Cooperación por remordimiento

Hay momentos en la historia en los que la irracionalidad y la desproporción del ser humano llegan a tal punto que algunos gobiernos, años después, se ven obligados moralmente a reparar semejantes desmanes. Nada tiene esto que ver con multas, donaciones altruistas o reparaciones de guerra, sino con compensaciones que se ofrecen a algunos países para que no se hable mucho de temas que resultarían terriblemente vergonzantes para los gobiernos o conciudadanos de quienes cometieron aquellos atropellos décadas o siglos atrás y reparar así las heridas que causaron. Esto ha sido la consecuencia más actual de una etapa clave en la historia mundial de los siglos XIX y XX: el colonialismo.

Los pasos previos al gran salto colonial

Marcar el punto de inicio del colonialismo entendido como un proceso de asimilación de una población sometida a una nueva forma de dominación política – a menudo por la fuerza por parte un estado o una forma pseudoestatal – es casi imposible; habría que remontarse a la Edad Antigua para poder encontrar los primeros casos, a menudo ligados con las primeras apariciones o actuaciones imperialistas.

En siglos más recientes tampoco es fácil poner un origen claro, puesto que la llegada de Colón a América no supone el primer caso de expansión europea fuera del continente y la dominación efectiva de dicho territorio extraeuropeo. Incluso las Cruzadas se podrían considerar como un intento fallido de colonialismo dentro de una concepción religiosa del imperialismo; también podríamos remontarnos a los territorios dominados formalmente por la República de Génova en la península de Crimea, actual Ucrania – que actualmente está considerada parte de Europa, pero en el siglo XIV ni mucho menos se consideraba como tal – , durante la Edad Media. Durante el siglo XV, décadas antes de que Colón llegase a las costas caribeñas, algunos navegantes portugueses habían recorrido parte de la costa occidental africana, dando inicio a la llamada Era de los Descubrimientos. A partir de aquí y hasta el siglo XIX, que es donde pretendemos llegar para analizar el periodo colonial como tal, algunos estados europeos como Inglaterra – luego Gran Bretaña – , Francia, Castilla – España a partir del siglo XVIII – y las Provincias Unidas – Países Bajos – se expandieron hacia enclaves o zonas extensas en territorios no europeos, abarcando la casi totalidad del continente americano, todas las costas de África, el sur de Asia y la gran mayoría de Oceanía.

La peste blanca

El siglo XIX es, sin duda, un siglo de luces. En lo político, las revoluciones americana y francesa de finales del siglo anterior habían puesto los cimientos del liberalismo político y las bases de dos estados constitucionales y democráticos basados en dicho liberalismo; en el terreno económico la máquina de vapor se iba poco a poco introduciendo en Europa y los jóvenes Estados Unidos, dando lugar a la primera revolución industrial; finalmente, en los aspectos sociales nacía la clase obrera y se empezaba a formar dicha conciencia de clase.

La conjunción de todos estos factores provocó un rápido desarrollo económico, demográfico y político en la época. Este repentino “boom” europeo, algo que jamás se había visto en el continente, motivó también en el auge de los nacionalismos y las primeras teorías etnocentristas. Nuevos estados como Bélgica (1830), Italia (1861) y Alemania (1871) aparecieron en la Europa occidental, industrialmente potentes y poblacionalmente densos. Para cuando llegó el último tercio del siglo XIX, Europa había crecido tanto y tan rápido económicamente que sobraba dinero para invertir y empezaban a escasear ciertas materias primas, tan necesarias para que toda la industria siguiese funcionando; igualmente, tanto había crecido la población en Europa que sobraba gente al no haber empleos para todos. Pero Europa, por aquel entonces, se sentía grande, tan grande que el propio continente europeo se le quedaba pequeño. Y es aquí donde pasamos de las luces a las sombras.

colonialism1914Los gobiernos de las distintas potencias europeas de la época, al ver que tanto excedente les podía explotar en las manos, posaron su vista sobre los extensos territorios que tenían en otros continentes, especialmente África y Asia. Enclaves a lo largo de las costas o en los cursos fluviales de grandes ríos que hasta entonces no tenían excesiva relevancia política, económica o estratégica, de repente cobraron una importancia de primer nivel al ser la salida más viable a todos los recursos ociosos que tenían en Europa. Así comenzó la carrera colonial a finales del siglo XIX.

