Modelos Alternativos de Desarrollo 1/4 – Definición de Desarrollo y críticas al modelo vigente

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En 1970, Buthán era uno de los países más pobres y subdesarrollados del mundo. A partir de entonces, el país comenzó una estrategia de desarrollo basada en el equilibrio entre el crecimiento económico y la protección medioambiental, la tradición cultural y la gobernanza democrática. Se invirtió fuertemente en educación y sanidad, siguiendo ese modelo de desarrollo tan particular. En 1980, Buthán tenía una tasa de alfabetización entre los adultos del 23%, y una tasa de mortalidad infantil del 163‰. Hoy, más del 60% de la población adulta sabe leer y escribir, y la mortalidad infantil ha caído al 40‰. Además, Buthán ha establecido el 30% de su superficie como áreas naturales protegidas, más que ningún otro país del mundo.

Cuando se habla de desarrollo, es recurrente el caso de Buthán, un pequeño país que lleva décadas desarrollándose bajo la idea de la importancia de un curioso indicador que prevalece sobre el producto nacional bruto: la ‘felicidad nacional bruta’. Podemos decir que su modelo de desarrollo no sigue la ortodoxia tradicional.

¿Es Buthán un país desarrollado? Esa es la pregunta clave que ha de ayudarnos a entender que no existe un único modelo de desarrollo, que el desarrollo no es un estado concreto ni determinado, sino que es un concepto voluble y totalmente subjetivo. Esto es importante porque las sociedades se desarrollan en función de cómo entienden el desarrollo. Así, un cambio en el modelo de desarrollo depende necesariamente de un cambio en la concepción del propio desarrollo. Y, ¿qué es el desarrollo?

El desarrollo es un concepto que ha ido evolucionando, por lo que no tiene una definición única. Desde sus inicios, las teorías relacionadas con el desarrollo se interesaron por los procesos de enriquecimiento material, es decir, por el incremento del volumen de producción de bienes y servicios. Estas teorías economicistas entendían que el medio para alcanzar el desarrollo era la acumulación de capital físico. Se defendía que un aumento del producto interior bruto per capita reduciría la pobreza e incrementaría el bienestar de la población. Esta premisa se basaba en que, a más producción, más renta, y, a más renta, mayor bienestar económico. Es decir, que el desarrollo estaba directamente relacionado con el crecimiento económico. El economista Keith Griffin apunta a que, bajo esa óptica tradicional, “el crecimiento se convertía no sólo en el medio para alcanzar el desarrollo, sino en el fin del desarrollo mismo”.

Sin embargo, según el profesor Timothey Duverget, “el crecimiento es un mito de la modernidad. Está vinculado a la modernidad a través de una ideología del progreso que ha contaminado al conjunto de pensadores económicos a lo largo de la historia”. Efectivamente, la corriente predominante del pensamiento político, cultural y económico durante todo el S.XX ha sido la defensora del crecimiento como objetivo principal de cualquier sociedad, territorio o empresa.

Crecimiento como sinónimo de Desarrollo

Para dar cuenta de la concepción más extendida que se tiene actualmente del término ‘desarrollo’, podemos recurrir a la propia Real Academia Española, que a la hora de definir el verbo desarrollar hace una relacion directa con otros términos como incrementar, agrandar, extender, ampliar o aumentar.

Esta idea de desarrollo tan ligada al crecimiento se ha perpetuado en las últimas décadas gracias al fenómeno de la globalización, que ha permitido extender un modelo económico determinado por todo el planeta. Se ha exportado el modelo occidental, y con él, la idea de que el desarrollo va de la mano del crecimiento económico. Es una visión economicista y occidental.

