Olivares amurallados: hacia una isla unida

En Chipre la rama de olivo siempre ha tenido una fuerte connotación cultural. Las leyendas la asocian con Jesucristo y cómo se sirvió de un olivo como refugio de sus enemigos. Desde entonces la rama de olivo ha representado bonanza, prosperidad y paz. Esta rama fue la que portaba el actual presidente de la parte norte de la isla el día de su victoria electoral; Akıncı quería lanzar un mensaje a los chipriotas. A todos, turcos y griegos, los que sintieran como suyo el símbolo de la paz chipriota: el olivo. El momento habia llegado, el de hablar unos con otros para que de nuevo en esta isla, que sufre uno de las disputas territorales mas longevas del continente, los olivares dejen de estar divididos por muros y protejan a los chipriotas como lo hicieron en su día.

Ante la dificultad que supone encontrar información clara sobre el conflicto sin que esta se encuentre influida por un lado u otro, decidimos viajar a la parte norte de la isla e indagar un poco más en su historia, sus gentes e intentar comprender un conflicto que involucra de manera militar a dos estados miembro de organizaciones como la Unión Europea o la OTAN y que lleva años estancado.

Fotografía de Eduardo Saldaña
Todas las fotografías del artículo, realizadas por Eduardo Saldaña

Juntos pero no revueltos

El aeropuerto internacional de Ercan, en el territorio turco del norte de Chipre, más bien podría denominarse binacional o incluso considerarse un aeropuerto provincial turco. Los únicos vuelos que llegan a este provienen de la república vecina y benefactora, Turquía. Si uno quiere llegar a la República Turca del Norte de Chipre, puede hacerlo bien a través del sistema de ferris y vuelos que lo conectan con Turquía o a través de los controles fronterizos que existen con Chipre. Siempre es aconsejable, según los ministerios de exteriores, acceder al territorio desde la parte chipriota, ya que el gobierno de Nicosia considera ilegal la entrada al territorio a través de Ercan, pero como rápidamente observamos, no existe un control tan severo de cara al acceso y circulación por la isla.

Chipre es una isla mediterránea muy codiciada; uno no tiene más que mirar un mapa para ver que es un punto estratégico si se quiere dominar Oriente Próximo y la parte este del Mare Nostrum, rasgos importantes a la hora de entender lo que ha ocurrido y por qué la isla sigue en este estado.

Uno de los muchos poderes que la ocuparon fue Grecia con el consiguiente asentamiento de poblaciones en el territorio. Tras el paso de Ricardo Corazón de León y los venecianos, el Imperio Otomano se hace con el control. Las hasta entonces tranquilas poblaciones griegas ortodoxas vieron como bajo el dominio turco gran cantidad de musulmanes llegados desde Anatolia comenzaban a asentarse en la parte norte de la isla. Empieza entonces una interacción, la de dos grupos que no terminarán de entenderse, y que desembocará en la actual disputa.

En nuestra estancia en el norte comprobamos que la gente no habla mucho de cómo se encuentra el proceso de negociaciones, porque en muchos sentidos desconocen lo que está ocurriendo. Una de las mayores dificultades que hemos encontrado a la hora de entender la situación es la diferencia del lenguaje entre ambos grupos. Cuando intentamos preguntar a algún turco-chipriota sobre la opinión de sus convecinos del sur o sobre lo que los medios chipriotas dicen, no recibimos más que silencio por repuesta o un simple: “¿Cómo voy a saberlo?” La ausencia de una lengua común hace que el diálogo fuera del plano político sea de lo más escaso. Gente que está separada por un muro o por un control fronterizo es incapaz de conversar por culpa de la barrera idiomática. Además, no tenemos que dejar de ser conscientes de la facilidad de manipulación que una situación como esta presenta. Ambos territorios están muy influidos por Grecia y Turquía respectivamente, y en consecuencia los medios de comunicación e información provienen en su mayoría de estos estados. Por lo tanto, para los ciudadanos de a pie resulta casi imposible conocer con claridad lo que en el otro lado opinan sobre la situación. Como siempre, la desinformación en un conflicto como este es clave para los jugadores interesados, ya que pueden manejar a la gente como si de títeres se tratara.

