El Sol Naciente resurge en Asia: el rearme de Japón

El 26 de diciembre de 2013, el primer ministro japonés Shinzo Abe visitaba el Santuario Yasukuni, situado en pleno centro de la antigua Tokio, y al igual que había ocurrido con todas las visitas anteriores de primeros ministros al comentado santuario, las protestas desde Pekín y Seúl no tardaron en llegar. El motivo principal de esta reacción en los gobiernos de China y Corea del Sur no es otro que la veneración que allí se hace de todos los militares nipones caídos en guerras que Japón ha librado desde la Revolución Meiji de 1868. En total, 2,5 millones de nombres se recuerdan allí, incluyendo 14 criminales de guerra de alto rango que acabaron siendo declarados culpables por el tribunal que los Aliados organizaron después de la guerra por delitos tan variopintos como el genocidio, la experimentación con seres humanos, tortura a prisioneros de guerra o el uso de armas químicas y bacteriológicas. Así pues, los respetos presentados por Shinzo Abe resultaban inaceptables para chinos y coreanos, dos de los países que habían sufrido con mayor rigor las tropelías niponas en su expansión por Asia.

Además, para esta visita concreta, las quejas de los vecinos de Japón fueron más sonoras. Al ya marcado simbolismo que este santuario presenta – cuyo revisionismo histórico es nulo – para el nacionalismo pasado y presente japonés, con esta visita se confirmaban los peores temores chinos y surcoreanos: las intenciones de Abe de sacar a Japón de la neutralidad y el pacifismo constitucional que imperan en el país desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Así, Japón da el paso que llevaba años meditando y tanteando. En plena efervescencia nacionalista asiática; con China en su inexorable avance económico y militar; la permanente tensión en las dos Coreas; el ascenso de potencias medias como Vietnam e Indonesia o la inestabilidad provocada en el sudeste asiático por sucesos como el golpe de estado en Tailandia en mayo de 2014 o los conflictos que tensan la cuerda en el Mar de China, desde Tokio por fin se han decidido a reclamar para sí y de manera plena su espacio como potencia regional. Sin embargo, y al contrario que sus vecinos chinos, ellos no pueden imponerse por la vía económica, al ralentí desde 1997. Tampoco pueden echar mano de su principal aliado, situado al otro extremo del Pacífico y que vuelve a estar empantanado en Oriente Medio cuando iba a reposicionarse hacia el este y el sudeste asiático. Así pues, Japón ha considerado que necesitan de todo su potencial económico, político y militar para jugarse esa última carta y así no quedar relegado por los vecinos al simple recuerdo de lo que en su día fue el “milagro japonés”.

El lastre del pasado

Expansionismo JapónNadie en Asia quiere oir hablar del imperialismo japonés. Desde Corea hasta el este de la India, el continente sufrió en las primeras décadas del siglo XX el expansionismo de Japón, motivado por el enorme salto cualitativo que dio el país tras la Revolución Meiji, momento en el que pasó de ser un estado autárquico y de configuración medieval a convertirse en una potencia industrial y militar en poco más de treinta años. 

Taiwan fue el primer territorio en formar parte de ese nuevo Japón en 1895. A la isla le seguiría la expansión por Corea; la guerra ruso-japonesa de 1905, que se saldó con una notable victoria nipona y las islas pertenecientes a Alemania en el Pacífico, anexionadas por Japón durante la Primera Guerra Mundial. En 1931 le tocaría el turno a Manchuria, arrebatada a China y convertida en el estado títere de Manchukúo, dependiente de Tokio. Seis años más tarde Japón se decidiría finalmente a abordar su mayor presa, la China del Kuomintang, comenzando una guerra que luego se enmarcaría dentro de la Segunda Guerra Mundial. Esta fue la expansión japonesa contra sus vecinos asiáticos más próximos, ya que en los años siguientes también tuvo tentativas de expandirse a costa de la URSS en un breve pero intenso conflicto armado que no fue a más pero que tuvo fuertes repercusiones en la política japonesa hasta 1945.

