Los últimos de Al-Assad

Mientras Europa contempla cómo miles de refugiados sirios cruzan sus fronteras, otros tantos compatriotas continúan combatiendo en el país. Siria está devastada desde que estalló una rebelión contra el gobierno de Bashar Al-Assad, y cuatro años después la cosa no parece que vaya a mejorar. Parafraseando a un periodista que en 1990 escribió sobre la guerra civil mozambiqueña: “cuatro ejércitos mal alimentados y mal equipados se tambalean como boxeadores groguis en un punto muerto sin remedio”. En el ámbito diplomático, el presidente Al-Assad tiene el apoyo de Irán y Rusia pero, ¿qué otros aliados tiene sobre el terreno?

En rojo, las posesiones de los leales al gobierno, en verde las de la oposición, en amarillo los kurdos y en gris las posesiones de Daesh. Fuente: @arabthomness
En rojo, las posesiones de los leales al gobierno, en verde las de la oposición, en amarillo los kurdos y en gris las posesiones de Daesh. Fuente: @arabthomness

Los magníficos mapas que periódicamente cuelga en su cuenta de twitter el joven Thomas Van Linge permiten hacernos una idea de cómo está la situación en Siria. Y es que en apenas un año, el gobierno de Al-Assad ha perdido casi la mitad del territorio que poseía en enero de 2014. El rechazo de Occidente a darle apoyo militar y la guerra a tres y cuatro bandas son los principales motivos de la pérdida de poder de aquellos leales a Bashar Al-Assad y al Partido Ba’ath. Aun así, el presidente todavía tiene miles de combatientes a su favor sin contar al ejército sirio.

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El FDN, pilar principal del bando pro-Assad

Las diferentes ramas del ejército sirio han quedado reducidas prácticamente a la mitad tras el estallido de la guerra civil en 2011, aunque aún siguen siendo una de las fuerzas más poderosas en este conflicto. La falta de personal –que no de material– obligó al gobierno a hacer un llamamiento a la población civil para que se enrolase, sin distinción de etnia, credo o sexo –véase el artículo del Telegraph publicaba un artículo sobre las “Leonas de la Defensa Nacional”, una brigada integrada única y exclusivamente por mujeres–.

Así pues, muchos cristianos, chiitas, drusos y alauíes se unieron a los Comités Populares para defender sus barrios de los sunitas. Los rebeldes los consideran guardianes de la minoría alauí, y tratan de convencer a las demás etnias de que sirven de carne de cañón para la minoría del presidente. Además, entre las filas del Ejército Libre se les conoce como shabiha (matones). Tal y como refleja el think tank Carnegie, el éxito de este cuerpo no se basa en un repentino fervor pro-gubernamental, sino en un plan urdido por el gobierno cuatro años atrás. Bashar Al-Assad, temiendo un efecto contagio de la Primavera Árabe, comenzó a distribuir equipamiento militar entre las familias leales al gobierno y a los desempleados más jóvenes, armando básicamente a la red clientelar que su familia y su partido mantenían desde la llegada al poder de Hafez Al-Assad, padre del actual presidente. Todo aquel que fuese susceptible de temer un levantamiento suní –minorías, ba’athistas, etc.– no dudó en enrolarse. En 2012 los Comités Populares, cuya función quedaba reducida a la protección de barrios y poblaciones, se unieron para formar las Fuerzas de Defensa Nacional, integradas a su vez al organigrama de las Fuerzas Armadas sirias. Algunas tribus sunitas también se unieron a las FDN aunque su aportación no es comparable a la aportación de alauitas o cristianos.

Como explica Jesús M. Pérez en su artículo “Lo que está en juego en Siria”, Irán vio en la creación de estas milicias una oportunidad para introducirse en la guerra y decidió mandar asesores de campo de la Guardia Revolucionaria para instruir a los milicianos de las FDN, convirtiéndolo en un cuerpo militar eficaz en la lucha contra rebeldes y yihadistas. Se calcula que este brazo del ejército tiene alrededor de cien mil efectivos y es considerado crucial en la supervivencia del régimen de Al-Assad.

