Salud y seguridad: de las infecciones a las armas biológicas

Las cuestiones de salud pública estuvieron en el punto de mira de la diplomacia internacional ya en 1851, cuando los delegados de la Primera Conferencia Sanitaria Internacional se reunieron en París para formular respuestas conjuntas frente a la epidemia de cólera que había arrasado el continente europeo en la primera mitad del siglo XIX. Sin embargo, en el siglo XX se extendió la visión reforzada de que Occidente se estaba moviendo hacia el control de las enfermedades infecciosas, pues así lo afirmó George Marshall, secretario de estado de Estados Unidos en 1948, al pronunciar la sonante frase “la conquista de todas las enfermedades infecciosas es inminente”.

En la actualidad del siglo XXI, existe una considerable ansiedad social respecto a la gran cantidad de virus potencialmente letales que circulan en el planeta, incluyendo los relativamente nuevos como la gripe porcina H1N1, la hebra altamente patógena de la gripe aviar y el virus responsable del SARS. Otras enfermedades infecciosas como el VIH, la tuberculosis y la malaria siguen siendo endémicas en muchos países aún en vías de desarrollo. Al mismo tiempo, en los estados occidentales se mantiene la alerta acerca de las consecuencias de un potencial ataque terrorista mediante el uso de armas biológicas. En conjunto, estas preocupaciones han comenzado a desplazar el optimismo del siglo XX, dando paso a un renovado sentido de inquietud, y nada lo refleja de forma más precisa que el hecho de que las respuestas a estos problemas de salud se articulen cada vez más en el lenguaje de la seguridad.

VÍDEO: How would you define health security? (J. Stephen Morrison, Director de CSIS, Global Health Policy Center)

Salud y Seguridad Humana

El marco de la seguridad humana se inició con el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, mediante su Informe sobre Desarrollo Humano en 1994. Este pretendía desafiar el antiguo sistema del siglo XX a través del desarrollo de una concepción homocéntrica de seguridad que girase en torno a las necesidades y al bienestar de los individuos, en lugar de en torno a la protección de los Estados soberanos. En concreto, el Informe sobre Desarrollo Humano esbozó seis áreas de componentes de la seguridad humana a las que los responsables políticos debían dedicar una mayor atención tanto política, como financiera: seguridad económica (pobreza, falta de vivienda), seguridad alimentaria (la hambruna y el hambre), seguridad de la salud (enfermedades, falta de medios sanitarios), seguridad ambiental, seguridad personal, y seguridad de la comunidad.

Igualmente, el informe no dejó de resaltar el reto que las enfermedades infecciosas siguen planteando en los países en vías de desarrollo, especialmente el VIH/SIDA, la tuberculosis y la malaria, pues se estima que estas tres enfermedades por si solas son la causa de entre 4 y 5 millones de muertes cada año. Tomando en cuenta el número de vidas que se cobra el VIH/SIDA al año (1,5 millones según ONUSIDA), muchos investigadores consideran que esta enfermedad infecciosa representa una de las mayores amenazas para la seguridad del mundo contemporáneo.

Prevalencia del SIDA en el mundo. 2014, INDEX MUNDI, Mapa Habitantes Infectados por SIDA por país en el mundo, http://www.indexmundi.com/map/?v=35&l=es
Prevalencia del SIDA en el mundo. 2014, INDEX MUNDI, Mapa Habitantes Infectados por SIDA por país en el mundo, http://www.indexmundi.com/map/?v=35&l=es

La pandemia del VIH/SIDA ilustra muy claramente y de forma generalizada que las enfermedades letales no sólo representan amenazas directas a la seguridad humana, sino que también pueden dar forma a otros componentes de la seguridad, como son la seguridad sanitaria, la seguridad económica y la seguridad alimentaria.