El resto del expansionismo japonés una vez había estallado la guerra en Europa ya es más conocido. Indochina, Indonesia, Filipinas, Malasia o Birmania fueron los primeros objetivos nipones en el sudeste asiático ante una escasa resistencia de las potencias coloniales – Gran Bretaña y Holanda principalmente – y el apoyo de los incipientes movimientos nacionalistas del sudeste asiático, que veían en Japón el poder que les libraría del colonialismo europeo. Así, en esta región del continente asiático, la expansión nipona no está tan mal vista como en los vecinos más cercanos, ya que de alguna manera Japón facilitó – tanto al llegar y echar a los europeos como al salir y permitir el vacío de poder – la posterior independencia de estos países.

Después llegaría el ataque a Pearl Harbor y la sucesión de carnicerías que caracterizaron la guerra entre Estados Unidos y Japón en el Pacífico. A pesar de que la mayoría de bajas japonesas se produjeron por enfermedad o hambre, defendieron cada isla y atolón de manera férrea, desde Guadalcanal a Okinawa. Finalmente, la guerra se zanjaría con una demostración de fuerza norteamericana que Little Boy y Fat Man se encargaron de ejecutar en Hiroshima y Nagasaki.

La suerte del país nipón sería similar a la que corrió Alemania una vez derrotada. Con la intención de que no cayese bajo la órbita soviética como consecuencia del desmantelamiento de las estructuras económica y política, Japón fue primero tutelado por los norteamericanos para, una vez estabilizado, pasar a ser una pieza aliada en el juego geopolítico estadounidense de la Guerra Fría. Se empezó desmitificando la figura del Emperador – la primera vez que los japoneses escucharon su voz fue en el discurso radiofónico para anunciar la rendición del país –, aunque se mantuvo para mantener cierta cohesión social y política; se juzgó y ejecutó a los mayores criminales de guerra; se le impuso una nueva constitución en 1947 que asentaba en el país los principios democráticos y estructuraba los poderes de una manera similar a una monarquía parlamentaria europea, además de renunciar en su noveno artículo a emplear la fuerza militar, un asunto que quedaría totalmente resuelto en 1951 cuando firmó con Estados Unidos un acuerdo de defensa mutua y empezó a desarrollar las Fuerzas Armadas de Autodefensa. Por tanto, sólo seis años después de su derrota en la guerra, Japón quedaba reconfigurado como un país democrático y atado de manos en el aspecto militar aunque bajo el paraguas norteamericano, país al que cedió numerosas instalaciones y zonas, incluyendo de manera tácita la isla de Okinawa, para establecer bases militares.

‘Abenomics’ militares

Después del “milagro japonés” que sucedió a la guerra y mediante el cual el país creció a una media del 7% entre los años cincuenta y setenta, su sistema económico empezó a ralentizarse y a volverse más artificial y financiero. En los años noventa comprobó con el estallido de la burbuja de los precios del suelo cómo se difuminaba el esfuerzo de posguerra. A pesar de ello, lleva dos décadas aguantando a duras penas, intentando reanimar el sistema económico a base de exportaciones tecnológicas que sus vecinos chinos y coreanos ya producen más baratas, con un crecimiento frágil, tratando de esquivar la temida deflación y con una creciente población envejecida – y la natalidad desplomada – que amenaza con volver totalmente insostenible la economía del país y su estado de bienestar.

Cuando el conservador Shinzo Abe, del Partido Liberal Demócrata (PLD), llega al poder en septiembre de 2012, propone revertir esta situación. En un mes plantea toda una batería de reformas económicas para volver más competitiva la economía nipona y relanzar así el país. Dos años después, parece que estas medidas han dado un poco de oxígeno a Japón, sin embargo, Shinzo Abe pretende también romper con la línea por la que Japón sólo pueda destacar en lo económico. La cabeza del PLD parece haber entendido que el potencial de un país en Asia-Pacífico sólo se puede desplegar en su totalidad cuando se tienen dos manos con las que trabajar, no una libre y muy productiva – la económica – y otra literalmente atada – la militar –. Es por ello que en la sugerida vuelta de Japón al tablero regional como potencia ha de realizarse reestructurando notablemente el país. Mientras China o Vietnam desarrollan fuertes programas de defensa, Japón ha de mantenerse, obligado por la Constitución, a la defensiva, esperando que algo pase. En un contexto regional en el que saber posicionarse antes que el rival es fundamental, Tokio llega siempre el último y sólo si le llaman.

