Las agencias de calificación y la deuda

En los últimos años hemos escuchado hasta la saciedad noticias y conversaciones relacionadas con la deuda, la prima de riesgo, los mercados, rescates, agencias de calificación y un sinfín de términos e ideas abstractas que a menudo daban la sensación de estar bajo un aguacero con nada más que un folio para taparse. No negaremos que este tema es enormemente complejo, pero sí intentaremos a lo largo de este artículo clarificar uno de los puntos clave en la crisis de la deuda de los llamados PIGS (Portugal, Irlanda/Italia, Grecia y España): las agencias de ‘rating’ o agencias de calificación.

Una clase cero

Antes de entrar en materia, vamos a repasar de manera general qué es la deuda de un país, cómo se genera, cuál es el mecanismo de venta de deuda y cuáles son sus consecuencias, ya que tener claros los conceptos es algo fundamental para entender todo lo que vendrá después y sobre todo para que la próxima vez que nos venga el comentado chaparrón, tengamos un paraguas y no una hoja de papel.

En primer lugar, ¿qué es la deuda pública? Bien, sin complicarnos mucho, la RAE define deuda pública como “el conjunto de deuda que el Estado tiene reconocida por medio de títulos que devengan interés y a veces se amortizan.” Es decir, el conjunto total de dinero que todas las Administraciones Públicas de un país deben a terceros sujetos, sean personas físicas o jurídicas – personas corrientes, PYMES, grandes empresas, bancos, empresas extranjeras, gobiernos extranjeros, organizaciones internacionales, etc.- En España esto engloba las deudas del Estado central, las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos.

deudaMapa: deuda pública en porcentaje del PIB (datos de 2012)

Ahora que ya hemos concretado lo que estamos hablando, vayamos un paso más allá, ¿cómo se contrae esta deuda? El Estado, como cualquier ente político que desee ser independiente, necesita de ingresos para poder costear sus políticas y pagar los sueldos de los empleados públicos. La cuestión es que esos ingresos, los ordinarios – impuestos y tasas en su mayoría – a veces son insuficientes para poder pagar todos los gastos del estado. Gastamos más de lo que ingresamos; esto es déficit público. ¿Solución? Pedir prestado dinero o eliminar los gastos que generan ese déficit. Nosotros, de momento, atenderemos a la primera solución. Así, a esos ingresos ordinarios se le suman ahora los ingresos que provienen de los préstamos que el Estado ha recibido de terceros, teniendo por tanto una cantidad de gastos y de ingresos equilibrados.

¿Problema de esto último? Que no deja de ser un préstamo, el cual hay que devolver. Al igual que los ciudadanos tenemos que devolver el préstamo si hemos pedido uno para comprar una casa, un coche o una lavadora, el Estado ha de devolver el dinero que otros le han prestado. Además, no debemos olvidar que al concepto de “préstamo” le es inseparable el concepto de “interés”. Ya no es sólo devolver aquella cantidad que nos prestaron, sino que hay que devolver eso y un poco más.

¿Cuánto más? Cuestión importante, ya que de ello depende la facilidad para devolver el préstamo y las ataduras de las arcas públicas en años siguientes. Habitualmente hay tres maneras de conocer ese tipo de interés: ofrecer un interés determinado, que quien presta acepta o rechaza; negociar con el prestamista el interés de dicho préstamo o acudir a las subastas de deuda. Estas últimas son, además del tipo más habitual para financiarse, una subasta en la que la deuda estatal está a un determinado tipo de interés que sube o baja según haya prestamistas o no interesados en adquirir la deuda a dicho interés. Oferta y demanda pura y dura. Pero, ¿cómo se regula este tipo de interés que va variando? Obviamente, los prestamistas no van a ciegas a la subasta, sino que se guían por un término que a los lectores españoles nos sonará reciente y a los lectores latinoamericanos les devolverá a los últimos años del siglo XX: la confianza. A pesar de que nos hayan convertido la confianza en un mantra, vamos a darle significado con un ejemplo.

