El tráfico de fauna silvestre, un crimen transnacional

El comercio ilegal de la fauna y los recursos naturales es uno de los grandes negocios lucrativos de los grupos criminales organizados. El tráfico de marfil de elefante, el cuerno de rinoceronte y el tigre de África y Asia suroriental producen 75 millones de dólares en ganancias criminales cada año. Estos grupos de delincuencia organizada también muestran interés por plantas y animales vivos exóticos, llegando a amenazar su propia existencia para satisfacer la demanda de coleccionistas o consumidores inconscientes. Los efectos más evidentes de este comercio se reflejan en la diversidad biológica mundial. Según WWF, el crimen organizado transnacional traslada ilegalmente más de 100 millones de toneladas de peces, 1.5 millones de aves vivas y 440.000 toneladas de plantas medicinales al año, sobre todo para la medicina tradicional china. Otros datos alarmantes incluyen el desplome del número de elefantes africanos, de 1.2 millones en los años 70 a menos de 500.000 en la actualidad. La población de tigres en la India, históricamente hogar de más de la mitad de población de tigres mundial, se ha reducido a la mitad, de 3.642 en 2002 a 1.411 en 2008; y el 90% de la población de rinocerontes global ha sido arrasada por el tráfico, dejando sólo 29.000 en la actualidad.

A día de hoy, existe un fuerte argumento para afirmar que este daño ecológico está relacionado con el daño económico y estructural impuesto a los estados en vías de desarrollo. Muchas economías emergentes se basan en la exportación de materias primas, y en numerosas ocasiones, la riqueza natural mal gestionada es consecuencia de un mal gobierno, la corrupción o incluso los conflictos violentos. Igualmente, y a pesar de las convenciones internacionales destinadas a regular este problema, como la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas y Flora Silvestres (CITES), algunos países carecen de capacidad para vigilar grandes extensiones de desierto o selva, y las fronteras, especialmente las fronteras salvajes, pueden tener muy pocos controles. Igualmente, hay que plantear que la pobreza y la inestabilidad hacen que los funcionarios sean más fáciles de corromper.

Los flujos de fauna Subsahariana y del Sureste Asiático hacia Asia Central

El África subsahariana y el sudeste de Asia son el hogar de una gran parte de las especies de grandes mamíferos amenazados del mundo. Ambas regiones se enfrentan a serios desafíos para la protección de su medio ambiente, como son la falta de recursos para una gestión y aplicación efectiva de la ley, una larga tradición de caza de las poblaciones locales, insurrecciones periódicas y conflictos, la débil vigilancia de las fronteras, así como agentes de las fuerzas estatales que pueden encontrar el potencial económico de este mercado más atractivo que su propio salario. Además, los esfuerzos de aplicación de la ley se ven obstaculizados también por el comercio lícito paralelo de animales salvajes, aquella caza que no es furtiva, utilizada para trofeos y beneficios comerciales, que es legal y común en muchos países. Estos problemas no son exclusivos de estas regiones, pero, por desgracia, las especies de fauna silvestre amenazadas sí lo son.

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Los destinos de estas especies en peligro de extinción son amplios, pero los grandes mercados de fauna silvestre se encuentran en un 80% en Asia, especialmente en China. Algunas especies son características de la cocina local, o muy valoradas en la medicina tradicional, mientras que otras son muy apreciadas por su valor decorativo y llegan a ser considerados como símbolos de estatus. Las especies amenazadas están disponibles igualmente en muchos restaurantes de especialidades. Si bien son pocos los que venden abiertamente estas especies en peligro, a menudo pueden ser adquiridas en las transacciones de trastienda, pues aquellos con acceso a las redes de fauna legalmente sacrificada, pueden también acceder a los productos prohibidos con relativa facilidad.

Hay que destacar que se han hecho intentos regulados de criar algunas de estas especies cotizadas en cautividad con el fin de satisfacer la demanda comercial a modo de “granja”, pero esto no reduce necesariamente la demanda de animales salvajes. De hecho, la disponibilidad legal de estos animales puede aumentar la demanda más allá de lo que puede abastecer el mercado lícito. Las granjas están necesariamente obligadas a mantener ciertos estándares de calidad, y estas restricciones limitan el número de animales que pueden criar y aumentan los costos. Si la demanda supera la oferta, incluso los productores legales pueden sentirse obligados a comprar animales salvajes para seguir siendo competitivos, produciéndose así una “lava” de animales.