Como recuerda el geopolitólogo Ali Laïdi, lo que caracteriza a Occidente como bloque diferenciado es “la creencia en un modelo político-económico basado en el crecimiento eterno y en el consumo”. Y es este bloque occidental quien lidera a nivel global un modelo de desarrollo concreto, que consiste en concebir todas las actividades humanas como un valor mercantil, tal y como apuntó el historiador económico Karl Polanyi (1886-1964). El filósofo Michel Foucault hablaba de la “racionalidad política neoliberal”, todo un marco teórico y conceptual que ha hecho del mercado no sólo la referencia en la dimensión económica, sino también en las esferas política, social y cultural.

Una nueva definición de Desarrollo

Durante esta serie de artículos se van a analizar distintos modelos de desarrollo que plantean alternativas a la corriente predominante, por ello, además de presentar dichos sistemas alternativos, vamos a proponer un nuevo marco teórico bajo el que llevar a cabo nuestro análisis.

Para que cambie la práctica ha de cambiar la teoría, y si el modelo de desarrollo actual nace de una concepción determinada del propio desarrollo, para valorar modelos de desarrollo alternativos manejaremos una definición conceptual alternativa:

“El desarrollo es el proceso por el cual una sociedad o territorio avanza para alcanzar mejoras en distintas dimensiones (desarrollo humano, desarrollo económico, desarrollo ambiental, desarrollo cultural, desarrollo territorial, desarrollo social…)”

La definición que aquí se propone parte de una hipótesis: puede haber desarrollo, es decir, puede haber mejoras sociales, económicas, políticas… sin necesidad de que haya crecimiento o incremento en dichas dimensiones (social, económica, política…). En síntesis, la economía no tiene porqué incrementar su volumen para que una sociedad esté más desarrollada.

dimensionesDesarrollo

Esta es una definición que recoge gran parte de la esencia de la teoría del decrecimiento, que analizaremos durante el presente trabajo. Así como ‘crecer’ no es ‘mejorar’, podemos decir que ‘decrecer’ no significa ‘empeorar’. Bajo la óptica de nuestra definición, si desarrollarse es “alcanzar mejoras”, desarrollarse puede ser decrecer, ya que crecer puede ser empeorar, y decrecer puede ser mejorar.

Un ejemplo sencillo lo podemos imaginar con una fábrica. Según la concepción clásica y predominante, una fábrica bien podría ser la representación física del desarrollo, ya que una fábrica evoca todo lo relacionado con la producción, la industria, la economía, el trabajo… etc. Según las tesis mainstream diríamos que la fábrica simboliza el desarrollo de una sociedad o territorio, que antes de exisitir la fábrica esa sociedad o territorio estaban subdesarrollados. En cambio, cambiando de óptica y adoptando la definición alternativa antes propuesta, esa misma fábrica puede simbolizar un retroceso, un empeoramiento. Recordamos que desarrollo es avanzar para alcanzar mejoras. Si la fábrica contamina un medio ambiente que antes no estaba contaminado, no se ha dado ningún avance en ese territorio, sino todo lo contrario: se ha dado un retroceso. El territorio está peor que antes. No está mejor, por lo tanto no se ha desarrollado.

Con esta sencilla imagen podemos entender que el desarrollo no es nada material. No es nada definido de manera concreta ni consensuada. Si lo definimos con una óptica economicista, la fábrica que contamina pero produce coches es un símbolo del desarrollo de un territorio. Si lo definimos con una óptica ecologista, esa fábrica simboliza un empeoramiento de las cualidades de un territorio.

Críticas al modelo de desarrollo vigente

Alejándonos del complejo debate teórico que supone definir el concepto del desarrollo, nos dedicamos ahora a plantear una hipótesis sobre la cual hay mucho más consenso: sea lo que sea el desarrollo, el modelo actual de desarrollo es insostenible.