Todo se entiende mejor con un ejemplo

Pongamos que somos un broker, un ‘lender’ pagado por un banco de un país determinado o un fondo de inversión de algún otro sitio. Nuestro objetivo es, no nos olvidemos, obtener la mayor rentabilidad con el dinero que han depositado en nuestras manos en la siguiente subasta de deuda. Hoy vamos a asistir a las subastas de deuda de dos países:

– El primero, un país económicamente potente, con un crecimiento no espectacular pero sí estable, paro bajo y controlado, inflación no muy alta, no está excesivamente endeudado y siempre ha pagado sus deudas exteriores. Además, los periódicos económicos de renombre internacional, así como las agencias y organismos internacionales lo catalogan como un país absolutamente fiable.

– Nuestro segundo candidato, un país con crecimiento negativo, paro altísimo, inflación moderada, sin perspectivas creíbles de que vaya a mejorar su situación en algún tiempo y alguna vez se ha rumoreado de que podía declararse en suspensión de pagos, cancelando así toda devolución de deuda.

¿A quién dejarían su dinero? Quizás ya tienen algún nombre en la cabeza para nuestros países ficticios, pero esa no es la intención. ¿Qué pasaría en sus respectivas subastas de deuda? Si fuésemos a la del primero, los intereses serían muy bajos (por ejemplo de un 0,1% a un 1%) por el hecho de que al ser tan estable y tener perspectivas futuras positivas, mucha gente quiere colocar allí su dinero y perder rentabilidad a cambio de seguridad en que se lo van a devolver pasado el tiempo convenido. Ejemplo de esto podría ser Alemania, que incluso llegó a pagar intereses negativos – tenía que devolver menos dinero del que había recibido prestado -. Es decir, resumimos en que este país es fiable en términos de deuda.

Vayamos a la del segundo. Hemos dicho que su situación no tenía demasiada buena pinta, de hecho si se titubeó con no devolver la deuda, podría volver a pasar. Si invertimos aquí el dinero, podríamos no recuperarlo de lo mal que va el país, así que para que ese país me consiga convencer de que debo comprar su deuda, ha de ofrecerme unos intereses muy altos y así compensar que no parece demasiado fiable, por lo que puede acabar pagando un 5%, un 7%, un 11% o un 30%, como llegaron a pagar Grecia, Portugal y España entre 2010 y estos últimos meses.

El mecanismo “objetivo” para medir esta confianza es la conocida prima de riesgo, que es el diferencial existente entre los intereses de dos países. En el caso de la Eurozona, la referencia es Alemania por estar considerado como el país más estable, calculándose a partir de su situación el resto de diferenciales de deuda.

Prima de riesgo PIGS 09-11Prima de riesgo de los PIGS durante la crisis económica

Terminando con esta sección de repaso, analicemos brevemente las consecuencias de todo lo anteriormente explicado. El endeudamiento en sí no es malo – al menos desde estas páginas no lo consideramos como tal, si bien hay otras opiniones respecto a esta afirmación – , sino que lo perjudicial es endeudarse sin la certeza de que se va a poder devolver sin demasiados problemas la deuda contraída. Es ahí donde se entra en un círculo vicioso. Si recordamos aquel país poco fiable, sus intereses eran altísimos. Las cifras de deuda que los países manejan son a menudo de miles de millones de dólares o euros, por lo que unas décimas en el interés pueden suponer tener que devolver o no decenas o cientos de millones de más o de menos. Esta deuda, sin duda, afecta a sus economías, restándole en estos casos de intereses elevados capacidad de dedicar ese dinero en otras actividades que podrían promover el crecimiento o el empleo en su país, por lo que no es raro que muchos países hayan entrado a lo largo de la Historia en crisis cíclicas de deuda, cuando al pedir préstamos para cancelar las deudas anteriores se encontraban con una deuda aún mayor. Difícil asunto es este.