En 2005, Traffic Europa estimó que el comercio legal total de vida silvestre (sin incluir peces, madera y otras plantas), era de 22.800 millones de dólares. Sabiendo que el comercio ilegal se estima en alrededor de un tercio del comercio legal, hay que tasarlo entre los 7.6 y 8.3 mil millones de dólares. Nuestra estimación se acerca razonablemente a la de 10.000 millones de dólares, citada por la Coalición contra el Tráfico de Vida Silvestre (CAWT).

Una vez entendido el porqué de la demanda de la fauna silvestre, debemos ir tras las rutas del traficante. El primer paso en la cadena de la trata es la caza furtiva. Hay que conocer que no todos los cazadores furtivos en el mercado son profesionales a tiempo completo, pues algunos pueden ser participantes informales. La caza sigue siendo una forma de sustento para las comunidades, tanto en África como en Asia, y la caza por encargo puede representar una de las pocas oportunidades de ingresos en las familias centradas en la subsistencia. Igualmente, grupos rebeldes como el National Democratic Alliance Army (NDAA) en Myanmar, localizados en las fronteras entre países, suelen tener tendencia a practicar este tipo de negocios. Por otro lado, la concentración de especies en peligro de extinción en los parques o reservas naturales –algunos tan conocidos como el Kruger en Sudáfrica o el Serengeti en Kenia– pueden hacer el trabajo de los cazadores furtivos profesionales aún más fácil, pues si bien cuentan con pocas medidas de vigilancia, bien con guardas corruptos, pueden asegurarse el acceso a un flujo constante de animales saludables y en buenas condiciones. Cada año, los parques nacionales de África y Asia reportan miles de casos de caza furtiva. No está claro cuántos de estos casos implican la colaboración de los guardaparques.

El segundo paso, una vez cazado y sacrificado el animal, es desmenuzarlo en diversas partes o bien conservar su estructura, para así transportarlo para su posterior procesamiento. Otras especies se capturan y se trafican vivas con el objetivo de ser utilizadas como mascotas, alimentos o medicamentos, aunque muchos animales mueren en el viaje. Finalmente, el transporte varía dependiendo de la fuente y el destino. Es importante conocer que los traficantes son un grupo totalmente paralelo a los cazadores furtivos, pues los primeros actúan como intermediarios y coordinadores tanto en los países de origen como de destino.

La guerra del marfil. National Geographic Channel

El tráfico en África

Parece que África Central es la principal fuente de marfil de elefante y el sur de África la principal fuente de cuerno de rinoceronte. Una vez que se eliminan las partes deseadas de cada animal, éstas pueden ser comercializadas mediante dos vías. Las pequeñas piezas de marfil son tratadas y comercializadas en el propio continente, y se venden especialmente a compradores individuales procedentes de Asia que transportan esas pequeñas piezas en su equipaje. Por otra parte, las piezas de mayor volumen son tratadas en África, pero posteriormente son enviadas al extranjero, especialmente a Asia Central. Algunos de estos productos fluyen primero hacia el norte a Oriente Medio. A pesar de que Yemen es un destino clave para el comercio de cuerno de rinoceronte, no está claro cuánto de este flujo se consume localmente y cuánto continúa su camino hacia la zona centroasiática.

En noviembre de 2008, la Interpol coordinó la Operación Baba, el desmantelamiento de un grupo criminal organizado que dirigía los mercados de marfil en cinco países africanos: Congo, Ghana, Kenia, Uganda y Zambia. En noviembre de 2009, la Interpol coordinó también la Operación Costa, en la que se desmantelaron mercados de marfil en seis países de África oriental: Burundi, Etiopía, Kenia, Ruanda, Uganda y la República de Tanzania. En Etiopía en particular, grandes volúmenes de artículos de marfil destinados a Oriente Medio fueron recuperados (palillos, boquillas para cigarrillos, estampas, etc.).

Desde África, el tráfico tiene también una serie de rutas a Asia. Singapur, Tailandia y Vietnam aumentaron en importancia como países de tránsito para el marfil de elefante en 2009. Para el cuerno de rinoceronte, China, Vietnam y Tailandia han sido identificados como las dos principales zonas de tránsito y consumidores, junto con Singapur, Japón, la República de Corea, Malasia, Brunei y Macao.