Según un análisis del Millennium Ecosystem Assessment, en el participaron 1.300 expertos de 95 países, el modelo económico vigente y el proceso de globalización han perjudicado el planeta de tal manera que el 60% de los sistemas naturales que dan soporte a la vida están degradados y no son sostenibles. Las causas de esta degradación están relacionadas con los siguientes hechos:

  • Mayor cantidad de tierra dedicada a la agricultura y rotaciones en los cultivos, lo que ha llevado a que casi el 25% de la superficie terrestre esté cultivada.
  • Utilización masiva del agua dulce para el riego, viviendas o usos industriales. Actualmente la agricultura es el mayor consumidor de agua dulce: alrededor del 70% del uso total.
  • Sobreexplotación de los caladeros marinos, de forma que, en algunos lugares, la pesca se ha reducido hasta un 90%.
  • Masiva utilización de fertilizantes, lo que ha llevado a doblar el volumen de hidrógeno en el aire y en el agua, causa de muchas enfermedades respiratorias, cánceres y otras enfermedades crónicas.
  • Cambio climático y aumento generalizado de la temperatura media global.
  • Extinción de la biodiversidad terrestre a ritmos nunca antes conocidos

Más allá del peligro que suponen para la vida, estas alteraciones medioambientales tienen también un coste económico, que podría llegar a suponer el 20% del PIB global.

Según James Hansen, reputado científico de la NASA, para intentar mejorar este desolador escenario, habría que reducir inmediatamente en un 130% las emisiones de gases contaminantes. Algo que no parece muy probable, viendo el ritmo (y el tipo) de desarrollo de algunos países: China abre dos nuevas centrales termoeléctricas cada semana. Este tipo de centrales, que basan su funcionamiento en la quema de carbón, son altamente contaminantes.

Tampoco cabe esperar una reducción drástica de las emisiones porque, en el momento histórico actual, estamos viendo cómo millones de personas en los países emergentes aumentan su nivel de vida. Si bien esto es algo positivo, las personas que ven aumentado su nivel de vida están adoptando un modo de vida al estilo occidental, es decir, que sigue con el modelo que ha llevado a los niveles de degradación ambiental actuales. Los estudios confirman que, en un futuro mundo con 9.000 millones de habitantes, el volumen de emisiones de CO2 a la atmósfera sería insostenible. Y el problema no es tanto la superpoblación, sino el modo de vida que lleva a cabo esta población.

Con respecto a la expansión del modelo de vida occidental y de un sistema económico determinado, Karl Marx ya adelantó que “debemos tratar al mundo entero como una sola nación, y asumir que la producción capitalista está establecida en todos lados y se ha apoderado de cada rama de la industria.” Sin embargo, para el politólogo francés Ali Laïdi, “Occidente sabe que la generalización de su modelo es una quimera. En un momento en el que nuestro planeta sufre y en el que los países occidentales no dejan de enarbolar sus exigencias ecológicas en nombre del desarrollo sostenible, Occidente ha comprendido que la Tierra no podría soportar que el conjunto de la Humanidad viviese con los estándares occidentales. Un mundo totalmente occidentalizado es un mundo extenuado, perdido y muerto a corto plazo”. Así pues no es del todo seguro que la expansión del modelo de desarrollo occidental vaya a cubrir todo el planeta, si bien es cierto que cada año millones de personas no occidentales se incorporan a este modelo de vida.

Al mismo tiempo que la globalización y el modelo occidental han permitido a numerosos países desprenderse del subdesarrollo (entendido según la óptica economicista), estos procesos han creado también nuevas exclusiones y desigualdades. Según los datos, la pobreza relativa ha aumentado en las últimas décadas. Además, no se ha conseguido alcanzar uno de los Objetivos del Milenio para el Desarrollo más importantes: reducir la pobreza a la mitad entre 1990 y 2015. Aun habría que haber reducido en 400 millones la cifra de pobres (personas que sobreviven con menos de 1,5 dólares al día) en este periodo de 25 años.

En todo caso, si bien es cierto que el modelo de desarrollo vigente tiene efectos negativos en la dimensión social, como dice el politólogo Juan Carlos Monedero: “Hoy en día es más sencillo hacerse anticapitalista desde posiciones ecologistas que desde posiciones marxistas”. Podemos reinterpretar este mensaje elaborando la siguiente idea: para defender la necesidad de un modelo alternativo de desarrollo no es necesario adoptar posiciones radicales en el eje izquierda-derecha, sino que basta con una pequeña dosis de ecologismo y una pizca de humanismo. Incluso desde una postura egoísta sería también preciso valorar alternativas al modelo vigente, que pone en peligro en muchas ocasiones la propia vida de los individuos.