Los mercados y sus dioses

Todo lo anteriormente relatado es sólo la punta del iceberg. Aún quedan mil cosas por debajo, que es donde realmente se entretejen los mecanismos que dan como resultado la prima de riesgo y los intereses de la deuda. Al igual que antes hemos puesto de ejemplo que éramos un bróker, imaginemos ahora que en el mundo financiero internacional, en esos “mercados”, hay miles y miles de ellos pululando, comprando y vendiendo, arriesgando, asegurando, perdiendo y ganando. En el fondo, las finanzas internacionales son un mundo de percepciones, sensaciones y sobre todo, de información. La información es fundamental. Y es ahí a donde vamos.

Todos sabíamos que Grecia estaba mal, pero alguien tuvo que tirar la primera piedra, que abrir – precisamente para Grecia – la caja de Pandora. Quién da esa primera información, ese primer toque de atención mediático o simplemente difundir en el mundo financiero que tal país o empresa va mal, y eso basta para que todo se les venga abajo. En ese primer paso de la información encontramos a los dioses de los mercados, aquellos en los que todos los integrantes del gremio financiero creen ciegamente y confían plenamente: las agencias de calificación. Podríamos y deberíamos añadir aquí también como “dioses menores” a periódicos económicos y organismos financieros internacionales, pero en primera instancia vamos a centrarnos en las agencias de rating, puesto que a no ser que este sea el primer artículo con el que el lector se topa en nuestra web, ya sabrá sobradamente que el mundo funciona en red y nunca suele haber un único responsable de algo.

Así pues, volvamos a las preguntas. ¿Qué es una agencia de calificación? Podemos decir que es una empresa privada que realiza tareas de consultoría, auditoría, análisis y calificación de los activos de una empresa o país para algún ente determinado. Esto es, califican la fiabilidad de un estado – evaluación contratada previamente por el mismo – o empresa de cara a poder devolver las deudas contraídas al analizar su situación económica presente y futura. Como variables de sus veredictos en el caso de estados encontramos el crecimiento económico, la tasa de paro, la inflación, la balanza comercial, el endeudamiento público sobre el PIB, el montante total de deuda, los intereses de dicha deuda, etc. Después de analizar todo esto, emiten en un informe sus conclusiones, que sirven de referencia creíble a los mercados de cara a futuras operaciones financieras con dicho país y ponen nota a la deuda soberana del lugar, que es el punto a donde pretendemos llegar.

Standard&PoorsEl mundo calificado por Standard & Poor’s (2013)

Esto, hablando sencillamente, es que dichas empresas de ‘rating’ o calificación generan la información con la que luego se mueven billones de dólares o euros. Una empresa privada, con ánimo de lucro y sin rendir cuentas nada más que a su accionariado o socios, tiene el inmenso poder de generar la información, sin duda uno de los puntos fundamentales en los que se sustenta la economía de mercado. Es más, tampoco la elaboran autónomamente con informes periódicos e independientes, sino que dichas evaluaciones son contratadas por los países que van a ser evaluados. Imaginen por un momento que su fama de estudiante se va a fundamentar en las notas que un profesor pone a sus exámenes, pero tú le tienes que pagar al profesor para que te corrija esos exámenes. A alguno le tentaría pagar un poco más al profesor y que así la nota sea más “alegre”. Este razonamiento también ha calado alguna vez en los estados.

Lo anteriormente comentado podemos incluso llevarlo un poco más lejos. En la lógica de la economía de mercado, una gran cantidad de oferentes hace que el mercado sea competitivo y por tanto, si una empresa edulcorase o manipulase los resultados, caería en el descrédito y desaparecería puesto que hay una amplia competencia. El problema de esto aplicado a nuestro mundo real es que la competencia en el sector de calificación financiera se reduce a tres empresas. Sí, tres. Todas ellas operando desde Nueva York. En realidad existen 76, pero las tres neoyorquinas copan el 90% del mercado, así que se convierte en un oligopolio clamoroso. Esta tríada de la calificación de deuda está compuesta por las agencias Standard&Poors, Moody’s y Fitch. Vamos a ver cómo trabaja cada una.