Gasto militar en AsiaPor tanto, es deseo del mandatario japonés ir girando poco a poco al país hasta que sus capacidades sean las mismas que las de los vecinos. En la actualidad, cambiar el artículo 9 de la Constitución, el que establece el carácter pacifista y defensivo del país y sus fuerzas armadas, es prácticamente imposible por necesitar de dos aprobaciones en las cámaras por mayoría cualificada mas otra victoria en un referéndum. Ninguna de las tres votaciones las podría pasar a día de hoy sin una feroz batalla política. Así, la solución es reinterpretar la Constitución. Es la fórmula japonesa por defecto: al tener un coste tan alto cambiarla por la vía legislativa, se reinterpreta, permitiendo una solución de mínimos al cambio deseado. En este sentido, entender de otra manera lo que quiere decir la Constitución japonesa en ese artículo sería una revolución en la política exterior del país – o al menos dejaría la puerta abierta para ello –. Con las expectativas puestas en facilitar ese cambio, las intenciones de Abe giran en torno a cuatro puntos: relanzar el gasto en defensa, anclado por debajo del 1% del PIB durante muchos años; operatividad de las tropas japonesas en misiones en el exterior, caso de operaciones auspiciadas por la ONU; poder reconvertir al ya potente pero defensivo ejército nipón en uno con cierta capacidad ofensiva y relajar las limitaciones a las exportaciones de armas.

Las pretensiones no avanzan hacia un nuevo imperialismo japonés ni hacia una ofensiva desde Tokio por la vía militar. Simplemente, la cada vez más inestable situación en Asia hace que Japón se replantee sus posibilidades. Cualquier país que pretenda ser una potencia regional ha de ser capaz de coartar las pretensiones de otros países. China es vista actualmente como el gran enemigo; Japón, sin embargo, podría ser visto como ese contrapeso necesario para calmar las aguas del sudeste asiático.

Bases EEUU en JaponEn este giro geopolítico, el gobierno japonés tampoco plantea excesivas variaciones con otro aspecto fundamental de la situación militar japonesa en las últimas décadas: su relación con Estados Unidos. El anterior primer ministro a Shinzo Abe, Yukio Hatoyama, dimitió en 2010 tras prometer e insistir con un asunto intocable en las relaciones entre EEUU y Japón como son las instalaciones norteamericanas en la isla de Okinawa. El expresidente abanderó la iniciativa para trasladarlas a otra zona del país, algo a lo que se negaron al otro lado del Pacífico, por lo que la campaña se volvió contra él. Abe ha aprendido de su predecesor, y aunque ha conseguido llegar a ciertos acuerdos respecto a la inactiva base de Futenma, ha procurado no enfadar a Washington. No hay que olvidar que cerca de 40.000 militares estadounidenses están destacados en Japón, de los cuales unos 26.000 se encuentran en la isla de Okinawa. Así pues, Abe busca el punto medio en las relaciones militares con Estados Unidos. Desea que Japón deje de ser un puesto de avanzada estadounidense en el Pacífico, pero también desea que las relaciones de cooperación  y sobre todo, de defensa mutua, se mantengan. Cierta autonomía pero respetando los intereses norteamericanos en la zona. Una difícil combinación.  

Dentro del propio país, el debate respecto a este asunto es muy intenso. Una notable proporción delos japoneses sigue apoyando el pacifismo tradicional del país. Ven este giro como el paso previo a una posible escalada militarista en Asia con su país y China como protagonistas. Algo similar, solo que desde otra óptica, ven los crecientes sectores favorables a la reforma, cada vez más marcados por la ola nacionalista que recorre la región. Exigen reacciones frente a China, imparable económicamente y con tremendas ambiciones militares – especialmente navales –, cuya expansión no pueden controlar ni parar.

