El reto del cambio climático para la agricultura rusa

El 30 de noviembre del 2015 tendría lugar la undécima sesión de los firmantes del Protocolo de Tokyo, con la consecuente retórica del progreso hacia una reducción del cambio climático. El objetivo de frenar la emisión de gases CO2 es una prioridad absoluta si queremos frenar el aumento de la temperatura mundial. La nota destacada la ofrece la comunidad científica, la cual indica claramente que vamos camino a una situación de no-retorno, ésto es, un aumento de dos grados centígrados por encima de la media, hasta la cifra de cinco grados. Para hacernos una idea, según un estudio de la revista Science, en 11.000 años la temperatura global aumentó en un grado. A partir de la Revolución Industrial, en un periodo únicamente de 150 años, la temperatura aumentó otro grado.

Ante esta afirmación, no queda otra que rendirnos a la evidencia y reconocer los efectos nocivos de éste aumento de temperatura. Dejamos la pelota en el tejado de países cuya emisión de CO2 es la mayor en el planeta, caso de China, Estados Unidos y Rusia. Según la base de datos EDGAR (Emission Database for Global Atmospheric Research) de la Comisión Europea, contando en un periodo de entre los años 90 al 2013, la tasa de emisiones tanto rusa como estadounidense ha conseguido mantener su nivel a lo largo de los años. Sin embargo la cifra china quintuplicó su resultado en 23 años. Cómo mantener el nivel de desarrollo y producción de estos tres países respetando el límite de emisiones impuesto en el Tratado de Kyoto es una realidad que difícilmente está siendo atacada hoy en día.

Canción de hielo y gas. El suelo ruso

Dentro de las consecuencias físicas producidas por el cambio climático, se encuentra el deshielo. La disminución del nivel de espesor de los glaciares proporciona un medidor auténtico de éste cambio, así como la desaparición de superficie glaciar en los polos. Pero, ¿qué ocurre con las zonas congeladas situadas en la Federación Rusa? El cambio climático ofrece la oportunidad para aprovechar mayor cantidad terrestre para ampliar lo que podemos considerar uno de los puntos fuertes en la economía rusa: la agricultura. Amplias zonas centrales impracticables por las bajas temperaturas puede proporcionar terreno fértil para nuevos campos de cultivo.

Para atajar la problemática que supone el cambio climático, Rusia llevó a cabo la creación de una doctrina climática y un plan de acción en 2009 y 2011 respectivamente, con la intención de crear un equilibrio al mitigar la emisión de CO2 implementando medidas que incrementaran la eficiencia energética en todos los sectores económicos, tratando de reducir un 25% la cifra obtenida en el año 1990 para el 2020. Todo ello se tendría en cuenta finalmente con la presentación en marzo del año 2015 del plan de acción para el Framework Convention on Climate Change (UNFCC) de las Naciones Unidas, tratado firmado por Rusia en 1992 y ratificado en 1994, con el que se establecen protocolos de actuación para limitar la emisión de los anteriormente citados gases.

Sobre el papel, Rusia se implica de manera directa a la hora de tomar cartas en el asunto. Y no es para menos, dado que la posición geográfica de Rusia la convierte en uno de los países más susceptibles de sufrir los efectos del cambio climático. Con una temperatura media que ronda los -4 grados centígrados, Rusia se trata del país más frío del mundo. Aun así, la diferencia de temperatura de unas zonas a otras puede ser abismal, llegando a -40 grados centígrados en la estepa siberiana. Esta temperatura extremadamente fría da lugar a lo que en geografía se conoce como permafrost, que consiste en la congelación permanente de los niveles superficiales del suelo.

Fuente: http://www.geo.tu-freiberg.de/studenten/Baikal_2004/baikalexcursion/hydrogeology/overview/permafrost.HTM
Fuente: http://www.geo.tu-freiberg.de/studenten/Baikal_2004/baikalexcursion/hydrogeology/overview/permafrost.HTM

MÁS INFORMACIÓN: Description of Russian Permafrost

El porcentaje total de superficie terrestre que atesora Rusia afectada por permafrost ronda el 70%. Según estudios del Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC), a medida que la temperatura global aumente, el porcentaje de suelo afectado bajará exponencialmente, calculándose un 11%, 18% y 23% para los años 2030, 2050 y 2080 respectivamente. Una de las consecuencias de la desaparición de éste permafrost es que la tierra se hunda debido a la desaparición de esas capas de hielo permanentes, las cuales pueden liberar grandes bolsas de metano situadas en capas más bajas. Lo que serían grandes sumideros de carbono se convertirían ésta vez en fuentes de carbono. No sólo se liberarían bolsas de gases, sino que también se verían afectadas instalaciones y edificios construidos sobre permafrost, sobre todo en la zona oeste de Siberia.