El profesor Carlos Taibo resume la crítica a este modelo basado en el crecimiento con los siguientes puntos clave:

  1. El crecimiento económico no genera necesariamente cohesión social. China ha crecido de forma espectacular durante los últimos 30 años, y en la actualidad no es un país socialmente más cohesionado de lo que lo era décadas atrás.
  2. La relación entre el crecimiento económico y la generación de empleo es mucho más rigurosa de lo que pudiera parecer. Las economías capitalistas desarrolladas han credido notablemente en las tres últimas décadas, sin embargo han procedido a destruir, en términos objetivos, muchos puestos de trabajo.
  3. El crecimiento económico se traduce muy a menudo en agresiones medioambientales irreversibles, que generan graves problemas para las generaciones venideras..
  4. El crecimiento económico se traduce con frecuencia en procesos de verdadero agotamiento de recursos escasos, lo cual constituye de nuevo un legado muy delicado para las futuras generaciones.
  5. El crecimiento económico de los países más ricos depende en mayor o menor grado del expolio de la riqueza humana y material de los países pobres
  6. En la dimensión individual, el crecimiento económico facilita el asentamiento de un modo de vida esclavo que nos hace pensar que seremos más felices cuantas más horas trabajemos, más dinero ganemos y más bienes consumamos.

Así pues, ante un sistema económico y social manifiestamente insostenible y dañino para el medio natural y para el propio ser humano, plantear cambios en el modelo de desarrollo es una tarea más que necesaria.

A continuación se plantean una serie de características que debería tener un buen modelo de desarrollo:

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La búsqueda de un modelo alternativo que realmente traiga un mejor desarrollo se debe a que, en la actualidad, el modelo bajo el cual nos estamos desarrollando a nivel global presenta graves carencias. Las características del modelo vigente se resumen a continuación, siguiendo el esquema planteado en la Tabla 1.

DIMENSIÓN TERRITORIAL:

  • Promover el equilibrio territorial: el modelo vigente se basa en la idea de que la proximidad de las personas genera beneficio económico, por ello mantiene una estrategia basada en polos de desarrollo y en las economías de aglomeración. Esto deriva en grandes desequilibrios territoriales, apareciendo regiones con alto crecimiento económico y otras nada competitivas y que quedan subdesarrolladas.
  • Fortalecer la gobernabilidad y autonomía de los territorios: la centralización política y económica es una de las características del modelo actual, que entiende que esta forma de gobernabilidad es más eficiente. Además, la autonomía de los territorios queda supeditada a intereses que van más allá de los sociales y/o políticos, y que atañen a actores económicos internacionales. En plena crisis del modelo, la pérdida de autonomía y soberanía en la gobernabilidad son dos de las críticas más fuertes que se están planteando.
  • Explotar de manera responsable los recursos: tras décadas de implantación del modelo vigente, los estudios han determinado (y las instituciones internacionales han reconocido) que el sistema de desarrollo no es sostenible y está sobreexplotando los recursos naturales.

DIMENSIÓN SOCIAL:

  • Favorecer la igualdad y la cohesión: los informes coinciden en señalar que el modelo actual no está favoreciendo la igualdad a nivel global, y esta dinámica no parece detenerse ni corregirse, ya que la desigualdad de la distribución de la riqueza alcanzará su mayor grado de diferencia en el año 2016, según datos de Intermón Oxfam. En cuanto a la cohesión, una de las pricipales críticas al sistema es la generación de tensiones y confrontaciones sociales, fruto precisamente de la desigualdad.
  • Mejorar la calidad de vida: la implantación del modelo actual ha derivado en un aumento del nivel de vida de cientos de millones de personas. Pero, además de tener en cuenta los millones que no disfrutan de una vida digna, hay que valorar también la diferencia entre nivel de vida y calidad de vida.
  • Respeto a los Derechos Humanos: si bien las principales organizaciones internacionales defensoras del modelo vigente están comprometidas con la Carta de los Derechos Humanos, en la práctica el sistema económico y de desarrollo actual viola los derechos más básicos del ser humano en muchos sitios del planeta.