El músculo del Partido

El Partido Ba’ath lleva en el poder 40 años combinando una serie de ideas panarabistas, socialistas y seculares que han logrado un gran apoyo entre la población alauí y las minorías religiosas sirias. Este apoyo se vio plasmado en 2012 en los batallones ba’athistas creados por Hilal Hilal, líder local del Partido en la ciudad de Aleppo, con la misión de ayudar a los soldados a defender la ciudad. Tal y como explica Aron Lund, editor de “Siria en Crisis” para el Carnegie Endowment for International Peace, las funciones de estos batallones eran las de apoyar al ejército en tareas de vigilancia y logística aunque el recrudecimiento del conflicto ha provocado su participación en algunos combates.

Desde la ciudad de Aleppo, las ramas locales del Partido fueron creando sus propias brigadas, especialmente en grandes urbes como Damasco, Latakia o al-Hasakah. Las cifras que barajan las fuentes más conservadoras bailan entre los 5.000 y los 10.000 efectivos.

Brigada Ba’athista en Al-Hasakah. Fuente: ARA News
Brigada Ba’athista en Al-Hasakah. Fuente: ARA News

Algunos medios como el Al-Monitor explican el éxito de este cuerpo a la hora de reclutar jóvenes suníes –cabe recordar al lector que esta etnia es una de las más beligerantes con el régimen y de donde salen los hombres que luchan para Daesh o el Ejército Libre–. Cuando el gobierno dio carta blanca a los combatientes en Alepo para enrolarse en las filas del ejército o en las milicias, los suníes prefirieron luchar en las milicias para así estar cerca de sus hogares y evitar servir bajo el mando de los alauitas, etnia que copa gran parte de los puestos más altos del ejército sirio. Esto ha hecho que actualmente gran parte de las brigadas ba’athistas estén compuestas por suníes.

El uso de fuerzas paramilitares por parte del Partido Ba’ath en Siria no es ninguna novedad puesto que el padre del actual presidente, Hafez Al-Assad, ya movilizó en la década de los ochenta a sus más leales seguidores para sofocar una rebelión islamista.

Alauitas y demás minorías

Siria es un país multiétnico poblado por alauitas, chiitas, suníes, kurdos, drusos… Todos ellos han vivido bajo una relativa paz hasta el estallido de la guerra civil, donde cada una de estas etnias se ha alineado con uno u otro bando. Los suníes representan más de la mitad de la población siria pero la etnia con más poder es la alauí, de la que forma parte Bashar Al-Assad, la cual tiene el control político y militar del país. Y son una rama chií. Junto con los levantinos –asirios, maronitas, etc.–, suponen un 20% de la población, la cual está concentrada en la parte occidental de Siria. Los kurdos se sitúan al norte y la mayoría de la comunidad drusa se encuentra en la provincia de Suweida. Las minorías, con excepción de los kurdos, están del lado gubernamental, especialmente, y como ya se ha escrito, los alauitas, los cuales ya han perdido 70.000 hombres en la guerra civil.

Población alauita en Siria y Turquía. Fuente: Wikicommons
Población alauita en Siria y Turquía. Fuente: Wikicommons

El presidente Al-Assad sabe que su etnia es el mayor apoyo que tiene en la guerra y que, como última solución, tal y como han apuntado algunos expertos, podría proclamarse un “Estado Alauí” como el que los franceses establecieron en los años 20 con tal de proteger su persona y su gente –más o menos como la República de Donetsk o la de Luhansk–.

La mayoría de los cristianos también está de lado del gobierno puesto que tanto Bashar, como su padre Hafez, han respetado su credo y el secularismo de las instituciones. El temor a una radicalización de un gobierno islamista como el que hubo con los Hermanos Musulmanes en Egipto o el que existe actualmente en una parte de Libia hace que muchos de los maronitas, árabes cristianos y levantinos apoyen y se alisten en las milicias pro-Assad aunque, como se puede suponer, también existen algunas comunidades que se han alineado con la oposición –no con el Daesh–, especialmente asirios.

