América Latina en 2016: terminó la hegemonía de la izquierda

A medio camino entre la juventud de los estados africanos o asiáticos y la longevidad de muchos pares europeos, la mayoría de países latinoamericanos cuentan con cerca de 200 años de edad. Dos siglos en los que prácticamente les ha dado tiempo a vivir todo lo que un Estado moderno puede acabar padeciendo: abundancia y pobreza, guerra y paz, integración y confrontación o democracia y dictadura.

2016, sin embargo, será extraño. La región latinoamericana ha perdido protagonismo y peso en la política y la economía internacional en favor del continente africano y, por supuesto, el asiático. Además, sus todavía palpables debilidades estructurales, como la inestabilidad política –marcado por un elevado nivel de conflictividad–, la desigualdad, la corrupción, las bolsas de pobreza y violencia, además de ser economías a medio camino entre la terciarización y la dependencia de los recursos naturales, hace que en muchos casos no se pueda establecer una senda de crecimiento sólida y estable que genere tanto riqueza como una redistribución adecuada de esta. América Latina debe, en muchos aspectos, repensarse a sí misma para no quedar en un rincón del mapamundi. Sin embargo, no parece que este vaya a ser el año en el que eso ocurra.

Un previsible cambio de color

Uno de los problemas de los regímenes personalistas, a menudo complementados por una legitimidad parcialmente basada en el carisma del líder, reside en la continuidad del movimiento una vez la figura central desaparece. América Latina, tanto por sus dictaduras como por la amplia mayoría de regímenes presidencialistas, es muy proclive a generar este tipo de dinámicas centradas en la figura presidencial. Incluso el hecho de que en la cultura política de muchos países se haya naturalizado esta situación ha motivado que por sistema se intenten reforzar a los líderes creando un movimiento a su alrededor, derivando irremediablemente en una polarización social y política entre defensores y detractores; “-istas” y “anti-istas”.

La etapa dorada de este tipo de lógicas políticas se dio en la primera década del siglo XXI con la aparición de varios movimientos de tipo populista –como concepto politológico– y las correspondientes victorias electorales en países como Venezuela, Brasil, Argentina, Ecuador o Bolivia. Así surgía un bloque que, de manera simplificada, podemos considerar de izquierdas, en respuesta a la década anterior, de marcada herencia neoliberal.

Sin embargo, los líderes políticos que llegaron al poder en aquellos años empezaron a desaparecer en la década siguiente, creando una crisis de legitimidad importante que sus sucesores no han sabido ni están sabiendo manejar. Así, la muerte del presidente argentino Néstor Kirchner en 2010, la salida del poder en Brasil de Lula da Silva en 2011 –31 de enero de 2010– o la muerte de Hugo Chávez en 2013 fueron tremendos revulsivos para los movimientos y dinámicas sociales que se habían formado a su alrededor, algo que como era de esperar no consiguieron heredar en su totalidad sus sucesores. La inercia del chavismo la ha conseguido mantener durante un tiempo Maduro en Venezuela, algo menos Cristina Fernández en Argentina con el kirchnerismo y Dilma Roussef con la gran aprobación que se tenía en Brasil de Lula, pero electoralmente han ido consumiendo con los años todo ese capital político.

Posicionamiento político-económico de los distintos países de América Latina. Elaboración propia.
Posicionamiento político-económico de los distintos países de América Latina. Elaboración propia.

Esto se pudo comprobar a finales de 2015 y será un claro indicador durante 2016. Mauricio Macri ganó las elecciones en Argentina en noviembre de 2015 frente al candidato oficialista Scioli, en una apuesta de los argentinos por dejar atrás, al menos durante una legislatura, el kircherismo, presente en el país desde 2003. Pocos días después, el Partido Socialista Unido de Venezuela sufría una contundente derrota en las legislativas del país, en lo que se consideró un más que evidente toque de atención al presidente Maduro de cara a las presidenciales de 2018. Por aquellos mismos días, además, comenzó un proceso de “impeachment” contra Dilma Roussef en Brasil, algo que podría acabar en su destitución como presidenta.

