Thomas Sankara y el legado de Burkina Faso

La democracia es algo que no debe ser mostrado a la población si uno quiere gobernar a sus anchas; no se puede pretender que la gente, los ciudadanos, acepten vivir bajo un régimen no democrático si anteriormente han conocido lo que es la libertad política y social.

Este fue probablemente el error más grave del ahora ex presidente de Burkina Faso Blaissé Compaoré en 2014 y del golpista Gilbert Diendéré hace apenas un mes. El longevo Compaoré creyó que no ocurriría nada si intentaba cambiar la constitución y así alargar unos años más su gobierno, total, sumaba ya 27 al mando del país. Y Diendéré se topó con un fantasma que ya había despertado de su letargo con la caída del régimen el año anterior, el fantasma del sueño democrático burkinés, un fantasma alimentado por las ideas de un hombre que una vez soñó con un cambio, Thomas Sankara.

La (re)colonización de los descolonizados

La antigua colonia francesa del Alto Volta es un ejemplo de lo que fue el colonialismo europeo en África; un territorio utilizado para cubrir las necesidades de la metrópoli gala que no sólo sirvió de fuente de recursos para el país colonial sino que fue utilizado como reserva de capital humano para los países de la región que servían a los intereses externos dentro de una estructura de abastecimiento piramidal con Francia como cúspide.

Captura de pantalla 2015-10-16 a la(s) 19.23.47

El proceso de descolonización en el Alto Volta, como en el resto del continente, consistió en cambiar la forma pero no el fondo del dominio exterior; a lo largo de los años 20 y 30 fue ganando independencia política pero estando controlado en todo momento por París. En 1950 se dotó al país de una constitución que fijaba un sistema democrático multipartidista y en los años 60 obtuvo la tan esperada independencia.

ARTÍCULO RELACIONADO: La Francáfrica, o el imperio neocolonial francés (Fernando Arancón, Junio 2015)

Esto podría parecer un proceso excelente que satisfizo las necesidades del territorio y sus habitantes si no fuera porque en el país y en muchos territorios del continente la compleja composición étnica influye poderosamente en la vida político-social. En el caso del Alto Volta y actual Burkina Faso, existe una etnia, los mossi, que ha ostentado a lo largo de la historia una posición clave en la vida política, muy próxima a los poderes coloniales. Si añadimos la tendencia de acumulación de poder en manos de un individuo o líder, encontramos que resulta extremadamente difícil implantar un sistema verdaderamente democrático; mucho más si el antiguo colonizador facilita el mantenimiento de grupo en el poder que favorece sus intereses.

Durante los treinta años previos a la revolución sankarista se sucederán distintos golpes de estado que no son más que una muestra de la dinámica interna y que acrecentaron la situación de inestabilidad del Alto Volta. Haciendo un repaso rápido de los golpes que hubo entre 1960 a 1983 hayamos un patrón común a todos ellos, el interés personal y el trato favorable a los intereses extranjeros. El primer presidente tras la independencia fue Yaméogo, quien inició sus andadas recortando libertades y suprimiendo el multipartidismo de la constitución; se iniciaba un período de golpes y tiranos que marcaría profundamente el territorio. Un dato muy relevante es el poder que la población siempre ha tenido; en el gobierno de Yaméogo, las protestas motivaron a los militares a intervenir contra el gobierno, argumentando que de ese modo se mantendría el orden en el país. Lanizaga, quien llegó al poder en 1966 y se mantuvo durante 14 largos años siguió, como no cabía esperar, el estereotipo de presidente neocolonial africano. Perteneciente a una etnia minoritaria, se mantuvo en el poder a base de asegurar el bienestar de los intereses mossi y de ser un fiel colaborador de las potencias coloniales y los distintos aliados regionales de estas.

Pero de nuevo, las protestas en las calles favorecieron que el ejército interviniera en pos, como argumentaban, de ayudar al pueblo del Alto Volta. Saye Zerbo derrocó a Lanizaga y se colocó como presidente. Desafortunadamente para él no duró ni dos años, una vez más los disturbios ayudaron a que los militares derrocaran al gobierno y colocaran como nuevo presidente a Jean-Baptiste Ouédraogo, un militar conservador que servía para mantener el régimen estable, un statu quo en el que el poder colonial y tribal no fuera alterado. Sin embargo, por aquel entonces nuevas ideas políticas habían calado en distintos sectores de la sociedad; muchos grupos civiles y militares adquirieron un carácter más progresista e influidos por ideas marxistas-socialistas pedían que hubiera un cambio, que el sistema variara. Para calmar un poco a las masas, se nombró Primer Ministro a un joven capitán Thomas Sankara, que contaba con gran apoyo fuera y dentro del ejército, en particular de los sectores más progresistas. Este nombramiento sería el principio del fin del sistema político conocido en el país hasta entonces. Sankara, en desacuerdo con el gobierno de Ouédraogo, rechazó el puesto y por consiguiente fue arrestado. Las calles estallaron, muchos militares vieron con recelo este arresto y empezaron a organizar un golpe que cambiaría la realidad, no solo del país sino del continente.