Los drusos son un caso aparte. Mientras que sus líderes no apoyan a Bashar Al-Assad y las propias comunidades intentan evitar el reclutamiento de sus jóvenes por parte del ejército sirio, tampoco simpatizan con la oposición y, por supuesto, tampoco con el Estado Islámico. Sin embargo, su aislacionismo y aparente neutralidad se ha difuminado con la aparición del Daesh, el cual ha obligado a las comunidades drusas a organizarse en milicias para defender la provincia de Suweida. Así pues, el estatus de “neutralidad” que quieren mantener sus líderes cada vez está más escorado hacia Bashar Al-Assad. Los Ángeles Times calcula que hay 27.000 drusos en las fuerzas regulares y otros tantos en las milicias, con hermanos libaneses e israelíes –de los Altos del Golán–, ayudándoles. Dir al-Watan, que podría traducirse como el “Escudo de la Patria” es una de estas milicias pro-Assad que ha surgido en territorio druso con la irrupción de los yihadistas.

Brigadas internacionales y chiitas

El campo de refugiados de Nayrab, muy cercano a Alepo, aporta palestinos a la causa de Al-Assad. Asediado por los rebeldes, hizo que algunos de sus habitantes se posicionaran a favor del gobierno formando la “Brigada Jerusalem”. Su misión es defender el aeropuerto militar de la ciudad y el propio campo. Además de esta brigada, hay otros cuerpos de palestinos luchando integrados en las FDN como Al-Saiqa o Fatah al-Intifada, surgidos en otras zonas del país con gran número de palestinos.

También hay iraquíes y libaneses en las filas de Bashar Al-Assad. La situación que se vive en Irak es muy parecida a la siria, por lo que las facciones que luchan allí contra el Daesh han extendido sus tentáculos en territorio sirio, especialmente en las zonas chiíes, consiguiendo movilizar también a la población local, especialmente entre la población chií. La brigada Badr y la fuerzas de Hezbollah –tanto su rama libanesa como la iraquí, llamada “Kata’ib Hezbollah”– son las que tienen más repercusión, aunque hay media docena más que comparten situación y motivación. El propio Irán también tiene tropas desplegadas sobre el terreno; no sólo asesores militares sino también milicianos chiíes. La llamada de socorro de esta comunidad ha hecho que varias docenas de pakistaníes y afganos que profesan esta rama del Islam hayan sido vistos entre las filas de las milicias.

Milicianos de la Guardia Nacionalista Árabe en Damasco. Fuente: Brown-moses.blogspot.com
Milicianos de la Guardia Nacionalista Árabe en Damasco. Fuente: Brown-moses.blogspot.com

Por último hay que destacar a la Guardia Nacionalista Árabe, una milicia panarabista y secular que lucha contra el islamismo radical y rechaza la intervención occidental. Está integrada por ciudadanos de todo Oriente Medio y el Norte de África, especialmente Egipto, Palestina, Líbano y Túnez. Entre sus filas se puede observar retratos de Nasser, Saddam Hussein o el propio Bashar Al-Assad, todos ellos símbolos del panarabismo.

“Neonazis” y comunistas

And last, but not least. Aunque su relevancia en el campo de batalla no se puede comparar a las milicias mencionadas más arriba, las circunscritas a unos ámbitos políticos de extrema izquierda o extrema derecha llaman la atención a mucha gente.

El SSNP o Partido Nacionalista Social Sirio fue fundado por el griego-libanés Antoun Saadeh en 1932. Su ideología ultranacionalista y anti-sionista le granjeó muchos apoyos, convirtiéndose en una de las fuerzas políticas más importantes tras la independencia del país, aunque también ha provocado que las potencias occidentales y los demás partidos sirios hayan tachado a esta formación de neonazi. Aun así, actualmente está dentro del Parlamento sirio formando parte de la oposición “leal”, o sea, aquellos partidos que Bashar Al-Assad y el hegemónico Ba’ath permiten. En su larga historia el SSNP ha tenido enfrentamientos con éste último aunque la guerra civil y el surgimiento de un enemigo mayor les han posicionado de lado gubernamental.

