Brasil y su esfera de influencia: Latinoamérica

El primer día en el que Lula da Silva asumió su puesto como Presidente de Brasil se dirigió con el resto de su gabinete a una de las zonas más pobres de Brasilia con el objetivo de entender que aquellas favelas destartaladas donde se ve obligada a vivir una parte importante de la población brasileña también formaba parte de Brasil. Era aquel Brasil que no se organizaba políticamente, ese Brasil que no hacía ruido, ese Brasil que sólo salía en los sucesos de las noticias y para el cual sólo se usaban adjetivos negativos.

Lula quiso recordar a sus ministros que era necesario también gobernar para aquel Brasil de las favelas, unas favelas que se combinaban –y aún lo hacen– a la perfección con el potencial económico y político que Brasil tenía en aquel momento en el que Lula asumió la Presidencia. Por consiguiente, cuando Lula tomó el poder, Brasil iba camino de convertirse las décima economía del mundo y su ejecutivo no tenía la menor intención de aflojar el acelerador en este sentido. Tanto el presidente da Silva como su sucesora, Dilma Rousseff, comprendieron a la perfección las ventajas y la importancia que conllevaría para Brasil el hecho de que el Estado latinoamericano fuese capaz de influir en los grandes eventos internacionales. Así, el aumento de la importancia de Brasil a nivel económico, político y militar ha permitido al país afianzarse como una potencia regional y global que a su vez hace de la excolonia portuguesa uno de los múltiples polos de referencia en el nuevo orden mundial multipolar que se está configurando desde el año 2008.

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La importancia de la política y la defensa

No cabe duda que en los años de gobierno de Lula da Silva y en aquellos de Dilma Rousseff, Brasil se ha venido haciendo un hueco y un nombre en el escenario internacional. Probablemente los ejemplos más conocidos por la mayor parte de la población mundial en este sentido son la celebración del Mundial de Fútbol de 2014 y la celebración de los Juegos Olímpicos en 2016. Después de todo, los eventos deportivos sirven para mucho más que para exaltar el espíritu deportivo. Sin embargo, si nos movemos a un plano más político, se puede observar cómo Brasil fue uno de los principales promotores de la creación del G-20 en la Organización Mundial del Comercio, al igual que también fue uno de los primeros estados en proponer la remodelación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a mediados del 2005, por no olvidar que Brasil fue uno de los más relevantes organizadores de la Unión de Naciones Suramericanas.

Además de en el terreno político, se debe considerar que en el plano militar Brasil también ha comenzado a expandir y mejorar sus capacidades. En este sentido, en la actualidad el estado brasileño invierte el 1,6% de su PIB para su presupuesto para defensa, lo que la sitúa en el camino de otras grandes potencias como India, Francia o China. Además, otra prueba de que Brasil también ha emprendido el camino para llegar a ser una potencia militar se puede ver su participación en la Misión de Paz de la ONU en Haití, la cual se puede analizar como una manera en la que Brasil puede lucir músculo militar aprovechando el escudo protector que una misión de paz suele ofrecer para este tipo de acciones y situaciones.

Los datos anteriores, aunque apenas sean pinceladas del poderío político y militar de Brasil, ofrecen un cuadro nítido en relación de cómo Brasil se ha convertido durante la primera década de los 2000 en un estado cada vez más relevante, ya no sólo a nivel regional, sino también a nivel mundial. No obstante, la clave para comprender cómo Brasil se está convirtiendo en un polo de poder regional y global está en su fuerza económica.

Un banco de desarrollo para dominarlos a todos: Brasil y su poderío económico en Latinoamérica

Cuando en el año 2015 el Nuevo Banco de Desarrollo creado por los países que forman los BRICS fue oficialmente lanzado, Brasil logró su objetivo de obtener un nuevo mecanismo de financiamiento mundial para así poder extender el capital brasileño por el globo. A cierto nivel, este Nuevo Banco de Desarrollo cumplirá para Brasil las funciones que el Banco de Desarrollo Económico y Social (BNDES) tiene a nivel latinoamericano, el cual es una pieza fundamental para comprender el poderío económico y financiero brasileño y la expansión de su capital por los estados vecinos.

