La inestabilidad mediterránea: de Túnez a Siria

El Mediterráneo es una zona geopolítica cada vez más convulsa y por ello en los últimos tiempos se ha convertido en el foco de atención cada vez mayor. Los conflictos en el área mediterránea son una constante en su evolución histórica, de igual forma que en otras regiones del mundo, pero tal vez su situación geoestratégica como punto de convergencia de tres continentes y espacio-frontera de numerosas religiones y culturas, ha hecho que muchas de estas tensiones adquieran una repercusión mundial.

En la actualidad consideramos que los estados que bordean este mar sufren de distintas crisis que abordamos en sus tres vertientes, la europea, la africana y la oriental, y según su naturaleza con una relación de focos geográficos de conflicto. Éstos se clasifican en: inestabilidad política, como ocurre en los países protagonistas de la denominada Primavera Árabe; precariedad económica, como es el caso de Grecia y su conflicto con el resto de la comunidad Europea; crisis de seguridad, como sucede con el permanente conflicto árabe-israelí, así como con la proliferación del Estado Islámico en Siria y Libia; y crisis demográfica, que deriva en los flujos migratorios cada vez más descontrolados que se viven en toda la zona sur europea.

Inestabilidad política: el legado de la Primavera Árabe

Captura de pantalla 2015-09-09 a la(s) 17.50.25Si en 2011 la trayectoria de los países post primavera árabe parecía clara y el mundo pensaba que la transición política en países como Egipto, Túnez o Libia daría lugar a una sociedad más abierta, democrática y pluralista, con vista a los sucesos que han ocurrido desde entonces, a día de hoy muchos cuestionan estas conjeturas. La intención de revoluciones democráticas ha acabado en una polarización social y política en los estados que hace unos pocos años ansiaban el cambio. En la región se hacen evidentes tanto las tensiones exacerbadas entre las comunidades como la carencia relativa de un consenso regional. El más obvio es la separación entre aquellos que piensan que el Islam debe tener un papel protagonista en la vida política y pública, y aquellos que piensan que la religión y el estado deben permanecer separados. De las transiciones democráticas abiertas en 2011, sólo en Túnez se ha establecido un régimen democrático, mientras que en Egipto se ha producido una progresión autoritaria. Otros países árabes como Marruecos o Jordania emprendieron procesos de liberalización política que tampoco han provocado una modificación sustancial de la naturaleza autoritaria del poder.

Al estallar las movilizaciones ciudadanas en 2011, Marruecos y Jordania anunciaron reformas más o menos cosméticas con vistas a apaciguar a la población. En el caso de Marruecos, casi cinco años tras el inicio del Movimiento 20 de Febrero, cuesta identificar el verdadero impacto de las elecciones de 2011 y las reformas constitucionales emprendidas. El Movimiento impulsor se halla más que marchito, con su líder y cantautor rapero Muad Belghawat Lhaged en la cárcel, perseguido por varios delitos, con otros de sus dirigentes en prisión o en el exilio, y con el sistema político más pendiente de algunos giros conservadores que de aplicar las promesas y las mejoras pendientes.

En el caso de Túnez, el poseer un gobierno menos restrictivo que sus vecinos hacía que su economía estuviese en manos de unas pocas familias, las cuales asumían muchas de las filiales de grandes empresas francesas, y el gobierno de Ben Ali estaba además bien visto por la Unión Europea. Otra particularidad de Túnez es que, al contrario que por ejemplo en Libia y Siria, su gobierno no había otorgado privilegios empresariales y cargos gubernamentales al ejército. Éste se puso del lado del pueblo tunecino, desobedeciendo las órdenes de Ben Ali y favoreciendo así la caída del gobierno y a la instauración de la democracia.

Las protestas de 2011 en Egipto conllevaron la caída de tres gobiernos consecutivos. Tras la violencia que cobró la Primavera Árabe, el presidente Mubarak decidió ceder todo el poder presidencial al vicepresidente Omar Suleiman, aunque anunciando que seguiría en la presidencia hasta que acabara la legislatura. Las violentas protestas continuaron hasta que Mubarak dimitió definitivamente y cedió todo el poder al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. En las primeras elecciones tras la caída del anterior mandatario, el conservador Mohamed Morsi resultó vencedor, y al dar a conocer que se promulgarían cambios constitucionales que concedían poderes ilimitados a fuerzas militares y suponían un evidente retroceso en materias como el laicismo, con el aumento del peso de la religión islámica y la sharía en la vida pública, otra virulenta oleada de protestas tomó las calles de Egipto. Así, el presidente del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, Abdul Fatah al-Sisi, con ayuda del Ejército, dio un golpe de Estado que derrocó, el 3 de Julio de 2013, a Mohamed Morsi. Si éste ha sido el fin de la primavera árabe egipcia es incierto, aunque por el momento la crisis política interna se plasma en que el país ha pasado de un régimen dictatorial a otro.