En primer lugar, un estudio sobre el impacto del VIH/SIDA en el sector sanitario Surafricano realizado en 2003 en las regiones de Mpumalanga y KwaZulu-Natal, demostró que un alto índice de VIH en una región repercute a través de sus estructuras sociales, afectando a los sistemas de atención a la salud. Se descubrió que un gran número de pacientes con VIH/SIDA en la zona acababa causando una reducción drástica del cuidado a los enfermos debido a un componente social de miedo que generaba mayores niveles de absentismo laboral. También se concluyó que el aumento en el número de pacientes con VIH/SIDA en busca de atención clínica en dichas zonas había generado una mayor carga de trabajo en el personal de atención médica, así como la reducción de su moral. Con el 46,2% de los pacientes en los hospitales públicos resultando VIH positivo, el estudio concluyó que se desplazaba a los pacientes VIH negativo del sistema con el fin de dar cabida a los pacientes con VIH/SIDA.

En segundo lugar, la seguridad económica es otro componente importante de la seguridad humana que se ve afectada por el VIH/SIDA y otras enfermedades endémicas. El estudio realizado por Booysen y Bachman en el 2002 en regiones surafricanas con índices de VIH/SIDA altos confirman que los hogares afectados por la enfermedad son propensos a experimentar una capacidad laboral reducida, ya que las personas afectadas son incapaces de trabajar o están atadas al cuidado de algún miembro de la familia. Igualmente, estos hogares afectados por el VIH/SIDA tienen un promedio de ingreso del 50% respecto a los hogares no afectados. El VIH/SIDA, además, genera nuevos costos de tratamiento y, en el caso de muerte, gastos legales, médicos y gastos funerarios adicionales.

En tercer lugar, el VIH/SIDA también puede afectar a la seguridad alimentaria, tal y como determinó el investigador Alex de Waal, pues en periodos de hambruna, el VIH/SIDA genera inseguridades alimentarias por sesgar el acceso a ciertos individuos y grupos a la alimentación, es decir, ataca exactamente las capacidades que permitan a las personas resistir a dicha hambruna.

MÁS INFORMACIÓN: La batalla pendiente en la lucha contra el VIH (Borja Lucas, Octubre 2015)

Salud y Seguridad Nacional

El caso del VIH/SIDA resulta igualmente instructivo en este apartado, pues a finales de los años 90 esta enfermedad empezó a recibir más atención por parte de los responsables políticos. En esos años se empezó a temer que el VIH/SIDA tuviera un impacto negativo en las fuerzas armadas de los países más afectados –tal y como sucede con las fuerzas armadas Surafricanas (SANDF), cuya prevalencia del VIH/SIDA es de alrededor del 23%–, y que acabara debilitando el sistema de seguridad nacional.

Los estados occidentales empezaron a expresar preocupaciones más amplias acerca de cómo una gama de nuevas enfermedades infecciosas acabaría amenazando a sus poblaciones y economías en el siglo XXI. El informe emitido en 1992 por el Instituto de Medicina de los Estados Unidos advirtió que la aparición de la pandemia del VIH/SIDA ilustra cómo “algunas enfermedades infecciosas que afectan a personas en otras partes del mundo acabarán representando amenazas potenciales para los Estados Unidos, debido a la interdependencia mundial, transporte moderno, el comercio, y el cambio de los patrones sociales y culturales.” Además, las conclusiones del informe confirmaron muchos de estos temores al señalar que, desde 1973, al menos 30 enfermedades antes desconocidas han sido identificadas, y entre ellas algunas para las que aún no existe cura, como el VIH/SIDA, el ébola, o el virus Nipah.

Además, se consideró que en este mismo período habían resurgido al menos 20 enfermedades infecciosas resistentes a los medicamentos, como ocurrió con la tuberculosis, la malaria y el cólera. El informe concluyó que las nuevas y re-emergentes enfermedades infecciosas plantearán una creciente amenaza a la salud mundial, así como a su seguridad, en los próximos 20 años.

Ya en el siglo XXI, dos enfermedades infecciosas en particular han sido retratadas oficialmente como amenazas a la seguridad nacional en una variedad de estados. Estas son el SARS y la Gripe Aviar.