Con esta situación, 2016 se antoja un año extremadamente difícil para la izquierda populista latinoamericana. Ha cedido una cantidad importante de poder a presidentes o formaciones que se podrían encontrar en un espectro que abarcaría desde la socialdemocracia a actores de inspiración neoliberal, con predominancia de los segundos. Así pues, gobiernos como el de Macri en Argentina o buena parte de la mayoritaria oposición venezolana en el Legislativo están más cercanos a los planteamientos político-económicos de países como Colombia, México o Chile que a los hasta entonces habituales y hegemónicos en sus países.

Por si esta situación fuese ya muy delicada para el movimiento bolivariano, este podría quedar seriamente tocado a lo largo del año si en febrero de 2016 el referéndum en Bolivia arrojase como resultado la prohibición para Evo Morales de un tercer mandato, así como la misma limitación para Rafael Correa en Ecuador de cara a las presidenciales de 2017, a pesar de que el presidente ecuatoriano parece tener cada vez menos apoyo popular. De ser frenadas ambas candidaturas, el desequilibrio ideológico y político en América Latina podría acabar siendo muy importante y el llamado “socialismo del siglo XXI” podría tener fecha de caducidad.

Con todo, al igual que ocurre con otras tantas dinámicas globales, este giro podría tener sus ventajas e inconvenientes para los países latinoamericanos, si bien, gobierne quien gobierne, el contexto internacional de este años es extremadamente complicado para la región, especialmente en el ámbito económico, donde la desaceleración china está haciendo caer los precios del crudo y de numerosos recursos naturales, algo de lo que dependen en buena medida las economías de la zona. De hecho, las previsiones no son nada halagüeñas, y es que según la CEPAL los países latinoamericanos crecerán un 0,2% durante 2016, una cifra claramente insuficiente teniendo en cuenta el potencial y la situación de estos estados.

Crecimiento de las distintas regiones del mundo previsto para 2016. América Latina crecerá menos de la cuarta parte de la media global. Fuente: The Economist
Crecimiento de las distintas regiones del mundo previsto para 2016. América Latina crecerá menos de la cuarta parte de la media global. Fuente: The Economist

Con todo, la región latinoamericana podría atraer nuevamente flujos de inversión importantes, que durante los últimos años habían sido mantenidos especialmente por China. Así, países como Argentina, que ya ha dado muestras de importantes giros liberalizadores durante los primeros días del gobierno de Macri, podría postularse como un interesante destino económico en detrimento de Brasil, que no está en uno de sus mejores momentos. Sin embargo, la hipotética apertura comercial y económica que podría vivir América Latina sería a costa de no abordar como se merece el problema que supone la pobreza y la desigualdad, todavía muy presente en prácticamente todos los países de la zona. Así, ese dilema, que por la escasez de recursos y la cultura política actual en la región se hace muy difícil de abordar de manera integral, seguirá muy presente en 2016.

Menos samba e mais trabalhar

En octubre de 2009, cuando en la sesión del Comité Olímpico Internacional celebrada en Copenhague Rio de Janeiro le ganó la partida a Madrid para celebrar los Juegos Olímpicos de 2016, las alegrías en Brasil eran evidentes por el espaldarazo que esta selección le daba al creciente estatus brasileño. El país, inserto en los BRICS, se postulaba sin tapujos a potencia latinoamericana y empezaba a dar que hablar de cara a una futura importancia global. Esos JJOO de Rio, en 2016, debían ser el momento preciso en el que el país culminase su despegue global.