En el momento actual las empresas transnacionales brasileñas están conquistando y ganando nuevas cuotas de mercado, especialmente en el área de Latinoamérica, la cual es observada por Brasil como un área natural en la cual ejercer su liderazgo. Así, en territorio brasileño existen aproximadamente 1.000 empresas que tienen presencia relevante en el exterior, de las cuales las que más destacan en su proceso de internacionalización son JBS, Marfrig, Brasil Foods, Oderbrecht, Camargo Correa, Gerdau, CSN, Coteminas, Vale, Fibria, Sabó, Ambev, Artecola, Tigre, Embraer, Marcopolo y Petrobras. Más allá del nombre de las empresas, es importante conocer que las transnacionales brasileñas invierten en todo tipo de negocios y sectores, desde la agricultura y los recursos naturales, pasando por los bienes intermedios como productos químicos y de construcción civil, acabando en el comercio y el transporte. En otras palabras, no es simplemente que el capital brasileño esté repartido por varias zonas del globo, sino también que lo está de tal manera que abarque lo máximo posible de los sectores económicos de los lugares en donde está presente dicho capital.

Para poder comprender cómo el capital brasileño ha invertido siete veces más entre los años 2000 y 2008 en el exterior que en toda la década de 1990 es necesario prestar atención al papel jugado por el BNDES. Fundado en el año 1952, este Banco de Desarrollo se originó con el objetivo de garantizar la financiación a largo plazo en todos los sectores de la economía para así no sólo mejorar los sectores en donde el capital es invertido, sino también que esas inversiones tengan una proyección en la esfera social, local y ambiental.

Imagen de marca del elemento clave en la expansión del capital brasileño hacia el exterior y de la consolidación de Brasil como potencia regional y mundial
Imagen de marca del elemento clave en la expansión del capital brasileño hacia el exterior y de la consolidación de Brasil como potencia regional y mundial

Cuando este banco fue creado, Brasil todavía era un país subdesarrollado de la periferia capitalista, por lo que la entidad se dedicaba principalmente a financiar proyectos en el interior del país. Sin embargo, con el incremento de la importancia económica de Brasil en los últimos tiempos, el BNDES ha pasado a tener un rol completamente diferente, convirtiéndose en el principal recurso que las empresas transnacionales brasileñas usan, ya sea para obtener mayor liquidez y financiación o ya sea para expandirse allende de las fronteras brasileñas. Así, desde la llegada al gobierno de Lula da Silva, el BNDES ha incrementado su presupuesto por 10.

En relación con la primera función señalada, el BNDES, a través de su filial BNDES Participaciones, figura como accionista en empresas que se distribuyen a lo largo de los sectores económicos brasileños, comenzando en el sector agropecuario, pasando por el sector petroquímico, y finalizando en los sectores del transporte y de la aviación, entre otros muchos. Así las cosas, en el 2010 el BNDES Participaciones tenía títulos en empresas como América Latina Logística (12, 21%); JBS Friboi (17,32%), o Klabin (20,25%) por mencionar tan solo aquellas en donde el porcentaje de inversión es más sobresaliente.

En lo que atañe a la segunda función, aquella que tiene que ver con la financiación de la internacionalización de las empresas brasileñas hacia sus Estados vecinos, el papel del BNDES es aún más destacado debido a la importancia que dicho banco juega a la hora de financiar proyectos en el exterior de Brasil, especialmente si estos proyectos tienen que ver con el sector extractivo, infraestructuras –véase por ejemplo la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana– y especialmente energía. Así, en su camino de afianzarse como la potencia regional de Latinoamérica, Brasil necesita asegurarse el abastecimiento de energía, lo que supone invertir en infraestructuras energéticas en cualquier zona en donde se puedan obtener importantes réditos energéticos, incluso aunque estas zonas estén fuera de Brasil. Un ejemplo es el acuerdo entre el estado brasileño y Perú rubricado en 2010, donde se acordaba la construcción de cinco centrales hidroeléctricas que tendrían una capacidad conjunta de 6.673 MW para un país que consume aproximadamente 5.000 MW. Se calcula que el 90% de la energía producida se exportará para Brasil, al mismo tiempo que en las tareas de construcción sólo participarán empresas brasileñas tales como Electrobras, Odebrecht y OAS, mientras que ninguna empresa peruana participará en los trabajos de construcción de este complejo hidroeléctrico. Teniendo en cuenta que será Brasil el principal comprador de esta energía, es muy previsible que pueda negociar precios favorables, tal y como sucedió 40 años antes con el Tratado de Itaipú, firmado en 1973, que obligaba a Paraguay a vender a Brasil la energía que no necesita –apenas usa el 4% de la energía generada– a un precio muy por debajo del de mercado.