INTERESANTE: Lista de las 76 empresas de calificación de riesgo que existen

standard-poors-logo

Standard&Poors

La primera de nuestras agencias tiene su origen en 1860, por lo que es la más longeva de las tres. Tiene un sistema de puntuación de deuda por letras, que exponemos a continuación:

Para las deudas a largo plazo (>1 año), que a nivel estatal son las más abundantes:

– AAA, AA, A: Unas cuentas saneadas, estado/empresa solvente y por tanto es seguro invertir en sujetos con esos tres tipos de nota.

– BBB, BB, B: El nivel triple-B es todavía un nivel solvente y fiable, mientras que en los niveles doble-B y B ya se intuye que la empresa puede ser inestable y por tanto empieza a ser arriesgado invertir ahí el dinero.

– CCC, CC, C: Este estado o empresa es muy propenso a la inestabilidad, el riesgo de impago es bastante elevado y un préstamo a sujetos calificados con la C podría no volver.

También a estos niveles hay que añadirle el “+”. A mayor cantidad de “+”, más cerca está del nivel inmediatamente superior. Por ejemplo, una nota B++ sería casi una BB.

moodys

Moody’s

La también estadounidense Moody’s fue fundada a principios del siglo XX, en 1906, y en pocos años se hizo con el casi monopolio de la valoración de deuda de empresas en el interior de Estados Unidos. En los años setenta se diversificó a la deuda comercial y soberana, valorando actualmente la deuda de más de 100 países.

Su sistema de catalogación de calidad de la deuda es el siguiente, también en deuda a largo plazo.

– Aaa: El nivel más alto, es una empresa/país totalmente solvente y serio en la devolución de deudas.

– Aa1, Aa2, Aa3: Es el escalón de calidad inferior. Todavía la calidad es alta, pero se matiza con que a largo plazo es ligeramente más inestable, haciendo que su fiabilidad sea un poco menor.

– A1, A2, A3: La calidad aún es alta o media-alta y no entraña riesgos de impago, pero esta situación a largo plazo podría no ser la misma.

– Baa1, Baa2, Baa3: Su credibilidad empieza a estar en tela de juicio. La calidad de su deuda empieza a ser media o media-baja. Podría haber riesgo de impago y se desaconseja invertir aquí si se busca seguridad.

Si el país o empresa en cuestión tiene un nivel más bajo que el Baa3 llegamos a otro concepto que nos han presentado en repetidas ocasiones: bono basura. Dentro de esta concepción del bono basura hay más subniveles de clasificación.

– Ba1, Ba2, Ba3: Su calidad es dudosa, pero su situación es “la menos mala”.

– B1, B2, B3: Fiabilidad baja, riesgo alto y son inversiones muy especulativas

– Caa1, Caa2, Caa3: La calidad del bono aquí es desastrosa. Los sujetos con esta calificación estarían al borde de la suspensión de pagos.

– Ca y C: Estas son las peores. Probablemente la empresa o estado se haya declarado en suspensión de pagos, por lo que recuperar aquí una inversión sería casi imposible.

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Fitch Group

El Fitch Group es una corporación financiera dedicada a la asesoría y auditoría en este terreno. Su fundación se remonta a 1913 y es, además de la más joven, la que menos cuota de mercado tiene en comparación con las dos anteriores, pero sin duda presenta un poder sobre el mundo financiero considerable.

La catalogación de la calidad de la deuda es similar a la de Standard&Poors, pero con dos pequeños matices.

– AAA, AA, A: Calidad de la deuda bastante alta, riesgo bajo de impago. En el tramo A ya podemos hablar de una calidad no tan alta pero sí media-alta.