ARTÍCULO RELACIONADO: La geopolítica de los Juegos Olímpicos (Fernando Arancón, Diciembre 2014)

Este año es aquella “hora de la verdad”, y lo cierto es que el mejor sueño para Brasil se ha acabado convirtiendo en la peor pesadilla. Históricamente, los Juegos han sido una oportunidad para poner una ciudad e incluso un país en el mapa global, aunque por regla general esto ha sido poco o mal aprovechado por quienes alojaban unas olimpiadas. Rio no va a ser una excepción.

Brasil se encuentra actualmente en una profunda crisis política, con una presidenta en mínimos de valoración y sometida a un intento de impeachment, lo que da buena muestra del clima que se vive en la política nacional. Del mismo modo, la desafección de la ciudadanía con la gestión del país es creciente. Ya se produjeron enormes protestas en el país –y en Rio– en 2013 cuando se subieron los precios del transporte, algo sin aparente relevancia pero que evidenciaron las prioridades del gobierno y hacia dónde iban a ir los recursos públicos: milmillonarios proyectos como la Copa Confederaciones de 2013, el Mundial de Fútbol de 2014 y los JJOO de este año. Posteriormente, importantes escándalos de corrupción como el de Petrobras han sido la puntilla para una clase dirigente que cada vez se nota más alejada de la realidad social de Brasil y más inmersa en las dinámicas elitistas que abundan en los estratos políticos de muchos países del planeta. Por si esto no fuera grave, la entrada del Partido de los Trabajadores en este juego ha supuesto una clara decepción en la sociedad brasileña, con la consiguiente pérdida de legitimidad de Dilma Roussef.

Escenarios posibles se consume o no el impeachment a Dilma Roussef. Fuente: Eurasia Group
Escenarios posibles se consume o no el impeachment a Dilma Roussef. Fuente: Eurasia Group

Económicamente, la situación del país es muy débil, y 2016 no apunta mejoría alguna. En parte, el grado de inestabilidad política va a impedir reformas económicas de calado que permitan, al menos, una mejora en el medio plazo, lo que en absoluto hace descartable el escenario de un Brasil perdiendo internacional y económicamente gran parte de lo ganado durante los últimos años. Y es que de cumplirse las previsiones que apuntan a un retroceso de alrededor de tres puntos y medio en el PIB para 2016, Brasil estaría encarando la peor crisis en décadas, en un momento además en el que tiene comprometidos importantes partidas de gasto e inversión para dar una imagen al mundo medianamente aceptable durante la celebración de las olimpiadas.

Dentro de los BRICS, Brasil es una de las economías menos competitivas, y su situación actual no va a hacer que mejore. Fuente: World Economic Forum
Dentro de los BRICS, Brasil es una de las economías menos competitivas, y su situación actual no va a hacer que mejore. Fuente: World Economic Forum

De hecho, el evento deportivo más importante del mundo podría suponer el descalabro definitivo del país. Rio esperaba con optimismo la cita olímpica para mejorar la imagen de la ciudad, hacer frente a las favelas y todos sus problemas derivados. En definitiva, ser la punta de lanza de una nueva Brasil sin pobreza, infraviviendas, delincuencia y corrupción. Sin embargo, todo se va a quedar en un simple deseo. La ciudad no va a conseguir atraer inversión por lo endeble del proyecto olímpico como reforma integral de la urbe y el país ha sufragado un proyecto totalmente faraónico que prácticamente va a ser de “usar y tirar”, todo esto mientras las inversiones en educación o transporte se estancan o decrecen, además de estar todavía pendientes varias promesas electorales de calado. Para la ciudadanía es incomprensible, y esto podría desembocar en fuertes protestas a lo largo de 2016, más todavía cuando el mundo tenga sus ojos puestos en Rio.

PARA AMPLIAR: Brasil, global risk nº8 para Eurasia Group

¿Terminará la Guerra Fría?