DIMENSIÓN ECONÓMICA:

  • Generar actividad económica: el modelo vigente sí cumple esta característica, ya que basa el propio desarrollo en la actividad económica. El sistema globalizado genera actividad económica alrededor del mundo, basándose en la aglomeración y concentración de personas y recursos, y en la investigación y la innovación tecnológica.
  • Generar riqueza: el sistema actual tiene en la creación de riqueza uno de sus principales argumentos a favor, ya que, efectivamente, es un modelo de desarrollo basado en la creación constante de riqueza y en el crecimiento económico continuo.
  • Distribuir la riqueza: esta característica básica que ha de darse para conseguir un buen desarrollo no está siendo cumplida al 100% por el modelo actual. Los datos reflejan un aumento de la desigualdad social motivada por el mal reparto de la riqueza económica a nivel global, si bien es cierto que a nivel regional ciertas zonas del mundo como Europa, Oceanía o Norteamérica mantienen en general niveles aceptables de distribución de la riqueza.

DIMENSIÓN CULTURAL:

  • Respeto a la multiculturalidad: el sistema vigente no cumple este requisito, ya que la globalización cultural homogeneíza las características culturales alrededor del mundo, de forma que se pierden los valores y tradicionales locales.
  • Defensa de la cultura propia del territorio o sociedad: por el mismo proceso de globalización, en muchos territorios se están perdiendo culturas ancestrales. No se puede entonces considerar que hay desarrollo en un territorio que pierde su propia cultura.
  • Garantizar el acceso universal a la cultura: para que una sociedad esté bien desarrollada es necesario que las personas tengan acceso a bienes culturales. En la actualidad el sistema vigente pone al alcance de millones de personas infinitos bienes culturales, si bien este acceso no es universal, ya que en muchas ocasiones depende de las posibilidades económicas de cada persona.

DIMENSIÓN ECOLÓGICA:

  • Desarrollo sostenible en el tiempo: de manera clara, el ritmo de desarrollo al que nos tiene sometido el modelo actual no se puede mantener a largo plazo. Es pues un desarrollo insostenible, y que amenaza con mermar las posibilidades de desarrollo de generaciones venideras. Una característica muy negativa y que merece atención y revisión urgentemente.
  • Evitar la contaminación: un requisito importante para considerar adecuado el tipo de desarrollo, que sin embargo no se ve cumplido por el modelo vigente, caracterizado por generar altos niveles de contaminación. Aunque esta contaminación está muy concentrada en espacios como las grandes ciudades industriales o en regiones como las de los países en desarrollo, afecta globlamente a todo el mundo, por lo que se debe corregir.
  • Respetar el medio natural: la contaminación y la sobreexplotación de recursos hacen que el modelo de desarrollo no respete el medio natural que da soporte a la vida.

Así pues, ante un sistema económico y social manifiestamente insostenible y dañino para el medio natural y para el propio ser humano, plantear cambios en el modelo de desarrollo es una tarea más que necesaria. Además, la mayor parte de la población desea un cambio en el modelo económico. Según una encuesta de la Fundación Bertelsmann, el 88% de los alemanes y el 90% de los austriacos respondieron “sí” a la pregunta “¿Desea usted un nuevo orden económico?”.

Iniciativas para mejorar el modelo vigente

Los propios actores del sistema internacional reconocen que la forma de funcionar del mundo es insostenible en el tiempo. Tanto Estados como instituciones internacionales u organizaciones no gubernamentales han apuntado en algún momento y con mayor o menor énfasis que es necesario un cambio en el modelo.