– BBB: Todavía nos encontramos en el nivel medio. El riesgo no es demasiado elevado aunque la empresa podría ser sensible a futuros vaivenes del mercado.

– BB, B: Aquí de nuevo estamos dentro del espectro del bono basura. Estos niveles de B todavía tienen un riesgo aceptable, pero ya se consideran inversiones arriesgadas y propensas al impago, aunque este de momento sea poco probable.

– CCC, CC, C: Son bonos muy vulnerables y frágiles respecto a la situación económica. El nivel CC y C roza la quiebra y el impago, así que salvo en situaciones de mucho riesgo, no es en absoluto recomendable meter el dinero en esos tipos de bonos.

– D: Esta empresa ha suspendido pagos y por tanto no devuelve sus deudas. Si tenías bonos que ahora tienen esta calificación, probablemente hayas perdido el dinero.

La característica de Fitch es que a los diversos niveles también se les puede añadir un “+” o un “-” para determinar factores intermedios entre niveles, como por ejemplo un nivel CCC- – o un nivel B+++

La nueva orquesta del Titanic

A estas alturas esperamos que haya quedado patente el inmenso poder, casi privilegiado, que estas empresas poseen, así como la responsabilidad que es inherente a dicho poder. Tampoco vamos a pensar ahora que son organizaciones perversas y que hacen y deshacen a su antojo, puesto que si hubiera quedado demostrado que continuamente fallan o manipulan resultados, hubieran acabado perdiendo toda la credibilidad y hubieran sido reemplazadas por alguna de las otras 73 empresas de calificación que vimos antes. Muchas veces han acertado en sus pronósticos y han actuado de manera profesional, pero tampoco es menos cierto que sobre todo en la última crisis financiera, han tenido errores descomunales que han puesto muy en duda su calidad como informadores de la situación del mercado. Para ellos el mundo iba bien cuando era evidente que se estaba hundiendo.

Si consideramos el arranque de la crisis financiera internacional la quiebra del fondo de inversiones Lehman Brothers el 15 de septiembre de 2008 – causada por una crisis financiera interna de los EEUU – Es cierto que la crisis de Lehman Brothers fue más un desmoronamiento que una quiebra, ya que en pocas semanas se hundió toda la compañía, pero ese 15 de septiembre, cuando el fondo había perdido casi un 80% de su valor en bolsa y se había declarado en quiebra, Standard&Poors le mantenía todavía una nota AAA, cuando ya era evidente que quienes le habían prestado dinero no iban a ver un dólar de vuelta al tener un agujero de más de 600.000 millones de dólares.

INTERESANTE: Lehman Brothers, el colapso que nadie vio venir (CincoDías.com, Marzo 2012)

En ese mismo año 2008, ni S&P ni Moody’s vieron venir el crack de los bancos islandeses, puesto que la primera agencia le había otorgado a Islandia desde 2001 la triple A, pero como consecuencia del dominó de quiebras en Estados Unidos, el sector financiero islandés quebró de un día para otro. Para reflotarlo, necesitaron un rescate y los ciudadanos votaron en referéndum no devolver el dinero extranjero que había en sus bancos, lo que les condenó a recibir por parte de las agencias una avalancha de D’s, C’s y quedar anclados al bono basura durante años. Cuando en el año 2011 empezó a crecer de nuevo el PIB islandés y su sector financiero a recuperarse, dichas agencias no se inmutaron y apenas cambiaron la nota de su economía cuando era evidente que había mejorado e iba a seguir mejorando.

