La violencia sexual: un problema de guerra y paz

Llaman por el micrófono, la sala se calla. Nos giramos para buscar a la persona que la mesa reclama. De repente una mujer se levanta, alta, muy oscura y con una seriedad que llama nuestra atención. No destaca por su vestimenta; al contrario que muchos de los presentes, su ropa es discreta, podía estar en cualquier otro ambiente sin llamar la atención. Cuando sube a la tarima se la nota nerviosa. Es Sevil –un nombre falso–, de Sudán del Sur. Una mujer joven que, únicamente contando su día a día y las razones por las que mantiene su lucha contra la violencia sexual, nos deja sin palabras; la determinación en su gesto y el tono de su voz, bajo por los nervios pero firme, hacen que no podamos más que admirar su lucha.

Todo esto ocurrió en el Global Meeting de Estambul el pasado mes de diciembre, un foro en el que mujeres y hombres, en particular las primeras, defendieron con determinación los objetivos que se establecen en la Agenda 2030 para acabar con la violencia sexual e hicieron un llamamiento en pos una concienciación real sobre el asunto.

Una vez la sesión terminó nos acercamos a hablar con Sevil quien, con una sonrisa que no habíamos visto en su intervención, no tuvo ningún reparo en charlar con nosotros y descubrirnos una pequeña parte del sufrimiento por el que pasan muchas mujeres en Sudán del Sur y, desgraciadamente, en muchos otros lugares del mundo. La ONG de Sevil trabaja en el terreno para luchar por todas las victimas que, ya sea en el conflicto o en tiempos de paz, han sido y son víctimas de la violencia sexual. Desde la discreción en su ciudad natal combate algo como la violencia sexual que, como iremos viendo, no se puede reducir a los actos per se, sino que afecta al sistema en su conjunto, estando presente constantemente, ya sea en tiempos de guerra o durante la paz.

Un tema joven y complejo

La conversación con Sevil, junto con los discursos de decenas de mujeres que luchan por terminar con una lacra como esta, me hizo querer indagar en el asunto. La violencia sexual normalmente se asocia con conflictos armados, si bien es cierto que es en ellos donde se registran la mayor cantidad de casos, no debemos olvidar que esta violencia es algo que está presente en nuestro día a día, no necesita de ningún conflicto para tener lugar. La violencia sexual es definida por la Organización Mundial de la Salud como “actos que van desde el acoso verbal a la penetración forzada y una variedad de tipos de coacción, desde la presión social y la intimidación a la fuerza física”.

Como vemos esta violencia puede darse en multitud de situaciones, no está limitada a un contexto único, y esto lo debemos tener siempre en mente cuando la tratemos. En cuanto al tema que nos atañe, el de la violencia sexual en crisis humanitarias, tenemos que ser conscientes de su relativa juventud como campo de estudio, lo que sumado a la rápida difusión que ha tenido en el panorama internacional, puede no haber favorecido a un enfoque claro.

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No fue hasta finales de los años noventa cuando se comenzó a tomar conciencia de la gravedad de los actos que esta comprende. Los abusos a mujeres en la guerra a lo largo de la historia siempre se han concebido como algo ligado al conflicto, algo inevitable e incluso un pseudo-derecho de los combatientes; cuántas veces se han oído de la boca de oficiales los “son cosas de los chicos” o “los soldados necesitan despejarse”. De hecho, son conocidos los abusos que durante y tras la Segunda Guerra Mundial se llevaron a cabo por todos los bandos participantes y cómo estos no fueron juzgados en los juicios posteriores.

Sin embargo, fueron conflictos como el yugoslavo y el ruandés donde, ante la barbarie de estos actos, la comunidad internacional comenzó a ser consciente de las implicaciones que las crisis humanitarias tienen para el sufrimiento de las mujeres y niños. Porque aunque se quiera reivindicar que existen casos de violencia sexual contra hombres –hecho real, deplorable e innegable– no debemos dejar de ser conscientes de que el 98% de los casos de violencia sexual en crisis humanitarias son sufridos por mujeres. Son ellas las principales víctimas.

Fuente: (http://www.huffingtonpost.com/2013/03/26/sexual-violence-in-conflict-index-2013_n_2956085.html)
Fuente: (http://www.huffingtonpost.com/2013/03/26/sexual-violence-in-conflict-index-2013_n_2956085.html)

Estos conflictos fueron la chispa que se necesitó para que a nivel internacional se comenzara a tratar el tema con mucha más atención. Los casos de violación y maltrato sexual que se vivieron en ellos dejan sin palabras a cualquiera: violaciones con objetos, embarazos forzosos como medio de limpieza étnica, esclavitud sexual, esterilización y un largo y triste etcétera. Otros conflictos de la década de los 90, bien por razones étnicas, políticas o religiosas, estuvieron muy marcados por la presencia de este tipo de violencia. En el conflicto en Sierra Leona entre 1991 y 2002, más de 60.000 mujeres fueron víctimas de violencia sexual, al igual que en la ex república de Yugoslavia, y alrededor de unas 150.000 en los conflictos de Ruanda y la República Democrática del Congo respectivamente.