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Esto fue en parte lo que ocurrió en los años 60-70, en el conocido como proceso de Enosis. Con la declaración de independencia de la isla, los poderes influyentes dotaron al nuevo estado de una constitución que atendieran las necesidades que un área con unas diferencias étnicas tan notables tiene. Por esta constitución, y por los acuerdos de Zürich y Londres, los estados de Grecia, Turquía y Reino Unido –el Imperio Británico prestó ayuda a los turcos en la guerra contra Rusia en 1878 y como forma de compensación se les cedió el control administrativo del territorio, lo que derivó en un sistema colonial sobre la isla– quedaban como guardianes del texto y protectores de la unidad del territorio. Sin embargo, en este tipo de zonas, con realidades históricas tan particulares, en especial entre el pueblo griego y turco, dos países con fuertes sentimientos nacionalistas y expansionistas que venían de una serie de conflictos territoriales a principios de siglo, no fue nada difícil que surgieran tensiones.

La población griega a principios de siglo, ya bajo el gobierno inglés, comenzó a desarrollar en mayor profundidad la idea de Enosis, movimiento en pos de la unión con el recién nacido estado griego. Con el paso de los años y la llegada de la independencia surgieron grupos radicales que, bajo la premeditada impasividad del presidente Makarios III y el apoyo de Atenas, llevaron a cabo ataques contra las minorías turco-chipriotas. Al mismo tiempo en el lado turco surgió un movimiento conocido como Taksim, que abogaba por la división del territorio en dos partes, algo similar a lo que hoy encontramos. Estos no tardaron en organizarse y en responder a los ataques griegos, quedando la isla sumida en la violencia.

Toda la tension, ese tira y afloja, lo que ocurrió en la década de los setenta, está hoy representado en el alambre de espino de las bases, en los muros que dividen Nicosia o en los rascacielos deshabitados de Varosha.

Pero ahora, tras la tempestad, ¿cómo se vive la calma? Hablando con los habitantes del norte no podemos afirmar que exista un odio o desapego hacia el sur, más bien hay un sentimiento común de equidad con sus vecinos; la gente comparte la opinión de que no hay razones para estar enfrentados.

Sin embargo, en la mesa de negociaciones, en la politica, sí que las hay, pero sobre todo intereses de caracter económico, político y estratégico. Unos intereses que no estan al alcance del día a día de los ciudadanos y que no involucran a Chipre únicamente. Esto no significa que el conflicto tenga una fácil solución, sino que para la gran mayoría de chipriotas hay asuntos que no les son tan cercanos o que deberian ser dejados en su segundo plano.

Las cartas sobre la mesa

Desde que el territorio quedó dividido definitivamente con la ocupación por parte de tropas turcas en 1974 no han cesado los intentos de acercar posiciones. Por un lado, los gobiernos de cada parte han intentado alcanzar un consenso, siendo siempre apoyados por organizaciones internacionales como las Naciones Unidas. Bien es cierto que no ha sido hasta las últimas elecciones que ambos lados han contado con unos representantes verdaderamente dispuestos a finalizar con el asunto. Dentro de este longevo tira y afloja hay una serie de cuestiones que, al visitar la isla, uno comprende tengan gran relevancia para todas las partes, ya que son asuntos que, o se solucionan de manera correcta o pueden acarrear graves problemas en un futuro.