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Cambio en la balanza regional

El nombre de Fuerzas de Autodefensa de Japón no debe llegar a engaño. Numéricamente no son demasiados efectivos – unos 250.000 para un país de 127 millones de habitantes –, pero su capacidad técnica es espectacular. Siendo claros, el japonés es el mejor ejército de Asia. Sin embargo, y de ahí los miedos nipones, la ascendencia del presupuesto de defensa chino y las modernizaciones militares que este país está acometiendo podría hacer que el primer puesto estuviese pronto disputado. Japón no tiene muchos años de margen si desea mantener el nivel de sus ejércitos a la cabeza en la región.

No cabe duda de que si la política japonesa oscilase en la manera que Abe pretende, el contexto regional cambiaría notablemente. En primer lugar, China debería empezar a reconsiderar sus pasos – y paseos – por el sudeste asiático y el Índico. Quizás tendría que rediseñar su “Collar de perlas” para ya no sólo contener a Vietnam, India o EEUU, sino que debería articular una política más contundente respecto con Japón, mucho más allá de los roces surgidos en las Senkaku. Es más, en estos años se ha empezado a vislumbrar una más que probable carrera de armamentos entre ambas potencias. China invierte gigantescas cantidades de dinero en ampliar sus ejércitos cuantitativa y cualitativamente mientras Japón estira el presupuesto de defensa para dotarse de los últimos avances en armamento. En los años sucesivos el pulso irá a más si China no relaja su excesivamente agresiva política exterior en la región y si Japón insiste en igualar las apuestas de su rival.

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La problemática japonesa con la vecindad no se circunscribe sólo a China. Sus vecinos coreanos también son una fuente de preocupación para los sucesivos gobiernos en Tokio. Los surcoreanos, rivales económicos directos, cada vez tienen menos estatus de potencia emergente y más de potencia consolidada. A nivel productivo, logístico y comercial tienen poco que envidiar a Japón. Sin embargo, su delicada posición geográfica hace que les cueste desplegar las alas. La otra Corea, gobernada por Kim Jong Un, despierta los recelos en toda la región por su programa nuclear y por vivir permanentemente con el cuchillo ente los dientes. Además de los siempre controvertidos ensayos de misiles, escaladas de tensión con su vecino del sur cada cierto tiempo, como el hundimiento de una corbeta surcoreana en mayo de 2010 o el bombardeo de una isla fronteriza seis meses después, hace que toda la región se prepare para lo peor.

Pero las repercusiones no acaban ahí. Rusia también se vería afectada. A pesar de su fuerte posición en Europa en los últimos años, el país más grande del mundo también se ha reposicionado hacia Asia-Pacífico. Tras la Flota del Norte, con base en Murmansk, la del Pacífico es la más importante de la armada rusa, ya que su principal base, Vladivostok, se encuentra en una posición privilegiada para desplegarse en la región. Tampoco debemos olvidar que Japón y Rusia mantienen una fuerte disputa sobre las islas Kuriles, situadas al noreste de Japón. A pesar del contencioso sobre las cuatro islas, el gobierno japonés gasta anualmente grandes sumas de dinero en propaganda en los comentados territorios insulares, con la esperanza que de manera interna, las por ahora islas rusas presionen a Moscú para integrarse en Japón. Sin embargo, la posición rusa es firme: no habrá devolución y la única vía de salida es aceptar el plan de 1956, por el que dos islas de las cuatro en liza volverían a soberanía japonesa. Para remarcar esta postura, no es extraño que los ejércitos rusos realicen maniobras en la zona, algo que irrita profundamente a los japoneses y siempre despierta protestas. En Tokio lo tienen claro: o todas o ninguna.

Situación de seguridad en Asia-Pacífico. Fuente: Cartografía EOM.

Incluso para Estados Unidos, que Japón se replantee su papel internacional también tendría profundas consecuencias. Hasta ahora, el país nipón era una pieza importante en el entramado de defensa colectiva estadounidense. En Asia-Pacífico es su puesto de avanzada y su trampolín operativo junto con la base de Guam. Japón no pretende romper esa relación, pero una mayor operatividad militar japonesa podría desplazar la influencia norteamericana en la zona, aunque también podría otorgarle mayor tranquilidad a Washington si, manteniendo los acuerdos defensivos, Japón salvaguardase, total o parcialmente, los intereses estadounidenses en la región con su propio ejército y de manera autónoma. Hasta ahora, Japón se comprometía a sufragar los gastos del numeroso destacamento norteamericano en su país, pero es deseo del país que Estados Unidos acepte o una retirada parcial de efectivos, lo que redundaría en mayor poder del ejército japonés o dejar de costear la permanencia del protector norteamericano.