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Hoy en día la violación, la esclavitud sexual, la esterilización o el embarazo forzado y otros abusos sexuales de similar gravedad son reconocidos como crímenes de lesa humanidad por el Estatuto de Roma (Artículo 7.1), cosa que, como hemos mencionado anteriormente, no se había planteado antes al ser concebidos como una consecuencia normal de cualquier conflicto. Pero muchos de los actos de violencia sexual que las victimas sufren no son recogidos en este tipo de documentos, lo que hace que la definición de violencia sexual quede muy determinada por estas compilaciones de leyes.

Como vemos la violencia sexual en conflicto es algo que con los años ha ido ganando presencia en las conferencias internacionales y en los planes de ayuda humanitarios. Sin embargo, no está relacionada únicamente con los conflictos armados, no necesita de ellos para tener lugar, sino que siempre está presente. Si esta existe en una situación de estabilidad, cuán grave será cuando todo el sistema se ve afectado por una crisis humanitaria. Indagando en el asunto nos damos cuenta de que la mayoría de análisis y estudios se centran en conflictos armados y sus consecuencias. Al hablar con las personas involucradas en esta lucha uno es consciente de que el concepto de violencia sexual está excesivamente relacionado con los conflictos armados, es decir, la guerra y no tanto con su profunda penetración en el día a día de muchas sociedades.

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Al hablar de violencia sexual en crisis humanitarias es inevitable que a nuestra cabeza vengan imágenes de conflictos africanos, de Oriente Próximo y de distintas regiones del globo, pero conflictos al fin y al cabo. Con esto no debemos pensar que los casos de violencia sexual en conflicto no son importantes, más bien al contrario, son los más relevantes porque en ellos las víctimas se enfrentan a un mayor número de amenazas para su integridad sexual. Lo que queremos dejar claro es que durante crisis humanitarias como el terremoto de Haití en 2010 o las terribles inundaciones en Pakistán ese mismo año, los casos de violencia sexual aumentaron exponencialmente.

Los conflictos de Myanmar y de la República Democrática del Congo suelen ser utilizados como ejemplos tipo de conflictos en los que la violencia sexual está ampliamente extendida. En ambos la violencia contra la mujer se utiliza como un arma de guerra que sirve para dominar al enemigo atacando a los miembros más desprotegidos de la sociedad. Ya sea por motivaciones religiosas o étnicas los casos son estremecedores. En la RDC se calcula que alrededor de medio millón de mujeres han sido violadas en lo que dura el conflicto. En el otro polo del globo, en Birmania, casos como los del país africano se dan a diario, motivados por diferencias étnicas y siendo un mecanismo de dominación de las minorías del país.

Pero en los casos de Pakistán o Haití, el desastre natural ha supuesto una vida de terror y sufrimiento para muchas mujeres y niños, ha acabado con el control que podía existir sobre estos actos. En lugares donde la violencia sexual ya existía, estas catástrofes han incrementado los casos drásticamente. Los campos de refugiados se han convertido en trampas, lugares en los que las víctimas tienen que convivir con sus agresores a diario. Solo en la capital haitiana, Puerto Príncipe, en los primeros 200 días tras el terremoto se denunciaron alrededor de 150 casos de violación, y a esto tenemos que añadirle todos los casos que no son denunciados por miedo a la estigmatización social, algo que juega un papel muy relevante en la impunidad de los agresores.

Todas estas formas de tortura y vejaciones físicas y psicológicas tienen como fin último el dominio sobre el individuo, ya esta violencia está estrechamente relacionada con la idea de poder y opresión fruto de una ideología patriarcal ampliamente extendida.

Una violencia de base

La violencia sexual es un tema muy difícil de tratar, la aproximación al mismo no es fácil y es normal que siendo tan relativamente joven en cuanto a presencia internacional se refiere, se critique el enfoque que se le ha dado.

Algunos grupos feministas defienden que la violencia sexual se está asociando en exceso al campo de la seguridad, sin centrarla en el verdadero problema: la ideología que motiva su aparición. La necesidad de llamar la atención de las organizaciones internacionales hizo que el discurso y enfoque del tema cambiaran. En concreto, la resolución 1820 del Consejo de Seguridad en 2008 fue un punto de inflexión según muchas de las expertas en el asunto. La inclusión de la violencia sexual como un subtema que tratar cuando se encara un conflicto armado hace que la importancia de esta quede supeditada a un plan general sin ser el centro del mismo. La violencia sexual que encontramos en las crisis humanitarias es el resultado de una desigualdad de género presente en la base de esas sociedades. Ante esto se hacen necesarias políticas de equidad que reduzcan las desigualdades y que favorezcan el empoderamiento de la mujer. Sin embargo, cuando el tema se mezcla con planes para acabar con un conflicto, esas políticas igualitarias que han de desarrollarse en tiempos de paz dejan de estar tan presentes para dejar paso a planes de acción cortoplacistas y muy concretos.