NOTICIA: Las agencias que no vieron la crisis de Islandia se pierden ahora su recuperación (elpais.com, Julio 2011)

S&P antes de la crisisAsí calificaba el mundo Standard & Poor’s antes de la crisis económica

Si ahora nos desplazamos al sur de Europa, entre Grecia, Portugal, Italia y España, también ha habido patinazos, cegueras y acusaciones varias. Ninguna de estas tres agencias supo ver el agujero de deuda y déficit público que se estaba produciendo en Grecia en los primeros años del siglo XXI. Bien es cierto que dichos datos fueron durante muchos años falseados por el gobierno griego y su auditor, Goldman Sachs – cuyo vicepresidente en Europa en esos años era Mario Draghi, actual presidente del Banco Central Europeo -, pero nadie se enteró de que existía semejante desfase en las cuentas helenas hasta que los primeros envites de la crisis destaparon el asunto, apresurándose las agencias de ‘rating’ a lanzar al vacío su calidad de deuda, por lo que Grecia pasó rápidamente de unos niveles saneados de deuda – cuando el escándalo se descubrió tenía algo más de un 3% de déficit, lo cual para las agencias es bastante – al ya conocido bono basura, donde aún vive. Tal ha sido el impacto de la crisis de deuda en Grecia, que además del descalabro del estado de bienestar y las consecuencias políticas y sociales, a día de hoy Grecia ya no es considerada como un “país desarrollado” sino como “país emergente”.

Tampoco en Portugal le tienen demasiado aprecio a las agencias de calificación. En el arco mediterráneo ha sido el segundo país más machacado por la deuda y acosado desde Bruselas, Berlín y Frankfurt. El mal estado de sus cuentas le obligó a pedir el rescate, por lo que aun habiendo intentado salvar su economía nacional, su nota de deuda empezó a bajar. El escándalo llegó cuando en julio de 2011, Moody’s rebajó la nota portuguesa a bono basura justo cuando se rumoreaba un segundo rescate, lo que desató una cascada de críticas contra los neoyorquinos por especular y practicar “terrorismo financiero”.

Esa crítica de especular es la más extendida, puesto que al no ser un organismo público sino privado, también tiene que ganar dinero, y al fabricar información, puede realizar profecías autocumplidas y ganar dinero con ellas. Pongamos otro ejemplo*: somos el bróker de los ejemplos anteriores y trabajamos para una agencia de ‘rating’. Tenemos que evaluar la economía del país X, que a día de hoy tiene una nota de BBB-, por lo que paga unos intereses medios por su deuda de un 3,7%. Sabemos que esa economía va bien, no es una situación boyante pero no es probable que empeore, así que no habría por qué bajarle la nota. Sin embargo, por el mero hecho de sacar tajada de la información que nosotros producimos, vamos a rebajarle la nota a BB+, por lo que la previsión es que su interés de deuda suba al 4,1%. Si ese país X tiene próxima una subasta de deuda por valor de 2500 millones de euros, siendo simples, tendría que devolver con una nota BBB- 2592 millones de € – 92 millones de interés -; en cambio, al bajarle la nota, con una subasta en BB+, acabará devolviendo 2602 millones de euros, es decir, 102 millones de euros más de interés y 10 millones más que con la anterior nota. Si nosotros edulcoramos deliberadamente la información para bajarle la nota, al saber la información de antemano, podemos comprar los bonos para esa subasta y ganar 10 millones de euros por el simple hecho de ser quienes producimos la información.

Sin duda, este no es un mundo transparente. Así es a grandes rasgos cómo se maneja la deuda y muchos productos financieros. A menudo esa miopía por el interés empresarial no ha permitido ver la verdadera situación de estas empresas o países que estaban en la antípoda económica de como nos hacían creer que estaban. Ellos tienen una responsabilidad que a menudo no ejercitan. Lo lógico sería que este tipo de informaciones las produjesen organismos públicos, organismos donde haya una rendición de cuentas por parte de los cargos públicos que elaboran esa información. Ni una existe. Se habló hace unos años de una Euroagencia para contrarrestar el poder de las tres americanas, pero no parece haberse avanzado mucho. Quizás en el próximo impulso que se le de a la unión bancaria europea, esto vuelva a salir a la luz. De momento sepan que si es usted fiable o no lo deciden en Nueva York.