El origen del revolucionario

No podemos intentar comprender el surgimiento de un líder como Thomas Sankara mirando la historia desde un punto de vista tan estrecho, es necesario cambiar a un objetivo gran angular. La polarización de la época de los 70-80 puso a muchos países entre dos realidades que no les eran cercanas pero de las que les fue imposible huir, acabando estas por penetrar con profundidad en su día a día.

En el continente africano surgieron movimientos de corte anticolonial y antiimperialista que se fueron materializando en líderes como Muammar el Gadafi en Libia o Jerry Rawlings en Ghana. Al mismo tiempo las ideas marxistas-socialistas encontraron una buena recepción en aquellos, jóvenes en su mayoría, que veían como el sistema no variaba, como el proceso de descolonización no era más que un fracaso, uno más de una larga lista. Aunque no fue tan perjudicial para los países coloniales que continuaron manteniendo su influencia sobre el territorio mientras se ofrecía una imagen de democracia e independencia al exterior.

Pero, ¿quién era Thomas Sankara y qué hizo de su golpe uno distinto a los anteriores? Una de las cosas que pudo influir más en la vida de Sankara fue la profesión de su padre, párroco cristiano, que viajó por todo el país propagando la palabra sagrada; sería gracias a estos viajes que Thomas conocería su tierra en profundidad y, lo que sería más importante, las necesidades de sus gentes. Una vez en el ejército, entró en contacto con las ideas socialistas en la escuela militar; los militares en gran cantidad de países del continente recibían una formación por encima de la media nacional. Si a este hecho le sumamos el que Sankara estuviera destinado en Madagascar, que por aquel entonces era una nación de corte socialista, nos topamos con una serie de influencias que irían perfilando la personalidad del futuro líder.

Presidente de Burkina Faso Thomas Sankara en 1986, un año antes de su muerte. Alexander Joe/AFP/Getty Images
Presidente de Burkina Faso Thomas Sankara en 1986, un año antes de su muerte. Alexander Joe/AFP/Getty Images

Sankara es un ejemplo del descontento que existía en la sociedad del Alto Volta, los jóvenes con formación que habían conocido diferentes teorías, junto con grupos de profesores y sindicatos, compartían un sentimiento de hartazgo común, resultado del ir y venir de líderes castrenses que enarbolaban las necesidades de la sociedad para acceder al poder y, una vez en él, se enriquecían mientras servían los intereses de aquellos que les habían ayudado en su ascenso hasta que el siguiente decidiera quitarles el puesto para así continuar con la misma dinámica.

Thomas demostró no ser uno más cuando rechazó el puesto de primer ministro en 1982 por no estar de acuerdo con las políticas que se estaban llevando a cabo. Consecuentemente fue arrestado, lo que no agradó a los grupos que, dentro y fuera del ejército, le apoyaban. Estos, comandados por Blaisé Compaoré, el mismo que años después lideraría el golpe contra el propio Sankara, liberaron al joven capitán, que ese 4 de agosto de 1983 se situó a la cabeza del Alto Volta.

La revolución

El gobierno de Thomas Sankara fue algo que verdaderamente no se había visto hasta la fecha en el continente africano, fue una revolución que afectaría hasta al nombre del país, siendo bautizado como Burkina Faso, traducido literalmente en el lenguaje moreé –lenguaje hablado por la etnia mossi, que constituye la mayoría de la población– como “la tierra de los hombres honorables”.

Pero, ¿qué movía a Sankara, un militar, a ir en contra de aquellos que eran sus superiores? El joven capitán, al igual que muchos de sus compañeros, estaba influido por una idea romántica de defensa de Estado; el deber último y más importante de un militar era velar por su país, entendiendo que el país lo conformaban sus ciudadanos. Por lo tanto, los militares debían de ser conscientes de su función para con la sociedad, si el gobierno había dejado de servir a su pueblo para servir a sus propios intereses, era el deber del ejército frenar esas acciones y devolver el país a sus legítimos dueños, los ciudadanos.