Captura de pantalla 2016-01-12 a la(s) 14.36.01Lo que supone un peligro para las infraestructuras del país también podría constituir una ventaja a la hora de extraer carbono. Un tipo específico de permafrost como el yedoma, contiene una cantidad de carbono en su interior tal que puede llevar congelado en forma de materia orgánica durante 40.000 años. La comunidad científica estima que entre un 10% y un 15% del total del carbono pueda ser liberado a la atmósfera, pero si el total neto del carbono de permafrost fuera liberado, las condiciones de vida en el planeta serían un tanto…difíciles. El suelo pierde fertilidad por la erosión del agua, lo que acaba en la falta de nutrientes necesarios, así como su contaminación.

La cosecha, sensible al mal tiempo

En materia de extracción de gas del subsuelo, así como aplicar las medidas necesarias para minimizar el impacto del anteriormente citado permafrost, Rusia trata de aplicar leyes que ofrezcan una sinergia para el aprovechamiento de estas nuevas fuentes y a la vez cumplir con el Plan de Acción ofrecido a las Naciones Unidas.

Según datos de la Food and Agriculture Organization of the United Nations (FAOSTAT), en el año 2014 Rusia se consolidaría como uno de los mayores productores y exportadores dentro del mercado mundial agrícola, con un 7,78% y un 10,24% del total respectivamente. El impacto del cambio climático será significativo a largo plazo, en torno a un 10% de la producción nacional. Dentro de esa producción, la tierra empleada para uso agrícola representa el 13% del territorio ruso, dividido en cosechas de cereales, trigo, cebada y patatas.

Se debe tener en cuenta especialmente la diferencia térmica anteriormente mencionada entre las distintas zonas que conforman Rusia. Las variaciones regionales tendrán un impacto diferente, observando una temperatura media positiva en el este, tanto en el área colindante a los países bálticos, Bielorrusia y Ucrania, así como la franja este de Siberia. En ella podemos encontrar uno de los mayores contrastes de temperatura de todo el país. Dentro de la zona europea rusa, la cual abarca el 70% del total de la producción agrícola, podemos distinguir el distrito central, el noroeste, sur y el del Volga. La aridez castiga el borde sur del país, así como toda la zona Chernozem –tierra negra, un tipo de suelo muy fértil–, traducida en un impacto negativo en la producción.

La temperatura también es un factor clave para el tipo de cosecha que se cultiva. Dentro del tipo de cultivo podemos encontrar diferencias entre el trigo de invierno y el trigo y la cebada de primavera. Teniendo en cuenta el nivel de precipitaciones y la temperatura media, unas cosechas se ven más afectadas que otras. El trigo de invierno, cosechado en la zona sureste del país, dependerá de las temperaturas medias producidas entre septiembre y febrero, así como fechas calurosas entre marzo y junio, que es cuando crece. Sin embargo, el crecimiento del trigo de primavera, al igual que la cebada, se aprovecha de los meses de mayo y julio en los que una temperatura más calurosa favorece su crecimiento. La variación del clima dentro de estos meses, así como de las precipitaciones y la humedad, podría deteriorar la cosecha si no se desarrollan técnicas de irrigación, así como selección de cultivos más resistentes

Fuente: http://www.iamo.de/fileadmin/user_upload/Bilder_und_Dokumente/04-forschung/Forschungsprojekte/agriwanet/2_Belyaeva_Modeling_climate_change_Russian.pdf
Fuente: http://www.iamo.de/fileadmin/user_upload/Bilder_und_Dokumente/04-forschung/Forschungsprojekte/agriwanet/2_Belyaeva_Modeling_climate_change_Russian.pdf

La pérdida de calidad del suelo, así como la susceptibilidad del grano al cambio climático, obligaría a Rusia a realizar una reestructuración del suelo cultivable para mantener un nivel de producción alto. La reducción del número de inviernos con bajas temperaturas pueden amenazar las cosechas invernales, lo que incrementa el periodo de vegetación de la cosecha. Esto se puede aprovechar para aumentar la producción, al igual que la utilización de nuevas tierras más fértiles al norte del país. Sin embargo, la disminución del número de heladas ha traído consigo a su vez periodos más húmedos en primavera. La zona más castigada sin lugar a dudas es la zona sureste, cuyas sequías afectarán a la zona baja del río Volga, con posibilidad de extenderse finalmente por todo el sur.

