LGTB: logros y retos en el siglo XXI

El colectivo de lesbianas, gais, transgénero y bisexuales (LGTB) vive una complicada situación a nivel global. La lucha por los derechos civiles se está traduciendo en importantes victorias en los países occidentales con la aprobación de leyes que castigan la discriminación y que equiparan legalmente a las parejas del mismo sexo. Este clima de igualdad se convierte en uno de miedo y hostilidad en gran parte de África y Oriente Medio, donde la homosexualidad es perseguida por los gobiernos y puede suponer la imposición de la pena de muerte. Estas dos caras de la misma moneda se presentan como uno de los mayores desafíos para la comunidad internacional en el siglo XXI. La protección de los derechos humanos y de la libertad individual está en la agenda de las principales organizaciones internacionales y de algunos estados, aunque la aplicación en sus políticas es diversa y no existe un camino común a la hora de proteger a la población LGTB de la caza de brujas a la que está siendo sometida en muchos lugares del mundo. La celebración en Occidente de las conquistas por los derechos civiles no podrá ser completa hasta que cualquier persona pueda vivir libremente su condición sexual en cualquier rincón del planeta, sin miedo a ser perseguido o ejecutado.

Avances en derechos y libertades

En la década de los años ochenta, que las personas del mismo sexo pudiesen casarse y gozar de los mismos derechos que el resto de parejas era inimaginable hasta para el propio colectivo LGTB. Pero la velocidad a la que las sociedades han venido evolucionando en una parte del mundo ha hecho posible que estas uniones sean hoy una realidad. Al mismo tiempo, muchas leyes protegen frente a la discriminación por motivos de orientación sexual y la mayoría de la sociedad occidental ve como algo normal la homosexualidad. La oleada de cambios de la que el mundo ha sido testigo se ha visto promovida por dos factores clave: por un lado, la globalización ha hecho posible que, desde cualquier rincón del mundo con conexión a internet, una persona pueda ver una manifestación del Orgullo Gay en Ámsterdam o cómo en España dos mujeres contraen matrimonio con normalidad; por otro lado, la urbanización ha desempeñado un papel fundamental como potenciador de la visibilidad y la tolerancia. El éxodo rural se traduce en una población más urbana, con la libertad para actuar que el anonimato de una ciudad ofrece frente a la exposición de los pequeños pueblos. Y estos dos factores continúan creciendo. La globalización cada vez alcanza más lugares y el acceso a la información está disponible en multitud de soportes electrónicos. A finales de 2014, el 54 % de la población mundial vivía en ciudades. En 2050, se espera que esta cifra alcance el 66 %.

La consecuencia ha sido un rápido cambio en la mentalidad de la opinión pública. En Europa encontramos el lugar con mayor aceptación a la población homosexual, destacando los casos de Países Bajos y España, donde el 87 % de los encuestados por GALLUP considera que su barrio o ciudad sería un buen lugar para vivir para una persona homosexual. En un poco más de un cuarto de siglo, la situación ha dado un giro de 180 grados y en la actualidad la sociedad europea percibe la homofobia como un aspecto muy negativo y preocupante.

Es importante también destacar el caso de Latinoamérica, ya que cuenta también con altas tasas de aceptación de la comunidad LGTB, como en Argentina, con un 74 % de la población que percibe la homosexualidad como algo normal. En Asia, Tailandia destaca por tener una aceptación hacia los transgénero más alta que en Europa. El 71 % de los jóvenes surcoreanos, frente a lo que piensan sus padres, consideran ser gay o lesbiana como algo normal. Un distrito de Tokio, Shibuya, ha comenzado a expedir certificados que reconocen relaciones equivalentes al matrimonio para parejas del mismo sexo. La situación en China merece una mención especial: en la década de los 80, los homosexuales eran enviados a campos de trabajos forzados sin un juicio previo. Actualmente, las relaciones homosexuales están legalizadas y en grandes ciudades como Shanghai ni siquiera es un asunto que se oculte.