En todas esas posesiones en África y Asía, muchos de los países europeos pudieron invertir su capital, enviar la mano de obra sobrante en la metrópoli y extraer preciados recursos naturales para su industria europea. Estas carreras por abarcar y controlar la mayor cantidad de territorios como les fuera posible casi arrastran a Europa a una guerra a finales del siglo XIX – principios del XX, tanto por los que ya tenían y querían más como Francia y Gran Bretaña, como los que por ser países jóvenes se habían perdido la colonización de esos continentes siglos atrás como Alemania, Italia o Bélgica.

Kongokonferenz 1884 / Franz.Karikatur - Congo Conference 1884/ French caricature -Para poner fin a una de las primeras crisis coloniales, se convocó en 1884 la Conferencia de Berlín, donde las potencias europeas de la época se repartieron África para que todos quedasen más o menos satisfechos, con la única intención de que ni Francia ni Gran Bretaña, mayores poseedores de territorios en el continente, tuviesen territorios continuos ni de norte a sur ni de este a oeste, por lo que se otorgaron a otras potencias “territorios-tapón” para asegurar esta discontinuidad.

Una vez claras las reglas del juego y dónde se podía jugar, había pista libre para que cada país hiciese lo que le viniese en gana en sus territorios. Para entonces, el etnocentrismo que antes habíamos comentado, estaba en su máximo apogeo. Los africanos, fuesen de tez más clara o más oscura, eran seres racialmente inferiores y por tanto no se podían beneficiar de las garantías constitucionales de la época que sí tenían los ciudadanos blancos. Bajo esta premisa, cometer abusos de todo tipo contra estas poblaciones no era moralmente reprobable puesto que la superioridad blanca no daba derecho, sino que casi obligaba a que fuesen un medio más para conseguir el fin que buscaba la metrópoli. No importaba cómo ni de qué manera se les usase para llegar a dicho fin. Y así fue como se gestó uno de los episodios más bochornosos de la historia europea contemporánea.

De orgullo a vergüenza nacional

A nivel histórico y político, uno de los sucesos que puede ser más traumático para una sociedad – una opinión pública más bien – y para el mundo político y económico es reconocer que tu país fue promotor o colaborador en un genocidio décadas atrás. Alemania tuvo que asumir el Holocausto, cuya negación es delito en varios países europeos. Caso contrario es Turquía, que niega el genocidio de la población armenia durante la Primera Guerra Mundial, cuyas cifras oscilan entre el medio millón y millón y medio de armenios exterminados.

Una mezcla entre los dos tipos anteriores ocurre con África. Para las potencias de la época, sus territorios en África eran sus joyas coloniales, pero un siglo después esos territorios ya independientes les han supuesto más de un dolor de cabeza a su política exterior. En esas décadas finales del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial, la inmensa mayoría de países cometieron abusos sobre las poblaciones locales absolutamente desproporcionados. Por si aquellos años les supieron a poco, los procesos de descolonización en las décadas de los años cincuenta, sesenta y setenta del siglo XX tampoco están exentos de barbaridades. Algunos de ellos son históricamente conocidos de lo clamoroso que fueron. Otros no tanto. Para que los ya conocidas no se conozcan más y los no muy conocidos no se sepan, muchos países europeos tienen generosas políticas de cooperación y ayuda al desarrollo (AOD) con países en los que cometieron esos abusos con el compromiso tácito de los receptores de no airear esas historias.

Alemania ensayando treinta años antes

A pesar de que no es algo demasiado conocido puesto que su colonialismo duró hasta su derrota en la Primera Guerra Mundial en 1918, Alemania tuvo importantes territorios en África durante unos treinta años, más concretamente lo que hoy son Namibia, Tanzania, Camerún y la ya desaparecida Togolandia, que era la actual Togo y parte de Ghana.