Los combatientes de las milicias del SSNP llevan el símbolo del zawba’a o huracán rojo en sus ropas, siendo la mayoría de ellos cristianos o de otras minorías étnicas, los cuales ven en el discurso de este partido como un refugio contra el islamismo radical.

El secularismo en Siria y el respeto a las minorías también ha movilizado a los marxistas de noroeste, una zona dominada por el Ejército Libre, los cuales han formado Resistencia Siria o Muqāwamat al-Sūriyah. Fundada por Ali Kayali, cuyo verdadero nombre es Mihrac Ural, un turco con nacionalidad siria, tiene como objetivo proteger a las comunidades alauitas y chiitas de Daesh y los rebeldes. Aunque su número, menos de tres mil, no se puede comparar con el de las otras milicias, sí tienen una activa presencia en los medios y en la red, además de tener un supuesto apoyo por parte de algunos partidos de extrema izquierda europeos.

Ali Kayali (en el centro) rodeado de sus seguidores. Fuente: Joshualandis.com
Ali Kayali (en el centro) rodeado de sus seguidores. Fuente: Joshualandis.com

Así, como hemos podido ver, las fuerzas leales al gobierno están muy divididas y, aunque acaben ganando la guerra –cosa que parece plausible si finalmente Francia y Reino Unido se deciden a intervenir y Estados Unidos se sienta a negociar con Al-Assad– muchos expertos opinan que será muy difícil desarmar a tantos grupos y grupúsculos con ideologías y motivaciones tan diferentes. Es por ello que quizás sean los últimos de Al-Assad, pero seguro que serán los actores principales en un escenario sin Estado Islámico.

Acerca de David González 10 Articles
David González Caballero (Garcia, 1992) es maestro de Educación Física por la Universidad de Barcelona y actualmente cursa un Posgrado en Guión Televisivo en la Universidad Pompeu Fabra. Es además escritor, con más de setenta premios de narrativa corta y con un libro publicado en 2011. Desde 2010 es colaborador habitual de la web miradasdeinternacional.com. Apasionado de la geopolítica y los deportes.

9 comentarios en Los últimos de Al-Assad

  1. Lamentablemente la guerra en Siria no tiene retroceso ya que esto esta escrito en la Biblia, pueden encontrarlo en libro de Isaías capitulo 17, aquí se habla de la ruina de Damasco. Así mismo, se puede encontrar en el Libro de Jeremías en el capitulo 49, versículo 23, esta profecía se esta cumpliendo actualmente.

  2. “Los suníes representan más de la mitad de la población siria pero la etnia con más poder es la alauí, de la que forma parte Bashar Al-Assad, la cual tiene el control político y militar del país.”

    Esta afirmación es, sencillamente, mentira. Bashar Al-Assad es alauí, cierto, pero casi la totalidad de su gabinete está formado por suníes (hasta la mujer de Al-Assad es suní), mayoría amplia también en el Ejército Árabe Sirio, tanto en los mandos como en la tropa regular. La teoría de que es una guerra de alauíes/chiíes contra los demás o de que el gobierno no tiene apoyo entre los suníes es un engaño fomentado una y otra vez por occidente.

    • “Of the 200,000 career soldiers in the Syrian army, roughly 70 percent are alawites. Some 80 percent of officers in the army are also believed to be Alawites.” Gilbert Achcar, profesor de la Universidad de Londres para Opendemocracy.

  3. ¿Consideráis al Partido Nacionalista Social Sirio neonazi o derechista?

    ¿Algún motivo más que su antisionismo?

    Todo lo que encuentro sobre ellos los considera izquierdistas, y está coaligado a partidos marxista-leninistas tanto en Siria como en Líbano, lo cual no parece compatible con un partido neonazi.

    Un saludo.

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