Sea como fuere, Japón todavía tiene un largo camino por recorrer. Su mayor preocupación actual, y no es para menos, es la mala y crónica situación económica que arrastra y a la que no consigue dar salida. Ahora está probando mediante las políticas de Abe otra manera de salir de la espiral negativa. De lo que no cabe duda, y viene a ser una máxima de las relaciones internacionales, es que sin una política/situación interna estable, es imposible hacer una política exterior efectiva e igualmente provechosa. Veremos si Japón lo consigue.

Acerca de Fernando Arancón 75 Articles
Nacido en Madrid, en 1992. Graduado en Relaciones Internacionales en la UCM. Máster en Inteligencia Económica en la UAM. Analista de Inteligencia. Especialista en geopolítica y entornos estratégicos. Twitter: @Feraru92
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13 comentarios en El Sol Naciente resurge en Asia: el rearme de Japón

  1. Un gran articulo y muy ilustrativo sobre la situación actual de Japón y el noreste asiático en general. Quisiera comentar solo ciertos aspectos concretos. En primer lugar, en el aspecto económico quiero decir que si bien es cierto que Japón lleva unas décadas con problemas de deflación y bajo crecimiento esto es necesario entenderlo en su contexto. En un país con una orografía complicada y escasez de recursos brutal, el sostener a 127 millones de personas con un nivel de vida cercano a los 35,000 dólares del PIB per cápita anual es en sí todo un logro a mi juicio.

    De aquí en adelante seguramente hay margen de mejora pero en mi opinión puede ser que Japón haya llegado a una situación en la que hay pocas oportunidades de crecer económicamente si no es acosta de otros segmentos de su población. Quizás por ello también ha preferido mantener una política restrictiva con la inmigración. Lo cual le impide a sus empresarios hacer uso directo de mano de obra barata, abundantísima en lugares cercanos como Indochina, Filipinas e Indonesia. Además de por otras razones sociales. Sin embargo, si pensamos en el largo plazo a un país como Japón podría venirle muy bien lo que ahora nos parece un desastre. Estoy hablando de su situación demográfica, para ese país bajar en unas décadas quizás de 127 millones a entre 90-100 millones puede ser un paso hacia la sostenibilidad deseable. Si bien, el descalabro ocurre en la época de transición por la costosa desproporción de jubilados.

    Junto a este escenario interno hace falta encontrar su lugar en la región más amplia. Para ello el aspecto militar como baza me parece un buen soporte para estabilizar la región. Si en cuanto a población y economía está claro que Japón puede seguir gozando del nivel más alto en la región, China es y será cada vez más el gigante al cual no se puede alcanzar de ninguna manera en cantidad. Sin embargo, si Japón actualmente solo gasta un 1% del PIB en defensa y eso le sirve ya para ser un gran contrapeso, no me sorprendería nada ni sería descabellado que ese presupuesto subiese al 2% (lo que recomienda la OTAN a sus miembros) o al 3% que sería en 100-150 mil millones de dólares anuales. Un gran potencial en este sentido. Además de un posible impulso económico al sector de defensa, reconocido como uno de gran valor añadido y buenos salarios en todo el mundo. Aun así, no creo que sería sensato desprenderse de la colaboración norteamericana en este aspecto. Y a los EUA no le vendría mal un Japón más asertivo en este aspecto frente al poder Chino. Incluso Brzezinski en su obra “El gran tablero mundial” de 1997 habla de un Japón futuro con mayor presencia militar para la seguridad estadounidense.

    Bueno esto por hoy, un gran saludo, tenéis un gran blog, me voy a hacer aficionado seguro.