Con esta idea tan clara Sankara llegó al poder en 1983, iniciándose entonces un período que marcaría la historia del territorio. Las políticas en estos cuatro años se centraron en 4 áreas: agricultura, educación, administración y producción. Dentro de cada una se fomentaron una serie de elementos considerados básicos que debían guiar a la futura Burkina Faso como la equidad, la igualdad de sexos, el respeto medioambiental, la lucha contra la corrupción y la cultura africana. Estas ideas serían años después utilizadas por otros Estados, y muchas prácticas medioambientales y de defensa de los derechos de la mujer se fomentarían en organismos internacionales.

Una de las principales preocupaciones del presidente era la reducción de la corrupción; si querían mejorar el país, los líderes tenían que dar ejemplo: “ya voléis en primera o en clase turista, despegaréis y aterrizaréis igual”. Una de las medidas más sonadas fue la sustitución de los coches oficiales, marca Mercedes, por Renault 5.

Supo ser crítico con la estructura social existente en todo el continente, el patriarcado para él no hacía más que ralentizar el avance de África. Contra ello creó grupos de trabajo de mujeres, se prohibieron prácticas como la ablación y se fundó un Ministerio de la Mujer; estas pudieron al fin acceder a puestos de trabajo y al ejército; incluso se celebró el Día de la Mujer haciendo que los hombres realizaran las tareas de estas como medio de concienciación sobre el importante papel femenino a nivel social.

La educación fue uno de los pilares de su gobierno, no solo a nivel escolar sino social. Se incrementaron las tasas de escolarización, se crearon comités regionales para implantar estas políticas. A nivel social se fomentó una conciencia medioambiental con programas de repoblación. Para el gobierno revolucionario Burkina Faso necesitaba ser un país verde, preparado para el cultivo y el autoabastecimiento; así, en 4 años se plantaron más de 10 millones de árboles.

Pioneers de la revolución, Burkina Faso 1984
Pioneers de la revolución, Burkina Faso 1984

Uno de los puntos más relevantes sería la promoción de la cultura como signo de identidad. Ese fue un símbolo del pensamiento Sankarista que influiría a todo el continente. Creía que “la única forma de vivir digno y libre, es vivir siendo africano”. Para él era vital huir del alineamiento colonial, y centró sus esfuerzos en descolonizar la mentalidad social.

Cada uno debe aceptar ser él mismo y evolucionar con su propia realidad; incitó a la población a pensar de manera autónoma, a ser partícipes del cambio, a revivir la realidad africana siendo conscientes de su lugar de pertenencia; no es insano desarrollar una cultura propia sin imitar a Europa, los pueblos son distintos y para Sankara África tenía que desarrollar esas diferencias que la hacen única. En el plano internacional se aproximó a países más cercanos a sus ideales, lo que le granjeó la enemistad de muchas potencias europeas y de países de la región que servían a los poderes extranjeros. Uno de los puntos de conflicto giró en torno al pago de la deuda de Burkina Faso, una deuda que para Sankara representaba la opresión y control exterior, imposible de pagar porque la injerencia económica colonial impedía finalizar los compromisos económicos. En uno de sus discursos afirmaba: “Me preguntan que dónde veo el imperialismo, muy bien, solo miren a sus platos llenos de arroz y maíz importados”. Sankara acabó con las empresas extranjeras fomentando la participación de la sociedad civil en la construcción de infraestructuras y fomentó el debate sobre la deuda africana en los distintos foros continentales.

La caída del líder

Captura de pantalla 2015-10-16 a la(s) 19.26.56Durante su régimen no todo fue tan idílico. La prohibición de partidos de oposición generó un sentimiento de rechazo en algunos grupos. Además, se fue creando una división entre aquellos a favor y en contra de las políticas sankaristas. Pese al honesto fin perseguido con la creación de los tribunales populares que juzgaban a los anteriores gobernantes, su labor se vio emborronada por su falta de miramiento en las formas del Derecho, dejando de lado principios tan básicos del Estado de Derecho como la presunción de inocencia. Hechos como este, junto con la supresión de protestas de sindicatos y profesores hicieron que el último año estuviera marcado por la inestabilidad. La presión de los poderes extranjeros y la reducción de ayudas económicas e inversiones sólo empeoraron la situación.

Ante esto, la historia volvió a repetirse. Blaissé Compaoré dirigió su segundo golpe de estado y termino con el gobierno de Thomas Sankara. Aquel que una vez le liberó de las celdas de la tiranía acabó con su vida enterrando su recuerdo no tras una reja, sino en el olvido. Thomas Sankara fue asesinado a los 39 años, luchó hasta ser abatido. Su cuerpo fue enterrado junto a sus hombres, esa noche en un cementerio de Ouagadougou.