Los alemanes establecieron un régimen económico de agricultura y ganadería extensiva, es decir, usaban grandes cantidades de terreno para poder desarrollar su actividad económica. Esos territorios que los colonizadores alemanes necesitaban solían estar habitados por tribus o pueblos nativos que casi siempre se negaban a abandonar sus tierras. Ante estas negativas, los alemanes no tuvieron demasiada mano izquierda, así que optaron por las deportaciones en masa, trabajos forzados, la subyugación de las aldeas – obligaban a los lugareños pagar una cuota de recursos por dejarles cultivar allí –, o simplemente el exterminio de las poblaciones que se resistían e internar en campos de concentración a los supervivientes. Bienvenidos al África alemana de principios del siglo XX.

Este tipo de actuaciones provocó una revuelta considerable en la colonia de Tanzania, donde comenzó una guerra entre los rebeldes locales y el ejército colonial germano. En sí no fue más que una guerra, muy desigual a nivel técnico – los alemanes tenían ametralladoras, los indígenas, arcos y lanzas -, que entre 1902 y 1905 hizo que perdiesen la vida unos 100.000 de ellos frente a las 400 bajas alemanas. Sin duda, el empleo por parte de los alemanes de la táctica de tierra quemada para sofocar la rebelión provocó que las muertes de civiles aumentasen dramáticamente como consecuencia de las hambrunas.

Bastante peor fue la represión en la colonia que hoy es Namibia, donde para sofocar la revuelta de la tribu Herero y conseguir así echarles de sus tierras, necesarias para la ganadería, los mandos alemanes recurrieron al exterminio sistemático de los integrantes de esa tribu. El exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, etnia, religión, de política o nacionalidad, es según la RAE un genocidio. Se calcula que para 1907, los alemanes habían eliminado al 85% de la tribu Herero, mientras que de la tribu Nana, otra que se sublevó, el 50% fue eliminada y otro 45% fue enviada a campos de concentración. Qué decir tiene que tanto en la Tanzania como en la Namibia de 1905, las condiciones de vida en los campos de concentración eran absolutamente deplorables, teniendo que añadirle a esa situación las enfermedades, el hambre y los trabajos forzados.

MÁS INFORMACIÓN: Namibia, ¿primer genocidio del S.XX?

El parlamento alemán negó reconocer esos actos como un genocidio en 2012, pero esto era el culmen de una historia a la que cada vez se le daba más aire en la opinión pública. En el año 2011, el estado alemán devolvió a Namibia unos restos que fueron llevados a Alemania cuando se practicaron las masacres para realizar estudios pseudocientífios, tan de moda en la época y cuya finalidad era básicamente constatar la supremacía de la raza blanca sobre las demás. Como hemos dicho, desde 2004 la historia iba cogiendo peso, por lo que veremos que las cantidades de ayuda oficial al desarrollo alemanas hacia el país africano aumentaron poco a poco hasta que subieron a los 69 millones de dólares en 2011, curiosamente a costa de la ayuda al desarrollo para Tanzania, que bajó en 40 millones respecto a 2010.

AOD Alemania a Tanzania y NamibiaFlujo de ayuda bilateral de Alemania neta en dólares. Fuente: Banco Mundial

Bélgica y sus reyes

Bélgica se independizó de los Países Bajos en 1830 y apenas ha influido en la conformación política del viejo continente, pero sin duda en su colonia del Congo dejó un recuerdo imborrable.

Leopoldo IIEn 1884, este vasto territorio del oeste de África, hoy República Democrática del Congo, le fue adjudicado a Bélgica. Aunque en realidad no fue a Bélgica sino a su rey, Leopoldo II (1835-1909). El Congo belga era por aquel entonces un territorio privado del rey, no un territorio del estado belga. Desde la primera revolución industrial, Bélgica ha tenido una importante industria pesada, especialmente química, por lo que la demanda de recursos minerales siempre ha sido alta, así que su colonia del Congo, rica en minerales, era perfecta para la economía belga.