El SARS surgió en la provincia de Guangdong, China, en noviembre de 2002, una región conocida por sus animados mercados donde compradores, vendedores y ganado se mezclan en sus proximidades. Sin embargo, no fue hasta el 11 de febrero de 2003 cuando el Ministerio de Salud de China remitió los informes de 305 casos junto con la Organización Mundial de la Salud, momento en el cual al menos 5 muertes habían sido reportados en la provincia de Guangdong. El SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Grave) viene causado por un coronavirus que ha pasado de animales a la población humana, y sus síntomas incluyen fiebre alta, tos seca y dificultad para respirar. El SARS mata a alrededor del 10% de los infectados, aunque las posibilidades de supervivencia en caso de una infección dependen altamente de la edad de la víctima, con un índice de mortalidad muy alto en la población el más de 65 años. Su huella más profunda se encuentra en Asia, pues China, Taiwán y Singapur representan más del 90% de los casos, aunque algunos brotes notables también ocurrieron en Toronto (Canadá), donde algunas agencias de salud pública implementaron procedimientos de cuarentena y aislamiento, restricción de los movimientos, y escáneres en aeropuertos con el fin de detectar a las personas con síntomas de fiebre.

EHATLAS, SARS en el mundo por área geográfica, http://www.ehatlas.ca/health-care/sars-severe-acute-respiratory-syndrome
EHATLAS, SARS en el mundo por área geográfica,
http://www.ehatlas.ca/health-care/sars-severe-acute-respiratory-syndrome

En cuanto a la gripe aviar, responsables de la Organización Mundial de la Salud la han enmarcado como amenaza nacional en los últimos años, y esto se debe a su peligrosidad potencial para evolucionar con el tiempo en una pandemia renovada. La principal preocupación en este campo es la mutación del virus, que ha podido lograr una transmisión eficiente de humano a humano tras sus inicios como enfermedad de origen animal. El primer caso de gripe aviar fue en 2003 en Hong Kong, aunque para junio de 2008 ya había 385 casos confirmados según la Organización Mundial de la Salud. Una vez más la región más afectada por este virus fue Asia, con China, Indonesia, Tailandia y Vietnam a la cabeza, aunque también se desarrolló un brote en Egipto. Para la gripe aviar no existe vacuna en la actualidad, y las vacunas contra la gripe estacional administradas a los trabajadores de la salud y a las personas de edad avanzada no son eficaces. Por lo tanto, los responsables políticos han centrado sus esfuerzos en el almacenamiento de medicamentos antivirales, así como en la elaboración de listas de prioridad frente a un brote de este tipo.

Finalmente, no podemos dejar de mencionar los casos de ébola que se dieron en países europeos durante 2014, después de que esta enfermedad alcanzara el nivel de pandemia en países del África occidental. Su gestión puso de manifiesto fisuras en la respuesta internacional a la hora de hacer frente a las enfermedades infecciosas de las que por el momento no se tiene cura ni vacuna. La pasividad mostrada en los primeros meses de la aparición del brote, así como la mala gestión, condujeron a una situación en la que se puso en riesgo la seguridad nacional española.

VÍDEO: The Story of Ebola (Global Health Media Project en colaboración con la Organización Internacional de la Cruz Roja, UNICEF y Yoni Goodman)

Salud y Bioseguridad

Las armas biológicas hacen uso de organismos o toxinas vivientes para enfermar o matar a personas, animales y plantas. Estos organismos o toxinas encuentran su lugar en la naturaleza, por lo que es difícil diferenciar los brotes de enfermedades naturales de un posible ataque con armas biológicas. Un arma biológica es potencialmente el arma más destructiva conocida por la humanidad, en el sentido de que un solo agente o individuo infectado puede afectar a millones de personas. Aun así, los científicos están debatiendo el grado de dificultad que un actor estatal o no estatal encontraría para infectar rápidamente a un gran número de personas.