El matrimonio igualitario como punta de lanza de los derechos LGTB

En Estados Unidos, el 26 de junio de 2015, el Tribunal Supremo emitió un fallo a favor de la libertad de contraer matrimonio con independencia de la orientación sexual. Esta decisión ha supuesto un espaldarazo a décadas de lucha por los derechos del colectivo LGTB desde que en 1970 comenzase el activismo por la igualdad de derechos. Sin embargo, los primeros pasos en términos de consecución de derechos civiles se tomaron en Europa. Los Países Bajos pusieron fin, en 2001, a la discriminación legal en términos de matrimonio. Siguieron sus pasos Bélgica en 2003 y España y Canadá en 2005. Un total de 20 países, a día de hoy, cuentan con una ley de matrimonio igualitaria, principalmente en Europa y América aunque con un caso en África y otro en Oceanía, Sudáfrica y Nueva Zelanda, respectivamente.

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Colombia vive un complicado proceso para la implantación de estos derechos. Actualmente la situación es muy confusa dada la falta de leyes o directivas que clarifiquen la situación de las parejas del mismo sexo, aunque los juzgados ya emiten autorizaciones para celebrar matrimonios entre homosexuales. En Australia, cualquier pareja, tras convivir durante dos años, obtiene un estatus de facto por el que adquiere muchos de los derechos y obligaciones que otorga el matrimonio. El parlamento de Eslovenia aprobó en marzo de 2015 una ley para legalizar los matrimonios homosexuales así como la posibilidad de adoptar, la cual está a la espera de ser sancionada por el presidente para entrar en vigor.

El matrimonio igualitario es la medida más ilustrativa a la hora de hablar de protección de los derechos del colectivo LGTB pero es tan solo la punta del iceberg de un gran recorrido de lucha social y activismo. También se han aprobado numerosas leyes que prohíben la discriminación y otras que castigan todos los delitos de odio u homofobia, así como las que permiten a las personas transgénero tener sus documentos oficiales con el sexo que mejor refleja su identidad. Como parte esencial de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, las Naciones Unidas está llevando a cabo la campaña Free and Equal con la que pretende universalizar los derechos de las personas LGTB. El Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, ha mostrado un claro compromiso con la causa LGTB desde que se puso al frente de la organización, exigiendo una total igualdad para el colectivo así como la adopción de medidas que pusiesen fin a cualquier forma de violencia y discriminación contra las personas por su orientación sexual y la identidad de género.

MÁS INFORMACIÓN: Ban Ki-moon: making equality work

Tras esta corta pero intensa trayectoria de conquistas sociales en pro de la tolerancia y la igualdad se encuentra un fuerte movimiento de activismo del colectivo LGTB, que se han convertido en grupos de presión de gran peso en los países occidentales. El movimiento comenzó en Estados Unidos tras los disturbios de Stonewall en el año 1969 hasta lo que actualmente se conoce como el hobby lobby. Desde ese momento, se inició una corriente a favor de la libertad y el respeto a la orientación sexual, emprendiendo su particular cruzada contra la homofobia. Para los integrantes de esta generación, la idea del matrimonio entre personas del mismo sexo no era un asunto por el que luchaban, sino que incluso lo rechazaban por representar un estereotipo de familia tradicional y con unos valores muy concretos de los que ellos pretendían huir. Sin embargo, el relevo generacional ha hecho que los jóvenes LGTB que se han criado en una familia sin problemas remarcables busquen lo mismo para ellos y para sus hijos. En otras palabras, buscan el modelo de familia tradicional en el que el sexo de los progenitores no sea un motivo de diferenciación. Esta nueva mentalidad es la que ha guiado la lucha por una equiparación legal de los homosexuales en las sociedades occidentales y la que ha unido fuerzas con la generación anterior para lograr la implantación de leyes que protejan al colectivo frente a la discriminación y los delitos de odio.