Principales flujos de tráfico de cuerno de rinoceronte
Principales flujos de tráfico de cuerno de rinoceronte
Principales flujos de tráfico de marfil
Principales flujos de tráfico de marfil

El tráfico en Asia

Asia sirve como fuente, tránsito y/o destino para una gran parte de los animales en peligro de extinción cazados en el mundo. Algunos productos se obtienen y consumen en el mismo país, pero, por razones económicas, la mayoría son víctimas de la trata transnacional. La variedad de productos de vida silvestre utilizados en Asia es extensa, y animales en peligro de extinción se mezclan fácilmente con otros no catalogados como tal, (serpientes, arañas, tortugas, escorpiones, ardillas, conejos, gatos, perros y pájaros). Además de productos de alto valor como el marfil, el cuerno de rinoceronte –sobre todo proveniente del Parque Nacional de Kaziranga de Assam– y la piel de tigre, animales menos conocidos como el “pangolín” y el “slow loris” son igualmente vendidos.

Una fuente clave de la demanda es el sector de la restauración. La Asociación China de Conservación de Vida Silvestre (CWCA) llevó a cabo en 2007 una encuesta de opinión en 16 ciudades chinas sobre el consumo de animales silvestres como alimento. Según la encuesta, 88 animales silvestres fueron identificados como especies comúnmente consumidas como alimento en dicho país. Igualmente a día de hoy, gran parte de la demanda de pieles, especialmente de tigre, proviene de la China urbana y apoderada, donde son usadas como artículos de decoración para el hogar, o del Tíbet, donde éstas se utilizan para hacer los trajes tradicionales conocidos como “chupas”.

Myanmar es el principal país utilizado para el contrabando de vida silvestre de Asia Sur-Oriental a China, el mayor consumidor, mientras que la fauna de Camboya y Laos se introduce de contrabando principalmente en Vietnam, otro importante mercado de destino. Tailandia sirve como país de tránsito y centro comercial para los compradores de toda la región. Japón y la República de Corea también son mercados de destino de determinados productos. La ciudad fronteriza de Mong La en Myanmar, situada a lo largo de la frontera con China, es una zona tomada por los rebeldes del National Democratic Alliance Army (NDAA), con los que el Gobierno de Myanmar ha llegado a un acuerdo: a cambio de poner fin a las hostilidades, se ha concedido al ejército insurgente el control total sobre los asuntos locales. Este suceso dio paso a la apertura de un mercado de fauna en peligro altamente lucrativo. Así, Myanmar sirve como conducto para la fauna de contrabando desde el noreste de la India y Nepal a China. Uno de los principales productos básicos de origen en el subcontinente es de piel de tigre. Existen cerca de 3.200 tigres en estado salvaje, con alrededor de la mitad de estos en India. Los tigres también se introducen de contrabando a través de la cordillera del Himalaya en China, con importantes centros minoristas en Linxia, ​​Xining, Lhasa, Nagqu, Shigatse y Litang.

Principales flujos de tráfico de pieles de tigre
Principales flujos de tráfico de pieles de tigre

Pero además de las rutas terrestres, el tráfico marítimo desde Hong Kong a Shenzhen (Guangdong) es otro importante vector. Los traficantes utilizan barcas “zhongfei”, más rápidas que las utilizadas por la Guardia Costera. Estas rutas marítimas incluyen el uso de las aguas cerca de Shenzhen y Shekou; el estrecho Golfo de Beibu, en la provincia de Hainan; las aguas cerca de Beihai y Fangchenggang, de la provincia de Guangxi; las aguas cerca de Shantou y Chaoyang de la provincia de Guangdong; y las aguas cerca de Xiamen.

Alto al tráfico ilegal de vida silvestre. WWF

El riesgo del tráfico ilícito de fauna silvestre

Los efectos negativos del comercio ilícito de fauna silvestre son sufragados por el escaso desarrollo de los países de origen, los países consumidores –desarrollados y en desarrollo–, y la comunidad internacional en general. En muchos países de origen, la ecología y fauna que sustentan es única en todo el mundo, y aunque es difícil de medir, no hay duda de que la pérdida de esta biodiversidad repercute negativamente en las industrias de turismo, y por lo tanto, en las economías oficiales de los países en cuestión.

Por otra parte, los traficantes de fauna silvestre se benefician de la debilidad del Estado, donde la pobreza, la corrupción y los escasos medios para la aplicación de la ley hacen que sea fácil atraer a la gente a convertirse en cazadores furtivos. Por este motivo, los traficantes tienen gran interés en la prevención activa del desarrollo económico y estructural del país de origen de los productos traficados.