Las enfermedades han formado parte de las guerras a lo largo de la historia. Hasta hace poco, la mayoría de los soldados en las guerras morían por enfermedades naturales y no por las heridas sufridas en el combate, pues el uso deliberado de la enfermedad como arma de guerra ha sido muy esporádica. Durante la Primera Guerra Mundial, los alemanes utilizaron Ántrax y muermo para infectar a los caballos y mulas del ejército de Estados Unidos y sus aliados. Durante la Segunda Guerra Mundial, los japoneses lanzaron bombas de cristal con pulgas infectadas con la peste con el objetivo de expandir la enfermedad, e igualmente, científicos japoneses formaron el Escuadrón 731 del Ejército Imperial, dedicado a realizar experimentos biológicos en los prisioneros de guerra. Según Ken Alibek, ex médico soviético, microbiólogo y experto en la guerra biológica, la ciencia soviética trabajó con una gran variedad de virus durante la Guerra Fría, con el objetivo de militarizar enfermedades de origen natural tales como la viruela y el ébola. La Unión Soviética poseía el programa de armas biológicas más eficiente y sofisticado del mundo, donde se desarrolló una nueva clase de armas basadas en agentes modificados genéticamente. Por ejemplo, en 1980 la URSS desarrolló cepas de peste, Ántrax, tularemia y glandes resistentes a antibióticos. Los soviéticos probablemente vieron su programa de armas biológicas como un contraataque global contra el complejo sistema emergente de la OTAN en los años setenta y ochenta. Más adelante, en 1995, la secta Aum Shinrikyo lanzó un ataque con gas nervioso sarín (arma química) en el metro de Tokio, Japón. El ataque no fue muy sofisticado, pues se basó en el uso de bolsas de plástico con agujeros, pero aun así fallecieron 12 personas y se tuvo que hospitalizar a centenares.

Ataque al metro de Tokio en 1995. Fuente: http://conoce-japon.com/historia-2/atentado-en-el-metro-de-japon/
Ataque al metro de Tokio en 1995. Fuente: http://conoce-japon.com/historia-2/atentado-en-el-metro-de-japon/

Hay tres variedades de agentes biológicos: bacterias, virus y toxinas. El más conocido de los agentes bacterianos sea probablemente el Ántrax. Sus esporas pueden vivir durante cientos de años y pueden propagarse rápidamente a través de grandes áreas. Los terroristas invadieron el correo de los Estados Unidos con Ántrax en otoño de 2001. Por otra parte, lo que más preocupa a las autoridades en este campo es el virus de la viruela, ya que fue erradicada como una enfermedad de origen natural hace unos años y en la actualidad no existen programas de vacunación, dejando a generaciones enteras sin ningún tipo de protección. Las toxinas, en cambio, son más conocidas como “veneno” y se utilizan a menudo para atacar a individuos específicos. Al igual que las armas químicas, la gente tiene que entrar en contacto directo con la toxina para sufrir sus efectos, y estos pueden ser extremadamente letales, como el ricino usado para matar al disidente búlgaro Georgi Markov en 1979.

Otro gran ejemplo para entender mejor el uso de la toxina como arma biológica es el envenenamiento del candidato a la presidencia de Ucrania en diciembre de 2004, Victor Yushchenko. Médicos austríacos anunciaron que Yushchenko había sido envenenado con dioxina, puesto que había desarrollado sus síntomas (fatiga, dolor y desfiguración facial), después de tomar este agente en el almuerzo. La concentración de dioxina en el cuerpo de Yushchenko fue el segundo más grande jamás conocido. Estudiosos han especulado con que la dioxina se utilizó para desfigurar, enfermar e incluso llegar a matar al candidato, y por lo tanto, hacerlo así menos atractivo para el electorado ucraniano.

Los agentes biológicos se presentan generalmente en forma de aerosoles infecciosos. La preparación precisa del aerosol es crucial debido a que el agente tiene que ser del tamaño preciso para infectar al enemigo. Vectores tales como piojos, pulgas o mosquitos, los transmisores de la enfermedad en la naturaleza, son extremadamente difíciles de controlar como arma militar. Así, los individuos o grupos terroristas podrían tratar de infectar a la población a través de la enfermedad transmitida por el aire, como la viruela. Sin embargo, esta es difícil de cultivar in vitro y por lo tanto los terroristas tendrían que ser vacunados para trabajar con el virus. Debido a que la vacuna contra la viruela no está disponible, su persecución podría permitir a las autoridades observar alguna evidencia de un posible ataque. En conclusión, dar rienda suelta a enfermedades contagiosas puede ser tremendamente contraproducente, pues una pandemia no respeta fronteras religiosas, culturales ni políticas.

