Lo que China esconde: el encaje uigur

Al oeste de China, en el límite de este país con Rusia, Mongolia y varios “tanes” –Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Pakistán y Afganistán– se encuentra la Región Autónoma de Xinjiang. Este territorio, de unos 1.600.000 km2, es la subdivisión administrativa más extensa del gigante asiático y también una de las más ricas en recursos naturales, pero además posee otro elemento distintivo: su población.

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En Xinjiang predomina una de las 56 etnias minoritarias que Pekín reconoce oficialmente: los uigures. Esta comunidad, que profesa mayoritariamente la religión musulmana y habla una lengua de origen turquico, ha poblado tradicionalmente esta extensa región junto a otros grupos minoritarios. Sin embargo, ahora también “comparte” este remoto lugar con nuevos pobladores de etnia Han que han ido arribando a la zona atraídos por las políticas impulsadas desde Pekín.

Esta “hanización”, no obstante, ha alterado el frágil equilibrio étnico existente en la región uigur y ha dado lugar a un complejo problema interétnico que, pese a los esfuerzos de las autoridades de la República Popular, cada vez tiene más repercusiones a nivel nacional e internacional.

La historia de una tensa relación

En el siglo XVIII, la dinastía Quing tomó el territorio que hoy se conoce como Xinjiang. Sin embargo, las continuas incursiones rusas y las frecuentes rebeliones de la población local impidieron a las autoridades chinas hacer efectivo su control sobre estos nuevos dominios que terminaron por desligarse de Pekín para constituir una república denominada Turquestán Oriental.

Esta experiencia republicana, no obstante, no duró mucho, pues la propia China y la Unión Soviética no tardaron en derribar lo que para ambas constituía una seria amenaza a su integridad territorial. Tras esta primera república se estableció poco después una segunda con apoyo soviético, pero su duración también fue efímera, ya que Moscú pronto le retiró su soporte político y militar para acercarse a la China de Mao Tse Tung y esta, a su vez, aprovechó este cambio de posición ruso para someter la región.

En 1949 Xinjiang quedó subordinada definitivamente a las directrices del gobierno chino. Inicialmente, está lejana autoridad demostró cierto respeto por las particularidades culturales del territorio, al que llegó a otorgar el estatus de Región Autónoma en 1955. Sin embargo, esta postura tolerante fue cambiando progresivamente hacia una más intransigente en las décadas posteriores.

Pekín fue estableciendo entonces una serie de medidas que marginaban a la comunidad uigur y la dejaban al margen del desarrollo económico que se estaba produciendo en la zona gracias a la explotación de sus abundantes recursos naturales. Este drástico cambio en el statu quo de la relación entre ambas partes, fue rápidamente contestado –de forma pacífica– por la población uigur, pero las autoridades chinas no sólo desoyeron estas demandas de mayor tolerancia e igualdad, sino que reforzaron la presencia militar y policial en la región.

Este gesto del gobierno central, que vino acompañado de una creciente represión, provocó la emergencia de distintos grupos que defendían ya abiertamente la secesión y que incluso abogaban por la lucha armada para alcanzar este objetivo. Ante esta nueva amenaza, que se hizo especialmente visible en la década de los noventa, la República Popular respondió denunciando primero la existencia de lazos entre el secesionismo Uigur y el llamado terrorismo islamista internacional y aumentando después las medidas represivas en la región bajo la excusa de una supuesta lucha contra este terrorismo.

Esta estrategia del gobierno chino pronto hizo decaer la actividad de la oposición uigur y contuvo la espiral de violencia interétnica que se había ido propagando progresivamente por el territorio. No obstante, no evitó que posteriormente volvieran a registrarse nuevos enfrentamientos en la zona: en 2008, durante los meses previos al inicio de los Juegos Olímpicos de Pekín, más de 40 personas murieron en distintos atentados en Xinjiang y otras ciudades chinas y en 2009 unas 200 personas murieron y otras 1.700 resultaron heridas durante unos enfrentamientos entre la comunidad Han y Uigur que tuvieron lugar en la ciudad de Urumqi.

Las organizaciones uigures señalaron la desproporción en el uso de la fuerza que las autoridades chinas venían ejerciendo sobre la población uigur como la causa de estos rebrotes de violencia en Xinjiang. Sin embargo, el gobierno chino volvió responder acusando a estos grupos de ser los principales instigadores de estos nuevos episodios de violencia y optando una vez más por incrementar las medidas represivas en la zona.

Esta estrategia china, al igual que varios años atrás, consiguió disminuir de nuevo la actividad de los grupos armados y los enfrentamientos entre las comunidades Han y Uigur, pero al igual que entonces sólo ha logrado contener temporalmente la agitación existente en la región, ya que bajo el puño de hierro chino todavía persiste el complejo problema de convivencia entre ambos grupos étnicos.