A nivel institucional internacional encontramos el ejemplo más importante con el Protocolo de Kioto firmado en 1997, una clara iniciativa que intenta paliar los efectos negativos del modelo de desarrollo mediante una reducción de las emisiones de gases contaminantes (principalmente dióxido de carbono) en un 5% a nivel global en el periodo 2008-2012. En 2009 ya habían ratificado este acuerdo internacional 187 países.

Estados Unidos, el primer país emisor de gases contaminantes del mundo, no se ha adherido al acuerdo al entender que hacerlo ralentizaría su desarrollo económico. Esto supone un importante fracaso para el Mundo en su conjunto, ya que como comunidad global no se está sabiendo llegar a acuerdos reales para luchar contra la insostenibilidad del modelo de desarrollo vigente. Se precisa del compromiso de todos los países, en especial de los más contaminantes, para hacer progresos reales.

Otro ejemplo de iniciativa fallida para mejorar el modelo de desarrollo tuvo lugar en 2009, en la Conferencia de Copenhague, una reunión que, si bien acordó ciertos presupuestos de mejora ambiental, como la reducción de 2oºC la temperatura global, no tomó ninguna decisión respecto del cómo se ha de lograr.

En 2012 se celebró la Conferencia de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas Rio+20, en el marco de la serie ‘Cumbres de la Tierra’, bajo la cual han tenido lugar reuniones internacionales en 1972, 1992 y 2002. De la Conferencia de Rio+20 salió un acuerdo de mínimos cuyo borrador fue firmado por más de un centenar de Jefes de Estado, entre los que no se encontraban Barack Obama, Angela Merkel o David Cameron. Las organizaciones ecologistas calificaron el texto como “decepcionante” y sintieron que la Conferencia había sido un “fracaso colosal”. Jim Leape, director general de la ONG ecologista WWF declaró tras la Cumbre de Río que había sido “una madrugada de negociaciones para que los diplomáticos acaben depecionando al mundo. Deberían sentir vergüenza de su incapacidad para alcanzar un acuerdo en un asunto tan crucial”.

Tras el fracaso de los intentos a nivel internacional para reconducir la situación, la mayoría de países desarrollados han puesto en marcha programas de manera unilateral para actuar sobre la degradación ambiental.

El Gobierno británico lanzó en 2010 un ambicioso programa de economía sostenible dirigido a “preservar y mejorar el almacén de capital natural y humano. Un nuevo paradigma que deberá estar fundado en diversas iniciativas para satisfacer nuestras aspiraciones de bienestar. Esto es, desengacharnos de forma efectiva de los bienes de consumo intensivo de recursos.”

Según este programa, el modelo de desarrollo sostenible ideal conjuga tres elementos que se interrelacionan de una manera consistente entre sí: la sostenibilidad medioambiental, la sosteniblidad social y la sostenibilidad económica. Para sustentar este modelo se tienen en cuenta cinco pilares: el capital natural, el capital humano, el capital social, el capital productivo y el capital financiero. El desarrollo de estos pilares se desarrollará, según el programa propuesto por el Gobierno británico, en una serie de iniciativas de enorme alcance, entre las que se encuentran:

  • Desarrollar una nueva economía verde, con inversiones de hasta 200.000 millones de libras, y crear un fondo de inversiones verdes
  • Proteger las industrias de bajo nivel de emisiones contaminantes
  • Promover los edificios verdes, eliminando a su vez todos los combustibles de mayor contaminación
  • Potenciar las infraestructuras eficientes energéticamente
  • Reformar la fiscalidad para apoyar las iniciativas verdes en el transporte
  • Revisar los impuestos sobre el carbón
  • Potenciar una industria competitiva y potente de gestión de residuos

Estados Unidos también pretende desarrollar una economía sostenible para resolver los problemas ambientales que amenazan al mundo, y al mismo tiempo intentar buscar una posición de ventaja económica en el contexto global. Para ello, ha puesto en marcha tres proyectos distintos que intentan reducir las emisiones contaminantes de la industria y del sector público: la Regional Greenhouse Gas Initiative (RGGI) puesta en marcha en el año 2003, la Western Climate Initiative (WCI) en el 2007 y el Midwest Governor’s Gas Reduction Accord (MGGRA) establecido también en 2007. Estos proyectos han tenido éxitos diferentes, ya que mientras la RGGI sigue adelante aunque algunos Estados hayan dejado de participar, el MGGRA está inactivo desde 2010.