Moodys

* Este es un ejemplo sencillo y que está lejos de corresponderse con lo que ocurre realmente en una subasta de deuda, pero sí refleja los mecanismos de actuación para ganar dinero especulativamente.

Acerca de Fernando Arancón 75 Articles
Nacido en Madrid, en 1992. Graduado en Relaciones Internacionales en la UCM. Máster en Inteligencia Económica en la UAM. Analista de Inteligencia. Especialista en geopolítica y entornos estratégicos. Twitter: @Feraru92
Contacto: Twitter

7 comentarios en Las agencias de calificación y la deuda

  1. Buen artículo, es necesario saber que las agencias de calificación mueven miles de millones de euros y dólares solo con dar una opinión.
    Haría una aclaración: la prima de riesgo es el diferencial de tipos de interés entre el activo libre de riesgo y el activo con riesgo. Consideramos el bono a 10 años alemán (bund) como el activo libre de riesgo, y la diferencia entre el tipo de interés de éste con respecto al tipo de interés del bono a 10 años de cualquier otro país es la prima de riesgo.
    Ejemplo: actualmente el bund está en 1,75% y el bono español en 4,1%, la diferencia, 2,35% es la prima de riesgo, el riesgo de insolvencia que el mercado asigna al bono español. Además hay que saber que la prima de riesgo viene expresada en puntos básicos (100 pb = 1%) por eso no escuchareis que la prima está en 2,35% sino en 235 puntos básicos.

    • Hay varias imprecisiones y factores de suma importancia que no se explican y que son tomadas en cuenta por las calificadoras. El dinamismo económico es muy importante, de ahí que Japón, aunque tenga una deuda tan grande, tenga una nota premium. Los países estancados o bloqueados tienen una calificación baja. El dinamismo de los PIGS fue muy bajo después de la crisis subprime y eso explica las calificaciones que tienen. Yo creo que más que la capacidad de impago o no, la capacidad global de movimiento de la economía de un país da la calificación. Lo vemos con Argentina también: se encierra con BRICS y hay terrorismo economico contra todos los países BRICS -pero la realidad es que el flujo de capital se estanca entre los principales socios comerciales de Argentina, Rusia o India.
      Desde esta perspectiva ofrecer tasas de interés altas o prestar dinero a diestra y siniestra (como lo hace Rusia) explica la necesidad de mover todas esas reservas en dolares inutiles y no tanto la necesidad de recibir dinero para rescate como si lo fue con los PIGS. En esta dinámica las calificadoras son un arma de dos filos y no es que mientan sino que se puede servir a un propósito de un país poniéndole una calificación baja, mas que dándole una alta. Sobre todo en paises con alto dinamismo.

  2. Según estas agencias, la deuda de Japón es mucho más fiable que la de Rusia. A cada japonés le corresponde devolver casi 90.000 euros por la deuda nacional. A cada ruso, 1.500 euros. No hase falta desir nada más.

  3. Hola, desde Argentina, un pais que sigue lidiando con los FONDOS BUITRES y que tuvo al denominado RIESGO PAIS por las nubes, que entro en default y luego comenzó a pagar la deuda al FMI, te agradezco la claridad del informe. No tengo conocimientos en economía para decir si hay o no imprecisiones, pero si te puedo decir que todas estas calificaciones que tal o cual agencia le pone a un país, que el pago abusivo de intereses de una deuda se traducen en hambre, miseria, falta de trabajo en las poblaciones de dichos paises y considero que son éstos los aspectos que deberían tenerse en cuenta al momento de los análisis económicos y políticos, porque atras de cada número hay gente, gente que en su gran mayoría sufre, porque la minoría es la que pone los números

  4. ¿ sería permitido un Estado que no acuda a préstamos? ¿o todas?. ¿financiarse por la vía de tasas e impuestos más ahorro de sus ciudadanos?

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