La cuestión sobre el tipo de gobierno es una de las más importantes; cada parte defiende modelos opuestos, siendo la turco-chipriota favorable a un gobierno basado en la binacionalidad, con gobiernos independientes que compartan asuntos de exterior y representabilidad, más próximo a la idea de Taksim, una confederación de Estados. El gobierno de Chipre apuesta por un modelo de Estado similar al que fijó la constitución de los 60, con un gobierno central en el que cada comunidad elija un representante de entre ellas, siendo el greco-chipriota presidente y el turco-chipiota vicepresidente. La administración, bajo el modelo griego, estaría compuesta por funcionarios de ambas comunidades con una proporcion de 35% turcos y un 65% griegos.

El mayor problema en torno al modelo de gobierno proporcional es que, como ya ocurrió, una de las partes, la greco-chipriota concretamente, se sirva de su mayoría en las instituciones para ir reduciendo el poder de los contrarios. Algo similar a esto es lo que el gobierno de Makarios III hizo durante los años 60, intentando acabar con el derecho a veto del vicepresidente turco para modificar la constitución, lo que derivó en violencia en las calles y la definitiva intervención de Turquía en 1974 basándose en su posición como garante de la seguridad de la minoría turca. Al mismo tiempo la comunidad griega defiende que los inmigrantes venidos desde Anatolia durante el proceso de ocupación regresen a sus hogares en Turquía, ya que su presencia en una posible unión supondría una variación sobre la proporción real de turco-chipriotas y alteraría la balanza electoral.

Otro punto importante es el de la libertad de movimiento de las distintas comunidades, ya que esta ha ido flexibilizándose desde el retorno de las partes a la mesa de negociaciones en 2002. Actualmente los ciudadanos turco-chipriotas poseen un carnet de identidad chipriota, entendiendo el gobierno de Chipre que son ciudadanos viviendo en un teritorio ocupado ilegalmente desde 1974 por la Republica de Turquía. Además, al ser Chipre un estado miembro de la Unión Europea, los Turco-chipriotas pueden cruzar al lado sur sin ningún tipo de impedimento y viajar como ciudadanos de un país miembro. A su vez, todos los habitantes de Chipre del Norte cuentan con un documento de nacionalidad turco-chipriota, lo que les permite acceder a Turquía.

En este asunto, la comunidad turca reclama una reducción de la libertad de movimiento de las personas vinculadas a las organizaciones nacionalistas griegas como EOKA, responsables de muchos ataques contra esta minoría. Y de nuevo tenemos que añadir el debate en torno a los inmigrantes turcos, quienes no cuentan con la libertad de movimiento de un turco-chipriota y según el estado de Chipre no deberían mantenerse en el territorio.

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En la estancia en la isla pudimos comprobar la importancia del asunto de la propiedad en la ciudad de Famagusta, la tercera en importancia en el territorio turco. Al final de la costa en dirección sur hay un cementerio de edificios que se erigen como testigo de lo ocurrido y ejemplo de este problema. Conocido por los griegos como Varosha, la ciudad fantasma es el mejor ejemplo de pueblos abandonados en el territorio.

Con la ocupación turca en 1974, unos 150.000 griegos y alrededor de 40.000 turcos huyeron abandonando todo lo que poseían, dejando atrás sus vidas y propiedades. La ciudad de Kapalımaras –nombre que le dan los turco-chipriotas a Varosha– fue en su día un floreciente paraíso hotelero de la costa del Mediterráneo oriental; ahora sólo los cascos azules disfrutan de sus calles cubiertas de una naturaleza salvaje que ha ocupado el espacio de los turistas.

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La cuestión de la propiedad en este tipo de conflictos es importante, ya que si la disputa se soluciona, habrá muchos casos en los que las propiedades de muchos griegos son ahora disfrutadas por turco-chipriotas y viceversa. Es un tema muy peliagudo, en especial la zona de Varosha, ya que este tipo de enclaves poseen un potencial económico que ninguna de las partes quiere dejar escapar.