Aunque tenga su parte de cliché, asociar América Latina a las guerras asimétricas de la segunda mitad del siglo XX –el romanticismo de las guerrillas– es un buen vehículo para explicar algunas dinámicas regionales de ese periodo, e incluso para ejemplificar parte de la historia mundial de esa época.
La doctrina de la contención impulsada por Estados Unidos durante la Guerra Fría tuvo en la región latinoamericana uno de sus principales escenarios. A fin de cuentas, ese era el tradicional “patio trasero” estadounidense, y sus lógicas de la época apuntaban a defenderlo como fuera. Cuba, Guatemala, Chile, Granada o Panamá son algunos ejemplos de países en los que Estados Unidos intervino de manera más o menos directa. Igualmente, en otros países se generaron conflictos dentro de esa lógica Este-Oeste, y si bien muchos finalizaron, otros se han mantenido hasta hoy. Aunque la Guerra Fría muriese, algunos de sus “productos” no terminaron con ella, y han sido arrastrados hasta hoy, también en América Latina.

Cuba y Colombia son dos de esos lugares donde a lo largo de 2016 se podría dar carpetazo a tensiones existentes desde que la Unión Soviética era un estado más. En el caso del estado insular y su conflicto con Estados Unidos, a lo largo de 2015 se produjo un importante deshielo, y por ambas partes hay una clara voluntad en culminarlo satisfactoriamente. La salida de Cuba de la lista de países que patrocinan el terrorismo y la reapertura de embajadas supuso un avance importante, aunque todavía queda un obstáculo importante por salvar como es el del bloqueo económico estadounidense a la isla, y que aunque es voluntad de Obama retirarlo –o minimizarlo paulatinamente a cambio de concesiones por parte cubana– la mayoría parlamentaria republicana no tiene la misma opinión, haciendo de este aspecto uno de los mayores retos para ambas partes en este 2016.

Cronología de las relaciones Cuba-Estados Unidos. Fuente: The Economist
Cronología de las relaciones Cuba-Estados Unidos. Fuente: The Economist

Sea como fuere, la normalización definitiva de las relaciones, si bien es algo difícil durante este año, no se puede descartar totalmente, ya que otro de los movimientos de Obama está encaminado a cerrar Guantánamo –y quién sabe si acabar devuelta a Cuba. Aún así, cabe preguntarse, o al menos tener en mente, el hecho que supondría una apertura de Cuba a nivel internacional, ya que como oportunidad de negocio para infinidad de empresas norteamericanas, la isla caribeña sería un lugar ideal, pero ello también podría suponer abrir las puertas a fuerzas que son muy difíciles de controlar, menos aún por un país de discreto tamaño, poco peso político y escasa experiencia en un escenario totalmente nuevo.

Ya en Sudamérica, Colombia podría ver en 2016 el fin de un conflicto que ha durado medio siglo, siendo con diferencia el más dañino en toda América Latina en todas esas décadas. Es cierto que la guerra asimétrica vivida en Colombia tiene varios actores implicados y que no tienen los mismos objetivos ni motivaciones. Así, desde las guerrillas de inspiración comunista se puede pasar a los grupos narcoterroristas. Y lo cierto es que el posible acuerdo de este año sólo ponga fin a parte del problema, si bien constituiría un avance de indudable importancia.

Secuestros y desplazados en el conflicto de Colombia. Fuente: The Economist
Secuestros y desplazados en el conflicto de Colombia. Fuente: The Economist

Actualmente son el estado colombiano y las FARC quienes están sentados a la mesa de negociación, y aunque todavía quedan numerosos puntos y aspectos por discutir, el compromiso de ambas partes estipula que antes de marzo de este año se debe haber llegado a un acuerdo. Si bien es un límite ambicioso, no se puede descartar que se prorrogue si los resultados apuntan de manera satisfactoria –algo muy probable–, lo que haría que hasta mitad de año la cuestión siguiese abierta. Además, quedaría por cerrar el “post-tratado”, es decir, quién y cómo ratifica el acuerdo.