Leopoldo II, dueño de todo aquello, consiguió una riqueza espectacular en poco tiempo. Todo lo que se vendía proveniente del Congo iba para sus bolsillos. De hecho, los recursos de la colonia eran tan abundantes que los principales recursos que se extraían, sobre todo minerales y látex, eran muy competitivos a nivel internacional. Ciertamente, que la mano de obra sea esclava y otorgar primas a los explotadores de los recursos por extraer más cantidad hizo que los tratos a los trabajadores fuesen brutales. En estos años de principios del siglo XX no hubo guerras como en los territorios alemanes, sino que los nativos murieron por las terribles condiciones de trabajo a las que fueron sometidos. El rey Leopoldo convirtió Congo en un gigantesco campo de trabajos forzados. Asesinatos en masa, trabajos hasta la extenuación, mutilaciones de miembros, muertes por inanición y un largo etcétera de hechos aberrantes caracterizaron el dominio real sobre Congo. Así, el monarca belga ha acabado pasando a la historia como uno de los mayores genocidas jamás habidos, ya que se calcula que en torno a unos ocho o diez millones de congoleños murieron en los veintitrés años de control sobre la colonia. En 1907, cuando la opinión pública europea estaba escandalizada por las prácticas de Leopoldo y amenazaban con quitarle la propiedad, este se la cedió al estado belga, que introdujo cambios sustanciales para mejor en el territorio africano.

Paradójicamente, en Bélgica se instauró durante el reinado de Leopoldo II la prohibición de que niños menores de 12 años trabajasen en fábricas, la prohibición del trabajo nocturno para los menores de 16 y el descanso dominical. Los congoleños no eran ciudadanos belgas, probablemente no los considerase ni seres humanos equiparables a un hombre blanco – como era la costumbre europea de la época -, por lo que el único destino que podían esperar fue al que el propio Leopoldo les llevó.

Bélgica también tuvo una importancia crucial durante la independencia del Congo a partir de 1960. Directamente no son imputables muchas muertes, pero sí colaboró decisivamente a desestabilizar el país una vez independizado y a desestabilizar al primer gobierno democrático del Congo, presidido por Patrice Lumumba, que acabó ejecutado por tropas rebeldes dirigidas por oficiales belgas.

Todos estos hechos, conocidos ampliamente a ojos de la historia, son una terrible mancha en la identidad de Bélgica, ya que durante el reinado de Leopoldo II murieron más congoleños que belgas había en Bélgica. Así, lo que hoy es la República Democrática del Congo, es el mayor receptor de Ayuda Oficial al Desarrollo belga, seguido de Ruanda, país vecino que también estaba dentro de lo que era el Congo belga y que por tanto se vio igualmente afectado por la política de Leopoldo. Por ejemplo, los casi 650 millones de dólares en AOD de Bélgica en 2010 a la República Democrática del Congo suponían un 3% del PIB congoleño, una cifra nada despreciable – un 3% del PIB actual español son 40.000 millones de dólares, para hacernos a la idea – ; para Ruanda, la cifra de la cooperación belga supone un 1,1% de su PIB.

AOD Belgica a Congo y Ruanda

Flujo de ayuda bilateral de Bélgica neta en dólares. Fuente: Banco Mundial

Bélgica nunca va a poder arreglar todo el mal que su rey hizo en la colonia, pero al menos es consciente de la responsabilidad que tiene en promover el desarrollo en esas zonas.

MÁS INFORMACIÓN: El Congo, la vergüenza de Bélgica

Francia contra su orgullo nacional

Francia era junto con el Reino Unido, el país con un mayor imperio colonial. Con su derrota tan aplastante a manos de los alemanes en 1940, muchos grupos independentistas coloniales fueron conscientes de que se podía vencer a los franceses. Así, al término de la guerra y en las décadas posteriores, hubo revueltas muy organizadas que el ejército francés reprimió con mano de hierro, ya que era la metrópoli más débil en comparación con el territorio colonial que poseía. Además, después de la humillación sufrida a manos de los alemanes, el sentimiento nacional francés no iba a permitir agachar la cabeza en las colonias.

El primer lugar donde Francia intervino fue en Indochina, especialmente en Vietnam. Durante la ocupación japonesa de Vietnam, los nacionalistas vietnamitas emplearon una guerra de guerrillas para expulsarles. Cuando los japoneses se rindieron en 1945 y se fueron de allí, los vietnamitas no querían que los franceses volviesen a imponer su régimen colonial, que era bastante represivo. Así, a partir de la nueva llegada de los franceses en ese año 1945 empezaron las tensiones, que derivaron en guerra abierta a partir de 1948 y hasta 1954.