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Los enemigos de Pekín

Las políticas de “asimilación” cultural puestas en marcha por el ejecutivo chino en Xinjiang y la posterior cruzada iniciada desde Pekín contra cualquier activismo uigur de la zona generaron en buena parte de los miembros de esta comunidad un creciente sentimiento de rechazo a la presencia china en la región que, a su vez, favoreció la emergencia de movimientos que optaron por el uso de la fuerza como medio para alcanzar dicho fin.

Uno de estos grupos es el Movimiento Islámico del Turquestán Oriental o MITO. Esta organización, que empezó a operar a finales de los noventa, ha reivindicado desde entonces decenas de atentados que la han convertido en una de las principales amenazas para China que, además de iniciar una gran ofensiva para acabar con este grupo, desató toda una guerra diplomática en la que sí consiguió que Estados Unidos y las Naciones Unidas lo incluyeran en sus listas de grupos terroristas.

Ahora bien, este movimiento no es el único que representa a la causa Uigur. Junto al MITO existen otras organizaciones que también “defienden” las demandas de este grupo étnico frente al coloso chino. Algunos de estos grupos lo hacen también por medio de las armas, como el Partido Reformista Islámico o la Alianza para la Unidad Nacional del Turquestán Oriental, pero otros lo hacen de forma pacífica.

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Entre estos últimos sobresale el Congreso Mundial Uigur o CMU que se presenta a sí mismo como la única organización legitima que representa a esta comunidad a nivel mundial. Este Congreso, creado en 2004 en Alemania por la unión de varios colectivos uigures, se declaró como un movimiento de oposición pacifico que aspiraba a conseguir la independencia de Xinjiang –que denomina Turquestán Oriental–, pero desde entonces también se ha dedicado a denunciar la ocupación china del territorio y las políticas discriminatorias que impulsa este país contra la minoría Uigur.

Esta labor pacífica, no obstante, tampoco ha sentado bien a Pekín, pues el ejecutivo chino no sólo no ha dudado en incluir a este y otros colectivos similares que contribuyen a dar visibilidad a la realidad uigur en su particular registro de organizaciones terroristas, sino que además ha destinado importantes esfuerzos diplomáticos y económicos para tratar de silenciarlos.

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El alcance de la cuestión uigur

China ha venido considerando el problema uigur como un asunto estrictamente interno, pero la presencia de importantes comunidades y colectivos uigures en distintos países ha provocado que las autoridades del gigante asiático se preocupen cada vez más por la dimensión internacional de este problema, puesto que se teme que los grupos de esta minoría étnica utilicen sus vínculos transfronterizos para disponer de una retaguardia desde la que organizar su actividad y que las organizaciones uigures que operan fuera del propio Xinjiang perjudiquen los intereses chinos en el exterior.

En este sentido, se puede decir que la primera zona de interés para China ha sido Asia Central. En esta región la presencia de la minoría uigur es significativa y, por ello, Pekín impulsó un rápido acercamiento a las repúblicas de esta zona, que incluyó la resolución de dilatadas disputas fronterizas, la inversión económica y la creación de organizaciones de cooperación.

Este estrechamiento de relaciones enseguida se tradujo en un mayor control y restricciones sobre las actividades uigures en Kazajistán, Kirguizistán Uzbekistán y Turkmenistán, pero, pese a que China “compró” el control sobre la actividad de la cuestión uigur al otro lado de la frontera, no evitó que subsistieran en algunos de estos países organizaciones uigures que continuaron dando soporte a la causa.

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Otra zona de interés para la República Popular en relación con el asunto uigur ha sido Afganistán y Pakistán. En estos países fronterizos están presentes activistas uigures huidos y combatientes de esta minoría étnica que son percibidos por el ejecutivo chino como graves amenazas transfronterizas. Por este motivo, el gigante asiático se ha apresurado también a reforzar su sólida alianza con Islamabad y a tratar de evitar que ciertos grupos pudieran disponer de una base en la vecindad afgana mediante la inversión económica.

Este acercamiento a ambos países pronto proporcionó a China el respaldo pakistaní a su postura en el problema de Xinjiang y ayudó a mitigar el temor de Pekín a que ciertas organizaciones pudieran operar desde esta convulsa zona. Sin embargo, el gobierno chino no sólo se muestra interesado en los países que limitan con su Región Autónoma, sino que también ha empezado a mirar hacia otros países más lejanos que mantienen cierta conexión con la minoría étnica de este extenso territorio.

