractores de la bandera en estas dos últimas décadas. Aquellos que defienden su exhibición pública argumentan que es un símbolo de la unidad y el patrimonio regional que honra el coraje de sus antepasados y reivindica una cultura única y loable. Por el contrario, sus opositores consideran que esta misma bandera es un emblema indisociable de racismo y supremacía de la raza blanca, dado que fue ondeada en su origen para luchar por la perpetuación de un régimen esclavista, y además, fue exhibida en numerosas manifestaciones segregacionistas y por organizaciones racistas tales como el Ku-Klux Klan. Según una encuesta del Pew Research Center en 2011, sólo un 9% de la población estadounidense tiene una reacción positiva cuando ve la bandera, mientras que un 30% asegura que sufre una reacción negativa y para un 58% la bandera no le provoca ninguna reacción positiva o negativa. Sin embargo, a tenor de otro sondeo de la CNN, un 57% de los americanos interpreta la bandera como un símbolo de orgullo sureño más que de racismo. Cabe señalar que en ambas encuestas se recoge una mayor animadversión hacia la bandera entre la población afroamericana, que la ve mayoritariamente como un símbolo racista.

En cualquier caso, la bandera ha seguido teniendo un notable uso tanto privado como público. A nivel privado, basta con darse una vuelta por las regiones agrarias de los estados del sur, donde no es difícil encontrarse con alguna ondeando en porches y jardines de particulares. Y no es menos destacable todo el rentable merchandising alrededor de esta insignia, desde gorras hasta tazas de café pasando por chapas y camisetas. A lo largo de la década de los 2000 se han producido varios casos de controversia por el uso de ropa con estampados de la bandera en lugares públicos, especialmente en colegios y en institutos. Por poner un ejemplo, en 2004 un instituto de Carolina del Sur expulsó a trece estudiantes por este motivo, lo que fue interpretado como una violación de la libertad de expresión por sus familiares y dio lugar a numerosas reacciones por parte de los partidarios de la simbología confederada.  Otro caso a considerar es la exhibición de la bandera en las placas de matrícula de vehículos –que en EEUU pueden ser personalizadas–, lo cual está permitido en hasta en siete estados del sur si el propietario del vehículo así lo desea. Junto a ello, llama la atención la presencia o influencia de la simbología confederada en las banderas actuales de algunos estados del sur. Véase el caso de la bandera de Misisipi, la cual es la única que sigue portando la  bandera original del Ejército de Virginia del Norte en su esquina superior izquierda y que cuenta con la amplia aprobación  de su ciudadanía de acuerdo con el referéndum celebrado en 2001 en el que se votó por mantener la bandera. Georgia también solía llevarla hasta 2001, año en el que se cambió por penúltima vez el diseño de su bandera, que desde 2003 está claramente inspirado en la primera versión de la bandera de los Estados Confederados de América. Hay hasta otros  cinco diseños de banderas sureñas en la actualidad que han sido objeto de debate sobre si evocan a la antigua Confederación o no. Estas son las banderas de Florida y Alabama, con la cruz de San Andrés –la misma que llevaba la del Ejército Confederado– la de Carolina del Norte, un modelo muy parecido a la Confederada de 1861, y las de Arkansas y Tennessee, cuyos fondos rojos y detalles predominantes en azul y blanco pueden hacer recordar a la del ejército secesionista.

La matanza de Charleston, ¿un punto de inflexión?

En junio de 2015 se produjo un desgraciado suceso que podría ir camino de convertirse en un antes y un después en la exhibición pública de simbología relativa a los Estados Confederados de América.  Un joven de veintiún años irrumpió armado en una iglesia de Charleston, Carolina del Sur, asesinando a nueve afroamericanos. El individuo en cuestión, además, tenía una página web donde hacía apología de la supremacía blanca y en la que aparecía en numerosas ocasiones desplegando orgullosamente la bandera del ejército confederado. Lo ocurrido en Charleston indignó al país entero y provocó numerosas protestas que en algunos lugares acabaron en violentos disturbios. Varios monumentos confederados aparecieron vandalizados y las reacciones oficiales no se hicieron esperar. La más simbólica y probablemente la que más controversia generó fue la que se llevó a cabo en Columbia, capital de Carolina del Sur. En la cúpula del parlamento de este estado solía ondear una bandera confederada hasta que en el año 2000 se decidió bajarla a un monumento a la Confederación situado en la explanada aledaña. Tras el suceso de Charleston, decenas de opositores a la bandera y partidarios de la misma se congregaron frente al parlamento defendiendo sus respectivas causas, lo que dio lugar a varios días de conflictividad saldados con la decisión de retirar la bandera de la explanada y guardarla en un museo. Al igual que en Carolina del Sur, en otros estados también se replanteó la exhibición de símbolos confederados en lugares públicos, y dos buenos ejemplos los encontramos más al sur, en las capitales de Texas y Luisiana.  En la primera, Austin, un monumento de Jefferson Davis fue quitado del campus de la Universidad de Texas para ser luego alojado en un museo. En la segunda, Nueva Orleans, se aprobó retirar todos los monumentos confederados de la ciudad, un proyecto que pese a la polémica generada tiene previsto llevarse a cabo antes de 2017. Queda la duda de si este será el camino a recorrer en el futuro por los distintos gobiernos locales y estatales, algo que no parece probable ante la lealtad y el respeto que sigue demostrando tener gran parte de la sociedad sureña a este tipo de símbolos, muestra de un pasado controvertido que dio lugar a tantas interpretaciones como juicios genera su memoria.