  2. No estoy de acuerdo con que China tenga una politica exterior agresiva en la región. Me parece, al contrario, que la política de Japón (en cabeza de Abe) es retornar en cierta medida a ese pasado militarista con el que todavía sueñan muchos en el País del Sol Naciente (parece ser que se trata del ala conservadora del país, algo así como los NEOCONS versión japonesa). Japón, como Alemania en Europa, ha sido una nacion tradicionalemente militarista, o dicho de otro modo: agresiva, guerrerista, expansionista; que en virtud de su derrota en la segunda guerra mundial, fue castrada literalmente de su abierta vocación militar. De modo que la ahora disputa por las islas Diaoyu responde más a un surgimiento de ese sentimiento expansionista, y a una nostalgia por el pasado, que a una legitimación verdadera. Lo que China hace es a mi juicio establecer una política defensiva (legítima) contra el intento de una política de contención por parte de EE.UU. y sus aliados Japón y Corea del Sur. Me parece un poco desafortunado lo que has dicho acerca de que China tiene una política agresiva, cuando en realidad ha sido tradicionalmente un país -este si- Pacifista e introvertido y más dado al interior que sus vecinos más inmediatos abiertamente más “militaristas”. Me gusta tu blog, lo seguiré leyendo. Saludos desde Colombia.

    • Tras vivir en Japon: En Japon son mayoria las personas que se posicionan contra la reinterpretacion.
      Con la actual situacion economica japonesa, practicamente no hay paro y tienen la mayor clase media del mundo.
      No existen argumentos sociales que justifiquen lo que propone Abe.
      Japon pronto sera un destino turistico de primer orden, deberia seguir por la senda de la paz y estrechar lazos culturales con europa, africa y america para expandirse culturalmente, no militarmente

  3. La política exterior de China ha sido y es expansionista. Hasta su nombre, Imperio del Medio, indica la necesidad de formar parte de la centralidad asiática. En absoluto es un país pacifista e introvertido. 1,5 millones de soldados chinos participando en la Guerra de Corea en 1950 (recordemos que la República Popular China se funda en 1949) son el primer ejemplo; además, ese mismo año China invade Tíbet reclamándolo como un territorio propio. En 1962 también se enfrentó en una breve guerra con India por las fronteras que todavía no están bien definidas y mucho menos consensuadas. En 1979 invadió Vietnam para ayudar a su aliada Camboya, todavía gobernada por los Jemeres Rojos. Cuatro guerras con una clara impronta expansionista en sus primeros treinta años de vida como país.

    En la actualidad,su agresividad persiste. Las islas Senkaku (o Diaoyu) son de Japón y están administradas por esta. No son de China. No entro a si debieran o no ser, pero a día de hoy no son suyas y provoca a ver si Japón queda en evidencia ante la comunidad internacional con una respuesta desmedida, momento en el que evidentemente China jugaría la carta del expansionismo japonés de principios de siglo. Igualmente China controla las islas Paracelso, que esas sí ocupó a Vietnam cuando Francia se retiró de Indochina. Del mismo modo, presiona a multitud de países en las islas Spratly para agrandar sus fronteras territoriales, una presión argumentada de manera ‘histórica’ pero que únicamente tiene un interés económico. Y eso sin hablar de su contencioso con Taiwan, que evidentemente quiere anexionar para formar una China unida, vía política o vía militar.

    Por tanto, con este expediente, decir que China es pacifista es algo más que atrevido.

    • Taiwan hace parte integral de la China continental y es considerada una provincia rebelde. Así como el Tibet hizo parte de la China de los Han y debía volver al seno del antiguo Imperio.

      Lo que a mi me parece es que es un error mostrar a China como el “malo” de la película cuando no lo es: Japón cometió horrores en la China durante la segunda guerra mundial, así como las potencias occidentales lo hicieron un siglo antes devastando y despedazando a la China. Si vamos a hablar de paises militaristas y agresivos son ellos, las potencias occidentales y Japón. A mi parecer China solo hace lo suyo, defendiendose ante un claro deseo de frenar su crecimiento en Asia. Los movimientos de China son hoy por hoy defensivos, no tendientes a una política de expansión. Son los EE.UU. y Japón los que pretenden una política expansiva en virtud de cercar y rodear a la China.