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En este sentido, se puede decir que China sigue con especial interés lo que acontece en Turquía. Este país, que fue el destino que muchos uigures eligieron cuando las tropas chinas se hicieron con el control de Xinjiang, acoge hoy a numerosas organizaciones que dan visibilidad internacional a la causa de esta minoría étnica y ha dado soporte a la postura de esta comunidad, llegando incluso a la confrontación con China por calificar la situación de los uigures que residen en este país de “próxima al genocidio”.

Este escaso entendimiento, no obstante, no ha impedido que el gigante asiático empezase a movilizar sus capacidades para tratar de condicionar al gobierno turco de la misma forma que ya lo viene haciendo en Asia Central y contener así el problema uigur. Ahora bien, Turquía no es el único país no limítrofe con Xinjiang que atrae la atención de las autoridades chinas.

Europa y Norteamérica también son zonas de especial interés para China en relación a la cuestión uigur. En los países de ambos continentes –especialmente en Estados Unidos–, los colectivos de esta minoría étnica están intentando acercar su postura y el complejo problema de Xinjiang a los círculos de poder con el fin de obtener apoyos políticos y económicos y dar una mayor una mayor visibilidad global a la causa uigur.

Estos intentos de las organizaciones uigures de hacer lobby e implicar a las potencias occidentales por el momento no se han traducido en un mayor soporte al movimiento uigur, pero, a pesar de ello, Pekín se muestra incomoda ante la posibilidad de que el centro de gravedad de la activismo de esta comunidad se desplace hacia occidente, ya que ello haría más difícil contener el problema dentro de sus límites.

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La estrategia desacertada

En Xinjiang las autoridades chinas enfrentan un complejo asunto étnico que cada vez parece tener más repercusiones a nivel internacional. Sin embargo, el encaje uigur no es ni mucho menos el único problema de corte étnico visible en el exterior que sigue abierto en el seno del gigante asiático.

En la vecina región del Tíbet el ejecutivo chino también encara un problema con la minoría local –los tibetanos– que guarda ciertas similitudes con la cuestión uigur: en ambos casos se trata de regiones extensas y alejadas de Pekín que cada vez albergan a más miembros de la etnia Han y que están pobladas por comunidades que además de poseer un fuerte sentimiento identitario, muestran cierta resistencia al gobierno chino y sus políticas. Ahora bien, a pesar de estas semejanzas, China ha decidido hacer frente al desafío que plantea cada minoría étnica de forma diferente.

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En el caso uigur, el gobierno chino ha puesto en marcha una estrategia específica que consiste en “luchar en tres frentes” –terrorismo, extremismo y separatismo– para acabar con un movimiento que, desde su punto de vista, busca la independencia de Xinjiang apoyándose en sentimientos islamistas y el terrorismo.

Sin embargo, esta política que tenía como finalidad atacar cualquier fuerza y acción separatista, terminó castigando severamente a gran parte de la población uigur pese a no tener vinculación alguna con el independentismo y ello provocó que, en vez de avanzar hacia el encaje definitivo de los uigures, se perpetuase la difícil relación entre esta minoría y el Estado chino.

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Acerca de Benjamín Ramos 6 Articles
Madrid, 1991. Graduado en Ciencias Políticas y Gestión Pública por la Universidad Rey Juan Carlos y especialista en Asuntos Internacionales por la Universidad Pontificia de Comillas. Especialmente interesado en temas de política española e internacional, geopolítica e historia.

2 comentarios en Lo que China esconde: el encaje uigur

  1. China es el gigante con los pies de barro? Desde Occidente creo que siempre nos ha parecido que China, o más bien sus dirigentes o el todopoderoso partido único, tenían el basto y extenso país bajo control, ya que únicamente los tibetanos (Hollywood mediante) habían podido hacer visible su estatus. Pero gracias a artículos como este se nos acerca una realidad china mucho más compleja y llena de matices. Desde el punto de vista político el Turquestan Oriental, Tíbet y Hong Kong se presentan como los caballos de batalla chinos, unidos a los problemas económicos de un sistema que parecía que aguantaba la crisis económica mejor que Europa y USA, pero que empieza a sufrir… Sin olvidar la dualidad campo-ciudades/riqueza-miseria que puede generar grandes conflictos sociales que lleven a serios aprietos al sistema de un partido dos economías actual. Todo esto edificado sobre un desarrollismo desbocado, que ha pasado por encima del medio ambiente de una manera criminal y va a suponer uno de los grandes retos y de los mayores problemas del país más poblado de la tierra. País para el que ha llegado en momento de la verdad: el sXXI será el siglo de China o el siglo de su agonia y quién sabe si su desaparición tal y como la conocemos hoy.

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