Interesante: Reportaje de Univisión Noticias sobre la simbología de la bandera confederada y los conflictos sociales que provoca, Youtube

Acerca de Pablo Moral 18 Articles
Écija (Sevilla), 1992. Graduado en Relaciones Internacionales y estudiante del máster euromediterráneo en la Universidad Complutense de Madrid. Interesado en asuntos de seguridad internacional. Twitter: @pabmoral

7 comentarios en La Causa Perdida de la Confederación: lo que el viento no se llevó

  1. Bibliografía o vínculos a páginas que amplíen el tema. No sólo en este artículo sino que lo voy echando de menos en otros que he leído. Gracias

    • Por supuesto, Javier. Tengo que disculparme porque apenas he consultado bibliografía en español y por tanto todo lo que puedo recomendarle es en inglés. Estos seis libros son en mi opinión buenas referencias:

      • Davis, William: The Lost Cause: myths and realities of the Confederacy. Lawrence, Kan.: University Press of Kansas, 1996

      • Foster, Gaines M: Ghosts of the confederacy: defeat, the lost cause, and the emergency of the new South, 1865 to 1913. New York: Oxford University Press, 1987.

      • Gallagher, Gary W.; Nolan, Alan T.: The myth of the lost cause and Civil War history. Bloomington: Indiana University Press, 2000.

      • Hague, Euan; Sebesta, Edward H.; Beirich, Heidi: Neo-confederacy: a critical introduction. Austin: University of Texas Press, 2008

      • Pollard, Edward Alfred: The lost cause a new Southern history of the war of the Confederates: comprising a full and authentic account of the rise and progress of the late Southern Confederacy. New York: E.B. Treat & Co., 1866.

      • Towns, W. Stuart: Enduring legacy: rhetoric and ritual of the lost cause. Tuscaloosa: University of Alabama Press, 2012.

      Le dejo también esta entrada que puede serle útil: http://www.encyclopediavirginia.org/lost_cause_the

      Si quiere ampliar algún aspecto más concreto del artículo también puede indicármelo e intentaría proporcionarle más información.

      Un saludo.

  2. Muy buen artículo; solo te faltó mencionar la relación de la ideología Nazi y los simpatizantes del sur antes de la segunda guerra mundial

  3. Creo que este blog es fantastico, esto es, los que escriben lo hacen muy bien, ameno y concienzudo, en temas importantes e interesantes por los que la gente debiera de reflexionar mucho si la historia es lo que dicen que es, y el por que ocurrieron dichos hechos historicos, y eso no se puede decir de la mayoria en nuestro pais.

    Es imposible que dicha causa sea el esclavismo… es todo un cuento aceptado por la mayoria de los “Scholar” americanos ydel resto del mundo, pero nadie investiga a fondo.

    1-EEUU nacio siendo una republica, no una democracia, ni una cleptocracia.
    2-Nacio como pais pagano, no ateo, ni cristiano, ni protestante, con un sistema legal basado en el jurado y en el derecho natural (y el resto de sistemas legales, eran solo comerciales, esto es, que incluia clausulas comerciales para ello: Civiles, derecho de “tort”, y almirantazgo).
    3-Wall Street fue un mercado de esclavos, y las elites que lo manejaban, nunca lo abandonaron, simplemente cambiaron la concepcion del mercado, sigue habiendo esclavos, pero son sutiles. Los esclavos eran negros y blancos (especialmente irlandeses), pero nadie lo habla porque no interesa.
    3-Los jesuitas y los banqueros no podian tolerar eso, una republica libre, sin reyes, y sin un poder bancario, el cual estaba expandiendose por todo el globo gracias al Imperio Bancario Britanico, y por tanto, se saltaban el secreto tratado de Verona, para “defender el catolicismo” bancario.
    4-Por tanto prepararon una revuelta, con la excusa de los esclavos negros.

    Despues de esto, crearon una nueva constitucion, Constitucion de Washington DC 1871, implantaron los “Derechos Civiles” en contraposicion al Bill of Rights de la Constitucion Americana, y cambiaron la Enmienda 13, e introdujeron por la puerta de atras, la enmienda 14, 15, y 16, y al final hacia 1933, introdujeron por defecto el Derecho Civil comercial, y por ultimo se comenzo a usar el “birth certificate” que es un fraude en si, ademas solo para los negros.
    https://educacionlibreysoberana.wordpress.com/2014/10/22/fraude-del-certificado-de-nacimiento-articulo-largo/

    Despues de 1933, todos los americanos, y muchos europeos, usan el Birth Certificate, como es logico.

    a partir de entonces, se ha creado una leyenda, apoyada dia tras dia, por los Mass-Media, que repiten a menudo los dias para celebrar fechas historicas, ademas, casi todos los filmes de Hollywood, tienden a repetir dichas “tradiciones”, para aparentar que lo que ocurrio no fue falso…

    Saludos, y enhorabuena.

  4. Hola, me ha encantado el artículo, aunque me gustaría comentar quesi bien la bandera de Florida se basa en la cruz de San Andrés, debe su origen a la bandera del imperio Español, puesto que fue una posesión española hasta finales del S.XVIII.

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