La función del BNDES a la hora de apoyar y financiar la internacionalización del capital brasileño no se limita a financiar proyectos fuera de Brasil, sino que también incluye apoyar la compra de empresas en los Estados vecinos. En este sentido, el capital brasileño se ha expandido por los principales países de América del Sur. Así, en Uruguay, Marfig y JBS Friboi controlan aproximadamente el 70% de la exportación de carne desde Uruguay. En Argentina, Petrobras compró la Pecom, convirtiéndose así en el segundo grupo económico en el sector de petróleo y del gas. Eso sin contar la compra de Quilmes por Ambev o la compra de Loma Negra –fábrica de cemento– por parte de Camargo Correa. En Paraguay, más allá del Tratado de Itaipú, se calcula que el 80% de la soja se encuentra en manos brasileñas y la cifra podría ser mayor ya que según el “brasiguayo” Tranquilo Favero, se estima que entre el 90 y 95% de la soja del país esté en manos de brasileños. Esto en un país que se encuentra en el sexto lugar de la producción mundial de soja, mientras que en términos de exportación de este producto se sitúa en el cuarto. Por último, volviendo a Perú, la empresa Fibria compró la mayor empresa minera del país, MinCo, la empresa Gerday compró SiderPeru, que es la mayor siderúrgica del país, mientras que Petrobras/Pecom es la segunda mayor productora de petróleo en el país.

Esta presencia de capital brasileño a lo largo y ancho de América Latina y el papel geopolítico que Brasil juega en el tablero internacional actual han pasado a ser objetos de estudio por parte de intelectuales y políticos brasileños. En este sentido, existe un intenso, interesante y provechoso debate en relación sobre el actual posicionamiento de Brasil en la esfera de las relaciones internacionales, el cual parece que se prolongará en el medio plazo sin que ninguna de las posturas pueda hacer prevalecer sus postulados sobre las demás.

Marcos interpretativos sobre el nuevo rol de Brasil en el tablero internacional y geopolítico

La consolidación de Brasil como potencia, especialmente en el escenario latinoamericano, ha provocado que se hayan ofrecido diversos marcos teóricos que buscan explicar este fenómeno. Así, una de las explicaciones que más éxito ha tenido es aquella que sitúa al Estado en el centro de la acción en el sentido de que el Estado tiene el objetivo de fortalecer a la nación brasileña. Para conseguir tal objetivo el Estado brasileño, a través del BNDES, ofrece un importante apoyo a las inversiones públicas y privadas de capital brasileño allende de sus fronteras. Esta estrategia en el plano económico se ve reforzada y complementada por una estrategia en el plano político a la hora de crear y consolidar nuevas alianzas con otros países de Latinoamérica u otras potencias emergentes con el fin de reformular las “reglas” internacionales y favorecer de esta manera una posición autónoma en el panorama internacional. Así, se puede considerar que bajo este marco analítico de Estado logístico la función del Estado brasileño es doble. Por un lado, promueve los intereses nacionales e internacionales de Brasil a nivel político, mientras que por otro lado el capital brasileño se expande por diferentes partes de Latinoamérica gracias al apoyo estatal, convirtiéndose así este capital en el instrumento más destacado de la política exterior brasileña.

Al marco teórico anterior del Estado logístico se contrapone la teoría del subimperialismo de Maini. En este sentido, la posición de Brasil en términos económicos y políticos sería la de una potencia intermedia que por un lado promueve una política exterior autónoma, que en el caso de Brasil sería la creación de un área de influencia en Latinoamérica, mientras que por otro lado asume una posición dependiente de las principales potencias mundiales, especialmente de los EEUU. En esta relación dependencia-autonomía surge la denominada cooperación antagónica. Dicha cooperación consiste en las contradicciones existentes entre una política autónoma que tiene el objetivo de obtener mayores ventajas de la expansión del capital brasileño fuera de sus fronteras y la dependencia del capital estadounidense que no tiene interés en que esta expansión sustituya su papel hegemónico en la zona. En este sentido se pueden encontrar infinitos ejemplos de la política exterior brasileña que confirmarían esta cooperación antagónica como por ejemplo el rechazo de Brasil al Área de Libre Comercio de las América fomentada e impulsada por Washington, pero al mismo tiempo Brasil apoyó a Estados Unidos en numerosas ocasiones, como por ejemplo aquella en la que no condenó la invasión y el golpe de Estado de las fuerzas franco-estadounidenses en Haiti. Por consiguiente, según este marco interpretativo del subimperialismo, la estrategia del gobierno brasileño no iría tanto en la dirección de defender los intereses nacionales e internacionales afianzándose como líder de Latinoamérica, sino que el objetivo es complacer primero los deseos del capital internacional y nacional brasileño y después, una vez logrado lo primero, reforzar los intereses nacionales e internacionales de Brasil como potencia regional sin que estos interfieran en los principales objetivos de los Estados Unidos.