Los guerrilleros vietnamitas, conocedores de sus carencias de material y preparación, optaron por hacer una guerra irregular contra los franceses en el entorno rural. De igual manera, los franceses ocuparon las zonas urbanas pero fueron incapaces de vencer a los vietnamitas fuera de ellas, además de que causaron fuertes bajas entre la población civil en los combates rurales y como medida represiva para que colaborasen. La guerra terminó en 1954, cuando las tropas vietnamitas derrotaron, en lo que fue una vergüenza para Francia, a la élite del ejército francés en la batalla de Dien Bien Phu. Después de esta batalla, con lo mejor del ejército francés muerto o capturado por los vietnamitas y cada vez mayores problemas en Argelia, Francia decidió otorgar la independencia a los dos vietnames – Vietnam del Norte, comunista, y Vietnam del Sur, pro-occidental – y retirarse, dejando atrás un cuarto de millón de civiles muertos y un país arrasado por la guerra.

De Indochina pasamos a Argelia, la joya colonial francesa. A punto de acabar la guerra en Vietnam en 1954, comenzó una fuerte corriente independentista en Argelia que exigía la total independencia del país respecto de Francia, que ocupaba el país mediterráneo desde hacía 120 años. La guerra se basó en terrorismo y pistolerismo indiscriminado por parte de los argelinos, en especial el FNL, contra franceses en Argelia o argelinos sospechosos de colaboracionistas, en zonas urbanas y guerrillas en zonas rurales, mientras que los métodos franceses se convirtieron en una guerra sucia de terrorismo de estado, apoyo clandestino a organizaciones paramilitares como la OAS, torturas y asesinatos en secreto para doblegar la moral argelina, tanto en suelo africano como en propio suelo francés. Este es quizás el episodio más conocido de las descolonizaciones francesas por la dureza de la represión, por no importar cómo se debía ganar la guerra y porque hasta en el propio suelo francés hubo muertos por esa “guerra lejana”.

Finalmente y como la inmensa mayoría de descolonizaciones, la población local acabó venciendo a la metrópoli y Francia tuvo que aceptar la independencia de Argelia en 1962. Por el camino, en torno a medio millón de muertos, la mayoría de ellos, argelinos.

En Camerún, el líder de la Unión de los Pueblos de Camerún, Ruben Um Nyobe, lideró en 1955 una revuelta contra los franceses por la independencia de Camerún. Todo el aparato de guerra sucia empleado en Argelia también tuvo aquí presencia, donde los servicios secretos franceses y la guerra psicológica fueron fundamentales. Al final de la rebelión en 1962, se calcula que entre 20.000 y 120.000 cameruneses habían muerto a manos francesas. Hay pocos estudios sobre este conflicto puesto que al ser paralelo con el argelino, los medios y los estudios le han dado más atención a este último.

MÁS INFORMACIÓN: Cameroun 1955-1962: la guerre cachée de la France en Afrique (en francés)

Con toda estas historias, la Ayuda al Desarrollo francesa ha sido tradicionalmente generosa con esos países en donde tuvo conflictos coloniales tan enquistados. Con Argelia su aportación es descendiente por el hecho de que han pasado tantos años que la ayuda se está reorientando a otros destinos, puesto que se da por hecho que en gran parte, la deuda histórica ha sido saldada. No es el caso de Vietnam, que se está llevando la parte que pierde Argelia, mientras que Camerún también recibe partidas de cooperación bastante grandes o Madagascar, excolonia francesa y que en 2004 sufrió un tsunami que hizo que Francia enviase casi 500 millones de dólares en ayuda.