A su vez, el empoderamiento de la mujer como forma de reducción de la violencia sexual en crisis humanitarias no pasa únicamente por mejorar la presencia de líderes femeninos en las zonas afectadas, sino que se necesita aumentar la presencia de estos representantes en la toma de decisiones si de verdad se quiere combatir este crimen. No se pueden desarrollar políticas para afrontar una catástrofe humanitaria sin que los grupos de representación de la mujer sean actores principales y no invitados a la mesa.

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En la conferencia de Estambul muchas activistas hablaron sobre cómo las políticas que se aplican no están centradas en el día a día de las mujeres en esas zonas. Las mujeres y niños son víctimas de estas catástrofes, sufren las consecuencias a corto, medio y largo plazo, por lo que las medidas tienen que centrarse en cubrir las necesidades que posean durante todo ese tiempo. La ausencia de elementos como compresas, demás métodos de higiene o anticonceptivos, pueden suponer una gran dificultad para muchas mujeres durante dichas crisis. Si la vida en los campos de desplazados, donde su integridad sexual está en constante riesgo, es ya de por sí lo suficientemente dura, imagínense si a eso le añadimos el choque que, para muchas, dentro de sus respectivas culturas, puede suponer el no tener una privacidad en la que atender sus necesidades más íntimas. Otro factor muy comentado es el de los métodos anticonceptivos; teniendo en cuenta que no es posible impedir todas y cada una de las violaciones, sí que se pueden ofrecer métodos para evitar que estas dejen embarazadas a las víctimas. No tiene que ver con el rechazo de la madre al bebe por ser fruto de una violación, sino que tal vez en ese momento esta no es capaz de hacer frente a un nuevo hijo o que la vida de la madre, por su edad u otros problemas de salud, corra peligro.

A su vez, es muy importante el cómo se afronta la base sobre la que la violencia sexual está fundamentada: la ideología patriarcal de muchas de las sociedades dónde tienen lugar estas crisis. ONGs como la de Sevil intentan actuar contra esto mediante la involucración de los líderes tribales en la lucha contra esta violencia, lo que no solo hace que la estigmatización social de la víctima se reduzca, sino que favorece que estas denuncien sus casos al verse respaldadas por sus comunidades.

Al mismo tiempo, la impunidad, uno de los elementos que acompañan a la violencia sexual y que en muchos de los casos favorecen su aparición, se disminuye. Cuando el agresor no va a recibir ningún castigo las víctimas se niegan a denunciar por miedo a represalias. En zonas como Birmania, por poner un ejemplo de muchos, la mayoría de las denuncias tienen como culpables miembros de las fuerzas estatales, que, actuando bajo el amparo de su posición, abusan de sus víctimas sin miedo a ser castigados. La desintegración de los sistemas de protección hace que los agresores puedan aprovecharse de unos mecanismos de ayuda a las victimas muy precarios, que en muchos casos no hacen más que ayudar a su impunidad.

Fuente: http://www.acleddata.com/wp-content/uploads/2015/03/ACLED-Conflict-Trends-Report-No.35-March-2015.pdf
Fuente: http://www.acleddata.com/wp-content/uploads/2015/03/ACLED-Conflict-Trends-Report-No.35-March-2015.pdf

Un cambio de enfoque necesario

Viendo el enfoque de la violencia sexual en crisis humanitarias y tras discutir sobre ello con personas involucradas en la lucha, nos damos cuenta de que estas crisis no son más que otra de las formas en las que esta violencia se materializa. No surge como consecuencia de un conflicto o un desastre natural, sino que estos le sirven como catalizador para desarrollarse más aún.

Si de verdad queremos combatir esta violencia hemos de centrarnos en su base. Como muchas activistas defendieron, no se puede querer acabar con ella durante la resolución de la crisis si no se desarrollan políticas que encaren el asunto en el periodo de estabilidad. Hay que despolitizar la violencia sexual, alejarnos del plano de seguridad y defensa, entender que es una constante social; lo que las crisis hacen es favorecer su desarrollo bajo ningún tipo de sistema de control.

Las desigualdades de género, el acoso y las distintas formas de discriminación que la mujer sufre día a día son la base que alimenta esa violencia en conflicto y todos los terribles crímenes en los que se manifiesta. Esto se tiene que abordar con políticas que busquen acabar con esa falta de igualdad de derechos entre unas y otros en momentos de crisis, pero especialmente en tiempos de paz.

Sobre todo hay que seguir luchando por todas las víctimas de esta violencia y hemos de seguir apoyando a esas personas que combaten estos crímenes. Como Selim dijo antes de que nos marcháramos: “Ellos me han amenazado, a mi familia y a mis amigos. Han torturado a gente de nuestra asociación cuando han ido a por ellos. Pero no tenemos miedo, ellos lo tienen, de que les castiguen por lo que han hecho y por lo que son”.

Acerca de Eduardo Saldaña 16 Articles
Eduardo Saldaña. Madrid, 1994. Estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos y Derecho por la UNED. Apasionado de África, América Latina y Oriente Medio en particular. Especialmente interesado en la geopolítica y seguridad y defensa internacional. Twitter: @EduardoSaldania

2 comentarios en La violencia sexual: un problema de guerra y paz

  1. en la violencia de gènero, esa violencia q se da intramuros, donde no hay testigos, ni ayuda, tmb hay violencia sexual

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