Otros países como Israel y empresas como Google ya están dando cobertura a proyectos de implantación de nuevos modelos de transporte, basados en vehículos eléctricos y baterías recargables. Todo un sector tecnológico verde está naciendo en la actualidad para ofrecer alternativas dentro del modelo industrial actual: vehículos eléctricos, viviendas verdes, sistemas de energía basados en diesel producidos por algas… etc. Tal y como recuerda la periodista Dominique Nora, en el futuro, los países que no adopten modelos de economía verde sufrirán retrasos en su desarrollo económico.

A nivel regional, la Unión Europea ha puesto en marcha un paquete de medidas sobre energía y cambio climático conocido como los objetivos 20-20-20. Con respecto a las cifras del año 1990, los compromisos de la UE son:

  • reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 20% para 2020
  • reducir en un 20% el uso de energía aplicando medidas de eficiencia energética, además, en cada país el 10% de las necesidades del transporte deberán cubrirse mediante biocombustibles
  • promover que el 20% de la electricidad consumida se produzca mediante energías renovables

Si bien estos ejemplos de proyectos para luchar contra la degradación ambiental y la contaminación son loables, son iniciativas que simplemente intentan paliar los defectos de un modelo establecido y aceptado. Los promotores de estos proyectos no plantean cambiar el modelo económico o de desarrollo, sino ‘mejorarlo’ mediante simples procesos de financiación o legislación. El objetivo real debe ser promover un nuevo modelo de desarrollo, creador de riqueza y al mismo tiempo no agresivo con el medio ambiente y socialmente justo. Plantear formas diferentes de concebir el desarrollo. Para ello, no basta con poner parches al modelo vigente, sino encontrar modelos alternativos.

VUELVE A LEER LA SERIE ‘Modelos Alternativos de Desarrollo’ COMPLETA:

Artículo 1: Definición de Desarrollo y críticas al modelo de desarrollo vigente

Artículo 2: La Economía del Bien Común, el Decrecimiento y el Movimiento Slow

Artículo 3: Aplicación de los modelos alternativos

Artículo 4: Análisis de resultados de los modelos alternativos

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Esta serie de artículos está extraída del trabajo ‘Modelos Alternativos de Desarrollo: la necesaria respuesta a un modelo insostenible’ (Juan Pérez Ventura, 2015)

Acerca de Juan Pérez Ventura 67 Articles
Graduado en Geografía por la Universidad de Zaragoza y Máster en Relaciones Internacionales Seguridad y Desarrollo por la Universitat Autònoma de Barcelona. Inquieto por comprender cómo funciona el mundo y apasionado de la divulgación de conocimiento. Además de blogger, soy un viajero incansable.

2 comentarios en Modelos Alternativos de Desarrollo 1/4 – Definición de Desarrollo y críticas al modelo vigente

  1. Muy buenos artículos, felicidades Juan Pérez Ventura. Sólo me atrevo a hacer una reflexión: me parece que falta la dimensión política (y no me refiero a los partidos ni a los gobiernos convencionales), sino a los auto-gobiernos en cada territorio, ya que sin esta dimensión, las demás dimensiones difícilmente se logran. La dimensión política está íntimamente relacionada con las otras cinco, se trata de construir el sistema de decisiones desde la comunidad, lo cual implica un grado organizativo, de responsabilidad y conciencia ciudadana, para lograr, de manera consensuada e informada, las características descritas en las demás dimensiones. Saludos

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