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La labor de los grupos de presión ha estado enfocada, por otra lado, a la visibilidad y normalización de las personas LGTB. La aparición de personajes homosexuales en series de televisión o películas de gran relevancia ha hecho que el colectivo diese el salto del armario a la pantalla de miles de hogares que, de manera progresiva, han ido interiorizando al colectivo como un aspecto cotidiano. Al mismo tiempo, se ha invertido la percepción de las personas homosexuales como un grupo peligroso o dañino pasando a ser un elemento más de la vida diaria. En este sentido, sólo el 25% de los estadounidenses reconocían tener un amigo o familiar homosexual en 1985 frente al 75% que, en 2013, dice que algún compañero de trabajo, familiar o amigo es gay o lesbiana. Por lo tanto, estos rápidos y grandes avances, en una sociedad en la que una sólida mayoría cuenta con alguna persona homosexual en su entorno más próximo, se comprenden con mayor facilidad ya que el colectivo LGTB tan sólo ha reclamado desde el primer momento igualdad en el trato y poder querer a la persona que ellos que deseen.

Zonas de riesgo

La Declaración Universal de los Derechos Humanos establece en su artículo primero que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. En esta afirmación se incluye al colectivo LGTB, aunque la realidad de su situación dista mucho de esa libertad e igualdad que la Declaración les otorga. Las atrocidades que se cometen a lo largo y ancho del mundo contra las personas con motivo de su orientación sexual son tan diversas como crueles y suponen un verdadero desafío para la comunidad internacional en el siglo XXI. La lucha por igualar la dignidad y los derechos de este grupo se presenta como un reto para aquellos países y organizaciones que defienden los derechos humanos frente a los países que persiguen y castigan, incluso con la pena de muerte, a los homosexuales en muchos Estados.

Actualmente, mantener relaciones sexuales con personas del mismo sexo es ilegal en 78 países. Los motivos de esta prohibición son diversos aunque el patrón mayoritario es la influencia de proclamas religiosas con un marcado carácter conservador que consideran las relaciones homosexuales un grave pecado y un acto de perversión, dañino para el resto de la sociedad. Entre estos países, cinco de ellos aplican la pena de muerte. En Arabia Saudí, los homosexuales son lapidados hasta la muerte; en Irán, aquellos acusados de sodomía son sentenciados a la horca. Conforman también esta lista Sudán, Yemen y Mauritania.

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Cualquier legislación que tipifique las relaciones sexuales consentidas entre personas del mismo sexo como delito está en contra de los derechos a la privacidad y a la no discriminación, los cuales están amparados por el derecho internacional. Concretamente, en el año 1994, el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas dio un espaldarazo a la lucha del colectivo LGTB, reconociendo que cualquier regulación que dispusiese la homosexualidad como delito suponía una “grave violación de las obligaciones jurídicas contraídas por los Estados en virtud del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos”, así como que su aplicación podía incurrir en violaciones a derechos como el de no ser objeto de detención arbitraria.

África y el mundo árabe se presentan como los principales obstáculos en la lucha por la conquista de los derechos civiles en pro de la igualdad. Estas zonas del mundo se caracterizan por tener una marcada influencia religiosa que supone una barrera para la tolerancia a la diversidad. Por ejemplo, en Nigeria, el 98 % de la población no acepta la homosexualidad. Esta alta tasa de repudio al colectivo LGTB es una muestra de la unidad de la población en este tipo de causas. A diferencia de lo que ocurre en muchos de los países en los que se avanza en respeto a la población homosexual, en estados como Indonesia o Uganda, la población joven es más intransigente con las relaciones entre personas del mismo sexo. En el país ugandés, donde existe una mayoría cristiana, se considera a la población homosexual una amenaza para la humanidad, fuente de perversión y como un riesgo para los niños por el peligro de contagio. En 2009, un parlamentario ugandés introdujo una propuesta de ley ‘anti-gay’ que incluía la pena de muerte para los casos de “homosexualidad agravante”. Finalmente, la ley fue aprobada perdiendo las partes más duras de la misma, tras fuertes campañas de presión por parte de organizaciones internacionales de derechos humanos y algunos gobiernos.