Blaissé Compaoré, el que fuera como hermano de Sankara se situó al frente de Burkina Faso. A lo largo de la presidencia de Compaoré se llevaron a cabo distintos cambios constitucionales que llevaron al país a una situación más próxima a la que tenía antes de la llegada de la revolución. Compaoré, con modificaciones de la ley electoral, se fue manteniendo en el poder; la concesión de privilegios a las tribus poderosas y a los poderes extranjeros hicieron que pudiera manejar la situación durante 27 años. Pese a que hubo períodos de protestas en las calles, fueron suprimidas y el régimen se mantuvo.

Captura de pantalla 2015-10-16 a la(s) 19.28.03

Sin embargo, en octubre de 2014 el presidente, viendo que las elecciones se le echaban encima, decidió intentar modificar un artículo de la constitución que le permitiría presentarse como candidato y, una vez más, ganar con amplia mayoría, lo que hizo que las calles estallaran. Hemos de tener en cuenta que Burkina Faso es un país con una media de edad de 18 años, lo que significa que más del 50% de su población no conocía otra opción que el régimen de Blaisé Compaoré, pero que ha crecido oyendo hablar de un hombre que quiso cambiar las cosas, del padre de Burkina Faso, Thomas Sankara.
Compaoré se vio forzado a renunciar a su cargo y a abandonar el país en noviembre de 2014. Ante el vacío de poder se nombró un gobierno de transición con Michel Kafando como presidente e Isaac Zida siendo primer ministro, hasta que tuvieran lugar las elecciones.

Pero la paz en Burkina Faso fue de nuevo amenazada por un golpe de estado en el que Zida y Kafando fueron detenidos y el general Gilbert Diendéré se situó como nuevo líder del país. De nuevo la historia negra de Burkina Faso quiso hacer su entrada, pero esta vez no fue posible, las protestas en las calles y la presión exterior hicieron que se restaurará el orden y Diendéré con los miembros de la Guardia de Seguridad Presidencial fueron detenidos y puestos bajo custodia, restaurando el proceso de transición.

El olvido no es suficiente

Los acontecimientos de este último año en Burkina Faso no hacen más que transportarnos al inicio de esa revolución iniciada por Sankara. El inicio de un cambio que, pese a no haber resultado de un proceso democrático, enseñó al pueblo a ser parte de su Estado. Sankara se esforzó en mostrar a la población que podían ser independiente; hizo de un territorio de esclavos como el Alto Volta uno de hombres honorables, de gentes que sabían que la tiranía también se derrota.

Pese a los intentos de Compaoré por acabar con el legado de Sankara, el fantasma de la revolución ha vuelto a entrar en escena. Como si de Don Juan Tenorio se tratara, acosados por el fantasma de don Gonzalo, aquellos como Compaoré o Diendéré, que una vez gritaron en pos de la democracia y la liberta junto a Thomas, se encuentran ahora ante él en una cena en la que no son bienvenidos.

Un grupo de ciudadanos protestan contra el coste de vida en Burkina Faso portando un retrato de Thomas Sankara; Issouf Sanogo
Un grupo de ciudadanos protestan contra el coste de vida en Burkina Faso portando un retrato de Thomas Sankara; Issouf Sanogo

El futuro de Burkina Faso es incierto. El gobierno de transición tiene que mantener el orden y llevar a cabo unas elecciones democráticas en las que el poder regrese a sus legítimos dueños, los ciudadanos. Un pueblo que en su mayoría ha crecido sin haber vivido en el período del “padre de Burkina” pero que sí que ha conocido sus ideas, porque como una vez dijo un hombre en un gran continente: “Mientras que los revolucionarios como individuos pueden ser asesinados, nunca puedes matar las ideas”.

Acerca de Eduardo Saldaña 15 Articles
Eduardo Saldaña. Madrid, 1994. Estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Rey Juan Carlos y Derecho por la UNED. Apasionado de África, América Latina y Oriente Medio en particular. Especialmente interesado en la geopolítica y seguridad y defensa internacional. Twitter: @EduardoSaldania

3 comentarios en Thomas Sankara y el legado de Burkina Faso

  1. Gran artículo sobre un gran y desconocido personaje. Obviamente, con sus sombras, pero con un gran sentido de progreso. Felicidades compañero!

  2. A ver, es que aquí parece que llego un militar sin más y dio un golpe de estado contra Sankara? Esta claro que Estados Unidos, Francia y occidente en general pusieron las facilidades y el dinero para quitarse Sankara del medio.

2 Trackbacks y Pingbacks

  1. Thomas Sankara y el legado de Burkina Faso - El...
  2. La “Françafrique”: el terrible reverso de la República Francesa | Historias de la otra Historia

Si tienes algo que aportar o comentar sobre este artículo no dudes en hacerlo!