Las FARC defienden una Asamblea Constituyente con representantes de ambas partes, mientras que el estado colombiano prefiere optar por un plebiscito a nivel nacional. A no ser que el acuerdo se demorase en exceso, este y su votación deberían producirse dentro del propio 2016, por lo que para el año que viene este capítulo de la historia debería haber quedado cerrado.

No todo por tanto es la economía. Sea simbólico o real, durante este año se podrían producir numerosos y profundos cambios en el mapa latinoamericano, especialmente porque podrían suponer el inicio de nuevas dinámicas regionales que podrían llevar a la región por derroteros muy distintos a los que hasta ahora eran posibles. Quién sabe si en años venideros Colombia podría ascender como “potencia media” una vez deje pactado el fin del conflicto, o ver a Cuba otorgando mayores libertades políticas, civiles o económicas como consecuencia del deshielo con Estados Unidos –en la geoeconomía global capitalista, Cuba tendría un potencial envidiable. Y todo esto con otros escenarios que hemos ido arrojando. Económicamente no será un año alegre, pero en otros muchos aspectos América Latina va a merecer portadas y profundos análisis.

Acerca de Fernando Arancón 75 Articles
Nacido en Madrid, en 1992. Graduado en Relaciones Internacionales en la UCM. Máster en Inteligencia Económica en la UAM. Analista de Inteligencia. Especialista en geopolítica y entornos estratégicos. Twitter: @Feraru92
Contacto: Twitter

17 comentarios en América Latina en 2016: terminó la hegemonía de la izquierda

  1. Te veo muy optimista con el giro a la derecha en América Latina, yo sinceramente no creo que sea buena noticia ni para la región ni para el mundo, si bien es consecuencia de los límites de los procesos políticos nacional-populares llevadas a cabo por diversos gobiernos y que no se han atrevido más allá. Al final, la dependencia de los precios de las materias primas como base de ese extractivismo progresista ha marcado un tope y una crisis a los gobiernos de izquierda en América Latina, lo que obliga a replantear hasta qué punto se ha avanzado hacia el socialismo del siglo XXI o más bien se han generado nuevas burocracias que se han acomodado dando al traste con los procesos revolucionarios de cambio.

    • Ni soy optimista ni pesimista, como tampoco creo que sea una buena o mala noticia para América Latina. Simplemente cuento lo que creo que ha ocurrido, ocurre y ocurrirá. No entiendo por qué hay que buscar afinidades.

      • Disculpa, no era mi intención etiquetarte ni nada de eso. Simplemente, era aportar mi punto de visto sobre lo que ha ocurrido y está ocurriendo con los gobiernos de izquierda de América Latina.

      • Pablo, la objetividad no existe, todos hablamos desde un sitio, por favor no se ofenda y simplemente aclare que no le interesa exponer su posicionamiento ideológico y político, saludos.

    • La etapa más grave de la crisis en Venezuela se inició en 2013, cuando el precio del barril de petróleo tuvo una media de 110 dólares; durante el primer semestre de 2014 continuó (obviamente porque aún actualmente sigue) y la media de ese precio para entonces fue de 101.
      No se trata de la caída de los precios del petróleo, se trata del modelo.
      No se trata de una lucha entre derecha e izquierda, es entre República y populismo, Civilización y barbarie.

  2. Yo creo que lo que está pasando en latinoamérica es la constatación de la Doctrina Monroe: “América para los americanos (o para los estadounidenses?)”. En vistas de su irremediable pérdida de influencia sobre la basta región de Eurasia (tanto en la convulsionada Europa occidental afectada por el “populismo”, como la alianza RIC), desde mi punto de vista, EE.UU viene apostando fuerte (por no decir que hace un “all-i”, para hacerse con su patio trasero, no vaya a ser que se quede sin “Imperio” ni recursos.