DOCUMENTAL: La caza del homosexual en Uganda

Homofobia institucionalizada

La persecución al colectivo homosexual en muchos países africanos o en Rusia supone una técnica de distracción los gobiernos para centrar la atención de la opinión pública en otros asuntos. Generalmente, estos países tienen graves problemas, como tasas elevadas de desempleo, corrupción o problemas de salud pública, o se avecinan unas elecciones presidenciales que requieren alejar la atención de estos asuntos. Poniendo a la población transgénero y homosexual en el centro de la diana mediática y alimentando patrones de conducta ultraconservadores y extremistas, encuentran la vía de escape perfecta para lograr que los ciudadanos no se preocupen por los problemas reales del país. Al mismo tiempo, el predominante papel de la religión en estas sociedades o la búsqueda de un mayor protagonismo para la misma, como ocurre en Rusia con Putin y su intención de aupar a la Iglesia ortodoxa al centro de la vida política, está desembocando en una proliferación de predicadores contra la homosexualidad con un discurso que promueve el fanatismo religioso y la caza de brujas contra el colectivo LGTB. De esta manera, se proyecta una imagen del homosexual como la de una persona peligrosa para la sociedad. Los discursos se centran, especialmente, en proteger a los niños de los gays y las lesbianas y de no permitir que les contagien la homosexualidad. Se quiere evitar que sus sociedades importen valores extranjeros tan perniciosos como la libertad o la igualdad de derechos civiles. Por tanto, avances como el matrimonio entre personas del mismo sexo se convierte en el objetivo de las críticas del gobierno y de los predicadores, aprovechando así para establecer a los culpables lejos de casa y evitar problemas internos.

La homofobia institucionalizada supone un peligro para la vida de los homosexuales, siendo víctimas de graves violaciones de sus derechos humanos que en muchas ocasiones tienen un desenlace trágico. Por ejemplo, en Uganda no es extraño que periódicos sensacionalistas publiquen, anunciándolo en portada, un listado de “los mayores homosexuales” del país, acompañándolo con fotografías para que se pueda reconocer y denunciar a estas personas e incluso se adjunta, en algunas ocasiones, su dirección para tenerles localizados. Esta violación de los derechos fundamentales de los homosexuales se traduce en persecuciones públicas, linchamientos impunes, palizas, arrestos por ser homosexual e incluso con la muerte.

Captura de pantalla 2015-08-19 a la(s) 16.26.27El activista gay David Kato fue asesinado tras la publicación de su fotografía en la portada de un periódico en 2011. La globalización se presenta, en este caso, como un arma de doble filo. El ascenso de la popularidad de los pastores evangelistas ultraconservadores de Estados Unidos en África supone una justificación para este tipo de comportamientos que, lejos de ser castigados por los estados, se expanden entre la sociedad con impunidad. Es importante destacar que la mayoría de las leyes anti-homosexuales de África provienen de la era colonial, ya que este tipo de regulaciones no existía previamente y el odio a las personas LGTB no era un rasgo característico de la cultura como está ocurriendo actualmente. La homofobia hace que la población entienda la homosexualidad como una decisión personal o una enfermedad, siendo incapaces de comprender que un hombre o una mejor no ‘se hace’ homosexual, sino que nace con una orientación sexual determinada. Sin embargo, los métodos ‘curativos’ de la homosexualidad proliferan rápidamente, con la aplicación de métodos atroces como las violaciones ‘correctivas’ a mujeres lesbianas por un grupo de hombres para devolverle su heterosexualidad. Además del trauma que una violación supone para cualquier persona, en muchos casos se ven agravados por el contagio del VIH como consecuencia de la aplicación de estos ‘métodos correctivos’.