AOD Francia a Argelia, Vietnam, Madagascar y Camerun

Flujo de ayuda bilateral de Francia neta en dólares. Fuente: Banco Mundial

Reino Unido y los Mau Mau

El Imperio Británico, el más extenso de los tiempos contemporáneos, se diluyó en los veinticinco años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Cabe destacar que los británicos fueron los políticamente más astutos de cara a pelear por sus territorios de ultramar. Rara vez tuvieron que hacer frente a sublevaciones armadas ni a independencias violentas. Al menos ellos no se vieron en el fuego cruzado. Su táctica era simple: divide y vencerás. Cuando se gestaba la independencia de la India, supieron ver el potencial de poner en contra a musulmanes (Pakistán y Bangladesh) e hindúes (India) para que así no se crease un gran estado o un frente unificado contra ellos. Consiguieron su objetivo, ellos se fueron más o menos indemnes de allí, no montaron ninguna catástrofe como los franceses, pero dejaron allí el problema. Que se las apañasen entre ellos. Y ahí siguen pakistaníes e indios con sus armas nucleares y el problema de Cachemira sin resolver.

En África actuaron de manera similar. Evitaron los conflictos y antes preferían llevar a la colonia a una guerra civil que verse ellos en un conflicto con los lugareños. Pero tampoco tuvieron demasiadas oportunidades. Por lo general, los británicos tuvieron unas descolonizaciones bastante “limpias”, sin conflictos en el proceso y tampoco en la herencia que delegaron a los gobernantes locales posteriores. Pero en esta norma hubo una excepción: Kenia, y más concretamente la lucha contra los Mau-Mau.

KENYA / GEHEIM GENOOTSCHAP MAU MAU

Británicos reteniendo a sospechosos de colaborar con los Mau Mau

El movimiento Mau-Mau fue la respuesta de la mayoría de la tribu keniata kikuyu ante lo que consideraban abusos del gobierno de Londres, que desde hacía décadas les quitaba sus fértiles tierras para dárselas a los colonos blancos. Después de la Segunda Guerra Mundial, los deseos de mayores libertades políticas y la pobreza a la que habían sido relegados los kikuyus provocó que en 1952 se alzasen en armas contra el gobierno británico. No fue una guerra de alta intensidad, pero sí preocupó al gobierno británico por el hecho de que podría servir de ejemplo a otras colonias si el movimiento prosperaba, por lo que no dudó en reprimir con dureza esta revuelta. Para conseguir sus objetivos, las tropas coloniales británicas no dudaron en confinar a los kikuyu en campos de concentración o someter a torturas a los miembros del Mau-Mau que capturaban, por lo que en la sombra sí fue una guerra atroz. Finalmente, en 1960, los rebeldes fueron derrotados, pero sólo tres años después, Kenia obtuvo la independencia del Reino Unido.

En los últimos años, con la estabilización política de Kenia y de esa zona de África, los miembros kikuyu que participaron en el movimiento Mau-Mau y fueron reprimidos, exigieron una compensación al gobierno británico por aquellos hechos. Esto ocurrió en 2009.  El gobierno y la justicia británica, con tal de no verse en un episodio que airease más estos hechos ya relegados ligeramente en el olvido, acabaron reconociendo en junio de 2013 los excesos en ciertos aspectos del conflicto, por lo que aceptaron indemnizar a los keniatas afectados por dicha represión.

Así, para que la historia no sea demasiado duro con los británicos en su proceso de descolonización, las ayudas a Kenia se han triplicado desde el año 2004, llegando en 2011, año metido de lleno en el proceso interno de debate sobre las torturas, a los casi 150 millones de dólares.

AOD Reino Unido a Kenia

Flujo de ayuda bilateral de Reino Unido neta en dólares. Fuente: Banco Mundial

MÁS INFORMACIÓN: El Gobierno británico reconoce las torturas a los Mau Mau de Kenia en los años 50

Portugal termina lo que empezaron en el siglo XV

Al principio de este artículo decíamos que si hay que ponerle un punto de inicio al colonialismo moderno europeo, bien podría ser en el siglo XV cuando los portugueses empezaron a recorrer las cosas africanas con la intención de llegar hasta la India. Lo que ellos empezaron allá por 1420 aproximadamente, lo cerrarían en 1974, siendo uno de los últimos países europeos en abandonar un gran territorio colonial africano.