    • Cierto, desde que Chávez ganó las elecciones en 1998 y el movimiento político chavista asentó su hegemonía en Venezuela, extendiendo luego su proyecto de emancipación a otras países del área, los yanquis andan locos por recuperar su maltratado patio trasero.

  3. ME PARECE INTERESANTE LOS ANALISIS PERO INCOMPLETOS YA QUE SE DEBE TOMAR EN CUENTA LA PRESION QUE HACEN LOS PAISES CAPITALISTAS PARA QUE AMERICA LATINA NO DE UN GIRO A LA iZQUIERDA..

  4. El marxismo derrotado en Europa en los ’90 exhibió sus miserias y pasó del poderío nuclear y militar a un puñado de naciones pequeñas gobernadas por dictadores que viendo muchas nubes en su futuro produjeron un pulso de supervivencia que los empujó a desarrollar nuevas tácticas basadas en el aprendizaje de años de piquetes, actos, huelgas, atentados, amenazas, afiches, pintadas, discursos, panfletos y horas de cursos de todo tipo. Aprendieron de la experiencia latinoamericana donde habían trabajado mucho en el convencimiento de las masas obreras y campesinas y logrado muy poco, mientras a las capas medias intelectualizadas las ideas del marxismo leninismo llegaban con facilidad.

    El procedimiento de conquista de masas pasó por aprovechar, sobre todo, el trabajo hecho en las universidades, con esos cuadros produjeron la infiltración y cooptación de muchos movimientos, organizaciones sociales, de derechos humanos, de defensa del medio ambiente, comunidades indígenas, clubes y partidos políticos, con un objetivo primario: asegurar la continuidad de sus dictaduras -como la cubana- y preparar el camino para la revolución socialista a nivel continental, que no es lo mismo que simplemente ganar elecciones. Un importante punto de referencia en esta conquista la sugirió el mismísimo Fidel, y fue replicar y mejorar la estrategia de penetración cultural ensayada por la Unidad Popular en Chile en los primeros años de los setentas. Así se hizo, con dinero dispuesto por Chávez; músicos, intelectuales, cantantes, actores, artistas plásticos, bufones y periodistas salieron a conquistar las mente de las personas y sobre todo dominar los contenidos de los medios de comunicación, encendiendo emociones y sentimientos. Una tarea básica fue reinterpretar la historia y ajustarla a sus intereses para crear e introducir diversos complejos en la población, y presionar a la gente haciéndola sentir culpable de no haberse adherido a las causas revolucionarias setentistas, incluso algunos pecados del siglo XIX quedaron expuestos como lacerantes heridas. Un gran logro fue presentar el término “neoliberalismo” como el nombre del demonio para sentenciar en verdad al “capitalismo” con la intención de adjudicarle todos los males de la humanidad. El neocomunismo buscó imponerse sobre la racionalidad, la memoria, el aprecio por la Libertad, el respeto por la República, la Propiedad Privada y el reconocimiento del Individuo y su iniciativa.

  5. ¡ES EL SIONISMO, IDIOTAS! Es notorio que ya se atragantó con todas sus neuronas, amigos.
    Monarquías, Banca e Industrías juntas es igual a lavado de dinero, igual a neoliberalismo rampante, igual a crimen organizado, igual a psicópatas desesperados por el dinero en el poder, pues. ¡Y diganme que no…!

  6. Fernando Alarcon, buenos días, soy de Buenos Aires Argentina. Decís en un comentario: No entiendo por qué hay que buscar afinidades.
    Bueno hay que buscar afinidades porque se esta del lado de lo que explotan a los pueblos, saquean los países, arman las guerras, matan de hambre a sus pueblos y otros buscan la justicia social y la igualdad de oportunidades.

  7. El que esta bien claro en el asunto es Gabriel Libertario. Una acotación más, cuando llegan al poder personas con proyectos ilusorios de revoluciones inexistentes que engañan al pueblo mientras roban a manos llenas.