    • Si China es expansionista, entonces ¿cómo calificarias a Japón, si durante sus primeros 80 años como nación moderna invadió con brutalidad extrema a TODOS sus vecinos? Y no hablemos de los Estados Unidos que han intervenido militarmente en todos y cada uno de los países de Latinoamérica. Si bien China no es ninguna nación de santos, representa una amenaza muchísimo menor para la paz mundial que las potencias occidentales y Japón.

  4. YO SOY SUR-COREANO (ALIADO DE U.S.A.), AÚN ASI, APOYO INCONDICIONALMENTE A CHINA. CHINA DESDE LA ANTIGÜEDAD SIEMPRE HA SIDO EL IMPERIO MAS GRANDE Y MAS POBLADO DEL PLANETA, Y SIEMPRE SE HA DEDICADO EN DEFENDERSE DE LOS AGRESORES!, Y ADEMAS DEFENDER A SUS VECINOS DE OTROS AGRESORES; EJEM: PROTEGÍA A: COREA, SIAM, ETC. UN CLARO EJEMPLO DE SU ACTITUD PACIFISTA SON SU RELIGION BUDISTA Y CONFUCIONISTA Y LA EXTENSA MURALLA CHINA! CHINA DESDE HACE MILENIOS TENÍA LA FUERZA SUFICIENTE PARA CONQUISTAR A TODOS SUS VECINOS, PERO EN VEZ DE ESO… SE DEDICÓ A PROTEGERLOS. DURANTE LA 2DA. GUERRA MUNDIAL LO QUE SUFRIERON LOS CHINOS EN MANOS DE LOS NIPONES… ES SIMILAR A LO SUFRIDO POR LOS JUDIOS!, (5 MILLONES DE CHINOS ASESINADOS, 20 MILLONES DE MUJERES Y NIÑAS VIOLADAS “RAZON POR LA CUAL EL 50% DE LOS JAPONESES SON PEDOFILOS”) AÚN HOY, CON UNA SUPERIORIDAD EVIDENTE, SU MENTALIDAD ES DE DEFENDERSE DEL MUY ODIADO JAPÓN. AMIGO, EL SOL NACIENTE ESTÁ CONDENADO A SER DESAPARECIDA EN LA FAZ DE LA TIERRA… Y LOS CAUSANTES… NO SERAN LOS CHINOS… SINO UNA COALICIÓN ASIATICA DE POR LO MENOS 30 PAISES QUE LO ODIAN A MUERTE! P.D. LOS JAPONESES ASESINÓ A MAS DE 20 MILLONES DE PERSONAS EN TODA ASIA.

    • Artículo partidista y que a parte de un poco de historia no aporta nada.
      China está asomando pero Japón quiere salir de la cueva, acción-reacción.

  5. El artículo es bastante completo pero tiene un sesgo anti japonés bastante evidente. ¿Sabía el redactor que la gran mayoría de los japoneses adultos hoy, sea cual sea su posición frente al pasado militarista, van al menos una vez al año al santuario de Yasukuni -o a un sustituto local en su ciudad- a ofrecer sus respetos a los muertos en la guerra? Sucede que los muertos no eran sólo “criminales de guerra” sino en su mayoria simples soldados que no hacían sino seguir las directivas del ejército. Prácticamente no hay familia japonesa donde no haya un “ancestro” perecido en la guerra. ¿Deberían abstenerse de recordarlos de acuerdo a las costumbres y ritos de su pueblo?

    Eso con respecto al santuario: que el redactor ha visto una sola cara del fenómeno.

    Con respecto a su apreciciación sobre la política de Abe respecto de la constitución, quisiera decir dos cosas:

    1. El redactor sugiere que esa reforma supone un renacimiento del imperialismo militarista. Aunque no lo diga de ese modo, e incluso lo niegue, la narrativa del artículo instala esa sospecha en la mente del lector. La estrategia de demonización subliminal es clara para quien conoce estos temas.

    2. No se ha desarrollado de manera clara y suficiente el rol de EEUU en la demanda de reforma constitucional. Por cierto, la política de Abe no tiene nada que ver con el pasado imperial y en cambio respode a los cambios en el equilibrio geopolítico mundial desde que EEUU está más preocupado por el medio oriente que por Asia. Y fue el propio gobierno norteamericano el que instaló el tema de la auto defensa de Japón en su agenda.