Portugal, desde principios del siglo XX, se había ido quedando atrás en el desarrollo económico y social que se iba produciendo en Europa. Como país, llegó a un punto a mediados del siglo XX en el que era el más atrasado de Europa occidental, tanto en el sentido político como económico. Sus colonias en África, más concretamente Angola y Mozambique, veían cómo los territorios vecinos se iban independizando poco a poco, la mayoría de ellos, pacíficamente. En cambio, ellos seguían esposados a un régimen que se hundía sin remedio. Si en la metrópoli el desarrollo era escaso, en las colonias el inmovilismo político era absoluto. Así, en el año 1962 y con el apoyo de las potencias comunistas – URSS, China y en menor medida Cuba – se formó una guerrilla marxista, el Frente de Liberación de Mozambique o Frelimo, que estuvo luchando por la independencia de Mozambique doce años. Militarmente siempre fue superior Portugal, pero para un país que avanzaba tan poco, suponía un gasto enorme aquella guerra. Tampoco podían dejar que se independizasen sin más, ya que los recursos mozambiqueños y angoleños eran claves para la economía lusa. Así que esa guerra se estancó hasta que la propia Portugal cambió de régimen con la Revolución de los Claveles y tanto la junta militar como el gobierno izquierdista optaron por otorgar la independencia a las colonias, que en el caso de Mozambique se produjo en 1976.

Llama la atención que Portugal en los últimos años no dedicaba demasiada ayuda al desarrollo para los mozambiqueños. En cambio, a partir de 2008 incrementa notablemente la AOD, que si tenemos en cuenta la situación económica de Portugal, es un esfuerzo considerable, ya que de los 24 millones de dólares en 2004 pasa a 220 en 2011, año en el que el país ya estaba inmerso en temas de rescate, recortes, y demás.

AOD Portugal a Mozambique

Flujo de ayuda bilateral de Portugal neta en dólares. Fuente: Banco Mundial

¿Una lección aprendida?

Ahora que hemos llegado aquí y podemos tener una visión general de todo lo relatado anteriormente, merece la pena pararse un momento a valorar ciertas cosas. La Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) obviamente está motivada por más fines que los de intentar reparar los destrozos causados a una sociedad décadas atrás. La afinidad cultural, las buenas relaciones o incluso los intereses estratégicos o políticos son otros motivos que decantan los destinos y las cantidades de la AOD. Del mismo modo, los países con más recursos económicos destinan más dinero a más sitios, por lo que en Reino Unido, Francia o Alemania el factor “remordimiento” se desdibuja más; en cambio, para países pequeños y económicamente más limitados como Bélgica o Portugal, sus ex-colonias son los mayores receptores de Ayuda a la Cooperación, por lo que se ve mejor que el factor de reparación está más presente.

También merece la pena destacar que por lo general, la AOD aumenta con los años. Esto en el contexto económico actual no es sencillo, y tampoco lo es teniendo en cuenta que muchas veces se actúa bajo criterios absolutamente políticos en el mal sentido, por lo que es importante valorar que cada vez se done más, con ayuda de mejor calidad y que por supuesto se exija que esas donaciones se gestionen mejor por parte de los receptores. Pero todavía estamos muy lejos de lo ideal. En 1980, la ONU acordó que los países desarrollados debían incrementar su aportación a AOD hasta el 0,7% de su Producto Interior Bruto. A día de hoy sólo llegan a esa cifra Reino Unido –que la consiguió en 2013 –, Países Bajos, Dinamarca, Luxemburgo, Noruega y Suecia. Los países nórdicos, como en muchas otras cosas, dando ejemplo. España dona actualmente un 0,2% de su PIB.

Corrupcion_africa.

 

 

Acerca de Fernando Arancón 71 Articles
Nacido en Madrid, en 1992. Graduado en Relaciones Internacionales en la UCM. Máster en Inteligencia Económica en la UAM. Analista de Inteligencia. Especialista en geopolítica y entornos estratégicos. Twitter: @Feraru92
Contacto: Twitter

1 comentario en Cooperación por remordimiento

  1. Buenas Fernando, te saluda un tocayo tuyo seguidor vuestro que con tu permiso va a comentar algunas cosas del artículo.