  8. Absolutamente nada de lo que pongais, se ajusta a lo que en verdad esta pasando, si no teneis en cuenta que hay una conspiracion del cabal bancario detras, un grupo muy poderoso cuyo objetivo es apropiarse de la energia y de las propiedades del mundo, y que radica en Wall Street y la City de Londres.
    A pesar que los articulos de esta web son muy buenos, y completos, dentro de la normalidad, faltan a la verdad mas importante… las elites bancarias que controlan el mundo…

    http://astillasderealidad.blogspot.de/2016/04/la-city-de-londres.html

    Aqui para quienes trabajais (vosotros y todos):
    http://archive.larouchepac.com/british_empire

    Pues aqui vuestra soberana, y de la ONU:
    http://www.bibliotecapleyades.net/sociopolitica/esp_sociopol_blacknobil14.htm

    Si no me creeis, al menos investigad, bueno la reina, etc… son sionistas…

    • Así que Wall Street, o sea, un régimen de los que defiendes, como el que actualmente dicta en Venezuela, por ejemplo, utiliza el 70% del presupuesto nacional para pagar deuda externa (y no la interna, que es una de las que contribuye con la escasez crónica de alimentos, medicinas y todo producto de primera necesidad que sufre la comuna socialista que alguna vez fue un país), entre ella la china, que aunque recientemente se acordó que durante lo que queda de 2016 y en 2017 de esas se pagaran sólo los intereses, sigue siendo una locura, porque los chinos son unos salvajes financieros, porque los comunistas son unos violentos en todas las áreas; pero Wall Street, ¿no?
      Ese desvío de presupuesto se hace mientras se reduce exageradamente el presupuesto para importaciones, por ejemplo, que controla por completo el régimen por un control de cambio impuesto desde 2003, lo que ha exacerbado la escasez; pero Wall Street, ¿no?
      Dentro de Venezuela el régimen posee, por haber hecho expropiaciones masivas en su momento destruyendo la industria privada productora de riqueza y bienestar, conglomerados socializados, de aceites y grasas que cuenta con 9 empresas, de arroz con 17, cárnico con 29, avícola con 8, de pesca con 38, de lácteos y frutas con 45, de harina de maíz con 15 y de alimentos para animales con 6; además, en el área de silos existen 43 empresas socializadas, en el de transporte 6, en acopio y frío 36, empaquetadoras y empaques 16, un gigantesco consorcio “propiedad de la sociedad” a través de estado, que hoy debería estar abarrotando los abastos y supermercados con una gran variedad de productos, pero el resultado es una creciente escasez que obliga a los venezolanos a realizar largas colas a las puertas de los comercios; pero Wall Street, ¿no?

      Qué fácil destruir a un país y echarle la culpa a Wall Street, o hacerlo desde España —de donde supongo que eres por tus palabras y el estilo de tu adoctrinamiento, que está tan prostituido que incluso desde Venezuela se detecta—, sin estar sufriendo dicha destrucción.

        • Se trata de una lucha entre las economías emergentes contra la hegemonía de las oligarquías financieras occidentales, aglutinadas en un proyecto globalista unipolar. Y sí, la región se está quedando atrás, por causa de una pobre visión de largo plazo de sus élites gobernantes, alineadas con las oligarquías anglo-norteamericanas. Por esa razón es que el proyecto Euroasiático ha creado sus propias instituciones financieras y sus propios formatos de cooperación. Este no es un proyecto occidental y esa es la pugna que tienen contra las economías emergentes aglutinadas en los BRICS. Latinoamérica tiene que buscar una alternativa como los BRICS, de lo contrario seguirá siendo el patio trasero del imperialismo anglo-norteamericano. Las élites occidentales, están tratando de resguardar lo que consideran es una competencia por los recursos estratégicos del planeta, frente al multipolarismo que se está gestando en Asia.

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  1. UNASUR: El camino hacia la integración sudamericana | Derecho Internacional Público - www.dipublico.org

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