En el mundo árabe, el norte de África es la zona menos agresiva contra el colectivo LGTB. En Marruecos o Túnez se pueden encontrar locales gay al norte del país y, hasta ahora, Egipto ha sido uno de los pocos países árabes que no tenía leyes en contra de los homosexuales. Sin embargo, en este último caso, se están dando pasos atrás, ya que en el verano de 2014 el gobierno egipcio intervino varias aplicaciones móviles para el público homosexual. En otros países árabes la represión incluye penas de cárcel, condenas a cientos de latigazos en público e incluso la pena de muerte con métodos tales como la lapidación. Las personas homosexuales en el mundo árabe no pueden vivir su sexualidad libremente y cualquier muestra de su orientación sexual supone un riesgo real a su vida. En estos casos, la persecución no puede ser calificada como una caza de brujas, como en el caso africano, al no ser un asunto tan mediático pero no por ello es menos peligroso ni requiere una menor atención la situación del colectivo LGTB. En la mayoría de los casos, las relaciones homosexuales tienen una marcada diferenciación por roles, en las que la sodomía es vista como una humillación. Sin embargo, la situación históricamente no ha sido siempre así. Basta tomar como ejemplo al más importante poeta árabe clásico, Abu Nuwas, que vivió entre los siglos VIII y IX, en cuyos textos habla abiertamente de la homosexualidad y de las relaciones entre personas del mismo sexo, con una completa normalidad que destaca en contraposición con la situación actual.

En aquellos lugares en los que ser homosexual supone un riesgo para la vida del colectivo, la comunidad internacional debe actuar de manera firme para garantizar la libertad de los individuos y no permitir que se den casos de genocidio por motivos de orientación sexuales, un escenario cada vez más probable dado el aumento de las políticas que fomentan el odio y la homofobia. La promoción de los derechos LGTB en la agenda de la política exterior de los países occidentales, como hizo la administración Obama en 2011, debe combinarse con técnicas de diplomacia preventiva como las desarrolladas por la Unión Europea, con el objetivo de avanzar con pies de plomo en el camino por la igualdad y el fin de la represión, asegurando cada uno de los pasos que se toman. El papel de los grupos de presión es fundamental para hacer de este un tema prioritario en la política exterior de los países occidentales y a tener en cuenta en las relaciones internacionales, poniendo el foco de atención ante cualquier caso de discriminación por motivos de orientación sexual, como ocurrió en Rusia durante los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi.

El avance de la democracia y de los valores liberales es el camino para la igualdad efectiva en la sociedad pero es un camino que debe surgir en cada país de manera individual y, por ello, el apoyo a los grupos de defensa LGTB en estos países es clave para hacer germinar un cambio de mentalidad. La protección a las personas que sufren discriminación por su orientación sexual comienza a ser protagonista en la concesión de asilo en algunos países europeos a homosexuales perseguidos y la visibilidad de grandes estrellas que viven abiertamente y con normalidad su orientación sexual pueden suponer un importante acelerador para ese cambio de mentalidad en los países en los que la intolerancia supone un grave peligro. Los Estados están obligados por el derecho internacional a proteger a las personas LGTB y deben tomar medidas encaminadas a terminar con la discriminación y la violencia a base de reformas de sus códigos penales y de campañas de educación para contrarrestar la homofobia en favor de la tolerancia a la diversidad. Las organizaciones en defensa de los derechos civiles jugarán un papel crucial como motores del cambio para permitir que entren los primeros rayos de sol en aquellos países en los que la homosexualidad está condenada a la clandestinidad y en las que querer a una persona supone un riesgo para la vida de aquellos que sólo buscan ser tratados igual que cualquier otro ciudadano y amar libremente.

Acerca de Borja Lucas Dominguez 6 Articles
Madrid, 1992. Estudiante del grado en Relaciones Internacionales de la Universidad Rey Juan Carlos. Interesado en la Unión Europea, Mediterráneo, Organizaciones Internacionales y Derechos Humanos. Apasionado de la cultura, los viajes y los idiomas.

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