    Lo primero de todo, por supuesto, es que muchas gracias por el trabajo que hacéis, son temas muy interesantes los que tratáis. El colonialismo es uno de los grandes temas debatido durante varias décadas por la historiografía, en buena medida por la influencia (cada vez menor) de la historiografía marxista, que encuentra en la segunda mitad del siglo XX (sin atreverme a precisar más las fechas) en el neocolonialismo su principal tema sobre el que estructurar el eje de su concepción del mundo (el estructuralismo en relaciones internacionales, seguro que sabes de lo que hablo).

    Es por esto que has tratado un tema vital y muy amplio de Historia de la Edad Contemporánea y necesariamente lo has hecho de manera superficial (quien quiera saber más tiene decenas de libros), por lo que se pueden cometer algunos errores. Con tu permiso, voy a dar mi opinión sobre algunas cosas, que tener dos puntos de vista siempre es mejor que uno solo.

    En primer lugar, he de decir que yo sí establecería el inicio del colonialismo en los siglos XV-XVI como un proceso hasta el siglo XX, donde daría lugar a otro proceso, la descolonización. Está claro que antes de esas fechas, aunque no sabría confirmar si es correcto el término colonia o tiene diferencias notables como para recibir otro nombre (emporio por su carácter comercial en el caso de cartagineses y griegos, por ejemplo). Como sea, lo importante de las colonias derivadas de siglo XV-XVI es que el proceso es continuado durante varias centurias bajo una característica: el dominio europeo de distintas zonas extraeuropeas. En el tiempo se sucederán los actores que controlan distintos territorios, las zonas controladas (América y Asia en la Edad Moderna, África también en la Edad Contemporánea) y el carácter de esa colonización. Como bien has señalado, la carrera imperialista iniciada en el siglo XIX en África tiene un factor que es la creación de nuevos mercados y la explotación de tales territorios para aumentar los recursos de las metrópolis. He de añadir a esto que es un tema complejo, con diversas interpretaciones en la historiografía y en el que se añaden más factores más allá de los términos económicos y el etnocentrismo: la ocupación preventiva de territorios, para que no lo hagan otros países, la búsqueda como bien has dicho de imperios continuados por parte de Francia, Gran Bretaña y Portugal, la crisis del positivismo y el darwinismo social que afecta profundamente a las relaciones internacionales, con el discurso de Lord Salisbury de naciones vivas y moribundas, etc. En conclusión, añadir a lo dicho por ti que hay otros múltiples factores para el imperialismo europeo.

    También me gustaría añadir que una de las principales visiones del comienzo de la Primera Guerra Mundial es que fue causada por el imperialismo, relacionada principalmente al marxismo. Más allá de que no hay una razón única y absoluta para el comienzo del conflicto, quería señalar que los últimos libros realizados este año a causa del centenario vienen a señalar una idea muy interesante: los países no se enfrentaron por el control de las colonias, sino que los países se dividieron en bandos según su actitud imperialista. Es decir, que los países que tuvieron conflictos coloniales tendieron a solucionarlos consensuadamente y acabaron formando la Entente frente a las Potencias Centrales, que o no tenían colonias o tenían pocas y no sufrieron crisis coloniales.

    Por último, muy interesante la idea de que las exmetrópolis dirijan buena parte de su ayuda a sus excolonias. Esto seguramente esté relacionado con un tema que bien podría complementar esta entrada en una nueva: el neocolonialismo. Lo has tratado por encima sin darle nombre al hablar de la descolonización y cómo Gran Bretaña sufrió por lo general menos que Francia, por ejemplo. La verdad es que fueron, creo que en la mayoría de los casos, independencias políticas pero manteniendo las estructuras socioeconómicas previas, de modo que seguía habiendo una gran relación (por no decir dependencia) de las metrópolis, por no hablar del paso de imperios a organizaciones internacionales de carácter político y/o económico que las sucedieran. El caso francés de la Comunidad Francesa fracasó, no así la Commonwealth, seguramente porque el pragmatismo británico les hizo dejar de lado sin problemas el control político y centrarse en mantener las relaciones económicas con sus colonias para seguir siendo una potencia (aunque a menor escala por supuesto).

    Bueno, espero que haya servido mi aportación para completar un poco un tema interesante y complejo por partes iguales. Gracias de nuevo por la entrada y un saludo.

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