Por último, otro marco interpretativo que ha ganado fuerza en los últimos tiempos, aunque por detrás de los dos anteriores, es aquel que analiza la expansión del capital brasileño por los Estados latinoamericanos vecinos como de estrategia imperialista. Partiendo de lo escrito por Hobson y Lenin, se ha creado la teoría del capital-imperialismo brasileño, la cual se caracteriza en su fase actual por la internacionalización y la expansión de la empresas brasileñas por diversas zonas del globo, especialmente en América del Sur. Para los defensores de este marco explicativo, las razones que llevan a Brasil a ser imperialista son la extensión y dominación del capital financiero brasileño dentro y fuera de las fronteras del mismo Brasil, lo que a su vez propicia la concentración de capital y la creación de monopolios. Además, como Estado imperialista, Brasil también explota la mano de obra y los recursos naturales de otros Estados, principalmente aquellos localizados en el área de América del Sur. En este camino de convertirse en una potencia imperialista existen dos elementos claves que explican su éxito según los defensores de esta teoría. Por un lado, las acciones del BNDES, el cual ha apoyado la creación de monopolios y la expansión del capital financiero a lo largo y ancho de Latinoamérica. Por otro lado, la política exterior brasileña que, especialmente en los últimos 15 años, ha estado centrada en reforzar la posición hegemónica de Brasil en Latinoamérica y en otros lados del globo, apoyando de esta manera la introducción y expansión del capital brasileño en otros Estados y sociedades.

Cuestión de percepción

Es posible que la categorización de Brasil en el panorama mundial actual sea más importante para un reducido número de académicos y políticos que para la mayor parte de las sociedades latinoamericanas. En este sentido, la clave para Brasil no está en cómo se califica y se define su expansión por un número reducido de personas, sino más bien en cómo se percibe por parte de la población dicha expansión.

A 15 años vista desde que el Partido de los Trabajadores tomase el poder en Brasil, se puede afirmar sin ninguna duda que Brasil es ya una potencia regional y un polo de atracción importante en el nuevo orden multipolar existente. Ahora bien, Brasil tiene tres escalones por delante si quiere consolidar dicha posición.

El primero de ellos es en clave interna. El actual ejecutivo brasileño debe recuperar el gran consenso que tenía hace unos años si quiere seguir con pie firme en su táctica de expansión internacional. Sin embargo, no parece que a corto plazo el actual ejecutivo brasileño vaya a ser capaz ni de convencer a aquellos que tradicionalmente son sus enemigos, ni tampoco de aquellos que apoyan al PT generalmente.

No obstante, y sin desmerecer la clave anterior, la segunda cuestión es mucho más importante para el devenir de Brasil como potencia regional y mundial. Después de todo, es más que probable que aun existiendo un nuevo ejecutivo en Brasil, éste continúe con la misma política internacional de expansión y consolidación en el panorama internacional. Así las cosas, lo importante para la consolidación de Brasil en este sentido es la percepción que los gobiernos de los Estados vecinos y sus respectivas sociedades tengan sobre Brasil. Si dicha opinión es positiva y tanto gobiernos como sociedades consideran que la expansión y liderazgo de Brasil en el continente es benigna, Brasil tiene mucho ganado en su consolidación definitiva como potencia regional y mundial. Si el caso es el contrario, Brasil se encontrará en una posición similar a la de Alemania en las sociedades de los países del sur de Europa.

Además, una tercera clave en la consolidación brasileña como líder del subcontinente también radica en cómo Brasil ocupe los espacios que le corresponden como potencia regional y mundial no entrando esta ocupación en conflicto con los intereses de los EEUU en Latinoamérica, que aunque sí bien es cierto ya no es ese patio trasero que era hace 40 años para el gran vecino del norte, sí que sigue siendo una zona considerada por el Departamento de Estado de EEUU como una zona de influencia en su política exterior. Así, parece claro que Brasil tendrá que hilar muy fino para poder conseguir el suficiente consenso interno y externo en su estrategia de expansión y liderazgo, al mismo tiempo que debe ejecutarla sin que Estados Unidos perciba que la estrategia de Brasil tiene el claro objetivo de ocupar espacios de poder y liderazgo que tradicionalmente habían pertenecido al país de las barras y estrellas.

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Marcos Ferreira Navarro (1990). Graduado en Historia. Interesado en los Balcanes y el Cáucaso, especialmente en los fenómenos relacionados con Yugoslavia o el espacio pos-yugoslavo. Aquí escribo sobre geopolítica y asuntos internacionales, en otros sitios sobre deportes. Todo tema es relevante si se trata con rigor.

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