Todos los acontecimientos citados anteriormente han contribuido a que numerosos estados hayan tomado medidas para proteger a la población en caso de un ataque de este tipo. En Estados Unidos, por ejemplo, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades han elaborado una lista con los agentes biológicos potenciales de ser utilizados como arma. La lista se compone de agentes de tipo A, B y C. Los agentes de la categoría A se consideran altamente infecciosos, tienen altas tasas de mortalidad, pueden ser difundidas con facilidad y son difíciles de tratar, por lo que tendrían un efecto muy perjudicial si se utiliza en un ataque biológico. Algunos ejemplos de estos agentes son el ántrax, el botulismo, la peste, la viruela, la tularemia y las fiebres hemorrágicas virales tales como el ébola o la fiebre Lassa. Los agentes de tipo B, por su parte, comprenden aquellos agentes que causan las tasas de mortalidad más bajas y en consecuencia pueden ser tratados con mayor facilidad. Estos incluyen la brucelosis, la toxina épsilon de Clostridium perfringens, amenazas a la seguridad alimentaria tales como la salmonela, la melioidosis, la psitacosis, fiebre Q, la toxina ricino, la encefalitis viral (y otras enfermedades equinas) y amenazas a la seguridad del agua como el cólera. Por último, en la categoría C se encuentras los nuevos agentes emergentes con potencial para ser utilizados como arma en el futuro, como el virus de Nipah y el Hantavirus.

Finalmente, también en Estados Unidos se pusieron en marcha dos nuevas iniciativas de seguridad para responder a posibles ataques con estos agentes: el proyecto BioWatch y el proyecto BioShield. BioWatch consta de una red de sensores en 31 ciudades que analizan partículas en el aire a través de un sistema de filtros. Estos filtros son recogidos y analizados diariamente en busca de rastros de 6 agentes: ántrax, brucelosis, glandes, melioidosis, peste, viruela y tularemia. El proyecto BioShield, por su parte, fue diseñado para aumentar las reservas medicina del país frente a una serie de posibles patógenos.

Salud-Seguridad, el origen de la relación

En este capítulo se ha descrito el resultado de la unión entre salud y seguridad en los distintos marcos: seguridad humana, (que a su vez se divide en seguridad sanitaria, económica y alimentaria), seguridad nacional y bioseguridad. Así pues, ahora nos preguntamos cómo es que estos dos conceptos han llegado a unirse.

Por una parte, muchos analistas han identificado el nexo salud-seguridad como la “titularización de la salud” o “the securitization of health”. Según esta visión, en los últimos años los problemas de salud se han convertido en uno más de una larga lista de temas sociales mucho más amplia, como son las drogas, la migración, el medio ambiente, etc., con los que la seguridad procede a colaborar, es decir, que pasan a ser titularizados, y de ahí su relación. Sin embargo, en la perspectiva opuesta, algunos estudiosos han llegado a proclamar una “medicalización progresiva de las sociedades”, esto es, la instauración del monopolio curador de los médicos, la práctica de hospitalizaciones innecesarias, o cuando el médico insiste en controlar a pacientes ya declarados terminales.

Si bien estas dos concepciones resultan contradictorias, en lo que están de acuerdo es en que al final, la identificación de los retos sanitarios como retos de seguridad nacional, viene siempre dado por consideraciones que no son médicas.

Acerca de Marina Romero 8 Articles
Menorca (1993). Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Rey Juan Carlos. Cursando el Máster de Internacionalización Empresarial del ICEX. Interesada en Relaciones Internacionales, especialmente el área del Mediterráneo y su seguridad.

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