En Libia, la fuerte represión del gobierno, dirigido por Muamar el Gadafi, frente a las protestas civiles de la primavera árabe provocó una lucha entre el Frente de Liberación Libia y las fuerzas militares. Tras fuertes combates, lo que había iniciado como una manifestación terminó en una guerra civil y la violencia se propagó rápidamente por todo el país. La comunidad internacional decidió intervenir y ofreció apoyo militar a la oposición. Así, el 20 de octubre de 2011 Gadafi fue tomado prisionero y ejecutado, poniendo fin a la guerra civil y proclamándose la victoria popular. Tras el vuelco institucional, grupos rebeldes intentaron iniciar un proceso de transición en el gobierno, pero la pérdida de autonomía económica del país, una mayor presencia del sector privado en la industria del petróleo, la existencia de milicias integristas yihadistas que disputan el control de áreas del país, así como la situación de pobreza, es interpretado por muchos analistas como síntomas del fracaso y de un Estado fallido.

ARTÍCULO RELACIONADO: La Guerra de Libia, el caos que amenaza el Mediterráneo (Pablo Moral, Febrero 2015)

Conflictos armados abiertos

Son varios los focos mediterráneos donde la inestabilidad política ha derivado en una toma de las armas. Algunos de los frentes abiertos en la actualidad llevan activos desde la Segunda Guerra Mundial, como es el caso del conflicto árabe-israelí, mientras otros más recientes como la guerra civil en Siria derivan de una primavera árabe fallida donde, aprovechando la situación de ingobernabilidad, el Estado Islámico ha empezado a adentrarse.

El conflicto sirio progresó a la par que el libio, pues la represión violenta por parte del gobierno de Bashar al-Asad frente a las manifestaciones del 2011 provocó que una parte de la sociedad civil y sectores del ejército se alzaran en armas formando el llamado Ejército Libre de Siria. Con la toma de la capital por parte del grupo rebelde, la internacionalización del conflicto fue inmediata. En la actualidad Siria se encuentra repleta de grupos rebeldes apoyados por fuerzas internacionales que luchan contra el gobierno. A su vez, aprovechando la situación de caos e ingobernabilidad del país, fuerzas del Estado Islámico se han adentrado desde el vecino Iraq. El conflicto ya ha dejado casi 210.000 muertos, lo que lo convierte en la guerra más mortífera de la última década, la crisis humanitaria más brutal del siglo XXI y el conflicto más sangriento de la Primavera Árabe.

La actual confrontación árabe-israelí se inició al término de la II Guerra Mundial, cuando millones de judíos emigrantes quisieron establecerse en territorio palestino con la esperanza de crear un estado judío, amparándose en las promesas británicas de décadas atrás. Para 1947 la Asamblea de las Naciones Unidas decidió la división política del país en dos estados, uno árabe y otro judío. Un año más tarde, el primer ministro de Israel, David Ben-Gurion, declaró la independencia del Estado judío, provocando una declaración de guerra inmediata de la Liga Árabe, tras la cual el Estado de Israel ocupó una parte del territorio adjudicado a Palestina. Más adelante, en 1956 sucedía la Guerra del Sinaí, en 1967 la Guerra de los Seis Días y la de Yom Kippur en 1973. Tras todas ellas se realizaron conversaciones de paz, las cuales culminaron sin un acuerdo.

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A día de hoy la guerra abierta se vive en el territorio fronterizo de Gaza, controlado por el ejército de Hamás. Los bombardeos y las ofensivas en el territorio son constantes, así como las pérdidas humanas y materiales. La Organización Mundial de la Salud estima que hasta ahora hay unas 400 mil personas desplazadas, y los centros de la ONU y autoridades locales han acogido ya a unos 280 mil palestinos, es decir, un 15% de la población local.

Precariedad económica

Más allá de los conflictos armados o crisis políticas, no debemos olvidarnos de la precariedad económica con la que cuentan los estados de la cuenca del Mediterráneo. Como explica Fernando Almeida García, profesor de Turismo y Territorio de la Universidad de Málaga, la mayor parte de los países africanos y algunos orientales de la orilla mediterránea presentan unos niveles de desarrollo bastante bajos. Este escaso desarrollo unido a la presión demográfica, los altos contingentes de población joven, la ineficacia política, la corrupción, el desempleo, y el control político y social por parte de las oligarquías y la ausencia de democracia y libertad, como hemos visto antes, son todos elementos que alimentan los conflictos internos y que en los últimos años se alían con los factores religiosos. Por otra parte, los estados europeo-mediterráneos, aunque con niveles de desarrollo más elevados que sus vecinos, sufren de graves crisis financieras, pues no quedan muy lejos las alusiones a los PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España) como acrónimo peyorativo que hacía referencia al grupo de países sur europeos con grandes problemas de déficit y balanza de pagos tras la crisis de 2008. En la actualidad, parece que el detonante ha resultado ser el caso griego.