INTERESANTE: Agriculture and Horticulture Russia

Otro factor importante a la hora de observar cambios en la producción se trata de las precipitaciones. Según el pronóstico del servicio meteorológico ruso Roshydromet, áreas fértiles como el cinturón de tierra negra Chernozem, la zona baja del Volga o el sur de Siberia sufrirán una disminución de las precipitaciones de un 22% para el 2020. Los periodos de sequía serán más frecuentes a partir del 2015, afectando al suministro de agua y alimentos. Para el 2020, Roshydromet prevé un descenso global de las cosechas de un 11%.

Inversión y desarrollo para mantener la agricultura

La difícil situación económica rusa plantea un reparto más cuidadoso del presupuesto alrededor del desarrollo del sector agrícola, por lo que se espera un menor apoyo económico. La disposición del presupuesto federal para el apoyo y el desarrollo de la producción de cosechas se completaron con cuatro sub-programas dentro del Programa Federal para el Desarrollo Agrícola y la Regulación del Mercado de Alimentos del 2013 al 2020. Por una parte, 51,84 billones de rublos para el programa de “producción, el procesamiento y la distribución de productos originados de la planta”, en el que entran huertos, programas provinciales y apoyo para productores agrícolas en zonas del norte; 13,99 billones de rublos para el programa de desarrollo sostenible de territorios rurales, hasta el año 2020; 8,58 billones de rublos para el programa de desarrollo de reclamación e irrigación de tierras agrícolas en Rusia; y por último, 1,59 billones de rublos para el sub-programa para el cultivo de semillas seleccionadas, dentro del Programa Federal del apoyo al cultivo selectivo.

INTERESANTE: USDA Foreign Agricultural Service

A principios de enero del año 2015, el primer ministro ruso Dimitry Medvedev anunció una inversión de 185 billones de rublos –2,8 billones de dólares– para el programa de desarrollo agrícola. Esta inversión vino como respuesta a las sanciones impuestas desde Washington y Bruselas a raíz del conflicto ucraniano. Rusia se vería obligada a buscar proveedores alternativos, no sin antes anunciar a su vez el embargo del 6 de agosto de 2014, en el que Rusia prohibía la importación de alimentos llegados desde la Unión Europea, Estados Unidos, Noruega, Canadá y Australia. Dicho embargo ha sido recientemente actualizado, ampliando la fecha a inicios de este mismo año.

Garantizando el futuro y la sostenibilidad de su agricultura, Rusia ha encontrado en China un gran aliado para salir del paso. El acuerdo con el país vecino de lanzar un fondo de inversión de 2 billones de dólares para desarrollar proyectos agrícolas supone un gran paso para modernizar e incentivar el sector agrícola. Apoyado por el fondo de inversión ruso-chino, se establecerá una zona de comercio libre entre las zonas clave de cultivo, incrementando la cooperación en agricultura, gestión de tierras y logística con el país vecino. Se dará prioridad al desarrollo de grandes áreas limítrofes entre China y Rusia para que puedan ser cultivables. El proyecto apodado como nueva “Ruta de la Seda” dará un impulso comercial a toda la zona de Asia Central, consolidando la posición de China como socio comercial e inversor principal en éste proyecto.

Fuente: http://russia-insider.com/en/post-soviet-states-jostle-role-one-belt-one-road-initiative/ri9224
Fuente: http://russia-insider.com/en/post-soviet-states-jostle-role-one-belt-one-road-initiative/ri9224

El pulso mantenido con la Unión Europea y Estados Unidos no hará más que abrir nuevas puertas de negociación para Rusia dentro del continente asiático. El proyecto Silk Road abierto con China podrá ofrecer una nueva vía para evitar el efecto del cambio climático y, como parece que ocurrirá, relanzar y modernizar su infraestructura agraria durante los próximos años.

Acerca de Álvaro Fernández 6 Articles
Madrid (1987). Diplomado en Criminología por la Universidad San Pablo CEU. Máster de Analista de Inteligencia en la Universidad Rey Juan Carlos I y la Universidad Carlos III. Interesado en el análisis de inteligencia, la geoestrategia y retos para la seguridad.

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