    En definitiva, un buen artículo pero sesgado por prejuicios ligeramente antijaponeses. Suena un poco como esos periodistas que no pueden decir una palabra de Alemania sin hacer referencia al pasado nazi…

    • Vamos a ir por partes, que noto que muchas veces se leen cosas que en realidad no se han escrito y se entienden otras tantas que el autor no ha querido decir.

      “¿Sabía el redactor que la gran mayoría de los japoneses adultos hoy, sea cual sea su posición frente al pasado militarista, van al menos una vez al año al santuario de Yasukuni -o a un sustituto local en su ciudad- a ofrecer sus respetos a los muertos en la guerra? Sucede que los muertos no eran sólo “criminales de guerra” sino en su mayoria simples soldados que no hacían sino seguir las directivas del ejército.”

      En el primer párrafo del texto pone, literalmente: “la veneración que allí se hace de todos los militares nipones caídos en guerras que Japón ha librado desde la Revolución Meiji de 1868. En total, 2,5 millones de nombres se recuerdan allí, incluyendo 14 criminales de guerra de alto rango”. Reitero las partes en las que pone TODOS los militares caídos. En absoluto se hace la parte por el todo (algo que creo evidente cuando se cita que se recuerdan 2,5 millones de personas). Ese dato también me vale para abordar la frase siguiente, ya que en ningún momento se indica que todos los allí enterrados sean criminales de guerra al citarse expresamente que sólo 14 de esos 2,5 millones (un 0,0000056%) están condenados por tal cosa, quedando eximidos los 2.499.986 enterrados restantes. Del mismo modo en ninguna parte del texto se afirma o se sugiere que tal visita sea reprobable, ya que en todo momento el texto gira en base a qué visión tienen los países vecinos (China y Corea del Sur) del gesto de Shinzo Abe, no la que tiene el autor, en este caso, yo.

      “El redactor sugiere que esa reforma supone un renacimiento del imperialismo militarista. Aunque no lo diga de ese modo, e incluso lo niegue”. Si lo niego es que no lo afirmo. Si se quiere entender otra cosa ya no es problema mio, es problema de quien lee. Creo que es evidente con esta frase del artículo: “Las pretensiones no avanzan hacia un nuevo imperialismo japonés ni hacia una ofensiva desde Tokio por la vía militar. Simplemente, la cada vez más inestable situación en Asia hace que Japón se replantee sus posibilidades.”

      Y ante la aclaración, “Por cierto, la política de Abe no tiene nada que ver con el pasado imperial y en cambio respode a los cambios en el equilibrio geopolítico mundial”, pensaba que con este párrafo había quedado claro: “Así, Japón da el paso que llevaba años meditando y tanteando. En plena efervescencia nacionalista asiática; con China en su inexorable avance económico y militar; la permanente tensión en las dos Coreas; el ascenso de potencias medias como Vietnam e Indonesia o la inestabilidad provocada en el sudeste asiático por sucesos como el golpe de estado en Tailandia en mayo de 2014 o los conflictos que tensan la cuerda en el Mar de China, desde Tokio por fin se han decidido a reclamar para sí y de manera plena su espacio como potencia regional.”

      Repito, me parece muy bien que cada uno tenga distintas lecturas de un texto (esto no es un dogma), ya que enriquecen el debate y motiva poder realizar nuevos artículos. Ahora, tergiversar lo que pone en un texto y con ello etiquetar al autor, poco aporta.

      • Bueno, Sr. Arancón, me disculpo por las “tergiversaciones” en que pude haber caído al leer su artículo.

        Por cierto, no quise descalificar su artículo. Pero que la narrativa del mismo, el modo de contar el cuento, trae a la mente del lector permanentemente el pasado imperial militarista de Japón, y de ese modo se contamina la justa valoración de lo que hoy sucede, creo que no es imaginación mía…

        Ud. sabrá si puede recoger la crítica o no…

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  2. Más gasto militar de Arabia Saudí, China, Rusia, India, Corea del Sur y Japón | utopiacontagiosa.org

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