La base de la crisis griega es una deuda de aproximadamente 320.000 millones de euros que el país no está en condiciones de pagar. Durante los años previos al euro, Grecia estuvo gastando más dinero del que ingresaba, financiando ese desajuste a través de préstamos, hasta que con la llegada de la moneda común el gasto público aumentó un 50%, que sumado a problemas de corrupción y evasión fiscal, reconocidos por la propia Grecia, terminó provocando un déficit muy superior al 3% del PIB –objetivo de estabilidad marcado por Bruselas–. El problema se agravó enormemente cuando la crisis financiera global de 2008 limitó el acceso griego al crédito. A pesar de ser dos veces rescatada, implantar brutales medidas de austeridad y haber reestructurado su deuda, la situación griega roza el límite y el país puede declararse en bancarrota en cualquier momento. Se estima que el PIB griego se ha reducido hasta un 25% desde el inicio de los programas de austeridad, lo que a su vez ha acentuado su dependencia en créditos externos, es decir, un círculo vicioso del que parece no haber escapatoria. A todo esto, el impacto de las medidas sobre el pueblo griego ha sido enorme; su tasa de desempleo del 26% es la más alta de toda la Unión Europea y ya son millones los ciudadanos griegos que están viviendo bajo la línea de pobreza.

Crisis demográfica

Los tres focos de inestabilidad en el Mediterráneo vienen regados por una crisis migratoria, también llamada demográfica, que entendemos es resultado directo de los factores anteriores, junto con otros. La crisis demográfica se ha agudizado este año 2015 como consecuencia del creciente número de refugiados y migrantes irregulares que llegan a los estados del sur de la Unión Europea a través de peligrosas travesías en el mar Mediterráneo y los Balcanes. La mayoría de estos movimientos de población se caracterizan por ser una migración forzada de víctimas procedentes de conflictos armados, como son los refugiados sirios o libios, que sufren persecuciones o violaciones masivas de los derechos humanos, como sucede con la población yazidí perseguida por el Estado Islámico, o por la pobreza. Entre enero y julio de este año más de 124.000 personas han cruzado el Mediterráneo. Así, las costas de los denominados PIGS y en especial las islas del país con la economía más dañada de la Unión Europea, son ahora la mayor puerta de entrada de inmigrantes al viejo continente.

Al plantearnos si el Mediterráneo es hoy en día zona de conflicto, debemos decir que por una parte no existe una conflictividad mediterránea de índole singular y genérica sino que, como hemos visto, ésta consiste en un complejo plural de distintas situaciones conflictivas que seguramente se extiendan mucho más allá de aquellas que hemos señalado. En el futuro, todo parece apuntar a que los factores demográficos irán en aumento con el paso del tiempo, a lo que hay que añadir otras tensiones dentro de los países del área que propician estas crisis demográficas, motivados bien por factores religiosos o de identidad.

Como dice Carlos Fernández Espeso, director general para asuntos internacionales de seguridad y desarme, la zona mediterránea presenta entre sus características principales la de ser intrínsecamente conflictiva, bien sean conflictos efectivamente planteados, o bien potenciales conflictos previsibles en un futuro no muy lejano, con lo que este mar es y seguirá siendo una de las piedras angulares de la geopolítica mundial por la propia naturaleza de los cambios que se están produciendo en su seno.

Acerca de Marina Romero 8 Articles
Menorca (1993). Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Rey Juan Carlos. Cursando el Máster de Internacionalización Empresarial del ICEX. Interesada en Relaciones Internacionales, especialmente el área del Mediterráneo y su seguridad.