Los peones del tablero

Ya rumbo a Tuquía abandonamos la isla con la sensación de que los chipriotas no son tan culpables de la situación en la que se encuentran, son más bien víctimas de su historia, de enfrentamientos entre culturas y de las malas gestiones de actores que han encontrado intereses en el terriotorio.

La actuación de la Unión Europea no ha sido todo lo buena que debería; de algún modo el aislamiento al que se ha sometido al territorio turco –por parte de la UE como de la comunidad internacional en su conjunto– fueron utilizados como medio de presión a Turquía para que acabara con la ocupación.

Esta puede que diera resultado en cuanto a la relación con Turquía se refiere, usando su deseo de acceso a la UE como medio de chantaje. Sin embargo, fue improductivo para los turco-chipriotas pues Turquía sigue siendo el único país con el que el Estado de facto puede comerciar, lo que genera una dependencia total. También la República de Turquía se ha servido del territorio del norte de Chipre como comodín en su política exterior, supeditando de nuevo los intereses de la población local a los propios.
A su vez, las políticas de NNUU no han sabido abordar la disputa como es debido, el rechazo del plan Annan en el referéndum de 2004 por parte del 75% de greco-chipriotas, aparte de demostrar que no se enfocó bien, no es comprendido por la parte turca.

Aquellos con los que pudimos hablar sobre el asunto no entienden este amplio rechazo del plan, pero puede ser explicado por la presencia militar turca en el norte y por la diferencia económica que existe entre ambas partes –en ese momento Chipre estaba a punto de acceder a la UE, como algunos turcos nos dijeron: “los griegos pierden más que nostros”. Los chipriotas no necesitan tanto de la unión como lo hacen sus vecinos del norte. Para la parte sur la unión podría no ser tan beneficiosa, especialmente en el aspecto económico.

Finalmente, existe una opinión compartida entre los líderes de los dos Chipres sobre la necesidad de no perder más el tiempo. Cuanto más se prolongue el asunto, mayor será la brecha entre ambas comunidades. Si la barrera lingüística es ya un obstáculo, la división no hace más que destruir los rasgos culturales que como chipriotas ambas comunidades comparten. Para la parte norte en particular el paso del tiempo no hace más que aumentar su dependencia en Turquía. La instalación de un suministro de agua directo desde la ciudad costera de Mersin a Girne en el norte de la isla, ha dejado claro a los líderes de los dos territorios hasta que punto el norte está bajo el sistema neo-colonial turco. Lo que no significa que los greco-chipriotas no estén en una situación similar a sus vecinos del norte, en menor medida, bajo la sombra de los intereses de Atenas.

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Cuidar los brotes verdes

El entendimiento entre vecinos se hace más necesario que nunca, aprovechando la voluntad de ambos líderes y el apoyo que están recibiendo por parte internacional, la República Turca del Norte de Chipre que, más que un estado de facto independiente es una provincia insular turca, ha de intentar acercar posiciones con Chipre dejando a un lado los intereses de los actores externos y la historia de conflicto que las comunidades turca y griega poseen.

Griegos y turcos, Chipriotas todos, necesitan avanzar hacia un consenso que permita a ambas comunidades convivir en paz. La zona griega está pasando por una situación económica a la que ha sido llevada en parte por sus excesivas ataduras con la tan resentida economía griega. Y en el lado contrario, sus vecinos necesitas salir del pozo de aislamiento internacional en el que su única fuente de subsistencia es la ayuda que, de modo no tan altruísta, les presta Turquía.

Así, una vez más, la rama de olivo que Akıncı portó el día de su victoria, volverá a ser el símbolo de todos los chipriotas pasando de norte a sur sin tener que esperar la cola de ningún control fronterizo.

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Acerca de Eduardo Saldaña 12 Articles
Eduardo Saldaña. Madrid, 1994. Estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos y Derecho por la UNED. Apasionado de África, América Latina y Oriente Medio en particular. Especialmente interesado en la geopolítica y seguridad y defensa internacional.

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