Otro punto a destacar es la amenaza a la salud pública que existe para los países consumidores de animales silvestres. Como hemos visto, 88 especies protegidas fueron identificadas como de consumo frecuente en China, y de acuerdo con la Oficina de Responsabilidad Gubernamental y el Centro para el Control de Enfermedades, el 75% de las enfermedades emergentes alcanzan a los humanos a través de una mutación del virus en su forma animal. La gripe aviar (H5N1), el SARS, el heartwater o cowdriosos, y la viruela de los monos son solo algunos ejemplos de enfermedades mortales facilitadas por el tráfico ilícito de animales. De hecho, tanto la gripe aviar como el SARS brotaron en las proximidades de Guandong, vía de tráfico ilícito en China. Enfermedades como estas pueden causar estragos en las economías y en última instancia en las poblaciones si llegan a niveles de pandemia.

Se conoce que los grupos rebeldes utilizan las ganancias del tráfico de vida silvestre con el fin de financiar sus operaciones militares. Desde 2003 la milicia Janjaweed en Sudán ha matado a cientos de elefantes en el vecino Parque Nacional de Chad Zakouma, utilizando el dinero del tráfico para financiar el armamento que se utilizará en los campos de la muerte de Darfur. Además, según la Interpol, señores de la guerra somalíes junto con grupos islamistas yihadistas en la India vinculados con Al Qaeda, Harakat ul-Jihad-I-Islami-Bangladesh y Jama’atul Mujahideen Bangladesh, manejaban redes internacionales de tráfico de cuerno de rinoceronte en el país. Estos acontecimientos tienen consecuencias no sólo para los países en desarrollo, sino también para la seguridad internacional. Finalmente, se conoce que a veces, incluso las propias fuerzas del gobierno están relacionadas con estas mafias o grupos criminales, dificultando la labor de las organizaciones que luchan para poner fin a estos flujos ilícitos.

En términos generales, la estrategia para frenar el tráfico ilícito de vida silvestre se debe basar en cuatro objetivos: la mejora de la capacidad de aplicación de la ley, la reducción de la demanda de los consumidores, la aplicación de sanciones más estrictas contra delitos relacionados con la fauna silvestre, y la canalización de la voluntad política entre los países de suministro y de demanda. Así, muchos gobiernos, organismos intergubernamentales, organizaciones de aplicación de la ley y grupos no gubernamentales de conservación trabajan con estos objetivos para poner fin al tráfico de fauna silvestre. Más de 170 países se han adherido a la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), que establece normas para garantizar que el comercio internacional de especies silvestres no sea una amenaza a la supervivencia de una especie animal o de planta.

Igualmente, para coordinar los esfuerzos contra el tráfico, el Departamento de Estado de Estados Unidos creó en 2005 la Coalición contra el Tráfico de Fauna Silvestre formada por agencias del gobierno de Estados Unidos y extranjeras, organizaciones internacionales, organizaciones no gubernamentales y el sector privado.

Además de estas dos iniciativas, existe también un sistema mundial de redes regionales de aplicación de las leyes de protección de la fauna silvestre, que incluyen la Red de Aplicación de la Ley de Protección de Fauna Silvestre de la Asociación de Naciones del Sudeste de Asia en Tailandia, y la Red de Aplicación de la Ley de Protección de la Fauna Silvestre de Asia del Sur en Nepal. Igualmente, en abril de 2012, varios países de África Central acordaron establecer una red de aplicación de leyes de protección de la fauna silvestre. Estas redes trabajan en estrecha colaboración con las organizaciones de aplicación de la ley mediante el Consorcio Internacional para Combatir los Delitos contra la Vida Silvestre y con las organizaciones de conservación más importantes, entre ellas la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, el Fondo Mundial para la Naturaleza, TRAFFIC International, y el Fondo Internacional para el Bienestar de los Animales.

Acerca de Marina Romero 8 Articles
Menorca (1993). Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Rey Juan Carlos. Cursando el Máster de Internacionalización Empresarial del ICEX. Interesada en Relaciones Internacionales, especialmente el área del Mediterráneo y su seguridad.

1 comentario en El tráfico de fauna silvestre, un crimen transnacional

  1. Es curioso porque siempre se nos ha vendido la idea de que somos los turista europeos los que contribuimos a la extinción de la fauna africana.

    Ahora resulta que en un arrebato de realismo no somos nosotros, sino los poderes asiáticos que al tener mayor demografía tienen por tanto un poder de compra mucho mayor.

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