2 comentarios en La inestabilidad mediterránea: de Túnez a Siria

  1. Buen artículo. Sin embargo, los 4 mapas que muestran la evolución de “tierras palestinas” e israelíes es una falacia.

    Mapa 1: En 1947 no existía un Estado llamado Palestina, ni tampoco un territorio para los palestinos, lo que existía era el Mandato Británico de Palestina. El Mandato Británico de Palestina fue una administración territorial encomendada por la Sociedad de Naciones al Reino Unido en Oriente Medio, tras la Primera Guerra Mundial, con el estatus de territorio bajo mandato. Aunque el Reino Unido administraba estos territorios de facto desde 1917, el Mandato entró en vigor en junio de 1922 y expiró en mayo de 1948. En aquellos tiempos el término “palestino” se lo usaba para referirse a las personas oriundas de estas tierras, tanto árabes como judíos o cristianos. Era común hablar de judíos palestinos, o árabes palestinos. A lo que quiero llegar es que la distinción que ese este mapa y el siguiente entre “jewish land” y “palestinian land” es falaz, ya que todavía no existía el concepto contemporáneo de “pueblo palestíno”. Más bien eran todos palestinos (como una nacionalidad), algunos judíos, otros árabes. Pero los pueblos árabes y judíos no convivían pacíficamente como a veces afirman, constantemente había disturbios entre judíos y árabes, estos últimos querían poner fin a la inmigración judía a su histórica tierra. En conclusión, el primer mapa es totalmente falso, sin ningún sentido. El territorio no era del actualmente llamado pueblo palestino, sino que estaba gobernado por los británicos y habitado tanto por árabes como por judíos.

    Mapa 2: El segundo mapa muestra el Plan de Partición de Palestina propuesto por la ONU en 1947. La ONU, propone este plan con el objetivo de resolver la disputa entre judíos y árabes de Palestina. Dicha propuesta se aprobó en la ONU por 33 votos a favor contra 13 en contra, y 3 abstenciones. Hasta ahora nunca mencioné que ese mapa realmente en algún momento se haya puesto en vigencia, porque la realidad es que nunca existieron esos límites, solamente fueron una PROPUESTA. La razón por la cual este plan nunca entró en vigencia es porque los árabes lo rechazaron, mientras que los judíos lo aceptaron y lo celebraron. Por lo tanto, este mapa nunca se puso en práctica, solo fue una propuesta.

    Mapa 3: El tercer mapa probablemente sea el más incorrecto de toda la imagen. El mapa se sitúa temporalmente después de la Guerra de Independencia de Israel en 1948 y antes de la Guerra de los 6 Días en 1967. En la Guerra del ´48, en la que 7 ejércitos árabes con la colaboración de los árabes de Palestina atacaron al recientemente creado Israel, Israel resultó victorioso y anexó territorios a su país que no estaban incluidos en el Plan de Partición de la ONU. Israel aumentó su territorio en un 23%, en lo que fuese la primera guerra en la que los países árabes quisieran destruir totalmente Israel. Los límites que este tercer mapa muestra son los delimitados en los acuerdos de armisticio árabe-israelí de 1949. Estos acuerdos pusieron fin a la guerra que comenzó en 1948 y demarcaron la famosa Línea Verde, que no es más que una línea de cese al fuego.
    Habrán escuchado alguna vez decir a alguien: “Israel debe volver a las fronteras previas a 1967”. Es una frase muy dicha por diversos políticos, árabes, pro-palestinos y demás(vale aclarar que hay muchos israelíes que también están de acuerdo con este dicho). La realidad es que las mal llamadas “fronteras del ´67” son solo las líneas de armisticio que se pactaron en 1949, no son ninguna frontera política o territorial, lo cual no es una base legítima para próximas negociaciones. Citando al acuerdo: «no debe ser considerada de ningún modo como una frontera política o territorial; está marcada sin perjuicio de los derechos, reivindicaciones y posturas de ambas partes en el momento del armisticio en cuanto se refiere al arreglo definitivo de la cuestión palestina.» Otro punto muy importante a aclarar. Las dos zonas verdes que muestra este mapa no fueron del pueblo palestino entre 1949 y 1967. Después de la guerra de 1948, Egipto ocupó Gaza y Jordania ocupó Cisjordania y Jerusalem Este. Durante esos 18 años esas tierras eran egipcias y jordanas, no palestinas.

    Mapa 4: Este mapa tiene una buena cuota de verdad, aunque en el contexto en que se lo muestra pareciera como si Israel hubiese robado la mayoría de los terrenos de Cisjordania.
    Este mapa tiene una gran novedad con respecto a los otros. Es la primera vez que un territorio es gobernado por palestinos!! Si, como acabo de decir, y ahora paso a explicar. Esto se remonta al año 1993, cuando se firmaron los llamados “Acuerdos de Oslo” entre el gobierno de Israel y la OLP (Organización para la Liberación de Palestina). Estos acuerdos garantizaron la creación de un autogobierno palestino en partes de Cisjordania y Gaza, la Autoridad Nacional Palestina. E Israel cedió terrenos para que este recién formado gobierno palestino administre zonas en Gaza y Cisjordania. Los palestinos por primera vez en la historia tuvieron control de una tierra, y esto fue gracias a las negociaciones con Israel.

    Aún así enhorabuena por el artículo, pero creo que no hay que dar por válida cualquier imagen que encontramos en Internet, como estos mapas.

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  1. Inestabilidad creciente en el Mediterráneo |

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